Bebito, feto, embrión. Los formas de representar a los no nacidos se construyen desde la religión y la ciencia y también en los discursos del cine, la literatura y las artes. Muchas veces son las cartas de presentación de las organizaciones anti derechos reproductivos pero a veces algunas ideas circulan también entre posiciones a favor del aborto. En esta nota Karina Felitti y Gabriela Irrazabal recorren las marcas de épocas y plantean la importancia de responder a situaciones como el duelo gestacional, la demanda de la ley del nombre y la legalización del aborto.



El comienzo del debate por el aborto legal, seguro y gratuito en el Congreso sacudió las estrategias de las organizaciones antiaborto. Hasta hace un mes el Día del Niño por Nacer (la conmemoración establecida por el ex presidente Carlos Menem en 1998 para el 25 de marzo) pasaba desapercibido. La movilización de este año, en cambio, género más reacciones. Empezó en Palermo y finalizó en la Facultad de Derecho, dejando en claro que para rezar contra la legalización están las iglesias pero que la acción pública y política debe darse en el campo secular. Esta vez la figura del “niño por nacer” fue tangible y gigante: Alma, una “beba de 12 semanas de gestación” y seis metros se paseó en andas entre manifestantes y captó la atención de la prensa y sobre todo de las redes sociales. Como había sucedido en 2017 cuando Mariana Rodríguez Varela convocó a colocar en los balcones un “bebito” como distintivo anti legalización, las burlas fueron instantáneas.

 

La visualización del embrión o feto ha colaborado con la construcción del no nacido –imaginado/nombrado casi siempre en masculino hasta advertir recientemente las potencialidades de feminizarlo– como un ser vivo con derechos, sentimientos, preferencias, demandas. Nayla Vacarezza, Pablo Gudiño Bessone y trabajos nuestros previos han situado históricamente estos usos, y destacan las relaciones que suelen establecer los grupos anti legalización entre la desaparición de niños en el vientre materno y el terrorismo de Estado. “El aborto atenta contra nuestra seguridad democrática y constituye una verdadera desaparición forzada de personas”, dijo Oscar Botta de Profamilia durante la primera sesión de debate en el Congreso.

 

 

Es evidente que los obstáculos que ponen estos grupos a la legalización rebasan al bebito, y también es cierto que la construcción del no nacido como una persona desborda a los grupos anti derechos reproductivos. Lo que representa esta figura varía en cada cultura y cada persona según su situación vital. Dar cuenta de estas variaciones colabora con la “desnaturalización” del sentido que los grupos anti legalización quieren imponer. Las prácticas sociales que construyen a no nacidos son múltiples y provienen de la medicina, la religión, la espiritualidad, el derecho, la política, la academia, la industria cultural, la filosofía. Como afirma Lynn Morgan, cuando discutimos el aborto el estatus del feto es algo contingente. A continuación mostraremos ejemplos del mundo social.

 

Imaginar y ver

 

En la Colección Real Británica podemos ver un estudio de Leonardo Da Vinci de principios del siglo XVI, quien, según dicen, se basó en la disección de una vaca preñada. Durante el siglo XVIII los anatomistas desarrollaron estatuas de cera de mujeres gestantes a útero abierto: el embrión o feto era un órgano más en el cuerpo de la mujer. En el siglo XIX la embriología estableció un desarrollo del ser humano en etapas a partir de la fertilización; cada una obtuvo un nombre y una representación elaborada por artistas plásticos con la que estudiaron en las academias de Medicina hasta mediados del siglo XX.

 

 

A partir de entonces, el uso del ultrasonido en el seguimiento de los embarazos cambió la forma de relacionarse con los no nacidos. Así lo manifestaban muchas mujeres que comenzaron a ver el movimiento dentro del vientre en una pantalla, y los varones que se acercaban por primera vez, de modo más participativo, al “misterio de la gestación”. Rosalind Petchesky destacó la importancia que tuvieron las ecografías en las luchas anti aborto y cómo este recurso excedió a sus campañas. En 1965 la revista Life publicó en los Estados Unidos la producción fotográfica de Lennart Nilsson sobre el “drama de la vida antes del nacimiento”: un no nacido recortado del vientre gestante flotaba como un “astronauta” en el espacio, en un contexto de carrera espacial y discusiones sobre la píldora anticonceptiva y el aborto.  

