“Pedófilos abundan en todo el mundo. Familias que faciliten, también.” Miriam Maidana analiza Leaving Neverland, el documental que denuncia por abuso sexual infantil a Michael Jackson y a la red de complicidades que se lo facilitaron. Por qué el artista se parece más a un asesino serial que a Peter Pan. ¿Qué les pasa a las familias que se definen “clase media” y se sienten tan infelices que usan a sus hijos como objetos para su propia satisfacción?



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“A todos nos ocurren cosas extrañas a lo largo de nuestra vida sin que durante cierto tiempo nos demos cuenta de que han ocurrido.” 

J. M. Barrie, autor de Peter Pan

 

¿Vieron Leaving Neverland? Es un documental de HBO que dura 4 horas, dividido en dos partes. Se trata de dos adultos -Wade y James- que recuerdan algunos episodios de sus vidas de niños. Ambos fueron amigos de Michael Jackson: íntimos amigos, mejores amigos. El Rey el Pop bailó con ellos, impulsó sus carreras, fue “un hijo más” para sus madres, a quienes les pagó vacaciones, whisky y hasta una casa “para la familia”. Ambos tuvieron pleno acceso a Neverland, la propiedad del cantante, donde hasta eran invitados a dormir en el cuarto de Jackson. Que usaba pijamas, como los niños. Que compartía colchón y otras cosas, con los niños…

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“Era una de las personas más atentas, amables, cariñosas y afectuosas que conocía. Me ayudó muchísimo con mi carrera de coreógrafo, con mi creatividad, con todas esas cosas. Y también abusó sexualmente de mí durante 7 años.” (Wade Robson) 

 

Wade nació en Australia. Parece que a los 4 años vió un video de Michael Jackson y supo que quería ser como él.

 

Ustedes saben: a los 4 años los niños quieren ser el Hombre Araña, Ben10, Jackson. Los niños quieren. ¿Ustedes dejarían que sus niños de 4 años deseosos de ser el Hombre Araña treparan la pared de un edificio de 10 pisos y bajaran con una cuerda? Sospecho que no. Así, el niño desea y los adultos cuidan.

 

La mamá de Wade tomó nota del deseo de su hijo y le hizo la misma ropa de Jackson. También le puso el video en repetición hasta que el niño aprendió todo: a hacer volar el sombrero, a tocarse la entrepierna. Lo empezó a llevar a concursos. A los 5 ganó uno importante, aunque la edad mínima para presentarse era de 7 años. La mamá de Wade quería conocer a Michael Jackson. Lo logró gracias a su hijo.

 

“Acababa de cumplir 5 años. La gente me decía: ´Es muy bueno, deberías hacer algo con él´.” (Joy, madre de Wade)

 

“Era emocionante para James y no quería interponerme. Quería que se divirtiera y lo pasara bien. Así que lo dejé ir al tráiler de MJ.” (Sthepanie, madre de James)

 

James Safechuck fue el niño entre bastidores, perdido entre camarines, que encontraba el de Jackson y se probaba anteojos, sombrero y claro, tomaba Pepsi, la marca patrocinadora del artista que aparecía de sorpresa y conectaba con el niño rubio de ojos claros de manera inmediata. Tan inmediata que una vez, estando de gira por el mundo, Jackson mandó un equipo de filmación a la casa de James: le cambiaron la pieza –no tenía posters de Michael, le gustaban más los Transformers- y armaron lo que años después supo que era… un casting. Solo para Michael.

 

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Pasajes de primera clase para él y su familia, limusinas y practicamente la llave de Neverland. La madre de James, al principio, no lo dejó dormir en el mismo cuarto. Jackson tenía 31 años y –como no tenía “ni un amigo” en el mundo- sostenía conversaciones telefónicas con niños. “Era un niño más”… (convengamos que, en todo caso, era “un niño con recursos”: su disco Bad había vendido 500.000 copias en un día, y Neverland había costado más de u$s 30 millones).

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¿Cuál es el tema del documental Leaving Neverland?

