¿Qué representa una posible candidatura de Lavagna? ¿Cómo se compone y en qué se apoya el deseo que invoca, para distintos sectores, esta aparición? La grieta, la ciénaga y el centro: ¿es posible movilizar fragmentos paralizados por el conflicto, como los peronismos, las clases medias, los empresarios, el moyanismo social, el pobretariado y el progretariado? Escribe Pablo Semán.



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Mi abuela me decía: “¿querés torta de chocolate?” Yo, con los ojos brillando, decía que sí y mi abuela, pícara, me respondía: “bueno no hay, pero ya sabés que la querés”. Hasta que se concrete, si es que se concreta, propongo entender la candidatura de Roberto Lavagna, su ascenso en la encuestas y en el murmullo de las organizaciones políticas, sociales y mediáticas como la broma de mi abuela: como una interpelación que más que decepcionar deja como ganancia el reconocimiento de un deseo que, en este caso, habita a unos cuantos. ¿Cómo se compone y en qué se apoya el deseo que invoca esta aparición? Como respuesta, cinco condensaciones de análisis y voluntad.

 

1. ¿Lo que no fue no será nunca? Buena parte de los diagnósticos públicos de políticos, actores sociales y analistas se aferra a un rezo básico: lo que fue será, lo que no fue no será nunca. Terminemos con la farsa de que la historia se repite: ¡pues ni como farsa lo hace! La historia transforma en futuros las potencias del presente seleccionando del mismo algunas posibilidades. La política hace la historia al hacer que triunfen unas y no otras posibilidades de futuro y nunca es la simple reproducción de las inercias del pasado aunque las tenga muy en cuenta.

 

En este contexto, el cálculo rapaz y ramplón de los votos y “los espacios” (¡como me gustaría ironizar sobre la voz engolada o a veces cachacienta con que se pronuncia esta palabra!) debe estar contenido en una captación sutil de la dinámica entre sociedad, política y proceso electoral y en la hipótesis de la posibilidad de reformular la representación política. Mientras una buena parte de los analistas y jugadores ve el proceso electoral como un tiempo en que con más o menos matices se expresarán las pesadas realidades precedentes (los polos, la grieta, el medio…perdón, me duermo) es preciso comprender la elección como un proceso innovador en sí mismo. Las elecciones en Argentina no son simples expresiones del sistema político: son parte del proceso de su alteración constante (¡Hola Sartori, adiós Sartori!). El deseo Lavagna se apoya en las potencialidades del presente para superar su actualidad insatisfactoria. Entusiasma a dirigencias sociales y políticas disconformes pero no se limita a intentar representar lo que existe previamente. Más bien aspira a inducir un reordenamiento: procura otras posibilidades de representación y otras “realidades” a “representar”, promueve algo que no existe pero tiene buenas probabilidades de existir.

 

2. No es una grieta, es una ciénaga. La polarización, que abarca cada vez menos espacio del electorado, es cada vez más intensa y más insatisfactoria para un número creciente de ciudadanos. De un lado, el kirchnerismo pretende triunfar con un 40% para impulsar lo que no pudo llevar adelante con el 54% y resucita el fantasma de querer llevarnos al paraíso a empellones una vez que la gente “se dé cuenta”. Del otro lado, el gobierno quiere imponernos a una mayoría de argentinos la voluntad de desaparecer: desde el punto de vista del oficialismo todos los que no estamos vinculados de forma directa al complejo agroexportador, las finanzas y la energía deberíamos autodecretar nuestra inviabilidad, arrojarnos al mar y, en una reverencia a su incuestionable capacidad, dejarlos gobernar sin sociedad como arquitectos de una tierra incondicional. En esa tensión nadie gana y todos nos empantanamos.

 

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3. El lugar excéntrico y los polos. Los defensores de la ciénaga ven el espacio del medio como machos alfa en plan de caza. Asumen el escenario de las elecciones 2019 con el “dato” de la polarización eterna entre el gobierno y el kirchnerismo, cada uno con su extremo fidelizado e inconmovible tratando de llevarse por la fuerza o la seducción engañosa el voto contra el candidato más odiado. Desde este particular punto de vista, el de dioses que odian las medias tintas, los votos de un supuesto espacio intermedio resultan “tibios” (extraño insulto en el que coinciden termomacristas y termokirchneristas). Para los toros de la polarización el único enigma es quién, cómo y dónde se lleva los votos del medio dando por supuestos los polos y la homogeneidad del espacio intermedio.

 

El deseo Lavagna no observa peyorativamente el “centro” pero supone algo que los partidarios de la grieta casi ignoran. El centro es un agregado heterogéneo en el que habitan mundos diferenciados e incluso hostiles entre sí y entre los que hay que tender puentes. Lavagna tiene o puede tener simpatías con peronistas, radicales, cambiemistas críticos, kirchneristas, industriales, sindicatos y, tal vez, movimientos sociales, por eso se pone en un lugar “raro”. Los electorados del medio no se unen ni a la fuerza, ni por arte de la enunciación de “la unidad”, sino por un esfuerzo de mediación y construcción política discursiva y programática que exige un lugar alternativo. Para quien está anhelando la posibilidad de una confluencia diferente, participar de la interna de cualquiera de los “espacios” preexistentes sería resignar la pretensión de crear una nueva representación para el porcentaje creciente de los que pugnan por salir de la ciénaga. Lavagna debería ir a una interna sí y solo sí sus retadores aceptan que el ámbito de competencia no es ninguna de las fuerzas tradicionales. Lo que propone Lavagna se diluye como novedad participando de la interna del PJ, del kirchnerismo, de la unidad, del socialismo o del radicalismo.

 

4. ¿Y el legado kirchnerista? La actualidad del kirchnerismo es mucho más y mucho menos que el laberinto de la argumentación enloquecedora “ella es la candidata porque es la única que mide, pero si tiene techo no creo en las encuestas”. Esa actualidad contiene al menos tres determinaciones: 1) para muchos que fueron o son sus partidarios, es la memoria de un período de reparaciones inéditas para las subalternidades que fueron vilipendiadas e invisibilizadas durante décadas de desprecio; 2) es el espacio organizativo de buena parte de esos sujetos sociales; y 3) es la sedimentación de una subjetividad política que desplazó su lugar de enunciación de la protesta, la propuesta y la gestión a la increpación, al mesianismo, al justificacionismo y a las formas más torpes de instrumentación de lo que debería ser reconocido cómo gratitud popular que no es, de ninguna manera, una gratitud ingenua y siempre disponible. Rezo y obro, incluso con el mazo dando, para que las vetas más nobles de esa experiencia sean parte de lo que puede nacer.

 

5. ¿Nueva mayoría? Habrá que ver si desde esa posición que intenta innovar a partir de lo existente el deseo Lavagna hace que armonicen las energías que en su enfrentamiento llevan a la parálisis política y económica. Se trata de constituir una realidad política hoy apenas existente en algunos dirigentes y en los deseos de una parte del electorado, haciendo real la posibilidad de movilizar los fragmentos paralizados por el conflicto: los peronismos, las clases medias, los empresarios, el moyanismo social, el pobretariado y todos los progretariados de los que formo parte. No ignoramos aquí que la política es conflicto como vendrán a enseñarnos. Ahí están para librarse las durísimas batallas con los pocos y muy poderosos ganadores de este desastre. Y ahí tal vez vez haya que asumir que no se pueden tener dieciocho prioridades al mismo tiempo.

 

¡Que el todo, incluso incompleto y contradictorio, sea superior a las partes y que el tiempo le gane al espacio!


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