Murió el vicepresidente de la FIFA y hubo críticas, halagos, posturas políticamente correctas y frases filosas. Pero ¿cómo se mantuvo durante tanto tiempo en el poder? ¿Es cierto aquello de “Clubes pobres, AFA rica”? Violencia, caudillismo paternal y habilidad política. ¿Grondona creía que a “buenos dirigentes” peores resultados deportivos y viceversa? El investigador del Centro de Estudios del Deporte (CED) de la Escuela de Política y Gobierno de la UNSAM Rodrigo Daskal pone en contexto las razones que explican las tres décadas de mandato de Don Julio.



Fotos: Télam

 

Mucho se ha escrito estos días, y antes, sobre Julio Grondona y sus características personales y políticas. Han aflorado las críticas y los halagos, las posturas políticamente correctas, la memorabilia anecdotaria y las frases más filosas hacia él. Su larga permanencia en el poder ha sido explicada por una serie de factores que intentaremos aquí brevemente desmenuzar, bajo el trasfondo de una idea más profunda: la de que Grondona no se encuentra en el final sino en el comienzo, en que no es (fue) quién da las órdenes sino quién las ejecuta, es decir: que no es la imagen sino el origen. Allá vamos.

 

1.“Clubes pobres, AFA rica”, hemos escuchado infinidad de veces estos años. La frase describe tal vez menos de lo que explica, si no intentamos contextualizarla histórica y analíticamente para pensar centralmente a los clubes argentinos. Hijos del deseo por competir, la identificación barrial y el duelo por el honor, los clubes han sabido mantener inalterable con vaivenes y conflictos su estructural asociativa y su carácter social, pese a tener muchos de ellos en el fútbol profesional un corazón tan pasional como necesariamente mercantil. Pero sus crisis económicas y financieras no se remontan a las últimas décadas ni a factores únicos;  podemos detectarlas en momentos de mayor bonanza general de la economía nacional tanto como en épocas de declive. A su vez, en tanto asociación de asociaciones voluntarias, la AFA fue gobernada gran cantidad de años con presidentes nombrados por los gobiernos de turno, en algunos casos por hombres provenientes del fútbol y en  otros ajenos al mismo, así como tuvo etapas positivas y negativas para su economía. Sin dudas, no es lo nuevo la deprimente economía de la mayoría de los clubes, sino la fortaleza de la AFA en las últimas décadas; ¿es posible afirmar tan esquemáticamente que lo primero es resultado de lo segundo, y que ello ha ocurrido por la mera capacidad de Grondona para controlar, mantener, obtener? ¿No se omite entonces la acción concreta de las dirigencias de los clubes cuyo resultado en ellos deriva, entre otros factores pero centralmente, de su accionar, es decir de su propia “arena política”? Sin duda la bonanza económica y financiera de la AFA le ha permitido discrecionalidad, pero es necesario matizar esto bajo el propio paraguas de lo que tanto oímos: que todos reciben, que a todos se ayuda, que tanto “vale” un club grande como uno de la tercera división, tanto diez pelotas para entrenar como un crédito millonario que permita cerrar mejor el balance de un club o pagar el sueldo de sus empleados. Una discrecionalidad democrática y personalista, la que –digamos al pasar- es comprobable también en el plano deportivo, pues es recién en las últimas décadas cuando acceden a los grandes triunfos los clubes habitualmente considerados “no grandes”.

 

2. La habilidad de Grondona para vincularse a gobiernos nacionales de todo color político, en democracia o bajo el Proceso Militar, no parece más que un reflejo de lo que los clubes han realizado a lo largo de su historia. La posibilidad de expanderse territorialmente, de obtener beneficios impositivos o monetarios, de discutir con la política pública aspectos del espectáculo deportivo, etc. ha sido una característica recurrente de los clubes. Campos deportivos, calles públicas de uso privado, subsidios para fines tan diversos como construir estadios o piletas de natación, todo ello ha ocurrido entre clubes y gobiernos a lo largo de más de cien años, democráticos o no, radicales o peronistas. La “capacidad” de Grondona en esta dirección no ha sido otra cosa que haber aprendido, de y con los clubes, a operar con las políticas públicas en sus diferentes niveles. Leyes nacionales, intendentes, concejales de barrio, allí dónde hay una necesidad habrá un socio caracterizado, un amigo, una punta, para lograr el objetivo. Terrenales testigos de ellos son los predios en la localidad de Ezeiza, provincia de Buenos Aires, tanto de AFA como de algunos clubes.

