Los contratos a futuro son un instrumento financiero del capitalismo globalizado, aunque su origen se ubica hace cuatro siglos. El economista Gabriel Bezchinsky traza la historia del mecanismo monetario por el que el juez Claudio Bonadío citó a indagatoria a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y advierte que, si las políticas económicas se vuelven materia judiciable, los costos de las medidas del gobierno actual también podrían pasar por tribunales.



Foto portada: Martín Kraut

 

 

 

El futuro, qué duda cabe, ha concitado la atención de filósofos y poetas a lo largo de la historia. Científicos y artistas intentaron sondearlo con distinta suerte. Pero nadie hasta ahora se había atrevido a juzgarlo.

 

El juez Claudio Bonadío citó a declaración indagatoria a la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner como organizadora de una asociación ilícita para la venta de dólares a futuro, en la que habrían participado, entre otros, el ex ministro de Economía Axel Kicillof y el ex presidente del Banco Central Alejandro Vanoli. Los acusa de “formar parte de un grupo de funcionarios que de manera sistemática, concertada y organizada llevaron a cabo diversas acciones de carácter políticas y técnico/administrativas (…) en violación directa de las competencias y atribuciones de sus cargos”.

 

Según el juez, esas decisiones eran “conducentes a que el B.C.R.A. concrete operaciones en el mercado de dólar futuro (ROFEX Mercado a Término de Rosario y MAE Mercado Abierto Electrónico) en condiciones dañosas para el erario público ya que entre los meses de septiembre y noviembre de 2015 se vendieron contratos de dólar futuro por parte del B.C.R.A. a valores inferiores al precio de mercado con conocimiento e intención, que provocaron cuantiosas pérdidas para el Estado Nacional”.[1] Según algunos cálculos, tras la devaluación, el costo de la operación para el Banco Central sería de alrededor de 70.000 millones de pesos. A eso, habría que restarle 15.000 millones producto de la renegociación de los contratos que realizó Sturzenegger con el ROFEX como una de sus primeras medidas como Presidente del BCRA.

 

La intervención del Banco Central para incidir sobre el tipo de cambio es una práctica utilizada en buena parte de los países del mundo. Dependiendo de los regímenes cambiarios y monetarios que adopten los países, el nivel del tipo de cambio se convierte en un objetivo de política económica. En algunos casos, se busca evitar el costo de las fluctuaciones permanentes. En otros, alinear el tipo de cambio con lo que se estima como su nivel de equilibrio a largo plazo. La intervención en el mercado cambiario puede tener distintas formas y se puede realizar a través de diversos instrumentos. Uno de ellos es el contrato a futuro, que se utiliza para incidir sobre las expectativas de la evolución futura del tipo de cambio y consiste en un acuerdo en el que dos partes se comprometen a realizar un intercambio en un momento determinado del futuro.

 

El contrato a futuro debe estar referido a un activo –soja, arroz, dólares, oro-, y debe especificar el tiempo, el precio y la cantidad. Una de las partes se compromete a vender y la otra a comprar la cantidad pactada al precio acordado en el momento establecido. Cuando llega la fecha, si el precio del activo es mayor al pactado, el vendedor sufrirá una pérdida y el comprador obtendrá una ganancia. Lo contrario ocurre cuando, llegada la fecha, el precio de mercado es menor al precio pactado.

 

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En el caso de los contratos de dólar a futuro no hay compraventa de dólares físicos. Llegada la fecha de vencimiento, el comprador o el vendedor, según corresponda, deben liquidar en pesos la diferencia entre la cotización del dólar del día y la cotización fijada en el contrato.

 

Pero, ¿cuáles son las motivaciones de los agentes económicos para participar en un contrato a futuro? Básicamente dos: obtener cobertura respecto del riesgo en la evolución futura del precio del activo en cuestión –en este caso, dólares-, o especular para obtener ganancias extraordinarias sobre la base de esa evolución futura.

 

Los contratos a futuro son un instrumento financiero del capitalismo globalizado, pero su origen es tan antiguo que incluso preceden al capitalismo. Si bien existen antecedentes como el de la Bolsa de Amsterdam, creada en 1602 para negociar las acciones de la Compañía de las Indias Orientales, los primeros registros conocidos de la utilización de este instrumento en forma sistemática datan de fines del siglo XVII en Japón. Allí, en 1697 se creó el Mercado de Arroz de Dojima, en el que se intercambiaban certificados de pago en arroz, cuando ese cereal era el medio de cambio de la época. Como los precios fluctuaban con rapidez, se comenzaron a realizar operaciones a futuro con tanto éxito que pronto el mercado pasó a operar sólo en esa modalidad[2].