 

Primero, es el relato en primera persona de dos adultos jóvenes que fueron seducidos, violados y abandonados por Michael Jackson en su niñez. Ese testimonio ya estremece cuando comienza a aparecer la voz de sus familiares: madres –sobre todo madres-, padres, abuela, hermanxs. Ese entorno habla de viajes, champagne y vino, de dulces, de niños solos, de adultos niños, pero no nombra cómo permitieron que sus niños durmieran en la misma cama con un hombre adulto, de más de 30 años. No argumentan cómo no “sospecharon” que detrás de cada puerta cerrada con llave, de cada palomita de maíz, de cada película infantil estaba su hijo, su hermano, su nieto dejándose tocar primero sobre la ropa, luego por debajo, luego siendo masturbado, luego abriéndose las nalgas en un rincón de la cama –con la figura de Peter Pan al frente- para que Jackson se masturbe y acabe. Otras veces debieron practicarle sexo oral (“¿Saben lo que es tener un pene en la boca a los 7 años?”, pregunta Wade).

 

Porque Jackson se sentiría un niño pero sostenía conductas bien adultas.

 

Armaba él solo –con la complicidad de un entorno enorme: sus empleadxs, amigues, parte de la industria- su propia red. ¿Qué les pasa a las personas con la fama, la idolatría, el mundo soñado de unos pocos? ¿Por qué presuponen que viajar en primera, tener mansiones con parque de diversiones y kioscos de dulces, un zoológico propio y un séquito de sirvientes equivale a ser feliz? Porque eso sí: los discursos son adultos en todo el documental.

 

Sobre todo, especialmente, son las madres las que piensan que eso equivale a ser feliz. Y que Jackson pudo ser “un hijo más”.

 

No dudaron siquiera con las primeras denuncias: en 1993 Evan Chandler denunció a Jackson por haber abusado durante casi un año de su hijo Jordan. Los testimonios de Jordan fueron impactantes. Tanto, que Jackson debió someterse a una revisación específica: sus genitales fueron analizados, ya que el niño había dado detalles particulares. No hubo juicio: U$S23.000.000 alejaron a los Chandler del estrado judicial. Por supuesto el emporio Jackson emitió un comunicado: de ninguna manera admitía Michael conductas inapropiadas con el niño. ¿Lo “indemnizó”? Algo así: un dinerito para que no le faltaran las palomitas de maíz que comían juntos en la cama cada noche.

 

Papá Chandler se suicidó años después, y Jordan dijo que había “mentido” al acusar a Jackson. Lo que no fue refutado fue el consumo de palomitas. Han sido uno de los fetiches de Jackson: están citadas en todos los testimonios.

 

El resto del relato es el mismo de cualquier vecino de Gregorio de Laferrere o Marruecos que gusta de niños.

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Pedófilos abundan en el mundo. ¿Familias que faciliten? También. Y amigas famosas que justifiquen, ya se sabe: Hollywood nunca aprenderá.

 

En marzo pasado, Barbra Streisand fue entrevistada por The Sunday Mondays. Cuando le preguntaron sobre Leaving Neverland y las denuncias contra Jackson, respondió: “Esos niños, como se escucha en el documental, estaban encantados de estar allí (en la mansión). Ambos se casaron y tienen hijos con sus parejas, así que eso no los mató. (…) Culpo, supongo, a los padres por permitir que sus hijos durmieran con él”.

 

Dan Reed, director de Leaving Neverland, le contestó por Twitter: “¿De verdad has dicho eso?”.

 

Barbra lleva días desdiciéndose: ya sabemos todos la cantidad de pedófilos que hay en el mundo, pero de eso… no es correcto hablar.

 

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¿Por qué no se habla de pedofilia? ¿En qué se diferencia de la pederastía?

 

“No las lastimé. No lastimé a las niñas. No soy un monstruo”

Kevin Bacon personificando a un pederasta en libertad condicional, en la película El Hombre del Bosque

 

La pedofilia o paidofilia es la atracción sexual que un adulto siente hacia un niño de su mismo sexo o del otro sexo. Una relación sexual pedófila se da entre un adulto y un menor de edad motivada por la atracción sexual, sin consideraciones en cuanto al consentimiento y/o madurez del niño. La pederastía, en tanto, es un delito específico de abuso sexual hacia un menor contra su voluntad.

 

¿Qué puede consentir un niño?

 

Hay que decirlo en pocas palabras: ellos son lastimados no sólo psíquicamente sino también físicamente por lo adultos al sexualizar la relación con ellos. A los niños les duele. No hay aún noción de dolor ligado al placer ni nada por el estilo. Si a un niño se le pega, llora porque le duele. Si lo penetran, lo masturban, le practican sexo oral, lo acorralan, lo manosean, le pegan nalgadas, le duele.

