El 8 de agosto de 2018 millones de mujeres se apoderaron de las calles para defender el proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. En las redes, #AbortoLegal fue clave para redefinir un problema público e instalarlo como un paso en la ampliación de la agenda de género. Mientras la política quedó silenciada por sus divisiones internas, el “bajo pueblo” tuitero saltó la grieta y transformó la marea verde en tendencia mundial. Adelanto de "Fake News, Trolls y otros encantos”, el libro de Ernesto Calvo y Natalia Aruguete publicado por Siglo XXI.



Si los usuarios que componen la red social de la política en la Argentina están polarizados, ¿cómo explicar eventos en los cuales la polarización es modesta o directamente nula? ¿Qué ocurre cuando los diálogos sobre política en las redes sociales toman “otra forma”? ¿O cuando las “chicanas” ceden su lugar al discurso pedagógico y los usuarios parecen ponerse de acuerdo – al menos de manera parcial– sobre asuntos con una enorme visibilidad social que implican un fuerte involucramiento político? En este capítulo analizamos un evento en el que la red social, lejos de alimentar la grieta, amplió la “ancha avenida del medio”. Exploramos el motivo por el cual ciertos temas invitan a las redes a despolarizar, en forma y en contenido, al crear narrativas más homogéneas. Para ello, tomamos un evento social que no tuvo a los políticos y los medios tradicionales entre los usuarios con mayor presencia y difusión en la conversación virtual, y mostramos cómo la disminución de la dimensión político- partidaria resulta de un cambio que opera en el nivel de los temas tratados más que en una variación en la forma en que los individuos se conectan. La red #AbortoLegal nos permite explicar por qué los estudios que prueban la existencia de burbujas en las redes sociales conviven con aquellos que la desmienten. Como discutimos en los primeros capítulos, la polarización es un problema que combina afinidad y conectividad. Con el término “afinidad” aludimos a la interacción que se da en la red cuando los individuos comparten ideas similares (congruencia cognitiva).

 

Con “conectividad” nos referimos a la interacción entre aquellos usuarios que comparten un mayor número de conexiones (topología de la red). En algunos casos, los mecanismos individuales que explican la afinidad entre usuarios y los mecanismos de la red que los conectan se refuerzan entre sí. Por ejemplo, cuando dejamos de seguir a un individuo con el que no acordamos políticamente, la topología de la red se altera para ajustarse a nuestras preferencias ideológicas. El efecto de este cambio en la topología se define como “reordenamiento” [sorting]. Si, por caso, las conexiones entre los macristas y los kirchneristas se redujeran, la visibilidad de las publicaciones de una comunidad en la otra sería menor.

 

Las redes sociales, sin embargo, tienen mayor número de conexiones que aquellas que se activan con frecuencia. Tenemos gran cantidad de amigos a los que vemos menos de lo que nos gustaría y estamos conectados con muchos usuarios que participan de la política de manera muy ocasional. Esa conectividad latente puede activarse cuando los temas tienen mucha visibilidad, por lo general con eventos que no nos polarizan. En esos momentos, intermediarios que permanecieron inactivos se convierten en puentes que conectan a las distintas comunidades. En teoría de redes, se asume que dichos nodos (usuarios) tienen una mayor centralidad: es decir, están en el “centro” de la red (“Corea del Centro”) en lugar de ubicarse en los extremos (ambos lados de la grieta).

Los individuos que intermedian entre distintas comunidades a menudo están inactivos cuando la conversación virtual gira alrededor de temas políticos que nos “invitan” a posicionarnos en polos opuestos. En esos casos, la probabilidad de que recibamos mensajes originados en la “otra comunidad” es exigua. Sin embargo, hay otra gran cantidad de temas alrededor de los cuales ambos polos de una escena política están de acuerdo y, cuando eso ocurre y los debates ganan visibilidad, los nodos con mayor centralidad se tornan activos. No se trata de un cambio en la topología de la red. Lo que se modifica es el ángulo desde el cual observamos esa misma red. Contemplar la red desde otra esquina significa apreciarla menos polarizada. Esa alteración de la percepción sucedió en conmociones públicas como #NiUnaMenos, #MiraComoNosPonemos y #AbortoLegal; este último caso será objeto del presente capítulo.

 

(…)

 

#Abortolegal: la antirred

El 8 de agosto de 2018, millones de mujeres se apoderaron de las calles – en los alrededores del Congreso nacional y en otras tantas ciudades argentinas– bajo una lluvia que no cesó durante las diecisiete horas que duró el debate en el Senado, hasta que el proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), que tenía ya media sanción en Diputados, fue rechazado por 38 votos contra 31.