bebito_felliti_portyap_02

 

Siguiendo a Sara Dubow en Ourselves Unborn. A History of the Fetus in Modern America encontramos que en Estados Unidos hasta 1920 el feto fue considerado parte del cuerpo de la mujer. Para 1930 comenzó a tener individualidad y en los años 50 el uso del ultrasonido reforzó esa concepción. A partir de 1970 los debates sobre la personalidad del feto y los derechos fetales terminaron por generar legislaciones de protección a los embarazos, especialmente en ámbitos laborales, y de vigilancia sobre las embarazadas, como todavía vemos en los atados de cigarrillos que traen imágenes perturbadoras junto a la frase “fumar perjudica al feto”. En los ‘90, con la difusión de los avances en las investigaciones de ADN y la visualización del feto en mayores dimensiones, comenzaron a circular imágenes sobre el “rostro humano del embrión”. La premisa era: si hay ADN humano es un persona humana.

 

 

Hay un hito destacable en la representación visual del no nacido: la película El Grito silencioso (1984). En ella se proyecta en tiempo real la interrupción de un embarazo en la pantalla de un ecógrafo con las explicaciones detalladas del médico Bernard Nathanson, un ex proveedor de abortos que se convirtió al autodenominado movimiento pro vida gracias a la visualización de sus “crímenes” a través del ultrasonido. Una comisión de la International Planned Parenthood Federation (IPPF) desestimó rápidamente la veracidad de la mayoría de los contenidos del video. A pesar de las críticas, muchas escuelas católicas proyectaron El Grito Silencioso en sus aulas, propiciando una visión sesgada, cargada de culpas y remordimientos acerca del aborto y la vida sexual en general. La rápida y extendida difusión de las imágenes plantearon un nuevo desafío para quienes apoyaban el derecho a interrumpir un embarazo.

 

Otras cosmovisiones

 

Las periodizaciones e hitos que mencionamos antes construyen el desarrollo científico y tecnológico para la historia de no nacidos, pero esto no deja de ser una aproximación parcial. Anne Marie Sasson y Vanessa Law reunieron estudios sobre diferentes mitos alrededor de estas figuras en las distintas culturas y religiones como cristianismo, budismo, sikhismo, hinduismo, judaísmo, islam y pueblos mesoamericanos. En esta obra encontramos escenas de la vida intrauterina del Budha o algunos milagros que produjo el Profeta Mahoma desde el útero. Tristan Platt estudió en los Andes bolivianos al “feto agresivo” que se alimenta de la sangre de la madre y mientras va creciendo amenaza su vida. Bárbara Martínez en sus estudios sobre comunidades de El Cajón, Catamarca describe las creencias sobre los fetos existentes en un plano pre-social y “salvaje” y la importancia de los rituales para “civilizarlo”. Lynn Morgan realizó un trabajo etnográfico en los andes ecuatorianos en donde los fetos no son considerados personas al inicio de los embarazos y las mujeres deciden sobre ellos con márgenes amplios. La antropóloga Brigitte Jordan aportó valiosos datos sobre las formas de concebir a los no nacidos en diferentes culturas y cómo ello repercutía en las concepciones y prácticas durante los embarazos y partos. La lista es grande pero valen estos nombres para invitar a la lectura y más búsquedas.

 

No nacidos como hijxs

 

Para algunas personas los “fetos muertos” son sus “hijos muertos”. Lo vemos en esta multiplicidad de concepciones y experiencias de la literatura académica y nuestro propio trabajo de campo. En Argentina, como en otros países, madres y padres auto organizados a partir del duelo demandan una ley que les reconozca el derecho a darles a “los bebés fallecidos en el embarazo” un nombre, la posibilidad de enterrarlos y protocolos de atención de sus duelos en las instituciones de salud. Este es uno de los propósitos de la asociación civil Era en Abril, cuyo nombre nos conecta con la Nueva Trova Rosarina y la circulación del duelo gestacional en la cultura de masas con el famoso tema de Jorge Fandermole que grabaron Juan Carlos Baglietto y Silvina Garré en 1982.

