¿Cómo impacta en las coberturas mediáticas la madurez que Ni Una Menos aporta a la lectura de los femicidios? ¿Y cómo impactan esas noticias en los públicos? Brenda Focás y Gabriel Kessler investigaron el tratamiento de 8 noticieros del prime time y su llegada a televidentes de AMBA, Mendoza, Rosario y Córdoba. Empatía, infoentretenimiento, efecto contagio, redes sociales y las viejas tensiones alrededor de la pasividad o el empoderamiento de las víctimas.



Un indicador de la importancia de los femicidios en el espacio público argentino es su creciente presencia en los medios y los debates en torno a cómo las coberturas deben referirse a ellos. En esta dirección, los informes de la Defensoría del Público han ido monitoreando los cambios en las noticias de los femicidios en la televisión y medios digitales. En su análisis diacrónico entre 2015 y 2018, advierte que, si bien en un principio se observaba un cambio en la construcción de las noticias de género, se fue desdibujando luego de un primer momento de transformación por la acción de distintos colectivos y en particular “Ni Una Menos”. Señalan: “Se observa que vuelven a incurrir en sus clásicas formas de sexualización y criminalización de las mujeres que son víctimas de violencia” y en los medios digitales “los femicidios son explicados a partir de causas individuales y familiares que excluyen la responsabilidad estatal al restringirlos a un conflicto entre privados.”

 

Aún falta conocer cómo es el impacto de estas noticias en los públicos. En este trabajo nos preguntamos si las noticias de femicidios han contribuido a una mayor visibilidad y conciencia de la gravedad del tema y si colaboran en cuestionar y transformar marcos de lectura atávicos.  En el marco del Proyecto de Investigación Orientado CONICET-Defensoría del Público “De la propiedad a la recepción. Estudio integral del circuito productivo de las noticias sobre delito e inseguridad en los noticieros televisivos de mayor audiencia de la Argentina”, realizamos 12 grupos focales en el AMBA, Mendoza, Rosario y Córdoba sobre los 8 noticieros prime time del país. Conversamos sobre el tema con mujeres y hombres de distintas edades y clases sociales y proyectamos una noticia sobre el caso Carina Drigani, un femicidio producido en la Ciudad de Córdoba en 2016. 

 

Observamos cambios importantes y también algunos temas conflictivos. Lo más novedoso es que en todos los grupos al preguntarse cuáles eran los delitos más presentes en los medios, afirmaban sin dudarlo “inseguridad” y “femicidios” en todas las ciudades; en estudios previos, la “inseguridad” era siempre el indiscutido tópico protagónico. Los femicidios son hoy centrales, tanto en la agenda mediática pero también en la agenda social, todas y todos coincidían en que era un problema muy importante. La estrategia de visibilización parece estar resultando y además en los grupos, una vez presentado el tema, había un consenso condenatorio generalizado. Había acuerdo sobre la gravedad y sobre todo de lo intolerable (en tanto algo inaceptable y que no debería haber sucedido) de cada hecho.

 

El concepto de femicidio (en lugar de crimen pasional, por ejemplo) ya forma parte del vocabulario de la mayoría de las y los entrevistadas. Tampoco hemos escuchado juicios morales ligados a la sexualidad, por ejemplo, habitual en los tratamientos del tema hasta hace pocos años. No podemos saber si algunos sostienen concepciones tradicionales en su fuero íntimo o en otros espacios más allá de un grupo focal, pero aún si así fuera, saber que un juicio de tal talante sería condenado por los otros es indicador de los cambios en la concepción social del tema. Por ejemplo, cuando alguien hacía alguna broma de connotación machista era reprobado por el grupo, tanto mujeres como la mayoría de los hombres. 

 

Cada femicidio interpela a cada una y cada uno de nosotros. Hombres y mujeres se sentían visiblemente inquiridos por las noticias de femicidios, en algunos puntos similares y en otros diferenciados por sexo. En primer lugar, todos conocían casos muy cercanos de femicidios y en casi todos los grupos de sectores populares (no sucedió en los de clase media), al menos una o dos de las cinco mujeres presentes, en algún momento relataba su propia experiencia como víctima de violencia de género en alguna relación de pareja, así como su propia lucha para salir de ella. Estas confesiones desencadenaban debates muy sentidos sobre el machismo, las relaciones de pareja y de género, la educación recibida, entre otros. Los varones, por su parte, se mostraban en general muy incómodos o perturbados por el tema y así lo expresaban, algunos decían sentirse “avergonzados”, y a mayor edad más percibían el cambio entre la situación actual y el modo que fueron educados respecto de las relaciones de género y en muchos casos con referencias a las violencias que sus padres u otras relaciones cercanas ejercían sobre sus cónyuges. 

