Desde los '80 hasta la pandemia del Covid-19, las políticas de participación ciudadana se multiplicaron al punto de ser una marca de nuestra región hacia el mundo. La pausa obligada por el aislamiento social plantea nuevos desafíos para que este espacio no se vacíe y reafirme su sentido de justicia social. Rocío Annunziata transcribe la memoria del debate Ciudadanía y Pandemia: ¿la democracia en pausa? del proyecto Partícipes, organizado por Fundación Avina y Revista Anfibia.



 

Cuando pensamos en la idea de “participación ciudadana” es inevitable imaginar una reunión de muchas personas en contacto unas con otras, ocupando un espacio público y dialogando “cara a cara”. Participación y aislamiento social no combinan nada bien. Por eso, entre las tantas actividades que parecen haber sido puestas en pausa por la pandemia del COVID-19, ésta es una de las que más inquietudes genera a quienes esperan la reactivación en la nueva normalidad.

 

Las instituciones participativas -instancias promovidas por los gobiernos, sobre todo de nivel local, que invitan a la ciudadanía a tener voz-, no hicieron más que multiplicarse desde las primeras experiencias latinoamericanas de fines de los ochenta, las que pusieron a la región en el lugar del laboratorio de innovación por excelencia en esta materia. América Latina fue emulada por otros continentes, y la expansión de estas prácticas cruzó colores políticos y etiquetas partidarias. Por mencionar sólo el ejemplo de la institución participativa más conocida, el Atlas Mundial de Presupuesto Participativo editado por Nelson Dias, Sahsil Enríquez y Simone Júlio cuenta más de 11.600 experiencias en todo el mundo en 2019.

 

¿Qué futuro tiene la participación ciudadana en las ciudades? ¿Cómo retomar los desafíos pendientes y los que surgen a partir de esta coyuntura? ¿Qué pueden hacer las ONGs y los gobiernos locales en este contexto? Estas preguntas estructuraron el encuentro Ciudadanía y Pandemia: ¿la democracia en pausa?, organizado por Fundación Avina y Revista Anfibia en el marco del Proyecto Partícipes, el 19 y el 21 de mayo de 2020. Participaron más de 300 miembros de organizaciones de la sociedad civil de Córdoba, Rosario, Mendoza y Buenos Aires, funcionarios locales y público general.

 

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1 La “antigua normalidad” participativa no era ideal

 

Una de las primeras impresiones que surgen ante la pregunta sobre lo que la pandemia puso en pausa al interrumpir las instancias participativas implementadas en las ciudades es que la normalidad de la participación que conocíamos no era perfecta. ¿Cómo estábamos antes del COVID-19?

 

Lo primero que habría que decir es que la “normalidad” de las instituciones participativas era seguir expandiéndose. Hay que reconocerlo: muchos las impulsaban como verdaderos insumos para sus políticas, otros como una mera estrategia de imagen. Lo cierto es que la tendencia señalaba la inclusión creciente de este tipo de instancias en los gobiernos locales. Una prueba de ello es la pregnancia que tuvo el paradigma del Gobierno Abierto en la gestión pública.

 

Que ésta fuera la tendencia no implica que todos esos espacios fueran igual de fuertes, genuinos y transformadores. En algunos casos, la normalización y masificación del paradigma iba de la mano de prácticas muy debilitadas. Por eso la versión más desplegada por el mundo en estos años es la que identifica la participación ciudadana con una herramienta administrativa y despolitizada para conocer las preferencias de la gente y gestionar con mayor eficiencia. Lo que se venía viendo cada vez menos, en cambio, era la puesta en marcha de instancias participativas que fomentaran la creatividad social, el debate y el conflicto, y que tuvieran un horizonte de justicia social.

 

Esto nos reconduce a dos temas que surgieron en los webinar de Partícipes. 1) Muchas veces las instancias participativas están contenidas en normativas virtuosas y tienen un diseño institucional que hace suponer que habrá una participación sustantiva, pero en la práctica la capacidad de estos espacios de involucrar a los ciudadanos y considerar sus propuestas realmente es muy baja. Virginia Romanutti, de Nuestra Córdoba, citaba el ejemplo de las Juntas de Participación Vecinal de Córdoba para ilustrar instituciones bien diseñadas que no se traducen en buenas experiencias.

 

2) Las instituciones participativas tienden a estar orientadas hacia las demandas individuales y cuesta pensarlas como ejercicios colectivos, como advertía Luis Cardoso, de Acción Colectiva. La concepción mayormente administrativa de las instancias de participación que surgen “desde arriba” se corresponde con formatos de participación fragmentada, que privilegian que cada participante se lleve algo del proceso, cristalizándose en inquietudes poco diferenciadas de reclamos individuales. Un tema de larga data es que el participante convocado suele ser más el vecino que el ciudadano.

 

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2. La pausa no son cinco minutos

 

¿Qué consecuencias están teniendo la pandemia y el aislamiento social sobre las instituciones participativas? En el mundo y en Argentina, las miles que estaban funcionando quedaron en suspenso. La reunión de personas en espacios públicos no está a la orden del día, por prohibiciones explícitas o por prudencia sanitaria. A este inconveniente indiscutible se suma el hecho de que, en Argentina, muchas gestiones gubernamentales acababan de asumir cuando llegó la pandemia y estaban recién ideando sus nuevos ámbitos participativos o analizando el estado de las instituciones heredadas.

