La escritora mexicana Cristina Rivera Garza entrevistó a Donna Haraway en el lanzamiento de su libro "Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chtuluceno" recientemente traducido al castellano. Movilizadas por el presente pandémico, nos invitan a pensar más allá de las techno-fixies y los cyborgs, para imaginar futuros menos apocalípticos y más liberadores.



Con cientos de personas siguiendo la transmisión en vivo a través de la fanpage del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), la escritora mexicana Cristina Rivera Garza entrevistó a la bióloga feminista Donna Haraway. Entre muchas otras cosas, hablaron de cómo aprender a vivir en un planeta tan herido como el nuestro y por qué imaginar futuros menos apocalípticos y más liberadores.

 

Cristina Rivera Garza: Con Donna Haraway hemos aprendido a permanecer en el presente pero siendo más conscientes de que compartimos la superficie de la tierra con otros seres. Nos interesa crear parentesco, trabajar con otr*s, aprender a vivir y a morir con la responsabilidad de la que ella habla. El libro Seguir con el problema nos invita a re-pensar lo que somos y seremos. Ver quién vive y quien muere, nos sugiere hacernos preguntas por la justicia. Con Donna Haraway, la pregunta es sobre una justicia multiespecie y esto vuelve su teoría especialmente interesante.

 

La primera pregunta que me hago como escritora no es sobre qué escribo, sino con quién estoy escribiendo por pensar de esta manera y no de otra. Haraway tiene razón: escribir es pensar con otr*s. Así, la teoría se convierte en una bolsa en la que un* va recolectando, cargando, transportando, contando cosas de la vida, una vida en contacto con la tierra, como una natura-cultura. Una escritura terrestre, como la llamaría Latour, o una escritura geológica como la llamo yo, pero una escritura con otr*s apegada a la siempre conflictiva materialidad del territorio.

 

“Hay que ir a los lugares heridos”, dice Donna, a los lugares arruinados, pero no hay que ir como l*s turistas o l*s escritores que se interesan sólo por nombrar el desastre, sino como seres en proceso de devenir otr*s, que convirtiéndose en otr*s pueden generar relaciones capaces de sanar. Tenemos que ir con otr*s y por otr*s, porque en esa escritura teñida por la cosmopolítica de quedarnos con el problema, las decisiones que se tomen, se tomarán por aquell*s que sufrirán las consecuencias en el futuro.

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Por razones personales me interesa mucho la historia de la mariposa monarca en la sección de las historias de Camille, l*s niñ*s del compost. Visité los territorios por los que pasaba la mariposa monarca en el estado de México y en varias oportunidades tuvimos que bajar la velocidad para atravesar los caminos por los que posaban sus alas. Mi hijo, siendo niño, alzaba los brazos al cielo para atraerlas hacia su cuerpo. Uno de mis momentos más felices de la lectura de este libro fue reencontrarme con ellas. Por eso la primera pregunta es acerca del entramado de esta escritura material en el territorio de las monarcas.

 

Donna Haraway: Las mariposas monarca llenan toda una historia, son el corazón de las historias de Camille, de las “comunidades del compost”, de l*s niñ*s que nacen en esas comunidades y  toman su existencia como un trabajo para ayudar a preparar y sanar a la tierra a través del compromiso de tener bebés que no sobrevivirán a menos que se asuma la responsabilidad de su futuro.

 

Y las monarcas están unidas simbióticamente al personaje de Camille, y el cosmopolitismo de Camille es un largo delineamiento del vuelo de las mariposas. Un vuelo que comienza en, la cima de la montaña de extracción de carbón en el este de los Estados Unidos, pasa por  la gran ruta migratoria  del sur de Norteamérica y va hasta México, y, a Michoacán, donde están  los abetos de Oyamel, los lugares de hibernación de las monarcas.

 

Vivo en Santa Cruz, en la costa oeste de los Estados Unidos, y la inmigración de las mariposas monarcas pasa en invierno por mi pueblo. Vuelan hacia el norte y vuelan hacia el oeste y hacia los desiertos y hacia montañas . Dos grandes corrientes están en juego en la narración de la historia, una práctica materialista sobre cómo encontrar un amor particular, el amor por la belleza de las mariposas, el amor de ver los vuelos de las mariposas cuando llegan a mi pueblo, cuando llegan a los cipreses de Monterrey y a los pinos del Parque Estatal “Natural Bridges” y a Michoacán. Las monarcas ocupan las montañas, esta asombrosa cadena de montañas volcánicas, pero sólo en lugares muy particulares, entonces ese pequeño amor ya ha llevado mi atención a través de Norteamérica, hasta México.

