El segundo semestre de 2019 fue explosivo para Ca7riel y Paco Amoroso. Recitales agotados, show en el Teatro Colón, gira europea. Con una propuesta audiovisual innovadora y una fusión de sonidos que conecta la formación musical tradicional con el productor electrónico de dormitorio y el arte callejero, llegaron a la escena del trap para hacerse respetar. Mañana cierran su gran año con una Celebración en Obras.



Foto: Toto Pons.

 

 

Un empuje físico y mental impresionante. Un repertorio extraño y desopilante. Recitales combustibles, con una banda infalible como única red. Ca7riel y Paco Amoroso le imprimieron su estampa al 2019, justo cuando la escena musical local entró en modo renovación: algunos leen un estado regenerativo y otros – siempre habrá vasos vacíos -, el fin. Mientras se vislumbran nuevos festivales, referentes y voces, una ola inmensa copa todo y se lleva puesto a desprevenidos. Ahí, arriba de esa cosa loca llamada trap, Catriel Guerreiro y Ulises Guerriero, dos rockers con nombres y perfiles de personajes literarios.

 

El dúo ha hecho un big bang transversal y su techo es ancho y expansivo. Esperado o no, su momento ha llegado y están listos: son músicos que, como caballitos de troya, entraron al trap de costado para que sus canciones se infiltren, dialoguen, interpelen. Su música es cosa seria: un refresh que conecta la tradición (el virtuosismo, la poesía urbana y callejera) con el productor electrónico de dormitorio; el océano visual de internet y las apps del momento con el freestyle rapero.

 

 

En un rewind del calendario, los meses recientes traen hitos frescos al hilo: cantaron en el Teatro Colón (“Crimen”, de Gustavo Cerati), dejaron de cara a 20 mil en el Buenos Aires Trap, viajaron a España (tocaron en el festival Sonar y compartieron con Duki, algunas escalas de su tour ibérico), Ca70 secundó con su guitarra a Wos -otra de las revelaciones del año, surgido en los topetazos del freestyle de plazas. Y tres sold outs propios en Niceto Club.

 

La maratónica sucesión de escalas corona en el Estadio Obras Sanitarias, ese clásico rockero que aún mantiene su halo de sala consagratoria. “Me tenían que insistir para convencerme de que era real”, dice Ulises, rebautizado como Paco Amoroso, en una charla relajada en la casa de su manager. “Alguna vez fui a ver a los Globetrotters ahí”.

 

El 20 de noviembre festejaron el primer año desde que subieron como dupla al frente, en el escenario. ¡Apenas un año! ¿Qué detonó semejante subidón? Un poco de todo. Puede que hayan sido unas fechas clave. Aquel”Por Amor al Baile”, el ciclo de fiestas a cielo abierto que Villa Diamante organizó en el verano en la puerta del CC Recoleta, donde quedó en evidencia el crecimiento de Ca7riel, mientras se encontró a un público fiel al jolgorio. Tan rápido ocurrió todo que en vez de arrancar el año en una sala de 200 personas, saltaron directamente a colgar tres agotado en Niceto Club.

 

Se activó un boca en boca viral a medida que le daban pantalla a sus videoclips: el romántico “Ouke” (“fumando flores con Lamothe”, con Estebán, el actor, como galán de un karaoke), el detonado “Jala Jala” un clip arrabalero pensado y estrenado para ver en formato vertical para celular. También pueden pasar del descontrolado “Ola Mina XD”, una epiléctica colección de memes, shitposting, citas a los Simpson y Boca Juniors, un prendepistas, y de pronto bajar mil cambios a la onírica “Mi sombra”, donde vestidos de exploradores, parecen seguir a un personaje de jalea verde escapado de Fortnite.

 

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Cuando esta nota va y viene con el editor, lanzan dos videoclips dirigidos por Orco Videos: uno para cada uno, solistas pero interconectados entre sí. El globo de la fama (“Mc Fly” x Ca7riel), el after (“Todo el día” x Paco Amoroso), en un díptico psytrance. En vez de sacar un disco, Paco y Catriel construyen una playlist psicodélica. (Bueno: anoche estrenaron un tercero en 10 días).

 

Pero estos pibes no son improvisados. Paco estudió violín cuando era muy chico y Catriel no es un hongo que apareció de la mañana a la noche en el terreno fértil y exponencial del trap. Es hijo de un músico de rock y a su vez estudió y se recibió de prefesor en la José Esnaola: “Es como un Hogwarts, a la mañana bachillerato y a la tarde música. Todos tus compañeros tienen un poder, una magia. Y el que no lo aprende. Muy mágico ese lugar. Pibes muy distintos, muy nerds, tan sensibles, tan diferentes. Una compañera que se vestía y vivía como en 1800. En otro colegio era boleta,y en el Esnaola todos la apoyaban. Ese colegio es puro amor”.

