La epidemia de ébola en África occidental crece exponencialmente. Sin embargo, el escenario de una catástrofe mundial parece lejano: la enfermedad no se encuentra entre las más contagiosas y Nigeria demostró que la propagación se puede contener. En este ensayo, el virólogo de la UNSAM Diego Álvarez analiza a cuánto estamos de la angustia producida por la gripe española que en 1918 mató a 50 millones de personas.



Foto de portada: ©EC/ECHO/Cyprien Fabre

 

La epidemia de ébola en África Occidental crece exponencialmente. Hasta el momento se han registrado cerca de 9.000 casos y se calcula que el número se duplica aproximadamente cada 35 días, de forma que en un mes habría cerca de 20.000 y si la enfermedad siguiera propagándose a esta velocidad podrían registrarse cientos de miles en cuestión de meses. En este contexto la comunidad internacional se enfrenta a un aumento en el riesgo de la transmisión a nuevos países y a una crisis sanitaria en la región. Los esfuerzos de control de enfermedades endémicas como la malaria están siendo desatendidos y se teme un aumento en el número de casos de esta enfermedad transmitida por la picadura de mosquitos.

 

En promedio, el ébola tiene una tasa de mortalidad (personas que mueren por la infección del total de personas infectadas) del 78%.

 

Apareció por primera vez en el año 1976 causando dos brotes, uno en un pueblo cercano al Río ébola en Zaire (actualmente República Democrática de Congo), y el otro en Sudán. El brote de 1976 había sido el más grande del que se había tenido registro provocando 318 casos.

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El actual, en África Occidental, comenzó en Guinea en febrero de 2014 y se propagó hacia Liberia en Marzo, Sierra Leona en mayo y Nigeria hacia fines de julio.

 

Las causas del crecimiento exponencial y la duración del pueden entenderse si se considera el contexto socio-económico en el que se desarrolla el brote. De acuerdo con las Naciones Unidas, Liberia, Sierra Leona y Guinea se encuentran entre los 20 países con Índice de Desarrollo Humano más bajo con más del 50% de la población viviendo por debajo del límite de la pobreza. El ébola ha sobrepasado a sistemas de salud que ya estaban saturados y que apenas podían lidiar con enfermedades más prevalentes en la región como la malaria, la enfermedad del sueño, la fiebre de Lassa o distintas diarreas que causan día a día más muertes entre la gente más pobre que el mismo ébola. De hecho, durante el año 2012 sólo la infección con malaria causó en la región más de 6.300 muertes, en su mayoría niños.

 

Las limitaciones en los sistemas de salud hacen difícil la implementación de las medidas de contención como la detección temprana de casos, el aislamiento de pacientes sospechosos y confirmados, el rastreo y monitoreo de las personas que estuvieron en contacto con los pacientes infectados y la prevención del contagio mediante el uso de equipamiento de protección y desinfectantes.

 

Hasta el momento, el número de casos es comparable al que se registró durante el brote de SARS (gripe aviar) en 2003 y es significativamente menor al de otras epidemias de principios de siglo pasado como la gran pandemia de gripe española del año 1918 que causó cerca de 50 millones de muertes alrededor del mundo.

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El cuarto país, Nigeria, fue declarado libre de transmisión del virus el 20 de octubre. Su experiencia ha dejado algunas lecciones para la contención de la propagación. Nigeria es el país más poblado de África y la ciudad de Lagos tiene una población de 21 millones de habitantes que viven en gran proporción hacinados en suburbios y en condiciones sanitarias precarias.

 

La confirmación del primer caso de ébola en Lagos en el mes de julio encendió la alarma de una propagación descontrolada del virus en una ciudad donde podía ser virtualmente imposible rastrear y monitorear los contactos con las personas infectadas. El virus llegó a través de un pasajero que en el vuelo desde Liberia mostró síntomas sospechosos. El pasajero fue acompañado desde el aeropuerto al hospital donde murió a los pocos días luego de que se confirmara la infección. En los días siguientes se confirmaron diecinueve contagios (entre los que se cuentan médicos y enfermeras que estuvieron en contacto con el paciente) que resultaron en 7 casos fatales. Sin embargo la rápida movilización de recursos con apoyo de distintos organismos internacionales y la respuesta frente al brote de parte de las autoridades nacionales en coordinación con instituciones privadas con personal entrenado y equipamiento adecuado para un rápido diagnóstico permitieron tomar rápidas medidas de contención. Un equipo experimentado de epidemiólogos se dedicó a rastrear y monitorear a las personas que habían estado en contacto con los pacientes con casos confirmados de ébola y a las personas que vivían en el radio de las personas monitoreadas en un esfuerzo que significó rondas de visitas a casi 26.000 casas. Todas las personas que habían tenido contacto con los pacientes infectados fueron seguidas diariamente por 21 días, y esta semana se cumplieron 42 días sin casos reportados de ébola en Nigeria que ha sido declarada libre de la transmisión del virus. El éxito para frenar la transmisión del virus también requirió de la difusión en medios de comunicación masiva de las medidas de contención y de información acerca de la enfermedad para generar conciencia acerca de las acciones de control que llevaban adelante las autoridades sanitarias.