 

Al seguir el vuelo sigo las prácticas agrícolas, los herbicidas, los pesticidas,  las minas de carbón, la tierra de la conquista, la exclusión de l*s nativ*ss, la colaboración de inmigrantes, el trabajo esclavo,  el movimiento a través de Texas y México, a través de esa extraordinaria frontera de intercambios, de muchas lenguas, de muchos castellanos, muchos ingleses, muchas lenguas indígenas en la frontera de Texas y México. Un área de cruces, de construcción de muros y ríos,  de posibilidades y peligros. Moviéndonos hacia las montañas, en Michoacán, un* avanza a través de los esfuerzos de l*s productor*s de palta, quienes en los últimos años y décadas han renunciado a su combinación de maíz, sus propios cultivos en pos del cultivo comercial de la palta, gran parte en Norteamérica, en los Estados Unidos.  Pero, también est*s agricultor*s están justo en el borde del territorio de las monarcas, con un área de captación de agua y conservación allí mismo. Varios campesin*s e indígenas y latin*s, pueblos campesinos, sus cultivos, su agua, sus políticas, sus conflictos, el bosque, se mueven por ese bosque hacia las áreas donde están los árboles de Oyamel, enfrentando el calentamiento global, enfrentando el impacto del exceso de turismo y también enfrentando los asesinatos de l*s conservacionistas.

 

Visité a estas monarca en Morella, en enero de 2019. La semana antes de llegar, un conservacionista  que trabajó para aliar a l*s agricultores de la conservación forestal con las políticas del agua, contra el turismo, fue un asesinado. La semana siguiente fue asesinad* otr* conservacionista mexican*. Hubo varios asesinatos más y están cerrando las reservas de mariposas. En mi propio pueblo, pocas mariposas han regresado este invierno, deberían haber cientos de cientos de miles. En los últimos 20 años las migraciones se han vuelto muy pequeñas.

 

En mi libro pinté un cuadro de toda esa complejidad, las conexiones y responsabilidades, me tomé en serio este pequeño amor, el amor de ver las mariposas en mi pueblo.

 

Otra preocupación en este libro es la transferencia de agua para alimentar las ciudades del suroeste, como Phoenix, Los Ángeles, y Las Vegas:ciudades de conquista hambrientas de agua. La pregunta es quién vive y quién muere en estos pasajes, como dijiste en tu presentación. La respuesta puede ser cómo conectar, porque ninguna persona o grupo puede hacer todo pero podemos conectarnos con otr*s que están actuando por un mundo más habitable. Podemos conectarnos con otr*s amores y otr*s que aman, y podemos activar las prácticas, podemos darnos cuenta. Por ejemplo, en Michoacán se debate  si hay que atender a las plantaciones de árboles  más elevadas  para que las próximas generaciones de mariposas puedan encontrar condiciones para  sobrevivir. ¿Es una mala o buena idea? Como comunidad, deberíamos unirnos con  l*s científic*s pero también con l*s operador*s turístic*s, l*s agricultor*s, l*s conservacionistas, l*s guardabosques. Las comunidades de prácticas que deben involucrarse en la toma de decisiones por el bienestar de quienes viven y mueren en estas montañas son múltiples.

 

Así, siento que viajo en una especie de conducto, que mi escritura es un acto de ansia por conectar, es una especie de anhelo de conectar a través de los detalles, a través de vidas y la muerte reales, a través de lo real, las materialidades y sus significados. Todo lo que hago en forma de teoría surge de este tipo de seguimiento implacable de las líneas de la especificidades.

 

Cristina Rivera Garza: Hoy, por la Covid y los retos de la pandemia ya no podemos ser visitantes porque no podemos trasladarnos. ¿Qué hacer en estas circunstancias que no son pasajeras?

 

Donna Haraway: Lo he pensado porque lo estamos viviendo, estamos “sentipensándolo”. Tengo 76 años, es diferente para mí, y aun así siento mi mundo social afinándose. El tejido de la conexión afectiva con otros está debilitándose como una gasa, y hago lo posible por engrosarla, por re-tejerla, por atarla, por continuar el bordado, por atar nudos. Lo hago con Zoom, que permite que gente que nunca hubiera podido participar en el mismo evento lo haga, como en esta conversación. Hacemos muchas cosas que son también sensoriales, conectamos entre nosotr*s pero también nos abrimos para mantener la capacidad de conectar, nos mantenemos a nosotr*s mism*s abiert*s para estar list*s. Es un periodo de pérdida y de sufrimiento. Por supuesto también están sucediendo otras cosas… he tenido tiempo para aprender español y tomo clases de conversación en español con una mujer que vive cerca de Nuevo México. Es parte de esta cuestión de construir habilidades para lo que vendrá, así sean habilidades simples como aprender un idioma. También está la práctica de colocarse la máscara y salir a dar un paseo con alguien. Podemos conectarnos con cuidados. No podemos invitar a todo el mundo a cenar o ese tipo de cosas, no puedo dar un seminario con estudiantes jóvenes y hablar sobre escribir y compartir papers, pero sí podemos tener un seminario de escritura especulativa sobre el futuro y compartir y comentar escritos.