 

En las situaciones de excepción los gobiernos tienden a cerrarse y a centralizar las decisiones. Como se advirtió en este encuentro, el argumento de que sería irresponsable o imposible planificar políticas en esta situación de crisis y urgencia es esgrimido por los funcionarios. ¿Cuán factible es escuchar muchas voces para decidir en este contexto? Facundo Heras –de Nuestra Mendoza- explicó que los gobiernos supieron dialogar muy bien con los sectores económicos en la creación de protocolos para habilitar actividades, y que ésto prueba que podrían dialogar de igual modo con las organizaciones comunitarias para atender a las necesidades de los territorios, como las ollas populares.

 

La combinación de aislamiento social, desconfianza interpersonal y gobiernos que se cierran puede significar un golpe muy duro para las instituciones participativas, que siempre han estado caracterizadas, incluso en la normalidad, por una gran volatilidad y dependencia de los cambios de gestión. Lo más probable es que la gran mayoría de estas instancias no se recuperen en el corto plazo.

 

3 ¿La “nueva normalidad” será digital?

 

Una de las estrategias posibles para enfrentar la pausa sería “digitalizarlo” todo, como sucede con mucho de nuestras vidas cotidianas. La incorporación de nuevas tecnologías para la participación en las ciudades ya venía en aumento, pero hoy puede presentarse como una alternativa salvadora. Así lo contaban los funcionarios que intervinieron en el segundo encuentro de Partícipes. Godoy Cruz (Mendoza) está buscando convertir su Presupuesto Participativo en un Presupuesto Participativo online, con el apoyo del Proyecto Cónsul, una plataforma creada por la gestión anterior del Ayuntamiento de Madrid. Este es también el modelo con el que se desarrolla desde 2017 BAElige, que permite cada año a los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires decidir el destino de 600 millones de pesos. Rosario, la ciudad argentina cuyas instituciones participativas se han hecho famosas en el mundo, ensaya realizar las reuniones de sus consejos barriales por Zoom.

 

La posibilidades que brindan las herramientas virtuales están también influyendo en formas de participación que promueven los gobiernos locales más allá de las instituciones participativas propiamente dichas: la comunicación directa con los vecinos a la que apunta Rosario, o el programa de voluntariado Mayores Ciudados que impulsó CABA son buenas ilustraciones. En todo caso, miembros de equipos de gestión de los gobiernos locales coinciden en que los recursos virtuales o digitales formarán parte del paisaje de la “nueva normalidad” de la participación.

 

Pero no todas las realidades son adaptables a la virtualización o digitalización de sus instancias participativas. La localidad de Maipú (Mendoza), por ejemplo, viene trabajando con un Presupuesto Participativo orientado a las áreas rurales que difícilmente podría transformarse en online. No solo es una cuestión de brecha y conexión. En lo que se refiere a la digitalización de las instituciones participativas la biblioteca está dividida. Algunos expertos se preocupan por si las herramientas digitales tienden a eliminar los momentos de deliberación y debate: es posible hacer propuestas online, es posible votar proyectos online, pero es mucho más difícil discutir ideas y llegar a propuestas colectivas si falta el encuentro “cara a cara”. En este sentido, uno de los desafíos para el futuro de las instituciones participativas será que la incorporación de lo digital no vaya en detrimento de instancias capaces de producir deliberación.

 

4 Puede ser una pausa creativa

 

El paréntesis en el que se encuentran las instituciones participativas puede representar también una oportunidad, una pausa creativa en la que surjan herramientas que terminen por mejorar algunos aspectos de la “antigua normalidad” de la participación. Otro ejemplo: quizás los Presupuestos Participativos digitales atraen una participación social más numerosa, y no sólo a quienes participan siempre, que disponen del tiempo para trasladarse y estar, como notan en la ciudad de Godoy Cruz.

Aquí está la otra parte de la biblioteca: la participación online puede ser más inclusiva en la medida en que se integra más fácilmente a la vida cotidiana y no exige la presencia física en horarios imposibles para muchos. Otro ejemplo es el que acabamos de mencionar de los encuentros de consejos barriales por Zoom; ¿podrán estos formatos revertir la difícil relación entre lo online y la deliberación?

 

Encontrar formas para mantener latentes las instancias participativas es el imperativo actual. Pero a la vez podemos usar la pausa para repensar la normalidad. Como sostuvo Matías Bianchi, de Asuntos del Sur, citando a Bruno Latour: “si todo está en crisis, podemos rediscutir todo”.

 

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En la primera conversación Estrategias de la sociedad civil para sostener la participación ciudadana (19/5/2020) estuvieron Virginia Romanutti de Red Ciudadana Nuestra Córdoba (Córdoba); Matías Bianchi de Asuntos del Sur (Buenos Aires); Luis Cardoso de Acción Colectiva (Rosario) y Facundo Heras de Nuestra Mendoza (Mendoza). Moderó Hinde Pomeraniec.

En la segunda conversación Los gobiernos locales ante las demandas ciudadanas de participación (21/5/2020) disertaron Alejandra Torres (Secretaria de Planeamiento, Modernización y Relaciones Internacionales de Córdoba); Fernando Straface (Secretario General de Relaciones Internacionales de CABA); Laura Bartolacci (Subsecretaría de vinculación ciudadana de Rosario); Martín Appiolaza (Director de Prevención, Participación Comunitaria y Derechos Humanos de la Municipalidad de Godoy Cruz, Mendoza) y Gabriela Riveros (Directora de Planificación Estratégica de Municipalidad de Maipú, Mendoza). Moderó Hinde Pomeraniec.


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