 

Los argumentos maniqueos y facciosos no alcanzaron, esa vez, una visibilidad contundente. La red #AbortoLegal se diferenció de la dinámica politizada y tóxica que había permeado el diálogo virtual desde 2015, cuando los trolls rumbeaban tranquilos y las identidades falsas dominaban las conversaciones. Redes divididas, enlodadas, donde los partidos instalaban una guerra de atrición, de trincheras; redes dominadas por noticias de origen dudoso y de baja reputación, cargadas de maniobras informativas y operadores políticos. En esas mismas redes, la interacción alrededor de la IVE devolvió una semblanza del tipo de diálogo que Twitter prometió en sus orígenes.

 

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La dinámica en Twitter no cambió de manera sustantiva entre la media sanción en Diputados, lograda el 14 de junio, y el rechazo del proyecto en el Senado, el 8 de agosto. En ambos períodos, las divisiones políticas se expresaron dentro de los partidos y no entre partidos. Ergo, las fronteras entre comunidades se acortaron y el lenguaje adquirió claridad política en la comunidad más grande.

Después del voto favorable en Diputados – y como consecuencia de ese resultado–, el activismo autodenominado “provida” cobró vigor y su participación en el diálogo virtual tuvo un crecimiento destacable. En ese espacio se alojaron plácidos los trolls, encargados de acosar, criticar u oponerse a otros usuarios con un desprecio disciplinante que intentó de sactivar el debate. El contraste con casos anteriores es llamativo aún hoy, y nos lleva a cuestionar si las redes que sufrimos día a día son consecuencia de los tiempos políticos antes que una de sus causas.

 

Un evento crítico redefinitorio

 

En Twitter, el debate sobre el # AbortoLegal fue singular. La distancia partidaria no se reprodujo en la conversación virtual. Dirigentes, funcionarios y legisladores de los dos principales partidos políticos de la Argentina quedaron emplazados en lo que se conoce como “Corea del Centro”. Mientras duró el debate parlamentario – en el período que abarca la media sanción en Diputados y el rechazo en la Cámara Alta–, las autoridades institucionales, que suelen penetrar discursivamente en el corazón de regiones polarizadas, se alojaron esta vez en su propia comunidad, muy cercana a la militancia verde, líder de la conversación con el 52,6% de la interacción total. En paralelo, los encuadres proderecho expresados por buena parte de los medios tradicionales y periodistas celebrities coexistieron con la legitimidad noticiosa dada a los actores – individuales y colectivos, civiles e institucionales– que definieron la IVE como una política de salud pública. En otras palabras, el debate en la calle y en el Congreso instaló un encuadre de política pública que silenció el maltrato trollero al tiempo que las discrepancias dentro de los partidos velaron la grieta y dejaron vacante el espacio para que nuevos usuarios acapararan el diálogo político.

 

Según Richard Pride (1995), un evento redefinitorio modifica la definición acerca de un asunto que involucra a las élites y a un público masivo y tiene efectos en el nivel de las políticas públicas. Podemos decir que con # AbortoLegal, la Argentina asistió en 2018 a la redefinición colectiva de un problema público alrededor del cual militantes sociales, medios de comunicación y dirigentes políticos pujaron por generar consenso sobre una determinada definición de la situación y allanaron el camino para un giro en la política pública. Tanto es así que ninguno de los candidatos pudo evitar posicionarse y hasta pronunciarse sobre la legalización o despenalización del aborto durante la campaña presidencial de 2019. El tema quedó instalado en la opinión pública argentina como un paso determinante en la demorada ampliación de la agenda de género.

 

La red verde

 

Durante el mes previo a la sesión en la Cámara Alta, recabamos en total 7.251.343 tuits. La red primaria conectada, recogida entre el 16 de julio y el 12 de agosto de 2018, comprende 3.789.457 tuits emitidos por 255.316 usuarios. Se trata de las cuentas que fueron retuiteadas al menos una vez o retuitearon al menos tres veces a otros usuarios, conectadas a su vez en el cluster más numeroso de la red.

