La escena de Viviana Canosa tomando en vivo CDS fue hace una semana, duró 14 segundos pero todavía genera debate. ¿Busca rating, seguidores o ser la voz de la nueva derecha en la TV abierta? Pablo Méndez Shiff analiza el discurso anticuarentena en televisión de aire, esa industria que sigue siendo un espacio de la esfera pública y de la operación política.



#BastaDeMiedos. Esa es la consigna que eligió Viviana Canosa para su tuit fijado desde que protagonizó uno de los momentos más escandalosos de la cobertura periodística durante la pandemia. En ese mensaje -que luego retuiteó para sus 352.000 seguidores- un video de 1´24” cuestiona la estrategia sanitaria del gobierno en el lenguaje que ella mejor maneja, el del espectáculo. Con un tema de Gustavo Cordera, el clip mezcla las últimas campañas de prevención el Covid con fotos de paisajes argentinos. En un momento la canción habla de “una dosis de terror que el poder ostenta”. Se ven imágenes de científicos, luego de hombres chinos, y sigue el ex Bersuit: “Hoy se están creando las vacunas del mal en los laboratorios del infierno”. En el momento en el que aparece Tomás Fonzi, un actor que participa de un spot oficial, la canción dice: “Veo un escenario que es sólo una pantalla/ con un pésimo actor que hablando siempre calla”. Es probable que la letra se refiera a la figura presidencial pero en su video Canosa quizás pone ese plano para llevar su discusión a la lógica del barro, del escándalo, del show. Si Fonzi le contesta, la polémica salta a las noticias de espectáculos.

 

 

 

#BastaDeMiedos es también el título del libro de autoayuda que Viviana Canosa publicó en 2011, antes de Viva el amor. Periodista y locutora, se formó en la factoría televisiva de Chiche Gelblung y luego integró el plantel de Intrusos hasta que llegó su propio programa en Canal 9, Los profesionales de siempre. Desde ese ciclo enfrentó al gerente de programación de Telefe y sobrevoló la casa de Gran Hermano en un helicóptero, gesto que es parte de la historia pop de la TV argentina. En 2009 le dio un giro a su carrera cuando empezó a entrevistar a políticos en C5N. Luego, en 2015, lo hizo para TN, en plena campaña presidencial. Desde 2019 está al frente de Nada Personal, un ciclo de coyuntura que toma su nombre de la canción de Soda Stereo.

 

Hasta hace pocos meses, Canosa tenía buena relación con el presidente. A tal punto que en marzo dijo que le daba “vergüenza ajena” que Macri, “después de haber dejado el país como lo ha dejado”, declare que el populismo es peor que el coronavirus. 

 

La nueva postura de Canosa logra que el discurso anti cuarentena llegue a un lugar distinto del mainstream. Si los gritos de infectadura ya pisaron las plazas, ahora desembarcan en las tan temidas aguas de la tele abierta. Si Baby Etchecopar articula un discurso del odio en la radio, si Eduardo Feinmann hace lo propio en el cable y Agustín Laje en las redes sociales, Viviana Canosa quiere ocupar ese lugar en el territorio que más conoce.

 

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El de Canosa es un espacio que intentó mojar Nicole Neumann al entrevistar en su Instagram a Chinda Brandolino. Así, el discurso de la médica antivacunas saltó al primer plano, después de estar durante décadas en los márgenes del sistema político y mediático. Brandolino no era muy conocida cuando en 2018 expuso en el Congreso contra la despenalización del aborto. Menos, cuando en 2015 asistió a un congreso internacional de negacionistas del Holocausto celebrado en homenaje a un simpatizante nazi mexicano. En un registro de ese encuentro se la puede ver y escuchar referirse a Hitler como “el Führer” entre decenas de oradores que afirman cosas como que Alemania fue el país invadido en 1939 y que la Shoá es un mito. Postura antiabortista, teorías conspirativas antisemitas y negación de la mayor tragedia de la humanidad: con ese historial, en 2019 intentó candidatearse a la presidencia del partido que llevó a Amalia Granata al Congreso provincial de Santa Fe. Al fracasar en el intento apoyó la candidatura de Alejandro Biondini, un dirigente nacionalista de ultraderecha.

