El binomio Fernández- Fernández tiene como desafío sostener una épica que convenza y una a la mayor cantidad de sectores peronistas. ¿Qué estilo acompañará a esa construcción? ¿Cómo impactará en los armados municipales y provinciales? Noelia Barral Grigera analiza los movimientos de Massa y el operativo seducción, actualiza el tablero bonaerense y dice que, con el anuncio electoral, Cristina volvió a ser una dirigente política con derecho al diagnóstico, a la crítica y a la promesa.



El domingo 22 de octubre de 2017 Cristina Fernández de Kirchner perdió la primera elección de su vida como candidata. A las once y veinte de la noche, después de un día largo y extenuante, salió al escenario y le advirtió a su militancia fervorosa: “Hoy acá no se acaba nada, hoy aquí empieza todo”. Y empezó.

 

Todo lo que hizo la ex presidenta desde ese día fue construir el camino hacia el sábado 18 de mayo de 2019. Un camino que coronó con el elemento político kirchnerista por excelencia: una sorpresa que sacuda a tres bandas. Que sacuda la agenda mediática, que sacuda el escenario político y que sacuda las oficinas de los empresarios más grandes del país.

 

Cristina es, ante todo, una tiempista.

 

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El momento elegido por la ex presidenta para anunciar su estrategia electoral es uno de los pocos misterios que dejó el video que desde el sábado tiene 600 mil vistas en YouTube. Las hipótesis varían y mutan según quién las elabore. A saber:

 

 

“Cristina anunció la fórmula un mes antes para tener tiempo de construir a Alberto, prácticamente desconocido para la mayoría de los ciudadanos, como candidato”.

 

“Cristina anunció la fórmula un mes antes para que el kirchnerismo paladar negro tenga tiempo para acomodarse a la noticia y encolumnarse detrás de un candidato que no sea ella”.

 

O, la más llamativa para la mayoría del kirchnerismo: “Cristina anunció la fórmula un mes antes para tener tiempo de bajarse de la candidatura a vice y dejarle ese lugar al propio Alberto, para que la fórmula la encabece alguno de los padres fundadores de Alternativa Federal, o a algún gobernador peronista, fruto de la negociación por la unidad”.

 

Ninguna de esas hipótesis le reconoce a la ex presidenta su enorme capacidad política. Puesta en perspectiva, la decisión de correrse del primer lugar de la boleta funciona dentro de una estrategia que Cristina empezó a desplegar a comienzos del año pasado, con su reconciliación con Alberto, y que tuvo sus primeros destellos públicos en agosto, con la foto que compartió junto a Hugo Moyano en SMATA.

 

El objetivo final de esa estrategia es lo que Gabriela Pepe llamó en Letra P “la unidad del 80%”: incluir en un frente electoral a la mayor cantidad de sectores peronistas para ganarle a Mauricio Macri en octubre. Hay partes de ese peronismo (el otro 20%) que por ideología, por rencores personales o incluso por acuerdos políticos no serán parte de la unidad. Pero el resto, el resto tiene que estar todo adentro.

 

Entonces, ¿por qué eligió el sábado 18 de mayo? Cristina anunció la fórmula un mes antes para tener y darle tiempo al resto de construir la unidad del 80%. Un frente que incluya a los peronistas, a los kirchneristas, a los cristinistas, a los nestoristas, a los progresistas y también a los massistas. En eso está.

 

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“Ojo mañana, que va a haber novedades importantes”.

 

Ariel Sujarchuk, intendente de Escobar, escuchó el aviso durante una charla telefónica que tuvo la tarde del viernes 17, doce horas antes del video que cambió el escenario político en la Argentina. Su interlocutor sabía que venía algo importante. No era el único. Un puñado selecto de dirigentes y ex funcionarios de los gobiernos kirchneristas también estaban al tanto.

 

“Va a haber novedades importantes”. La frase, colada en medio de una charla sobre política nacional y bonaerense, resonó en los oídos del intendente. Su interlocutor, el que le avisaba que algo estaba por pasar, era Sergio Massa.

 

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Seis días después y con el anuncio ya procesado, Sujarchuk recuerda la charla y se ríe.

 

Ese mismo viernes al mediodía, antes de hablar con Massa, él y otros intendentes habían almorzado con Máximo Kirchner y Alberto Fernández. De la conversación en aquella mesa, a varios intendentes les llamó la atención una frase de Máximo. “Cristina ya hizo todo lo que tenía que hacer, puede aportar desde cualquier lugar”, les dijo. En línea con las palabras de la ex presidenta unos días antes, en su regreso a la sede del PJ en la calle Matheu, pero sugiriendo algo más allá.

 

Máximo, para ese momento, estaba al tanto de la decisión de la senadora. Por eso, después de ver a los intendentes en el Encuentro Federal de Adultos Mayores que organizó Gabriel Mariotto ese mismo viernes en Lomas, también buscó la forma de avisarles a los fervorosos militantes cristinistas que no paraban de cantar vamos a volver. “Ustedes le han dado la libertad para que ella elija y deberán confiar en su decisión”, les pidió. Se acercaba la culminación de una estrategia que la ex presidenta trazó hace más de un año y medio.

 

La noche del 22 de octubre de 2017 Cristina analizó el resultado junto a su círculo íntimo, antes de salir al escenario. Marcó tres cosas: que la ola amarilla que la revolcó en la derrota había sido nacional, no provincial (marcó a propósito que tanto Juan Manuel Urtubey como Massa habían terminado terceros en sus distritos); que en ese contexto había sido Unidad Ciudadana el modelo de oposición elegido por quienes no votaron a Cambiemos; y -como conclusión lógica de las dos primeras- que la elección había dejado claro que no hay espacio para terceras posiciones.