 

La figura 11.2 muestra las comunidades verde, negra y las dos celestes (una más clara y otra más densa en color y, asimismo, en intensidad ideológica). Dentro de la burbuja más grande, las comunidades verde y negra explicaron el mayor porcentaje de las interacciones totales. En la comunidad verde, que denominamos “proaborto legal”, las y los activistas de derechos civiles y de derechos humanos dominaron la conversación junto con usuarios de bajo rango cuyos mensajes alcanzaron masividad (46,97% de los usuarios totales). En el centro, la comunidad negra acogió a políticos de distintos partidos y a una parte de los medios tradicionales y sus periodistas, como Daniel Lipovetzky, Página/12, C5N, El Destape Web y Claudia Piñeiro (11,8% de los usuarios). La “ola celeste”, en oposición a # AbortoLegal, estuvo representada por dos comunidades distintas que sumaron el 8,65% de los usuarios. La comunidad “antiaborto” más numerosa estuvo liderada por Agustín Laje, presidente de la Fundación Libre (autodenominada “ Think tank contra el marxismo cultural y la hegemonía del progresismo”), por periodistas como Mariano Obarrio y Gustavo Bruzone, el canal de noticias TN, Clarín y por los trolls tradicionalmente cercanos a la burbuja que se identifica con la idiosincrasia de Cambiemos, como @ NunkMasKKs y @chauOperetaK.

 

Al sistematizar las interacciones (medidas en retuits) entre las tres comunidades más representativas de la conversación, los datos observacionales muestran que el 86% de los usuarios proaborto republicó mensajes emitidos por cuentas de esa misma comunidad, mientras que retuiteó apenas el 2,4% de los mensajes originados en la comunidad antiaborto, ubicada a la derecha del espectro ideológico. Un dato más contundente aún es que las aristas (retuits) de la región autodenominada “provida” que cruzaron el charco alcanzaron solo el 0,7%. Es decir que la polarización entre verdes y celestes fue muy significativa. La novedad en #AbortoLegal fue el bajo nivel de polarización entre la comunidad verde, copada por el activismo, y la negra, integrada fundamentalmente por usuarios institucionales: medios masivos, periodistas y políticos. En concreto, el 10,5% de las aristas salen de la comunidad negra hacia la verde, mientras que el 28,4% del activismo verde retuiteó mensajes de las cuentas institucionales provenientes de la comunidad negra.

 

Resulta llamativo que una parte importante de los medios masivos y periodistas coincidieran dentro de un mismo barrio, dado que en otras crisis políticas analizadas en la Argentina, como # Tarifazo, #2×1, # Maldonado y # Nisman (Calvo y Aruguete, 2018; Aruguete, 2018; Calvo, 2015), los medios con perfiles editoriales distintos promovieron premisas que calaron hondo en comunidades opuestas que no interactuaron entre sí.

 

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Y si bien es cierto que las cuentas institucionales de @clarincom y @todonoticias fueron autoridades poco relevantes en la comunidad antiaborto, la evidencia muestra que la mayor parte de los medios y muchos políticos miraron por encima de la grieta. De manera que en esa gran región de la tuitósfera, las cámaras de eco devolvieron una saludable narrativa proderecho. Las comunidades antiaborto, por su parte, quedaron algo más aisladas de los medios periodísticos tradicionales y activaron a una fracción de usuarios mucho menor.

 

Los contenidos de la antirred

 

Con una ingeniería visual modesta, el tuit de @historiaenfotos que advertía que “después de tres décadas, ¡por fin Argentina hace historia!”, alcanzó el mayor nivel de exposición entre los mensajes emitidos hasta la media sanción del proyecto en Diputados. 

De este tuit se desprendieron respuestas que demandaban educación sexual y detallaban o cuestionaban la letra chica de la norma. Otros usuarios no orgánicos ni institucionales alcanzaron niveles de difusión similares. Dos meses después, el impulso que tomaron los grupos antiaborto interpeló a los tuiteros verdes. El mensaje de Gustavo (@garciagustavoj) que increpaba a la iglesia por su ímpetu en frenar la IVE en lugar de volcarse a otros objetivos verdaderamente valiosos, se hizo viral en los días previos a la sesión del 8 de agosto. En cambio, cuentas con cientos de miles de seguidores alcanzaron magros niveles de exposición. La huella digital de los medios periodísticos tradicionales, en particular, fue exigua y su capacidad de definir una agenda distinta a la promovida por la militancia, insignificante.

 

Otro aspecto más interesante aún es que las treinta primeras autoridades de la comunidad verde contaron, cada una de ellas, con más retuits que @todonoticias, con lo que evidenciaron un nivel de dominio sobre los medios tradicionales poco común. # AbortoLegal fue una red plebeya con muy baja cantidad de enlaces que direccionaran a fuentes externas, a diferencia de lo ocurrido con otros grandes eventos políticos, como # Nisman o # Maldonado.