 

El summum de Canosa llegó el jueves de la semana pasada, cuando dijo tomar CDS en cámara. Fueron catorce segundos que hoy siguen generando comentarios y columnas periodísticas impugnando lo que hizo. Muchos parten de una premisa: “Yo no miro la tele, pero…”, y hacen una lectura sobre lo que pasó en la tele. Seguir diciendo que la TV es una caja boba, que nada de lo que se dice ahí genera valor y que las audiencias son entes pasivos que repiten lo que ven es insistir en un prejuicio que lleva décadas y que fue cuestionado por numerosas teorías de la comunicación. Resulta curioso que aún hoy se deba insistir en la importancia de tomar en serio los mensajes que se emiten en la tele en tanto industria, espacio central de la esfera pública y hasta de la operación política. Lo que vemos es lo que somos, y darle la espalda al espejo no parece ser la decisión más inteligente.

 

 

 

Cada vez más personas, en tanto miembros de audiencias, escrachan de manera reactiva aquellos contenidos que no están del lado de su sesgo de confirmación. El acercamiento a las piezas audiovisuales es fragmentado; es un comportamiento que combina elementos del consumo incidental con el consumo irónico. Tomamos la parte por el todo mientras hacemos otras cosas  (chequeamos Facebook, stalkeamos en Instagram). A esto se suma el desdén histórico que ha sufrido la TV desde sus inicios, siempre considerada como “la hermana olvidada de la cultura”, como la nombra  Facundo Suenzo, coordinador del Centro de Medios y Sociedad

 

Muchos de los que dicen “Yo no miro tele, pero…” siguen cerca de esos contenidos a través de Twitter con la arrogancia del que opina de aquello que no merece la pena ser visto. En Argentina, la mayor cantidad de usuarios de esa red pertenece a los niveles socioeconómicos más altos de la sociedad. Por eso, la mayoría de las discusiones tuiteras son todavía más de nicho de lo que creemos. “La hermana olvidada” sigue siendo un canal de incidencia transversal en los hogares. Ver tele abierta no demanda siquiera que paguemos un servicio de cable, ni que tengamos un plan de datos, ni que queramos distinguirnos de los consumos culturales de otros. Demanda, apenas, que tengamos un televisor y algo (las papas todavía funcionan) que nos permita sintonizarla. Ahí está gran parte de la discusión y la disputa de sentido aunque los periodistas muchas veces demos por muerta a la televisión y discutamos si Tik Tok es más poderoso que Instagram y cosas por el estilo.

 

¿Cómo se combate la diseminación de noticias falsas cuando la persona que las da maneja el lenguaje audiovisual mejor que, por ejemplo, los científicos y científicas que pueden rebatirla desde una formación distinta y sobre todo menos pop? ¿Puede un paper vencer a un videoclip en un momento de tanta angustia colectiva? ¿Hasta dónde llega este fenómeno que recién empezamos a vislumbrar en Argentina y que Estados Unidos ya conoce, al tiempo que el encierro hace que nos entreguemos a las pantallas? 

 

 

 

Militante contra la legalización del aborto, el pasado fin de semana Canosa convocó a una movilización en caravana “por las dos vidas” y se defendió de las críticas por haber ingerido CDS con una consigna dada vuelta: “Mi cuerpo es mío”. Si dos años atrás los feminismos fueron el movimiento que disputó la producción de sentido, cuestionó la agenda política en nombre de la salud pública y de las libertades individuales, ¿sentirán les antivacunas y anticiencia que están ocupando ahora ese lugar legitimado de la desobediencia civil? ¿Será casual que el clip de Canosa tenga una canción de Cordera, acusado de violencia machista y alguna vez representante de la protesta social contra el neoliberalismo? ¿Será, acaso, que cuando el progresismo se pone tan solemne le entrega en bandeja la bandera de la rebeldía a la derecha?

 

 

Otra respuesta de Canosa a sus detractores llegó en clave pop, su arma más filosa desde que contaba chimentos que aterrorizaban a los famosos y se la veía más cómoda, más suelta, más natural en cámara. Cuando en su comunicación había emoción. También en Twitter -la plataforma desde la que adelanta lo que hará luego en la tele- subió un video que mostraba su ingesta de CDS con la canción de salsa que dice “Pasame la botella/ Voy a beber en nombre de ella”. De nuevo: es un mensaje potencialmente dañino envuelto en un frasco audiovisual que no necesita articular un discurso sofisticado para hacerse entender. También retuiteó, por ejemplo, una ilustración tipo cómic que la dibujaba como especie de heroína. Mientras tanto, Mendoza ya tiene los primeros intoxicados y en Jujuy se investiga incluso si un hombre murió por haber bebido esta supuesta cura milagrosa.