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El ébola es una zoonosis, es decir que los huéspedes del virus en la naturaleza son animales silvestres (principalmente el murciélago de la fruta, pero también monos y puercoespines) que pueden transmitir la infección a una persona para iniciar un brote. La transmisión ocurre cuando una persona manipula a un animal infectado entrando en contacto con la sangre, las heces o los órganos, o a través del consumo de la carne cruda. De hecho, un estudio publicado en la revista Science revela que el brote de ébola se habría iniciado por un evento de transmisión zoonótica y se ha mantenido en la población a través de la transmisión de persona a persona.

 

La propagación de la infección ocurre por transmisión mediante el contacto directo (a través de lastimaduras en la piel o de membranas mucosas como los labios, las fosas nasales y los ojos) con fluidos corporales como sangre, vómito o secreciones de personas enfermas. De la misma forma el contagio también puede ocurrir mediante el contacto con objetos contaminados con fluidos corporales de una persona enferma como ropa, sábanas o materiales médicos desechable. A partir del momento de la infección con el virus, la enfermedad tarda entre 2 y 21 días en manifestarse y se presenta con fiebre, fatiga, dolor muscular y jaqueca, seguido de vómitos, diarrea, signos de mala función de hígado y riñones, y finalmente sangrado de órganos. La persona infectada comienza a contagiar cuando desarrolla estos síntomas y la infección se propaga principalmente a los trabajadores de la salud, los familiares y personas en contacto estrecho con el enfermo. No existe vacuna ni tratamiento específico y la forma de prevenir el contagio es usar ropa de protección personal adecuada para el cuidado del paciente. En cierta medida también contribuyen a la propagación de la infección prácticas tradicionales como bañar a los cadáveres antes del entierro y el contacto con el cadáver durante el funeral, ya que el virus de ébola puede persistir hasta varias horas luego de la muerte de una persona infectada.

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En las últimas semanas se confirmaron un caso en Estados Unidos y uno en España de pacientes que provenían de los países afectados en África Occidental. Esto ha abierto una discusión acerca de la utilidad de cerrar fronteras para prevenir la propagación de la enfermedad. La posibilidad de que una persona que se ha expuesto al ébola viaje fuera de su país existe en la medida que se permita el libre movimiento de pasajeros. Sin embargo, el riesgo de infección para los demás pasajeros es muy bajo. Una persona sólo transmite la infección cuando desarrolla los síntomas y la transmisión de persona a persona ocurre sólo cuando hay contacto directo con los fluidos corporales de una persona enferma. Es decir que para que un pasajero se contagie de ébola debería compartir con su compañero de asiento enfermo una servilleta o cubiertos contaminados con sangre o vómito.

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Se debate aún si el cierre de fronteras para impedir el ingreso de personas que viajan desde los países más afectados por el brote tiene algún sentido para prevenir la diseminación de la enfermedad. De hecho los intentos por prevenir la salida de pasajeros sintomáticos desde los países afectados por el brote no han sido efectivos: de los pasajeros que se han detenido con fiebre ninguno fue positivo para ébola y este tamizaje no logró detener la entrada a Estados Unidos de una persona infectada que al momento del viaje no presentaba síntomas. Resultan igualmente inefectivos los tamizajes de los pasajeros que arriban desde estos países. A modo de ejemplo, los filtros realizados durante la epidemia de SARS no pudieron frenar el movimiento de casos en el año 2003. Además, el cierre de fronteras podría tener consecuencias negativas en el envío de la ayuda económica y sanitaria que al día de hoy resulta esencial para luchar contra la propagación de la infección.

 

La difusión de información precisa sobre la enfermedad y las medidas de prevención junto con la articulación de un sistema de salud preparado para responder frente a un caso sospechoso facilitan la detección temprana, un diagnóstico rápido y el rastreo de las personas alrededor de un caso. Como ya lo demostró la experiencia de Nigeria, estas medidas bastan para contener rápidamente la propagación de la infección en países que no están afectados por el brote. En los últimos días se ha visto en Latinoamérica una reacción adecuada frente a los casos sospechosos de ébola que se registraron en Chile y Brasil. Los pacientes se aislaron y se tuvo un diagnóstico negativo rápido. De forma similar, Argentina ha desplegado medidas de vigilancia y cuenta con la infraestructura para contener y diagnosticar rápidamente la infección. El escenario de una pandemia de ébola parece lejano, a pesar de su mala prensa la enfermedad no se encuentra entre las más contagiosas. Se estima que una persona infectada contagia en promedio a otras dos personas, número que resulta bajo en relación a otras enfermedades que se transmiten a través del aire como ocurrió con el SARS o el sarampión. En última instancia y en base a la experiencia que se adquirió en los últimos meses la comunidad internacional debiera dirigir todos sus esfuerzos a la contención del brote de ébola en África Occidental.


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