Pocas vivencias dejan sin palabras a la escritora y docente Dolores Reyes. Una de ellas es participar de las marchas por el aborto. "La experiencia es tan potente que vuelve torpe cualquier relato", dice la autora de Cometierra mientras se prepara para el pañuelazo frente al Congreso en apoyo al proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Porque hoy 19F volvemos a las calles con el deseo de que este año sea ley. 



Estudié en un colegio secundario público de la Matanza. En esas aulas de los noventa, comencé a discutir intereses y reivindicaciones estudiantiles junto a mis compañerxs. Organizamos los espacios del centro de estudiantes, algunos ciclos, una pequeña revista. El asesinato del soldado Carrasco nos precipitó de las asambleas a las calles y así, juntxs, conocimos también las grandes movilizaciones y la represión policial.

 

De los que discutíamos y empezábamos a transitar nuestras primeras marchas, ningunx conocía el pañuelo verde. Nuestra posición pro aborto legal  en la escuela era minoría absoluta. Pero nos juntábamos y la defendíamos con la pasión que nos daba estar convencidxs. Nosotrxs, que por educación sexual habíamos tenido un video sobre el desarrollo femenino (que era la forma en que una empresa nos publicitaba sus toallitas), conversábamos sobre la necesidad de educación integral, anticonceptivos, también sobre la necesidad de defender la educación pública. Tratábamos de ganar a los pibes nuevos. Nos pienso ahora con ternura y pena, descubriendo la adrenalina de los primeros cuerpos pegada al pánico de los test: de embarazo, de hiv.

 

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Mi primer pañuelo verde lo tuve mucho tiempo después, una amiga me lo trajo del Encuentro de Mujeres de Rosario. Desde entonces no nos separamos nunca. En algún trabajo que me pidieron que me lo quitara contesté que me lo tatuaba para el día siguiente… Y no me lo saqué.

 

Iban a tener que pasar más de dos décadas para que nuestra posición a favor del aborto legal ganara a la mayoría de lxs alumnxs. Ya no me tomo el Sarmiento con esos pibes, pero no saben la emoción enorme que es verlos llegar al Congreso.

 

Aunque yo ya no estuviera ahí, con el pañuelo verde como emblema y arma, el reclamo por la Ley fue ganando las mismas aulas que habitaba, también las asambleas, las movilizaciones, las calles, hasta las puertas del Congreso. Porque, como se vio durante los debates de 2018, la tensión por el derecho a decidir tomó el Congreso mismo. Hoy volvemos todas para tomar la posta y una vez más presentar el proyecto de la Campaña Nacional, pero hacia la victoria.

 

En 2018 tuve el año de militancia más fuerte de mi vida. Junto a las escritoras, nos nucleamos en Np Literatura, hicimos decenas de acciones visibilizando, activando, debatiendo estrategias para lograr que sea ley. Fuimos “Criada” dos veces, participamos en lecturas públicas, leímos un capítulo de Cometierra en un escenario de la Campaña Nacional, recitamos el poema de Thenon Por qué llora esa mujer, marchamos y nos cuidamos en cada una de las convocatorias para pedir por el aborto legal, seguro y gratuito. Nos maravillamos hasta las lágrimas en la vigilia de Diputados. Lloramos una tristeza profunda y amarga después de la votación en el Senado. Sabíamos que ese rechazo significaba más mujeres muertas en situación de aborto, muertes absolutamente evitables. Nos fuimos recuperando. Salimos de nuevo.

 

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***

En estos días la justicia dictó sentencia contra el abusador de Lucía, la niña violada por su abuelastro a la que el sistema de salud la obligó a gestar negándole su derecho a abortar. Esto sucedió en Tucumán, una provincia donde no hay ley de Educación Sexual Integral. Por todas las Lucías salimos hoy a ganar las calles de a miles. En nuestra lucha va su derecho a seguir siendo niñas y adolescentes sin violencias ni maternidades forzadas, a desarrollarse protegidas, a elegir.

 

El odio a la sexualidad de las mujeres, la demonización de sus cuerpos, la ignorancia acerca de sus cuidados, la negación de educación sexual, el espanto ante nuestro placer, el horror a su capacidad de dar vida pero sobre todo, el horror a su poder de no darla se combaten con el diálogo abierto que es la implementación de la ESI y con la libertad de decisión que da el acceso al aborto libre, legal y gratuito.

 

Hoy salimos también por los cuerpos de las mujeres que nos faltan mientras otros se llenan los bolsillos a costas del aborto clandestino.

 

El aborto es una práctica prohibida pero que se realiza igual, la clandestinidad habilita el lucro en un espectro enorme que va desde las clínicas costosas a toda una variedad enorme de prácticas que ponen en riesgo la vida de las mujeres. Cada año se me acerca alguna chica que fue mi alumna y como puede me pregunta qué hacer, dónde hay más información -muchas ya han buscado en las redes-, dónde dar con médicos que no la juzguen. Tienen miedo y están solas, a lo sumo acompañadas por otras chicas de su edad.

 

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***

Hay algo que se devela cuando estamos juntas. Es difícil ponerlo por escrito. Es el significado profundo de valorar y cuidar la vida de las mujeres y las [email protected] con capacidad de gestar. Tiene la forma de la fiesta, una euforia en verde purpurina que es amor, canciones, saltos, corridas, lucha de puño y pañuelo en alto.

 

De tantas marchas aprendí a ver eso que se escapa de los cuerpos de las chicas muy jóvenes cuando se abrazan, una magia que es solo posible cuando nos juntamos miles y miles: estudiantes, científicas, murgueras, trans, docentes, actrices, escritoras, cuidadoras, artistas, las que están sin trabajo e igual paran todas las ollas… Hijas, madres, hermanas, mujeres solas logran generar una experiencia tan potente que vuelve torpe cualquier relato: tenés que verlo. Tenés que venir, observar, cantar, oler, reírte, abrazar, mirar a las más antiguas, detenerte a escucharlas, respirar con otras. El camino ha sido enorme. Cada mujer movilizada es un triunfo y cada una de ellas sabe los miedos, presiones, amenazas laborales y dificultades que aborta para salir a ganar las calles con sus compañeras.

 

En el último año me preguntaron muchas veces cómo es que teniendo siete hijxs milito por el aborto legal. No saben que vamos juntxs, no saben que nos encontramos allá, no saben lo que es escuchar “mamá”, levantar la cabeza y verlxs rodeadxs por sus amigxs en el candor de la marea verde. Esta pelea es también por sus vidas, sus decisiones, sus derechos.


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