 

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Debates

 

La mayor visibilidad de los femicidios en los medios tiene un lado efectivo ya que el tema está en la agenda, y eso permite que las audiencias puedan recibir información y reflexionar sobre este flagelo. Pero también hay una contracara negativa o al menos controversial vinculada con el tratamiento del tema como “infoentretenimiento” donde los medios muchas veces tienden a ser truculentos, utilizando recursos sensacionalistas, dando detalles innecesarios sobre las víctimas, armando recreaciones del caso, así como señalando culpables antes de que la justicia se pronuncie. 

 

Una señal de la mayor importancia de las noticias de femicidios es que han traspasado el género noticiero para ser tema de debate en programas magacines de la tarde o de entretenimiento. Esto promueve cierta dramatización de los casos que las audiencias muchas veces siguen como si fuesen una novela. Se produce así una tensión entre la lógica mediática para mantener el tema y ciertos encuadres que pueden desfavorecer el tratamiento de los casos. Y esto no resulta ajeno a los participantes de los grupos quienes critican cierta “liviandad” con que se tratan los casos de femicidios y a menudo pasando rápidamente de una noticia a otra sin lugar para reflexión. 

La segunda controversias era si había más femicidios hoy o tal percepción se debe a su encuadre como problema público y su mayor visibilidad mediática. Para los participantes de los grupos no había acuerdo en una hipótesis u otra, aunque sí se debaten las causas de su tematización en los medios. 

 

Juan: Yo creo que eso es algo político, digamos, se generó el femicidio por una cuestión política, que empezaron a hacer campañas para involucrarse más y que haya más leyes contra ese caso. Y de ahí es como que hay más noticias.

Laura: Para mí lo usan para tapar cosas más importantes que nos deberían interesar más a nosotros.

¿Por ejemplo?

Laura: Por ejemplo, la economía y un montón de cosas que deben estar, negocios que deben tener que ocultar.

Natalia: Yo creo que la prensa en general es el cuarto poder de cada país porque uno ve o se entera siempre lo que muestran y nada más.

Nicolás: Es la noticia que se pone de moda, se pone de moda y es la que dale, dale.

Andrea: Es como algo común ya. Te pasan todo el tiempo. 

Grupo 18-30 años. sectores populares. Residentes en GBA segundo y tercer cordón.

 

La pregunta central era si esa mediatización era positiva o negativa: algunos participantes opinan que más noticias sobre femicidios sirven para “crear conciencia” y aprender cómo actuar en caso de sufrir violencia de género.

Lucia: yo creo que sensibiliza, sensibiliza a la opinión pública y que el tema se trate hace que la gente también de alguna manera se inmiscuya y participe en determinados hechos, por ejemplo, en mi barrio en dos oportunidades vieron hechos de violencia familiar y siempre he sido yo la que después hago la denuncia, siendo que hace años que el padre le pegaba a la niña y los vecinos de al lado nunca denunciaban. Yo creo que esto lo que hace es sensibilizar y que le dé posibilidad a la gente de denunciar sin tener miedo de denuncia.

Grupo Mendoza 20-50. Sectores populares

 

Laura: para mí, para concientizar, para que todas las chicas nos cuidemos más y también para las personas que tienen más acceso a la gente que está más cerca de la política, concejales, diputados, generar algún tipo de ley, meterse en alguna fundación, colaborar de alguna manera, para generar algo contra la violencia de género, sí.

Grupo 40-65 años. Clase media. CABA.

 

Por último, la cuestión sobre si los medios pueden modificar las conductas de los individuos forma parte de la tradición de investigación sobre efectos en el campo de la comunicación y no ha estado exenta de controversias. Entre las consecuencias negativas de la mediatización, las audiencias hablan de un efecto de imitación que muchas veces sucede luego de la visibilidad de los casos. En relación con esto algunos participantes consideraron que estas noticias podrían tener un rol negativo, como sugería una mujer de la Ciudad de Buenos Aires: “Para mí es inspirador, al revés de lo que uno cree, para mí les das ideas, porque puede aparecer otro y otro”. A esta entrevistada le preocupa el llamado efecto imitación (copycat), que postula que la probabilidad de que se cometa un femicidio aumenta cuando en los días previos han aparecido noticias de asesinatos de mujeres en los medios, lo que incitaría conductas similares. Los participantes discutieron sobre esta hipótesis, en especial haciendo hincapié en que todo era un tema de “crianza” o de “educación sobre cómo tratar a una mujer”. Otros coincidieron en que la visibilidad mediática podía “dar ideas” a potenciales femicidas sobre cómo atacar y matar a sus víctimas. 

 

Tópicos controversiales

 

La condena al femicidio era terminante. Se suscitaban en los grupos algunas controversias. Los femicidios son altamente sensibles para todos, y en los grupos se percibía un malestar cuando alguien iniciaba algún debate. En particular, porque en algunas de las intervenciones no era fácil delimitar cuánto era un intento de explicación y en cuánto esto podría sugerir algún grado de responsabilización de las víctimas. 