 

 

La diputada María Emilia Soria presentó un proyecto para que se registren a quienes han fallecido dentro del vientre materno cualquiera sea la causa de su muerte, la edad gestacional y el peso al momento de la expulsión. También contempla “defunciones de quienes fallecieran luego de su implantación en el seno materno” en tratamientos de fertilización asistida. Hasta hoy, con variantes según las jurisdicciones, si el feto pesa menos de 500 gramos el registro de la defunción es voluntario. Pero si alcanzan ese peso o más, se extiende un certificado como NN y el tratamiento de los cuerpos es el de residuos patológicos, circulan en bolsas similares a las bolsas de basura y deben ser cremados. El dolor de familias que eligieron un nombre y que quieren realizar un entierro como ceremonia de duelo se resuelve es espacios privados, con terapias psicológicas convencionales o alternativas –constelaciones familiares, consultas a registros akáshicos-, y soluciones prácticas como enterrar los cuerpos en el jardín de sus casas.  

 

En el libro La seconde vie de bébés morts (2011), la académica francesa Dominique Memmi analizó los cambios producidos en la década del ‘90 en muchos hospitales de países europeos en donde el aborto es legal: introdujeron la posibilidad de que los padres pudieran mirar el cuerpo de su “bebé”, tocarlo, cargarlo en brazos y a veces ofrecerles una fotografía para que integre el álbum familiar e incluso vestirlos con la ropa que habían planeado para su nacimiento. Estos rituales “laicos” son presentados en relación a nuevos modos de entender la vida y la muerte, y la formación de identidades dentro y fuera de las redes de parentesco.

 

 

La necesidad de nombrar y materializar a un no nacido surgió también en nuestro trabajo etnográfico en círculos de mujeres enmarcados en la espiritualidad Nueva Era. Aquellas que habían atravesado la “pérdida” de sus embarazos y otras que los habían interrumpido voluntariamente coincidían en la importancia de nombrarlos, despedirlos y recordarlos, eligiendo un objeto o un ser vivo –árbol o planta- como su nueva encarnación. En Código Rosa. Relatos sobre abortos (2015) de Dahiana Belfiori algunos testimonios confirman que la decisión de interrumpir un embarazo puede ser compatible con el desarrollo de una relación con el no nacido. Una mujer que abortó con misoprostol con la ayuda de las Socorristas en Red cuenta que siguió el consejo de un amiga “para soltar y soltarme” y repitió “en voz baja, como un mantra, perdón, te amo y gracias” (también dijo que parió su aborto, recolectó su sangre y la vertió sobre la misma planta que usa con sus ciclos). En el mismo libro otra relató: “Lo enterré. Preferí enterrarlo en el patio de mi casa antes que tirarlo a la basura. Es una cuestión emocional para mí. Me sentí mal y me parecía lo mejor. Sí, lo enterré. Y por más feo que fuera yo sabía que no lo quería tener”.

 

 

En otra publicación de la Colectiva Feminista La Revuelta, CEDES, IBIS (2017) una joven de 26 años y veintitrés semanas de gestación contó: “¡Fue un bebé! porque no tenía formación de cara pero vi las manitos, vi las patitas, vi todo. De hecho, vi una manito haciendo como chau; bueno, volveré en otra forma, seré alguien que venga después, no ese que se fue”. Algunos testimonios que registramos van en el mismo sentido. No se trata un trauma como el que enuncia El grito silencioso sino de decisiones que conmueven, sentimientos que se refuerzan por el tabú sobre el tema y, por supuesto, por la clandestinidad que lleva al silencio.

 

Mira quién habla y qué consume

 

Como ya dijimos, desde hace algunas décadas el ultrasonido rebasa sus usos médicos. Muchas ecografías 3D y 4D se hacen fuera de las instituciones de salud, en modernos centros que más que diagnósticos venden la “foto” de recuerdo. La imagen se puede guardar en soporte digital, en papel, estampada en una remera o superponerla sobre el cuerpo y armar la “primera selfie” del no nacido. Un sitio español promociona esta posibilidad con mucha confianza: “¿Os imagináis cuando sea mayor y lo vea? Seguro que le encantará”. El proyecto Stillbirth “está dedicado a los bebés que nunca pudieron ser fotografiados (y a sus familias en duelo)” gestacional o neonatal. La fotografía actúa como anclaje, recuerdo y prueba de la existencia de ese hijo. Como sostiene Memmi, son estrategias que confirman una fetichización del cuerpo y una psicologización de sus usos. Si bien algunas fundaciones ofrecen el servicio de manera gratuita, Linda Layne estudió la cultura de consumo que traman los embarazos, maternidades y también estos duelos. Si el único recuerdo de este “hijo que no nació” es un primer ultrasonido, amerita invertir en un portarretratos de material especial que conserve mejor esa única imagen.