 

Después, desde el escenario, abundó: “El voto recibido es un voto fundacional. Unidad Ciudadana será la base, no la totalidad, de la alternativa al Gobierno”.

 

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El paso que sigue para el kirchnerismo es acercar a Massa. El operativo seducción está en marcha desde hace semanas e incluye desde párrafos halagüeños hacia el tigrense en Sinceramente hasta declaraciones mediáticas diarias sobre lo bueno, sabio, productivo, componedor y tácticamente importante que sería que se sume al Frente Patriótico en contra de Macri. Todos los reflectores apuntan a él. Y a Massa le encanta.

 

 

Cerca del tigrense aseguran que “va a haber unidad en el país” y que al ex jefe de Gabinete sólo lo guía un norte: que el día después del recambio presidencial Macri no esté en la Rosada sino en Tribunales. Él también tiene una estrategia y la sigue con precisión. Por eso, ya dijo entre sus íntimos, la unidad no puede darse sólo con un acuerdo de cúpulas. “Hay que construir una épica y un relato para la unidad”, avisó. Y las voces de esa convocatoria a la unidad, de esa explicación del viraje político, dice Massa, tienen que ser los gobernadores peronistas.

 

¿Construir épica? ¿Relato? A mi juego me llamaron, puede decir el kirchnerismo. Pero la épica de la unidad no es la del “Vamos a volver” de la Plaza del 9 de diciembre de 2015, sino la del “Vamos a volver mejores” que esbozó en octubre de 2018 Juan Grabois cuando, todavía recién llegado al kirchnerismo, pidió que Cristina vuelva “sin los corruptos”.

 

Pero la épica del “Vamos a volver mejores”, ingrata con el núcleo durísimo al que se aferró el kirchnerismo para pasar el invierno, no sólo evita las fotos de los Julio De Vido y los Lázaro Báez. Tampoco incluye los estilos altisonantes y confrontativos como el de Grabois. Se asemeja mucho más, en cambio, al estilo apacible, explicativo, comprensivo y hasta autocrítico que empezaron a ensayar por estos días los albertistas del Grupo Callao. Es un “Vamos a volver” sin guerra contra Clarín, sin intervención al Indec, sin cepo cambiario, sin romper con el FMI y restableciendo relaciones de confianza mutua con algunos que hasta no hace mucho eran llamados traidores.

 

Alberto Fernández eligió Santa Cruz como su primer destino vistiendo el traje de precandidato ungido por la líder. Dijo allí: “A mí me encanta la consigna ‘Vamos a volver’. Pero digo: Vamos a volver para ser mejores”.

 

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El albertazo impactó de manera dispar en las construcciones distritales. Para el peronismo bonaerense, que venía caminando casi mansamente hacia una candidatura de Axel Kicillof, fue un llamado de atención. “Para porteños por la ventana, con lo de Alberto ya está bien”, graficó una figura de la Tercera Sección apenas salido de la reunión que compartieron el martes los intendentes peronistas de la Provincia.

 

Algunos días antes, en una reunión con el Alberto-aún-no-candidato, los jefes comunales habían planteado amablemente su deseo de que el candidato a gobernador surgiera de entre sus filas. La respuesta que recibieron tuvo el mismo tono dialoguista: todo es atendible, pero en el principal distrito electoral del país Cristina no está dispuesta a obviar que quien mejor mide es Kicillof. Después de la elección del candidato presidencial, los intendentes refunfuñan. “Medir no es un valor en sí. Sino hubiera ido Axel de candidato a presidente”.

 

En la Ciudad de Buenos Aires el malestar interno es similar. Hay ruido pero es improbable que la sangre llegue al río. El kirchnerismo porteño perfilaba una PASO entre Mariano Recalde y Victoria Donda. Ahora hay quienes buscan sumar a Matías Lammens. El presidente de San Lorenzo, al que los resultados de su equipo le vienen jugando en contra desde hace meses, se negaba a ir en una boleta encabezada por Cristina en la Ciudad. Como ya no estará al tope de la lista, Lammens volvió a  hablar seguido con Eduardo “Wado” De Pedro. Están viendo.

 

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“Cristina mostró que es la más brillante de nosotros. La que mejor juega el juego”. Recostado sobre una pared, Sergio Massa le hablaba sonriente y relajado a cuatro o cinco personas que lo escuchaban con atención. Evaluaba la noticia que había alterado el escenario político apenas horas antes. Para el ex jefe de Gabinete, contó uno de los participantes de la charla, la decisión de la ex presidenta de correrse del primer lugar del binomio presidencial fue un acierto.

 

Las noticias que se desencadenaron en los últimos días parecen darle la razón. Cristina recuperó el centro gravitacional de la política electoral argentina. Con el lanzamiento de su libro y muy ayudada por la gravísima crisis económica que provocó la gestión Cambiemos, recuperó la palabra política. Las causas judiciales que enfrenta quedaron en un súbito e inesperado segundo plano y volvió a ser una dirigente política con derecho al diagnóstico, a la crítica y a la promesa. Pero además, con el lanzamiento de la fórmula presidencial, recuperó la iniciativa y la sorpresa. Y todavía más: con Fernández- Fernández Cristina recuperó hasta su apellido.


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