 

Los mensajes agresivos – y defensivos a la vez– vinieron de la derecha ideológica, dentro y fuera de Twitter. Aun así, trolls como @ NunkMasKKs o @atlanticsurff, exitosos en su campaña de desmonte en # Tarifazo y en # Maldonado, tuvieron una muy baja incidencia en # AbortoLegal, pese a ser dominantes en su propia comunidad. La tensión dentro de la comunidad del entonces oficialismo se ejemplifica con claridad en la reacción al tuit de @atlanticsurff que celebraba el voto afirmativo en la Cámara de Diputados. 

 

Muchos de sus seguidores se identificaron con la posición del gobierno de habilitar el curso de la votación en el plenario, mientras que otros atacaron tanto a @atlanticsurff como a Mauricio Macri. A diferencia de lo ocurrido en eventos políticos anteriores, el debate alrededor de # AbortoLegal dividió a la comunidad oficialista e inhabilitó la activación de un mensaje sobre el que había posiciones encontradas.

 

En cambio, los tuits más propagados expresaron narrativas poco sofisticadas, directas y emocionales, como el de @anaecorrea: “Para mí el 2018 fue este grito. Y todo lo demás también, pero este grito” (en referencia al grito de aquella multitud que aguardaba frente al Congreso el resultado de la votación de Diputados).

 

En términos comparativos, los mensajes negativos fueron escasos en relación con una gran mayoría enfocada en el contenido de la legislación. No es la primera vez que observamos algunas de estas características en las redes sociales. El diálogo en #MarchaDeMujeres y en #NiUnaMenos también mostró baja polarización, aun cuando en esos casos los actores institucionales y políticos tuvieron una presencia dominante. El movimiento #2×1, que reclamaba que no se redujera la pena a los represores condenados por crímenes contra la humanidad, también fue transversal y generó un bajo nivel de división según líneas partidarias, pero aquella actividad fue más modesta y registró una importante actividad de trolls provenientes de la derecha ideológica y política. En #AbortoLegal, en cambio, mientras la política quedó silenciada por sus divisiones internas, la presencia masiva de usuarios transformó a la marea verde en tendencia mundial en Twitter.

 

El “bajo pueblo” tuitero

 

Como evento legislativo, el debate por la interrupción voluntaria del embarazo fue profundamente político y a la vez muy poco partidario, lo cual tuvo consecuencias importantes para su organización como movimiento, pero también para la dinámica interna de los bloques en el Congreso. Las divisiones internas en los partidos impidieron que los bloques se expidieran en los medios de un modo coordinado. La libertad de acción dada a los miembros de los distintos bloques – en particular durante el debate en Diputados– también se reflejó en el silencio de sus líderes en las redes sociales, lo que abrió el camino para que otros usuarios ocuparan el vacío discursivo.

 

En casos anteriores, la alta integración entre los medios periodísticos tradicionales y los partidos con los que comulgaban se hacía evidente por la ausencia de una “Corea del Centro” ocupada por actores institucionales legitimados dentro y fuera de las redes. En aquellos casos, los medios periodísticos fueron empujados al centro de las dos comunidades dominantes, una oficialista y otra opositora, donde sus noticias se compartían de manera abundante. En #AbortoLegal, en cambio, la alta integración de políticos con medios tradicionales fue visible por su baja participación en tuits, es decir, porque la cantidad de links a medios tradicionales introducidos por los usuarios fue exigua. Este comportamiento, sin embargo, se modificó en los días que mediaron entre ambas votaciones; después de la media sanción del proyecto en Diputados, la ola celeste creció en las calles y en el escenario virtual al tiempo que algunos medios se reposicionaron. Clarín, por caso, quedó en el centro de la comunidad celeste mientras que el rango de jerarquía de La Nación cayó en picada.

 

Las ambivalencias de la política y de los medios tradicionales permitieron que emergiera una red social poco común, dominada por el “bajo pueblo”, con mensajes menos profesionales y con mayor horizontalidad en la comunicación. La antirred, en esa ocasión, fue la red del silencio de los partidos, la red de la retracción editorial de los medios tradicionales. Fue una suerte de Triángulo de las Bermudas mediático en las redes sociales que conectan a los partidos políticos, los medios y los trolls. Pocas veces ha quedado tan claro ese vínculo como en este evento, durante el cual esos tres actores mantuvieron un silencio compartido.


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