 

Su rodaje ha sido clave para decantar en este momento. Con su banda anterior, Astor y las flores de marte -Catriel cantaba y tocaba la guitarra, Paco sentado a la batería-, amasaron un público y asomaron en las finales de varios concursos para bandas. Grabaron en el estudio de Lito Vitale unas canciones de power funk y poesía Spinetteana. “Astor nos dio nuestras primeras veces, nuestros primeros porros”, dice Cato. Mientras tanto, tocaba comer arroz y trabajar como músico en una banda de standard que ambientaba el Hotel Faena.

 

“Era sesionista. Tocaba cumbia, lo que sea. Fue un trastorno, entraba por la puerta de atrás y me iba por la puerta de atrás. Nos metían un cacheo. Me hizo mierda la cabeza eso. Por suerte tenía a la ATR Vanda, me críe con ellos. Todos queríamos vivir de tocar, y ya íbamos por la vía de ser sesionistas. De pronto, entró un violero que me empezó a serruchar el lugar, pero porque él era buenísimo. Y yo, yo tenía mis cosas, desafinaba… Así que me puse a hacer mis temas”.

 

Los discos de Ca7riel que preceden al dúo son Cue7e (2015) POVRE (2018) y el EP xLIVREx (2018). Un testimonio importante para entender, dónde y cómo estaban antes del subidón. Canciones sentidas, líricas fraccionadas y fractalizadas, profundo devaneo, rapeadas con los dientes apretados.”En ‘Cue7e’ tenía que sacar mis mambos, mi oscuridad, para afuera. El rap de esa época es más íntimo, más real. Me duele, son lágrimas del alma”, repasa Catriel. “Después llegó Paquito al mic y las necesidades cambiaron. fueron otras. ¿Ganar dinero? ¿Por qué no ? Por qué no meternos en este ambiente, y ganar dinero?”.

 

En el scroll, algunos dicen que el trap ha quedado como banda de sonido del neoliberalismo y su nivel de consumo absurdo, otros lo asocian con un nuevo punk, como el rock garagero en tiempos de autotune: cualquiera puede subirse a unas bases, escupir aguafuertes y, de pronto, encarar camino al estadio. Ca7riel y Paco no bajan línea pero tejen entrelíneas. “Antes me gustaba el rap consciencia, que todo el tiempo está denunciando situaciones, pero ya me aburrió (…) Está muy claro como pensamos pero no lo mezclamos musicalmente”, dirá Catriel en una entrevista para el diario Clarín. Igualmente, muchas frases en sus canciones dejan una postura. Y en vivo le tiraba un “Macri” a la gente para que le devuelvan “malo”. Decidido a jugar el juego de la demanda en la industria, antes dejó en claro algunas cosas. Codificadas en las líneas, se puede vislumbrar el Plan Catriel: “Disfrazo el mensaje cual protagonista de obra / Carita de moda, veneno like a cobra / En esto todos roban / Quería borrarte con arte, por eso este estribo va aparte” (“Trap Feliz”).

 

En el final de xLIVREx está “MVSICX”, una profunda reflexión sobre el artista, sobre su voz, sobre su lugar en la sociedad. “Estoy como despechado, enojado con tener que entrar al Faena, con ser músico. Era como un descargo rapero, todas las palabras que necesito bajar en vez de tener que pegar un cachetazo. Ahora no estoy tan enojado”, resume.

 

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—Aunque no se sientan raperos, ¿creés en el poder del freestyle? 

 

—Es un super alivio. No puedo hacer canciones en cualquier momento. O sí. Pero que me gusten tiene que ser clave. Tengo que tener de qué hablar, de algo conciso, tiene que haber un nodo de energía. Hits o canciones de amor se pueden hacer, pero va por otro lado. Hago el rap como descargo rápido. Lo hago solo, no los puedo hacer en público. Con Paquito hacemos otra cosa.

 

Para esta nueva era, Ca7riel le dio un shape especial a su música, entrenó sus líricas con aeróbico freestyle y desparpajo. El trabajo compositivo no parece tener más pautas precisas que intercalar un tema oscuro y un tema de amor. Un delirio y un poema. “Con Facundo Yalve le empezamos a poner colores. que sea oscuro, que sea feliz”, explica poniendo en el spot lo importante del productor musical, por lo general entre sombras. Y claro, sumó a Paco Amoroso, un jugador increíble. Su amigo desde los 6 años. Así, corrieron la ola desde adentro.

 

¿Kahuna, pororoca o tsunami? Se nota: se va el año en el que este género urbano entró en combustión espontánea, llegó a las portadas de los diarios masivos, tuvo lanzamientos y surgimientos como la rosarina Nicki Nicole, dos ediciones del BsAs Trap en el Hipódromo porteño (una con 10 mil y otra con 25 mil espectadores), llenos de Cazzu en el Gran Rex, Duki convertido en una figura pública, torbellinos y vistas por millones en Youtube.