 

A finales de la década del ´50 del siglo pasado, en los Países Bajos surgió el activismo a favor de la pedofilia de la modernidad, y hubo abusadores que armaron un partido político para conseguir bancas (no lo lograron). En poco tiempo se extendió a Dinamarca, Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Michael Foucault fue uno de los que encabezó una demanda, en su país, para que se elimine la edad de consentimiento en menores de edad. La fuerza de estos movimientos decayó hasta su casi extinción a finales de los ´80, sobre todo porque las redes de pedofilia son un negocio mundial fabuloso y lucrativo en tanto y cuanto su ilegalidad, que incluye la trata de niños y niñas para fines sexuales, el turismo sexual y el desmesurado alcance propiciado por la llegada de Internet a hogares, que posibilitó el intercambio de filmaciones pornográficas y fotos protagonizados por menores a partir de los dos/tres años.

 

Canadá y Alemania son dos países que han encarado fuertemente tratamientos para pedófilos y pederastas basados en el acuerdo de mantener la confidencialidad y el anonimato. La mayoría de los profesionales coinciden que no hay cura para esta parafilia, sí existe la posibilidad de la abstinencia y técnicas que se aplican (por ejemplo, evitar el contacto con niños).

 

No hay clase social, nivel educativo ni nada que permita distinguir a un pedófilo. Caminan, viven, trabajan, estudian como cualquiera de nosotres.

 

“No tengo el pelo graso, gafas de culo de botella ni tampoco visto ropa con mal gusto. No hay un pedófilo típico como piensa la gente. Somos personas normales y diferentes entre nosotros. La única cosa que tenemos en común en una atracción sexual hacia los niños.”
“Max”, autor de un libro de ayuda para pedófilos.

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Michael Jackson no sólo no admitió jamás que su obsesión por dormir con niños pequeños, considerarlos “sus mejores amigos” ¡y hasta casarse con ellos! (Wade muestra el anillo de “casamiento”) pudiera estar relacionado con su propio ejercicio de sexualidad. 

 

Jackson, que manifestaba un “enorme vacío” por no haber tenido infancia y que esa situación determinara su obsesión por no crecer (lo que se conoce popularmente como “Síndrome de Peter Pan”) no encaja en esta definición: en caso existiesen, los “hombres Peter Pan” no aceptan los roles que les corresponden en su vida adulta. Michael fue un emporio en sí mismo y cuando las acusaciones en su contra por abuso contra niños comenzaron a expandirse por fuera de su círculo íntimo no tuvo ningún problema en contratar a dos mujeres para que tengan a sus tres hijos.

 

“Si un niño tiene algo contra ti, te lo dice; sin embargo, los adultos mienten y te pretenden engañar…”
Michael Jackson

 

Michael Jackson estuvo muy alejado de los niños: les ha mentido y los ha hecho mentir. No era distinto su accionar con el de cualquier pedófilo, pederasta o violador de niños, como prefieran llamarlos. Montó la red, sedujo a los adultos (¡las familias lo son!), encerró a los niños, los sometió a conductas de adultos (masturbación, sexo oral, en algunos casos intentó la penetración) y luego los amenazó: “Si contás algo de lo que hacemos vamos a ir a la cárcel para siempre, vos y yo.”

 

Así que sí: Jackson no es ningún Peter Pan. Ni siquiera es un “trans-edad”, que son personas que se autoperciben como niños (el caso más conocido es el del canadiense Stetonknee Wolscht: nacido como Paul, se casó y tuvo 7 hijos. Trabajaba de mecánico hasta que se autopercibió como transexual, siendo expulsado por su familia. Casi llegando a los 50 años asumió su “verdadera identidad”: una niña de 6 años. Desde entonces vive con su familia adoptiva. Su caso fue documentado en Transgender Project).

 

Jackson está más cerca de Andrei Chikatilo, el mayor asesino serial ruso de la historia. Miembro del Partido Comunista, atraía a niños de poblaciones vulnerables convidándoles golosinas. Los llevaba a algún bosque cercano y los asesinaba para masturbarse sobre sus cuerpitos muertos (en la vida cotidiana era impotente). Fue detenido varias veces hasta ser encarcelado y condenado a muerte: como era miembro del Partido y estaba casado no se lo consideraba capaz de crímenes tan atroces. Chikatilo consideraba menor el asesinato: disfrutaba poder tener la sexualidad activa que no obtenía por otros medios.