 

En general son las personas gestantes quienes organizan estas compras pero en tanto el no nacido es considerado persona, en el sistema capitalista es ciudadano con derechos y también consumidor. Así puede verse en el anuncio de Doritos “Ultrasound”, emitido durante la tanda del Super Bowl en 2016. Mientras transcurre una ecografía, el padre observa la pantalla comiendo Doritos y el no nacido responde con sus movimientos a la ubicación del snack. Cuando la mujer cansada y ofendida arroja el Dorito lejos, el feto sale eyectado del cuerpo de la mujer. Así como a algunos embriones les gusta la comida chatarra, otros disfrutan de la música. En 2015 Antonio Orozco ofreció un concierto para 380 embriones en un instituto de fertilización de Barcelona, cuya CEO promociona como “el paraíso del embrión”, un “hotel cinco estrellas” para ellos, en donde “las notas musicales se escapan del pentagrama y se marchan a buscar la vida al laboratorio”. El tema que sonó fue muy acorde: “yo estoy hecho de pedacitos de ti”. En una clínica de Moscú el estilo es menos romántico: lo que suena es una rave para embriones. En la Universidad de Newcastle, Reino Unido (cuya Facultad de Medicina fue pionera en el trabajo con células madres procedentes de embriones humanos) el compositor Mark Carroll creó una partitura que, afirman, es el lenguaje musical de los embriones, algo que hasta ahora había tenido solo soporte visual y no auditivo.

 

bebito_felliti_portyap_03

 

En el cine de terror y fantástico hay varios ejemplos de no nacidos diabólicos como El bebé de Rosemary (1968), Embryo (1976), Born. El embrión del mal (2007) -con una chica virgen embarazada de un demonio al que ve usando el ecógrafo de su padre ginecólogo- y The Unborn (2009). Sin embargo, nada más claro que Mira quién habla (1989) para instalar una visión de la vida intrauterina que comienza con una división tradicional de roles de género en la “naturaleza”: un óvulo quieto, calmo, pasivo y cientos de espermatozoides veloces, decididos y perseverantes. En Cáscara de nuez (2017) Ian McEwan le da la voz de narrador al feto que desde el vientre de su madre escucha programas de radio, televisión, audiolibros, bebe alcohol, siente la penetración sexual y es testigo de un plan para asesinar a su padre. Otras obras de teatro, cuentos y juguetes que tienen la intención de explicar la gestación a un público infantil caracterizan vívidamente al no nacido como El Mundo de Dondo de Julia Sigliano (2016) y Mi primer viaje de Paloma Sánchez Ibarzábal (OQO Editora, 2012). En el inicio de Litros y Litros de amor de Cristina Romero Miralles y Francis Marín (Editorial Ob Stare, 2016) el protagonista dice:

 

- Salí, te olí y te reconocí. Pasé de habitarte por dentro a cobijarme en ti.

 

 

Este recorrido muestra la diversidad de apropiaciones que se hacen de la figura del no nacido por parte de la ciencia, las tradiciones populares e indígenas, la cultura de masas, el mercado de maternidad y crianza, la publicidad y las nuevas espiritualidades. Reconocerle agencia al no nacido excede las campañas anti legalización y no necesariamente obstruye la legalización del aborto o su acceso y realización. Como vemos, existen diferentes consideraciones sobre los no nacidos que van más allá de las posiciones de las iglesias y sus activismos. Ese carácter de construcción social resulta un argumento importante para la discusión sobre esta figura. Quien es o no es persona es producto de un acuerdo social y no una verdad biológica como si la ciencia estuviera fuera de la sociedad. Esta premisa invita a plantear acuerdos que faciliten convivir con distintas visiones y procurar respuestas para situaciones como el duelo gestacional, la demanda de la ley del nombre para no nacidos y especialmente, la legalización del aborto.

 


¿Te gustó la nota?

Suscribite al boletín de Anfibia

AUTORES

LECTURAS RELACIONADAS