En tres años y medio el gobierno de Macri mostró destreza comunicacional planificada, pero, frente a lo inesperado, fue víctima de la espontaneidad. Cuando el presidente o la gobernadora Vidal improvisan o ven sus actos y discursos interrumpidos, caen en “sincericidios” y su dominio de la escena queda en suspenso. En las narrativas gubernamentales el problema no es la mentira, sino el desengaño.



Las sociedades altamente mediatizadas como la nuestra discurren entre un medio todavía vertiginoso como la televisión en directo y el frenesí de las publicaciones en las redes. En Cambiemos saben que para la ciudadanía se administra institucionalmente y se gobierna mediáticamente. Como productor de sus propias comunicaciones, cada equipo gubernamental controla entonces al máximo las transmisiones en vivo de sus actos y discursos: la ubicación de las cámaras, pero también la narrativa de lo que va sucediendo en uno y en otro lugar, mediante el montaje en vivo, o la alternancia de tomas panorámicas, primeros planos. Ningún gobierno puede darse el lujo de hacer testigos a millones de ciudadanos de algo que desestabilice la credibilidad. En el caso particular de la televisación en directo, más que escenificar instituciones, es el cuerpo del gobernante el que es inevitablemente elocuente. Pero este gobierno (o su estrategia de comunicaciones) se ve en problemas con casi todas las formas de la espontaneidad mediatizada.

 

Después de haber salido fortalecido de aquel debate final versus Scioli como candidato casi ganador, Macri arrastra un sinnúmero de ocasiones caminando entre la fabulosa dificultad para desenvolver un mensaje aprendido, y la soltura riesgosa del decir algo que lo condene a la crítica pública por “sincericidio”. El problema no es la mentira, sino el desengaño. Y en el ruedo político, nada carece de sentido: por el contrario, todo está sobre-significado. Desde una frase o discurso elaborado, hasta el detalle o gesto más sutil.

 

Macri ha caminado en sus primeros 3 años y medio sobre la red de contención que ofrece leer un discurso o decirlo de memoria, incluso en mensajes grabados. Es previsible que además se haya apoyado en un entrenamiento actoral. Nada de esto es un pecado, ni corroe la política. Pero la espontaneidad le resulta un problema. No su carencia sino su aparición. “Cayeron en la educación pública”, por ejemplo, fue una frase penosamente célebre que dio cabida a que se dijera que Macri, sin libreto, devela su verdadera ideología anti-educación pública.

 

La apertura de sesiones legislativas en el Congreso fue transmitida como una escena de griteríos que enmarcaron la voz levantada del Presidente, y que dieron sentido a su cara de irritado. Durante la trasmisión se pudo ver cómo Johanna Picetti, una candidata que el macrismo bajó de la boleta de diputados por la Ciudad en las últimas elecciones, buscaba interrumpir a gritos el discurso de Macri.

 

En los días previos hubo episodios en apariencia aislados, pero que terminaron de ligarse como una serie significativa porque en todos ellos la espontaneidad se hizo presente.

 

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Escena 1

El 26 de febrero el Presidente Macri coprotagonizó un episodio con un obrero de la Comuna 4, en una recorrida por una obra en Ciudad de Buenos Aires. El trabajador se le acercó y le hizo un reclamo: “haga algo”. Dijo también: “no podemos más, por favor se lo pido, con el ajuste que tenemos… ¿Sabe qué? Perdóneme pero se lo tengo que decir, con respeto, con respeto: nos toma el pelo usted, la gente está decayendo”. La espontaneidad de este video fue representada por cuatro operaciones: el acercamiento fuera de protocolo y en situación de reclamo de parte del obrero, la respuesta física y verbal del Presidente (que le intenta responder sin lograr tomar el control de la situación, y finalmente, lo toma de la mano y lo abraza “como un boxeador que acaba de recibir un fuerte golpe”), el disimulado intento de ocluir la visión de la cámara de parte de dos personas (primero una mujer, luego también un hombre), y antes que nada, la presencia de esa cámara de teléfono filmando el imprevisto hecho.

 

Escena 2

En la misma semana, Macri inauguró junto a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, una etapa de una obra hídrica en el partido de La Plata, con las siguientes palabras: “Muchas gracias María Eugenia, buenos días, buenos días, ¿cómo andan? Buenos días intendentes, gracias también Pablo por acompañarnos.