 

Jackson no los mataba, eso es cierto. Pero a esos niños -en principio rubios y de ojos claros que van siendo reemplazados por otros con rasgos latinos y pieles más oscuras a medida que su propia piel se aclaraba- les daba dulces, pijamadas y palomitas de maíz para obtener satisfacción sexual. Y las familias de esos niños…recibían algo más en recompensa.
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Hay que estar en condiciones de ver Leaving Neverland. Es durísimo, sobre todo la primera parte (las filmaciones con Wade y James pequeños, de la mano, en pijamas, bailando en estadios, abrazados, son repulsivas). Pueden complementarlo si les queda alguna duda con el documental de 2003, Living with Michael Jackson. En él se ve a Jackson acompañado por un púber que se recuesta en su cabeza y tomados de la mano hablan con el periodista británico Martin Bashir. Bashir le pregunta a Jackson por esta “costumbre” de dormir con niños.

 

MB: ¿No tiene otros cuartos u otra casa para los niños?

MJ: Tenemos cuartos de huéspedes. Pero los niños siempre se quieren quedar conmigo. Nunca los he invitado a quedarse en mi cuarto, pero ellos quieren. Y si a sus padres no les importa, yo no tengo problemas.
MB (dirigiéndose al niño): ¿A tus padres les gusta que estés acá con Michael?
Niño: Sí, mi madre está feliz. Y ellos están felices porque yo estoy feliz.
MB: ¿Vienen contigo?
Niño: Siempre. Pero no ando con ellos sino con Michael.
MB: Les gusta que estés aquí.
Niño: Sí.

 

Odié ver Leaving Neverland. Odié leer cientos de comentarios acerca de “¿Y ahora vienen a hablar, ahora que Michael está muerto?”.

 

Los niños viven en mundos de adultos, y no paramos de aplicarles categorías de adultos. ¿Cómo podría un niño de 7/8/9 años pensar que una fellatio es algo impropio, que un adulto masturbándose mientras le da nalgadas lo está violando? ¿Qué sabe un niño de la edad de consentimiento?

 

En el documental, Wade habla de su carrera exitosa –coreografió a NSNYC, a Britney Spears, tuvo su propio programa de “talentos” en MTV-, se convirtió en padre, comenzó a resignificar su historia con Jackson, consumió drogas y alcohol, hizo terapia y decidió hablar. No con su madre: su esposa no la dejó tener contacto con su familia por mucho tiempo.

 

No puedo explayarme aquí, pero sepan que las consecuencias del Abuso Sexual Infantil (ASI) son inmedibles: suicidios, pérdidas laborales, consumos problemáticos, etc. Porque el trauma se levanta y las acciones comienzan a adquirir otro significado cuando algún acontecimiento permite recordar y darse cuenta que tras los viajes y los shows y las multitudes había un hombre adinerado, poderoso, “criado para ser Dios”, que los usó cuando le fueron atractivos y luego los deshechó por sustitutos más chicos, con cuerpos cuyos caracteres sexuales aún no se habían desarrollado. “Crecer apesta” declaran pedófilos de todos los rincones del mundo. Y no hay remera que diga “Yo fui abusado” que genere dinero…

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Leaving Neverland habla y bastante de la insatisfacción de madres, padres, abueles, con sus vidas. Estas personas que con tal de que sus hijes sean famosos harán lo que esté a su alcance. No estamos hablando aquí de familias en situación de vulnerabilidad económica y social (hace unos años una mamá de Va. Itatí le “cedió” su hija de 10 años a un vecino a cambio de un lavarropas: le quemaron la casa e intentaron lincharla, a modo de ejemplo). Son familias que se definen como “clase media” pero se sienten tan insatisfechas con sus vidas como para usar a sus hijos como objetos para su propio “ascenso” social y satisfacción. “Conocí a Sean Connery”, dice la madre de Wade. ¡Su hijo fue abusado durante 7 años!

 

El accionar de Jackson tampoco es novedoso. Basta leer el testimonio -una acusación de tantas- que Jaime Parada compartió en Twitter: https://twitter.com/JParadaHoyl

 

Lo novedoso es que millones de personas continúen acusando a las víctimas. Alguien se tomó el trabajo de “demostrar” que como el hijo de Wade padece trastorno del espectro autista “los costos médicos son altos y por eso debe salir a mentir a cambio de dinero”.

 

Los juicios iniciados por Wade y James fueron desechado por “incumplimiento del plazo legal”. El juez omitió cualquier pronunciamiento en cuanto a la credibilidad de las denuncias.

 

Y yo me pregunto mientras termino esta nota: ¿cuántos niñes están compartiendo su cama con adultos a esta hora?

 

 


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