 

Viviana Canosa no tomó en cámara un té con limón ni se envolvió en una ristra de ajo. Dijo que tomaba dióxido de cloro, también conocido como CDS (o “suplemento mineral milagroso”), una sustancia tóxica según todas las asociaciones médicas. En abril la BBC ya advertía sobre sus riesgos; en la Argentina está prohibido desde 2017. La Organización Panamericana de la Salud también explica que este desinfectante ingerido por humanos puede causar problemas digestivos hematológicos, cardiovasculares y renales. En redes, respondieron desde el Ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, hasta la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti.

 

La escena de la botella fue una más en su proceso de radicalización anti cuarentena, iniciado a partir de un enojo con el presidente Alberto Fernández. El 21 de julio el nombre de la conductora fue tendencia en Twitter por una entrevista que le hizo a Aníbal Fernández, habitué de sus programas desde que era jefe de gabinete de Cristina Fernández de Kirchner. Como antes lo hacía con Magdalena Ruiz Guiñazú, Aníbal suele protagonizar episodios cómicos con Canosa. En ese marco de chicanas cruzadas, ella le quería poner alcohol en gel a su ropa, él se negó y ella siguió. 

 

 

Como casi todos los “debates” tuiteros, ese gesto fue interpretado sin matices como violencia hacia el entrevistado. Tras su viralización, Canosa contó que le había escrito el presidente aconsejándole dejar de hacer ese tipo de cosas “porque se le iban a volver en contra”. Canosa denunció intimidación. Desde ese día, su opinión sobre el gobierno y el manejo de la pandemia dio un giro que no impactó en el rating (no pasa los 2 puntos y compite mano a mano con el programa de Luis Novaresio) pero sí en sus redes sociales: ya tiene mil seiscientos seguidores más que hace apenas seis días. Puede pensarse que la cifra es baja y no marca un crecimiento significativo respecto a su base de seguidores. Es cierto, como también es cierto que noche a noche su discurso se vuelve aún más radicalizado de una manera que no termina de verse agresiva a los ojos del gran público. No es alguien que grita o declama, es alguien que desde hace veinte años se vende como mujer “frontal” que no le tiene miedo a nadie. Ni a los famosos, ni a los políticos ni ahora a la desinformación.

 

En las últimas dos semanas, Canosa le dio aire a personajes marginales de la política y también a actores importantes. Anoche, sin ir más lejos, entrevistó al presidente de la Unión Cívica Radical, el mendocino Alfredo Cornejo, y al funcionario del gobierno nacional Fernando “El Chino” Navarro. Su programa no se volvió un reducto de fanáticos que le hablan al vacío; es un espacio legitimado por los políticos más importantes del país que va colando, como quien no quiere la cosa, discursos border. 

 

Recordemos que el episodio de la botella duró catorce segundos y su programa tiene una hora diaria de aire. Con astucia, Canosa hace su juego y tiende sus redes. Mientras entrevista a actores centrales del sistema político argentino, empezó a coquetear con Santiago Cúneo. Cúneo es un nacionalista de ultraderecha acusado de antisemitismo (habló del “Plan Andinia”, una vieja teoría que dice que habría un plan secreto de “los judíos” para apropiarse de la Patagonia) que fue a Nada Personal dos días antes del episodio que dio vuelta por todos los portales. Sentado en el sillón del estudio, Cúneo dijo: “Soros, Bill Gates y sus intereses corporativos en la vacuna son claros y tienen que ver con el origen del covid”. Las teorías conspirativas que habían sonado en las marchas anti cuarentena en el Obelisco llegaron a Canal 9. Canosa celebró con risa cómplice.

