Ser el equipo local o el favorito incide en la presión y en las exigencias de los futbolistas, desafiando su confianza al límite. Neymar llora, Suárez muerde, Messi vomita. En estos días, la selección brasilera recurrió de apuro a un psicólogo para solucionar la crisis emocional de sus jugadores. Pekerman, técnico de Colombia, en cambio, siempre incluye a este profesional dentro de su cuerpo técnico. El Doctor en psicología del deporte Rafael Beltrán explica los alcances de estas intervenciones, los modos de trabajo y el grado de efectividad que puede lograrse cuando el deporte suele verse, cada vez más, en clave exitista.



“Alarma en Brasil por el desequilibrio emocional de sus estrellas” se leía aquí y allá en Argentina, Brasil, y el resto del mundo. Después del partido contra Chile, varios jugadores lloraron de manera inaudita; para muchos, exagerada. De inmediato vinieron las críticas, como si tantas lágrimas fueran algo impropio, por lo menos, en esta instancia del Mundial. Ayer, Neymar admitió (este fue el verbo más usado por la prensa, “admitir” como quien asume una falta) que una psicóloga ayuda a su selección a gestionar la presión. La propia profesional dijo que había sido llamada hace unos días para integrarse al plantel. Pero, ¿puede su trabajo ser efectivo en tan poco tiempo? El técnico de Colombia, José Pekerman, por el contrario, trabaja siempre y de manera sostenida con estos profesionales. Es su modo de trabajo desde que entrenaba a los juveniles argentinos, y lo sostiene hoy con el equipo colombiano.

 

Pero son muchos los directores técnicos se resisten a que el psicólogo deportivo se inmiscuya en el grupo; lo ven como una amenaza. ¿Por qué? ¿Para qué sirve, entonces, este profesional? ¿Su trabajo se vuelve imprescindible durante la Copa del Mundo?

 

 

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La trampa del miedo a perder

 

Un mundial de fútbol es una competencia de seleccionados: equipos de estrellas que no suelen jugar juntos y que se reúnen esporádicamente para representar a su país. No es lo mismo manejar el equipo de un club que cuenta con alguna estrella, que a un equipo donde todos lo son y el tiempo para formarlos es limitado. En este caso, el director técnico tiene un desafío muy grande para integrar al grupo, armonizar el ego de los cracks y alinearlos a un objetivo común. Es entonces cuando la ayuda de un profesional de la psicología deportiva pasa a ser un factor clave, siempre que se haga desde los inicios de la formación del equipo, y no apareciendo como salvador emocional frente a la crisis de un partido complicado.

 

La misión del psicólogo deportivo es entender, primero, la dinámica motivacional del grupo, para transmitir a los jugadores la confianza necesaria para rendir a su máxima potencia. En otras palabras, ayudarlos a resolver el miedo a perder, que es la base de los paradigmas del rendimiento.

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A estos efectos, el psicólogo deportivo se desempeña primero como asistente del director técnico, quien es el líder del equipo, a quien miran los jugadores, y de quien parte la confianza; si el técnico está nervioso, con dudas o sin seguridad, todo el equipo repetirá ese modelo. Luego, trabaja con el grupo en general, ayudando a los jugadores a registrar sus propios miedos, porque negarlos es siempre la peor opción. Así, el psicólogo deportivo genera el ambiente propicio para que los jugadores expresen sus emociones generando un espacio de comunicación donde todos se sientan comprendidos y contenidos. Por último, trabaja con la realidad psicológica de aquellos que tienen necesidades específicas, ya sea por su temperamento o por el momento particular que está viviendo.

 

 

El caso Pekerman: sin magia y con tiempo

 

El psicólogo deportivo no motiva haciendo magia como en las películas; el suyo es un trabajo de largo plazo. En estos días, puede verse la necesidad de Brasil de recurrir al psicólogo para solucionar la crisis emocional de sus jugadores. Sin embargo, es imposible resolver en dos días el trabajo que debió hacerse en meses. Incluso, puede ser contraproducente para los jugadores, ya que se están exponiendo sus miedos delante de todo el mundo, cuando debería quedar reservado para la intimidad del grupo.

 

Muy diferente es el caso de Colombia; su director técnico, José Pekerman, siempre contempla al psicólogo deportivo dentro de su cuerpo técnico. Lo hizo en su momento con las selecciones juveniles argentinas, como con la selección mayor, y ahora dirigiendo a Colombia en este mundial, contando con el Lic. Marcelo Roffe como su psicólogo.

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Un trabajo de largo plazo de un psicólogo deportivo se centra en hacer depender el foco de la conciencia no tanto en los resultados, que son una consecuencia, sino en la confianza de intentar hacer las cosas bien, de implantar la estrategia definida previo al partido, que es la verdadera causa de los resultados sustentables.

 

El exitismo lleva a que la mayoría se centre sólo en los resultados, y como éste no es un factor sobre el que se tenga control, inevitablemente la mente se desestabiliza, afectando el rendimiento del jugador. El foco en el resultado hace que el deportista juegue con miedo a perder, en lugar de centrarse en sus recursos, que lo llevarán a hacer las cosas de la mejor manera posible.

 

Factores de presión

 

Hay factores, como ser el equipo local o ser el favorito, que inciden mucho en la presión y en las exigencias de los jugadores, desafiando su confianza al límite. En el caso de Brasil se suman las demandas sociales del país y los movimientos en contra de la realización del mundial como factor perturbador de los jugadores. Por otro lado, la globalización redujo la brecha entre la calidad de juego de los distintos países, y aquellos que eran clásicos favoritos ven amenazada su trayectoria por los que antes no tenían incidencia. 

 

También influyen las presiones de las distintas fases del mundial. Según se va clasificando desaparece el margen de error y el terror a los penales genera un plus de tensión que técnicos y jugadores deben afrontar.

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La experiencia de los jugadores es un factor que ayuda al manejo de las presiones, pero no necesariamente un futbolista experimentado dejará de quebrarse emocionalmente por la presión cuando las exigencias superen su umbral. Es aquí cuando el trabajo del profesional puede demostrar que jugadores novatos, que trabajaron los aspectos anímicos de manera profesional, manifiestan una tolerancia a la frustración mucho mayor a otros con una larga trayectoria.

 

El psicólogo deportivo ¿amenaza para el técnico?

 

Las reacciones violentas de los jugadores muestran un estado de impotencia negada. Pero no siempre es así, muchas veces se trata de estrategias, de mal gusto, para provocar a los contrincantes y hacerlos perder el foco. Si bien el llanto de Neymar en estos partidos es fruto de la presión que siente, la mordida de Suárez puede ser estratégica.

 

En el primer mundo, los psicólogos deportivos están más integrados en sus clubes, no así en los países menos desarrollados. Algunos técnicos prefieren guardar un bajo perfil respecto a la asesoría que reciben de sus psicólogos, pero la gran mayoría considera no necesitarlos, tanto a nivel de clubes como a nivel de selecciones. En este sentido, el director técnico de fútbol tiende a ser demasiado autosuficiente, más orientado al show anímico y carismático que a un tratamiento profesional del tema.

 

Por lo general, suelen ser ex jugadores que no tuvieron la formación necesaria para valorar la ciencia psicológica como una herramienta, y que sienten amenazados sus roles de líderes motivacionales. Prefieren reducir el factor anímico a un tema de “tener actitud”, y caen en una especie de carisma que motiva a partir de arengas de alta carga emocional, que lo único que hacen es desestabilizar a los jugadores.

 


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