Todavía no sé qué hora es porque estoy todavía con el cambio de horario de venir de la India, pero creo que es de mañana. Lo que sí quiero destacar es qué particularidad esto, que Vidal y Macri “El Gato” terminen las obras del Arroyo del Gato, es una cosa bastante particular. (RISAS)” [transcripción oficial tomada del sitio de Casa Rosada].

 

Escena 3

Pocos días antes, Vidal subió a su cuenta de Instagram un video con un fragmento de conversación con Patricia, una vecina de Escobar, cuyo cuerpo y escenario la figuran como alguien que vive en un contexto de gran pobreza. La publicación la hizo la propia Vidal, no como un spot publicitario sino como parte de su habitual uso de esta red a la que sube fotografías y videos de sus recorridas (luego borró el video, dejando solo tres fotos). La escena que transcurre desborda de religiosidad: se figura la tensión entre el sufrimiento de la vecina y su familia, y la propia confesión de la ceguera que entraña su fe en la gobernadora: “Yo creo en usted. Pero creo ciegamente en usted. Y mire que no tengo laburo, ¿eh? y que todos los días me levanto y me quejo, mis hijos salen a buscar laburo y no tienen. Pero yo sé que ustedes lo van a lograr. Que mis nietos vayan al colegio y no se preocupen por el desayuno. Sé que lo van a lograr.”. Es la representación de la figura santa visitando al condenado en su lecho de sufrimiento y recibiendo su pleitesía, en una escena íntima, de dos cuerpos conjugados en la conmiseración.

 

Los tres episodios arman la serie de variaciones sobre la espontaneidad: la escena 3 (Vidal-Patricia) es la aleatoriedad prevista: la entrevista fue criticada porque la vecina de Escobar que tiene un comedor ya había aparecido protagonizando otras visitas “inesperadas” de partícipes del gobierno de Cambiemos (la ministra Stanley y el dirigente Robledo). El descubrimiento de la repetición del personaje, denunciado en las redes por usuarios atentos a anteriores videos, volvió sospechosa la aleatoriedad de la selección de una persona pobre como cualquier otra, y por lo tanto, su discurso. Que la persona visitada sea previamente elegida es lógico: lo que está despreciado en verdad es el efecto de mediatización acumulada y un público altamente atento y “alfabetizado” en realización audiovisual. No hace tanto (septiembre pasado) que se popularizó “la taza de Vidal”: un video muestra a la gobernadora llamando durante su desayuno a una vecina de City Bell por casos de robos y saqueos, hecho con montaje a dos cámaras, en el que se advierte una taza blanca en la primera toma, y en las restantes la taza está decorada con motivos oficiales (azul, dorado, escudo de la provincia). El cambio de la taza es un detalle que no minaría el hecho en sí de una voluntad política de interés por los ciudadanos, si no fuera que no hay hecho en sí fuera de su mediatización. Ese acto se hizo para ser visto, aunque haya tenido correlato con un interés honesto; el error de producción carcome todo el acto político.

 

La escena 2 es la ocurrencia provocada: una escena casi protocolar, incluso rutinaria, es descontracturada por un Macri que ensaya una broma. Como no hubo un factor externo que irrumpiera y provocara la salida espontánea, y dado que la soltura es un artilugio difícil para el actual Presidente, el gag queda apresado entre la poca gracia y la sospecha de que estaba preestablecido, que no hubo tal ocurrencia.

 

La escena 1 completa la serie por oposición: es el impromptu negativo. Alguien salido de libreto irrumpe en la escena. Es la vida misma, la naturaleza en estado crudo que avisa que algo no funciona bien. Puede ser un obrero empobrecido y desentusiasmado, grabado con un celular, o una candidata a diputada saliendo en directo. ¿Qué hace Macri? Es lo que todos no podemos dejar de ver. Nada. O sea, algo que no es ganar la escena. ¿Cómo se llena ese vacío? Con la palabra de todos los otros que (ahora) entran a escena: políticos y periodistas de ambos lados en los medios tradicionales, y en las redes las interminables peleas entre “trolls” y “kukas”: unos dirán que demuestra lo accesible que es al diálogo y a la crítica; otros, que cada vez son más los que lo rechazan. Mientras tanto el cuerpo del presidente se sustrae, rehúye o queda en suspenso: no sabe qué hacer con el obrero, no mira a la cara de su ex candidata a diputada.

 

Hasta aquí, el gobierno mostró destreza comunicacional planificada. Pero frente a lo inesperado, es víctima de la espontaneidad.


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