 

En concreto, eran tres los puntos de controversias esgrimidos en todos los grupos por algunos hombres y mujeres. En primer lugar, la idea de que la violencia de género podía ser explicada por la creciente autonomía e independencia de las mujeres, que las hacía más “contestadoras” en situaciones conflictivas, desafiando a la autoridad masculina. En ningún caso se justificaba la muerte por esto, pero el argumento dejaba sobrevolando en los grupos una sensación incómoda. Hay quienes afirmaban que las redes sociales potenciarían los celos y los conflictos. El argumento era: hoy hay tanta actividad digital que deja huellas y esto está en la base de múltiples conflictos a partir de preguntar o revisar a quien sigue uno en las redes, qué fotos “likeaste”, con quién chateaste, suscitándose innumerables motivos de potenciales disputas. En tercer lugar, más mujeres que hombres se preguntaban por qué la víctima no se había ido antes de que el femicidio aconteciera, cuando ya habían surgidos hechos de violencia previa. Se trataba de una opinión sostenida, por ejemplo, por algunas mujeres que habían estado en relaciones violentas y relataban la forma en que habían logrado salir de ellas. En otras palabras, se cuestionaba veladamente cierta pasividad de las víctimas: este y otros de los argumentos pueden percibirse en estos intercambios en un grupo de sectores populares en Rosario. 

 

M: …sucede en todos los círculos sociales, o sea tanto la clase muy baja como la clase alta. Pero a veces hay unos que se pueden evitar. Y otros que por ahí a lo mejor obviamente el hombre no tiene derecho a hacer todas esas barbaridades. Pero hay mujeres que por ahí están como provocando eso. No merecen que les hagan las cosas que les hacen, matarla o quemarla como ha pasado. Pero hay mujeres que se portan muy mal, entonces el hombre le da todo, todo, todo y la mujer se porta muy mal cuando el hombre se va a trabajar entonces como que también genera…

¿Qué quiere decir portarse mal?

M: Y…le salen cuernos. Entonces…claro, hay hombres que explotan y son ya deben tener adentro eso de asesinos. Pero uno…

V: ¡estás justificando!

M: No, no, ninguna mujer se lo merece, pero me refiero a que por qué la mujer no lo deja en vez de esperar a que la mate…

V: Porque está enferma…

¿Qué piensa el resto?

M: Son todos casos diferentes, la chica que la mató su pareja, está el que la agarró en la calle un loco… Por eso digo qué tonta, por qué volviste…porque uno también tiene que cambiar un poco el pensamiento y aprender a defenderse, no solamente, yo con el tema de las marchas no voy a ninguna marcha, no estoy de acuerdo. Yo creo que primero tiene que empezar a cambiar uno.

M: Lleva su tiempo.

M: Algunas lo hacen a tiempo, otras no pueden.

Por último, en todos los grupos se afirmaba que nunca aparece en los medios la violencia pero de mujeres a varones. Se percibía que esta violencia era más generalizada de lo que se supone (en un grupo se afirmó que deberían ser el 30% de los casos) y que se invisibilizaba en los medios frente a la hegemonía del feminismo en la agenda. Y queda el interrogante sobre qué implica esta demanda, si expresa una falta de tematización de las angustias y problemas que afectan a los hombres en tanto tales. 

Estas controversias generaban malestar y angustia en los grupos. Quienes esgrimían esos comentarios aclaraban que no lo hacían para justificar o quitar responsabilidad al victimario, pero generaba la incomodidad de toda/os (por supuesto nosotres como coordinadores del grupo también) como si hubiera algún grado de “culpabilización de la víctima”. En efecto, en Argentina, tal como hemos estudiado con Sandra Gayol en “Muertes que Importan”, tradicionalmente la víctima para ser considerada tal de pleno derecho debe demostrar su absoluta inocencia y, en el caso de las mujeres, también una “conducta moral” en relación con su sexualidad. 

 

Interrogantes finales

 

A través de estos testimonios y reflexiones intentamos mostrar algunos cambios en relación con la percepción de los femicidios en la esfera sociocultural. ¿Hemos avanzado en nuestra lucha contra los femicidios en relación con los públicos? Nuestro trabajo muestra que sí, pero que estamos a mitad de camino: hay avances en el lenguaje y en la forma condenatoria de calificar estos crímenes, y la moralidad sexual ya no es un marco legítimo de descalificación de las víctimas, pero aún persisten matices controversiales. 

 

Nos interesa señalar tres. El primero tiene que ver con el foco en una mujer más empoderada (lo que traería conflictos en la pareja) y cuestionando la autoridad masculina y sin embargo, enseguida podían las mismas personas argüir (y en cierta medida cuestionar) a las víctimas por no haber tenido suficiente agencia para evitar la victimización cuando había violencia previa. En otra dirección que amerita ahondar más, hay participantes que criticaron la poca representatividad mediática cuando los casos de violencia eran de las mujeres hacia los hombres e incluso hablaron de una sobrerrepresentación de los femicidios. ste trabajo es una evidencia más de que todavía mucho por hacer y por trabajar en nuestra sociedad para acabar con este flagelo: este artículo quisiera poder aportar algunas claves para contribuir a esta larga y aún inconclusa lucha.

 


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