 

El miércoles 12 de agosto, horas antes del cierre de esta nota, Viviana dio un paso más al subir un tuit con otro video corto, de apenas 45 segundos. En él, se puede ver a Cúneo con adivinen quién: sí, Chinda Brandolino. El periodista que fue expulsado de Crónica y la médica que asistió a un congreso mundial de negacionistas defienden allí el consumo de CDS. “Por eso lo están usando hace treinta años para potabilizar el agua en nuestro Ejército y la ANMAT dice que no sabe”, dice Brandolino con cara de reprobación. A lo que Cúneo le responde, con un tono arrabalero que imita al de Minguito: “Che, una tabla periódica para el ministro de la Ciudad, urgente”. Brandolino estalla en una carcajada. Canosa tuiteó ese video dos veces: a las 16.05 y a las 16.07. Pasadas más de diez horas, la cantidad de reproducciones no superaba las mil en una cuenta con 352.500 seguidores. Canosa no se dio por vencida. Tras finalizar la emisión de su programa, anoche retuiteó el comentario de una espectadora que le dijo: “Sería un golazo que pudieras invitar a Chinda Brandolino a tu programa. La única que la tiene clara junto con los médicos por la verdad”. No falta mucho para que esa invitación se concrete: sería  la primera vez que la médica antivacunas llegue a la TV de aire. 

 

Y esa no es una cuestión menor. “Un 55% de las fake news virales llegan por Facebook y Whatsapp, un 35% a través de los medios de comunicación y el resto es de blogs, que en algunos casos son muy fuertes”, explica Soledad Gori, coordinadora del grupo Ciencia Anti Fake News del CONICET. Este grupo de científicos y científicas trabaja de forma voluntaria junto a la plataforma de chequeo de noticias CONFIAR, de la agencia Télam. En lo que va de la pandemia, desmintieron más de cien noticias falsas sobre el coronavirus y se sumaron al enjambre de medios e instituciones que ponen el eje en ver cúales son las mejores maneras de combatir la desinformación. De ese grupo forman parte el sitio Chequeado, la Defensoría del Público y la iniciativa del científico Fabricio Ballarini, entre otras.

 

Gori cuenta que, de todas las fake news que circulan desde el inicio de la pandemia, las que más impacto tuvieron son las relacionadas con las propiedades mágicas del dióxido de cloro, con las teorías conspirativas (“el virus fue creado en un laboratorio”), con su transmisión por ondas de 5G desde el gobierno chino y con que el uso de barbijos genera hipoxia, una reducción grave del oxígeno. Si lo pensamos en términos canosianos, podemos ver que a Vivi solamente le falta difundir la de los barbijos. No descartemos que sea su próxima batalla; Brandolino le puede hacer la segunda.

 

“Ojalá el problema fuera sólo Viviana Canosa”, tuiteó el periodista Pablo Stefanoni al compartir hace unos días la noticia de que el Congreso boliviano se aprestaba a aprobar una ley que permite el consumo de CDS. Andrés Calamaro también se sumó al coro de los defensores de esta aparente solución mágica. La libertad, para las distintas versiones de este movimiento que niega o minimiza los riesgos del virus y la palabra científica es definida por el escritor Martín Kohan como el permiso “de vivir como si los otros no existieran o no importaran”. 

 

En la canción que le da título al programa que Viviana Canosa conduce todas las noches, Cerati decía: “Busco en TV algún mensaje entre líneas/ Busco alguien que sacuda mi cabeza/ Y no encuentro nada, nada personal”. No se trata de depositar en esta periodista pop que se está derechizando todos los males de la comunicación argentina. No se trata de creer que es la única exponente de un movimiento que va contra la ciencia y los consensos en torno a la salud pública. Se trata, en todo caso, de analizar cuál es la estrategia que lleva a una periodista del mainstream a acercarse a posiciones tan extremistas durante un año como el 2020.

 

¿Cuáles son sus cálculos, sus estrategias y cuál es su efectividad teniendo en cuenta su trayectoria? Indignarse desde la posición del que siente un orgullo absurdo por no mirar televisión puede ser redituable en términos de retuits y de likes dentro del progresismo. Puede hacernos quedar bien, sin dudas. Puede, incluso, hacernos sentir que le estamos haciendo un bien al mundo al vomitar nuestra indignación de ceño fruncido al mostrar lo “buenos y puros” que somos frente a la “maldad intrínseca” de ella y de la tele, esa caja boba de la que nada podemos esperar. Podemos hacer todo eso… si queremos no entender lo que está pasando. Este es un fenómeno global en el que Canosa quiere tener un lugar destacado en la versión local; es un fenómeno social que la incluye y también la excede. No es nada, nada personal, Vivi. Oh, oh, oh. 

 

 


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