 

Desde el fin del régimen de Bretton Woods en 1971, cuando el gobierno de Estados Unidos devaluó y declaró la inconvertibilidad del dólar respecto al oro, el mundo ingresó en una etapa de tipos de cambio fluctuantes. Así, las divisas se convirtieron en objeto de especulación, como cualquier otro activo. Esto significa que en esos mercados no sólo participan los que necesitan divisas para realizar transacciones comerciales o financieras con el exterior, sino también los que negocian divisas con el objetivo de obtener una ganancia a partir de la diferencia de cotización entre los momentos de compra y venta.

 


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Uno de los casos más recordados de especulación con divisas es el de George Soros, que el 16 de Septiembre de 1992 obligó al Banco de Inglaterra a devaluar y a abandonar el Mecanismo Europeo de Cambios (ERM por sus siglas en inglés). El Reino Unido se había sumado al ERM en 1990 con la intención de contener la inflación, que estaba en niveles mucho más altos que los de Alemania. Eso significaba que la libra pasaba a tener un tipo de cambio fijo con el marco alemán. El Banco de Inglaterra debía intervenir en el mercado para sostener el tipo de cambio dentro de una banda del 6% alrededor de ese nivel. Ante las dificultades que tenía el Banco de Inglaterra para garantizar esa cotización, Soros compró activos en libras a través de su fondo Quantum por 10.000 millones de dólares, y comenzó a vender esas posiciones. De esa manera, provocó el desplome de la cotización de la libra frente al marco alemán. A pesar de que el Banco de Inglaterra destinó 15.000 millones de libras a intervenir en el mercado, y subió la tasa de interés del 10 al 12% -y luego al 15%-, no logró  frenar la maniobra especulativa, que obligó al Reino Unido a abandonar el ERM y a dejar flotar la libra.

 

Esta crisis le permitió a George Soros obtener una ganancia de 1.000 millones de libras en un sólo día, y representó una pérdida para el Banco de Inglaterra que se calculó en 3.300 millones de libras[3]. Los protagonistas de esa crisis que trabajaban en el Estado no sólo no fueron juzgados sino que, después de un tiempo en que su reputación se vio dañada, volvieron a ocupar posiciones públicas. Tal es el caso del actual Primer Ministro David Cameron, que por entonces era asesor especial del Ministro de Hacienda Norman Lamont. La carrera política de Cameron hoy está en riesgo a partir de las revelaciones de los Panama Papers, pero eso es harina de otro costal.

 

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Si aplicara el mismo criterio que adopta en esta causa, el juez Bonadío debería citar al presidente Macri, al ministro Prat Gay y al presidente del Banco Central Sturzenegger por haber perdido en un mes la mitad de los 5.000 millones de dólares obtenidos a través de un préstamo “puente” de varios bancos comerciales. También debería hacerlo por el costo que tendrán para el Estado las altas tasas de interés que está pagando el Banco Central para contener la suba del dólar, y que se estima en 160.000 millones de pesos.

 

Más allá de la valoración política que se haga de la medida, es evidente que no se trata de una materia judiciable. Esto se confirma con la endeblez de la acusación. La figura de asociación ilícita parece forzada para posibilitar la eventual prisión preventiva de la ex-presidenta.

 

Las pruebas que hay en el expediente, que se limitan a algunos recortes periodísticos, un tuit y las opiniones de un par de economistas manifiestamente opositores al gobierno anterior, eximen de mayores comentarios.

 

 

[1]          Infobae, “Dolar futuro: acusaron a Cristina Kirchner y a Axel Kicillof de tomar la decisión política”, 29 de Marzo de 2016.

[2]          Poitras, Geoffrey (2000). “The Early History of Financial Economics, 1478-1776 – From Commercial Arithmetic to Life Annuities and Joint Stocks”. Aldershot, UK: Edward Elgar

[3]          The Guardian, “Black Wednesday 20 years on: how the day unfolded”, 13 de Septiembre de 2012.


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