 

La materialidad de vivir en pandemia, este continente llamado “pandemia”, implica el entender algo de la “justicia viral”. Por ejemplo, vemos cómo las regiones ricas y los países ricos acaparan vacunas. Vemos la lentitud de la vacunación en áreas impactadas por el racismo, el extractivismo, la explotación, la pobreza y el colonialismo. Estamos viendo la injusticia viral, la injusticia de las vacunas, además de una extraordinaria ignorancia sobre lo que hacen los virus. El virus puede mutar y mutar y mutar, y producir variante tras variante tras variante para derrotar a las vacunas, a menos que practiquemos “la justicia de las vacunas”. La “justicia del virus”, la “justicia de las vacunas” implica entender que tenemos que limitar el banquete del virus, mantenerlo con pequeñas y tacañas comidas y que esté hambriento. Nunca exterminaremos al virus, y pensar en términos de exterminio es una muy mala idea para arrinconar al enemigo. Hay que descubrir cómo vivir en equilibrio con este nuevo virus y los que están por venir. Así entenderemos cómo el mercado de la comida, los animales salvajes y domésticos, los seres humanos, los distintos tipos de trabajos y  las diferentes prácticas médicas pueden convivir en un planeta herido sin la fantasía de la inmortalidad y el fin de la muerte.

 

Mi nieto tiene 26 años y se dedica a la práctica artística y visual, y está sin poder ejercer, está trabajando en un almacén, ha estado viviendo con su madre, mi gran amiga y colega, y ha estado haciendo mucha fotografía. Es un hombre joven y ha estado haciendo una crónica de su pasaje en estos tiempos mediante la fotografía, la escritura, el dibujo, el collage. Está solo, y está sufriendo, quiere ver gente, necesita la gente, l*s otr*s jóvenes de su edad necesitan a la gente más que yo. Yo lo estoy viendo a él transmutar el trauma, no negarlo, sino transmutarlo en algo material y artísticamente interesante. Creo que l*s escritor*s hacen lo mismo.

 

Cristina Rivera Garza: Estoy de acuerdo con esto de la “justicia de la vacuna”. Vos también hablas de vivir con la pérdida. Tenemos que aprender a vivir con eso… 

 

Donna Haraway: En un par de días voy a participar de un homenaje a una colega en San Diego, de Leslie Stern. No fue por Covid, pero fue la pérdida de una amiga, una escritora, una colega. También estoy escribiendo la contratapa de “Wake” (“Despertar”), un cómic hecho por la artista, historiadora, escritora y activista Rebecca Hall). Ella escribió esta novela gráfica sobre el despertar, sobre vivir en vigilia. Usa la palabra “despertar” y aborda la cuestión del duelo más que de la melancolía. Usa la palabra “despertar” en todos sus sentidos incluyendo su significado negro y afroamericano sobre haber despertado, sobre haber despertado de la esclavitud, sobre tener una ceremonia de duelo para traer los muertos a la vida, pero también la vida hacia la muerte. El tema de este libro son las mujeres negras en las revueltas de esclav*s. desde los barcos del comercio de esclavos en el Atlántico hasta hoy, con el Black Lives Matter. Esta increíble novela gráfica trata sobre el tiempo, sobre la práctica revolucionaria, sobre vivir y morir, sobre duelar, sobre asimilar aquello imposible de ser asimilado porque es demasiado terrible pero debes hacerlo. 

 

Vivir en tiempos de Covid es asimilar el peso de las muertes en exceso, de muerte solitaria que las enfermedades infecciosas traen consigo. De algún modo se trata de asimilarlo para hacerlo más vivible, no de modo trascendental pero sí receptivo, para ser capaces de experimentar la risa y la felicidad y la tristeza, para soportar el peso de forma liviana. Vivimos un  tiempo de destrucción climática, de extinción y extractivismo. No hay vuelta al estado anterior de las cosas pero sí puede haber menos daño, nuevos modos de florecer en medio de la destrucción, para admitir una sanación parcial, para poder ser comunes y corrientes otra vez. 

 

Cristina Rivera Garza: Leyendo autor*s latinoamerican*s que dialogan con tus escritos, me encantaría saber    con quiénes estás pensando ideas hoy en día.

 

Donna Haraway: Hay varias maneras de responder a esa pregunta  pero quiero hacerlo con este libro. Cattail stories (“Historias de Totoras”), de la argentina Graciela Trevisan. Estas historias están situadas en la ciudad de Totoras en Argentina, donde ella nació. Está escrito y publicado en inglés. Yo enseño inglés como segunda lengua a una mujer migrante hispanohablante en Santa cruz, y ella lee una Historia de Totoras y escribe una historia en respuesta, lo que la ayuda a recordar a su abuela, sus raíces, su pueblo en Oaxaca, la ayuda a conectar con sus hijas. Ella está escribiendo estas historias absolutamente extraordinarias en respuesta a las historias de Graciela, y yo tomo esas historias de Cecilia y se las envió a Graciela; y luego tomo de Graciela algunas de sus referencias  a pensador*s sudamerican*s, por ejemplo Violeta Parra, que aparece en una de estas historias. Miro esta animación hermosa de plastilina y bordado, Cantar con sentido: la biografía de Violeta Parra, este increíble corto de 20 minutos de poesía animada con su música de fondo, mientras que para la clase de inglés Cecilia lee la transmutación de Graciela de su infancia argentina al inglés. 

 

Cristina Rivera Garza: Un trabajo de amor, ¿no? De un amor en serio, de amor correspondido.

 

Donna Haraway: Sí, gracias a la vida también.


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