 

—Iban por el camino del sesionista y se encontraron al pie de esta escena, una ola a la que se montaron…

 

Paco: Siempre me gustó el hip hop, pero no el rap vieja escuela. No quería hacer ese estilo old school, me da vergüenza ajena escucharlo, más que nada en castellano. Ver batallas, todo eso, no me cebaba. Y entonces, ponele que en 2014, empezó a aparecer el trap. A llegar más música, con más contenido. Y nos vino bárbaro, a mí y al género. Acá y allá. 

 

Catriel: Creo que es una cuestión de estética. Tratar de despegarse de lo que ya pasó. Este es un puchero deforme, muchas cosas pasando al mismo tiempo.

***

Sábado, 6AM en La Perla. En la playa no hay gente, en el agua, algunos surfers. A esa misma hora, en Cabo Corrientes, entre las playas Chica y Varese, las stories de un puñado de party animals los retratan caminando entre las piedras. Salen a la luz después de una joda. Un sábado de noviembre en Mar del Plata podría condensar un meteórico año en la carrera de esta dupla.

 

Horas más tarde, escoltados por los lobos marinos, Ca7riel y Paco Amoroso dan un concierto gratuito en la Rambla, en uno de los puntos más altos del festival internacional de diseño TRImarchi. Los rodea una marea humana. Son dos frutillas en un copón y la crema es la ATR Vanda. Desde el aire, la foto es histórica y condensa, caracoles, Paco, Catriel, un par de Peppa Pigs. Esas cosas que tiene Mardel, la playa de la fantasía.

 

—¿Quiénes dirían que los han inspirado a la hora de pensar en cómo moverse en el escenario?

 

C: A mí me gusta Freddy Mercury. Me gusta mucho Phil Anselmo, aunque sea re facho.

 

P: A mí, un montón de metaleros, o GG Alin que se caga a piñas. De los raperos Lil Uzi Vert. Está ahí, pero tiene una soltura…

 

—El respaldo de la ATR Vanda es crucial.

 

C: Los pibes tienen una destreza inigualable. Casi no ensayamos. Por ahí cuando hay que meter cosas nuevas en el show, pero los pibes tienen esa capacidad de no ensayar y clavarla igual.

—Los shows suelen comenzar con una zapada de “La grasa de las capitales”, de Serú Girán. 

 

P: A algunos les va a sonar, a otros no. En Estados Unidos hay más cultura del sample. El hip hop tiene mucho de samplear. Acá no hay tanta música popular sampleada. No hay tanto sample de Spinetta, de los Abuelos de la Nada. 

 

C: Es un sampleo directo. Es un guiño a los que no escuchan trap. O gente que no lo quiere escuchar, que no está bien. O a Charly diciendo que hay que prohibir el autotune. Es una forma de abrir puertas.

 

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***

Otra vez es sábado. Pero es de noche y estamos en Mendoza. La esquina del N8, una sala céntrica cuyana, está rodeada. Los barats esperan a que den puerta. Con bajo volumen se escucha a la ATR terminar de probar sonido. Mucho adolescente, en el piso superior, un balcón que da al salón. Ahí, pronto se caldea. Ca7riel a veces me hace acordar al cantante de Prodigy. Paco es un querubín y es un fauno, un lemúr fiestero de Magadascar. La ATR (Mariano “Yuye” Dominguez en Batería, Axel Introini y Guido Rodriguez en sintetizadores y Julián Montes en Bajo) entra en jam ajustada con algunas líneas de bases electrónicas. Cada canción se vuelve única.


Euforia. Me llevan puesto cuando suena “Jala Jala”, me arrastran hacia adelante, mejor bracear que resistirse, quizás sea el último pogo que me pase cerca. El aire queda cargado de energía fresca. Mientras la banda se sumerge hacia el fresco del camarín, Paquito se queda un segundo más sacando fotos. “Te amo culiao”, le repiten las fans y él sonríe encandilado por el flash. En los sillones, repantigados, los músicos saborean ese gusto . Esta fue una de las previas antes de entrar a Obras.

 

Al otro día, en la mesaza, el cantante de cumbia Daniel Agostini le cuenta a Mirtha que su hijo está haciendo música en este género: el trap. ¿Cómo? Trap. Ah sí, “Londra Londra Londra”, dice la señora. Por un segundo, imagino a CAtriel y a Paco en la mesa de Mirtha, pero mejor no. Recuerdo a Paquito diciendo: “Se viene la película”. Nos vemos en Netflix.

 

Fecha de publicación: 19 de diciembre de 2019


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