 

3. Las formas políticas personalistas y paternalistas de Julio Grondona no distan mucho, o nada, de la larga tradición política nacional y de las dirigencias de los clubes bajo la figura de un caudillo de tipo carismático, líder en el que recaen la mayoría de las decisiones. Incluso las décadas inmediatamente anteriores al surgimiento político de Grondona tienen en figuras como Liberti, Amalfitani, Armando o Kolwosky los mayores ejemplos de ese modelo, muchos de los cuales no concluyeron de la mejor manera su participación en la política de su club. La otra cara de la moneda del “sistema” grondonista ha sido la delegación de funciones en dirigentes leales y de clubes pequeños por cantidad de socios, infraestructura, logros deportivos; ¿no hay en la crítica habitual a esto un desprecio hacia los mismos, en el lugar del “pequeño” que recibe y brinda a cambio su necesitada y obligatoria lealtad, por su propia condición? 

 

 

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4. Las formas de la violencia que el fútbol ofrece se remontan también a larga data, y particularmente las actuales barras bravas con sus características a fines de la década del ´50 y comienzos del ´60; los vínculos entre las dirigencias y estos núcleos de hinchas fue y es evidente más allá de la máxima autoridad de la AFA. Se nutre de diversos espacios pero nace y crece en el club mismo; ha mutado sus formas con el pasar de los años y recibido el peso de mayor control, militarización y represión estatal bajo distintos dispositivos. Las acusaciones que pesan sobre la AFA y Grondona, verdaderas o no verdaderas, no parecen muy distintas de las originadas décadas atrás en los clubes mismos: “don y contra don” entre diferentes grupos de hinchas y/o socios, dirigentes de todo tipo y fuerzas de seguridad, con omisión y responsabilidad dirigencial.

 

5. La década del ’90 en Argentina tuvo para en los clubes intentos de diversa intensidad para socavar su basamento como asociaciones civiles sin fines de lucro, desde las primigenias ideas de Mauricio Macri hasta los intentos privatizadores en San Lorenzo y River Plate, rechazados por grupos de socios y sus dirigencias. Pese a haber aceptado la incorporación de capitales privados en el gerenciamiento del fútbol profesional, la AFA de Grondona sostuvo a rajatablas el modelo histórico de los clubes. Sea por temor a perder poder a manos de grupos poderosos, sea por convencimiento ideológico o por ambos, el estatuto de AFA no admitió cambios en ese sentido ni desde allí se operó políticamente para modificar la ley de asociaciones civiles, ambos requisitos indispensables de haber existido la firme intención de convertir a los clubes en empresas comerciales de carácter lucrativo.

 

6. Quizás Julio Grondona abone a la -por ahora- incomprobable hipótesis de que a “buenos dirigentes” en los clubes, peores resultados deportivos (y viceversa). Escrutando la vida política y deportiva de diversas instituciones a lo largo de su historia, muchos de aquellos que las han conducido y cuyas vidas políticas aparecen vinculadas a episodios o momentos conflictivos de sus respectivas instituciones –corrupción, violencia, desmanejos institucionales-, han sido aquellos que  al mismo tiempo se destacan en la obtención de logros deportivos para las mismas. Como hemos dicho, en ciertas ocasiones y tras largos periodos de conducción personalista y exitosa, concluyen su vida política en ellas con derrotas políticas o retiradas no tan honrosas. No ha sido el caso de Grondona si atendemos a los logros deportivos de las representaciones nacionales de fútbol, al crecimiento institucional y económico de la AFA, al largo acompañamiento de muchos en su sepelio. El mundo del fútbol es un mundo de secretos de palacio al que pocos acceden pero sobre el que muchos hablan, y es sobre esos secretos que se elevan, en buena medida, los resortes de su poder. Quizás el tiempo nos permita lentamente y con su velo claro observar qué de todo ello significó Julio Grondona, fiel exponente de estas dimensiones no únicas pero quizás sí hegemónicas, y qué de ellas podrá o no ponerse en tensión, sin su presencia. 


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