El año pasado, en una crónica publicada en Anfibia un trapero hizo declaraciones despectivas para con el hip hop local. Distintos referentes marcaron la discriminación racial y la subestimación de su “old school” como memoria cultural y reparación histórica. “Cuando los medios se refieran al Hip Hop deben saber que hablan de cultura negra. Ignorar u omitir ese dato es un acto racista”, escribe el colectivo Razón Hip Hop. Proponen dar esta discusión “porque el arte que está por fuera de la política no es arte. Se le dice entretenimiento.”



Buenos Aires, fines de 2019. Periodista blanco entrevista a trapero blanco para revista digital; trapero blanco hace comentarios racistas que quedan plasmados en el texto publicado por el medio en cuestión. Septiembre de 2020: rapera racializada levanta la nota por otros dichos del artista en la misma entrevista; el repudio cobra repercusión en las redes sociales. Escándalo. El trapero blanco contacta al periodista blanco, quien resuelve editar la nota y se oculta el hecho. Así opera el racismo en Argentina.

 

El racismo es invisible a los ojos de nuestra sociedad, por eso ni la revista ni el movimiento Hip Hop pudieron advertirlo sino hasta casi un año después. El asesinato de George Floyd a manos de la policía generó una ola de manifestaciones en contra de la brutalidad policial y el racismo sistémico en todas las ciudades de EEUU. La lucha antirracista se extendió como nunca antes en el territorio estadounidense, se multiplicaron los disturbios tanto como los debates públicos; a diferencia del Movimiento por los Derechos Civiles en los años 60, las marchas reclamando que las vidas negras importan se llenaron de personas blancas que finalmente habían entendido que el racismo es un problema de toda la sociedad estadounidense, no sólo de la comunidad afrodescendiente.

 

La magnitud, difusión, diversidad y persistencia de las protestas captaron la atención del mundo entero y la sociedad argentina también se sintió interpelada. Con el correr de los días la discusión se amplió, tanto como el número de casos de violencia institucional a manos de nuestras fuerzas de seguridad. La brutalidad policial en cuarentena fue tan diversa como federal: se reportaron desapariciones forzadas, torturas, ejecuciones, amenazas, muertes en comisarías, allanamientos violentos e ilegales y uso abusivo de la fuerza en Provincia y Ciudad de Buenos Aires, Santa Fé, Catamarca, Tucumán, Córdoba, Chaco, La Pampa, Santa Cruz, Santiago del Estero y San Luis. La mayoría de las víctimas fueron personas racializadas. Y si bien los medios de comunicación, hegemónicos e independientes por igual, tuvieron una marcada tendencia a analizar el racismo de EEUU como un fenómeno exclusivo de ese país, se alzaron voces para señalar que el racismo también opera en Argentina y de a poco fue elevándose el nivel de conciencia de quienes participaban en el debate público.

 

El Hip Hop es una subcultura de la cultura negra

 

Habilitar discusiones es el mejor modo de avanzar y superarnos, por eso debemos ampliar el debate y seguir hablando de racismo hasta que ya no exista. Es la única forma de combatirlo. No se puede ser neutral en este tema porque el racismo sigue cobrándose las vidas de nuestros pibes y pibas. Hace dos días apareció el cadáver de Facundo Astudillo Castro. La última vez que se lo vió con vida fue arriba de un patrullero de la Bonaerense, la misma fuerza que con la excusa de un reclamo salarial agita fantasmas destituyentes.

 

Facundo era un pibe racializado que militaba en un centro cultural, escuchaba Hip Hop y hacía rap. En sus propias palabras: “Yo me sentía muy excluido por la sociedad, por mi forma de ser. Porque soy rapero y me visto como una persona que hace rap. Y me decían no ‘no vayan allá por que ese chico mirá cómo va vestido, es chorro’.” Muchos se preguntan por qué un pibe de un pueblo del sur de la Provincia de Buenos Aires se sentiría atraído por el Hip Hop. El Hip Hop trasciende las fronteras porque es una subcultura de la cultura negra, como bien explica el raptivista Chuck D en su libro Fight the Power. Rap, raza y realidad. Las personas marginadas en EEUU y acá ven en el Hip Hop esa cercanía a su historia, a sus vivencias, su identidad. El Hip Hop es la continuación de todas esas expresiones de resistencia que desarrolló la comunidad afrodescendiente a lo largo de las Américas y el Caribe; surge desde los márgenes y para amplificar las voces que no tenían un espacio en los medios hegemónicos. Por eso Facundo rapeaba. Este movimiento surge con un amplio repertorio de expresiones para que, sin importar el canal o el idioma, el Hip Hop interpele, sea directo y al hueso. Por eso nuestra respuesta es directa y concisa: no hay cabida para el racismo en el Hip Hop.

 

Vieja escuela

 

Cuando los medios de comunicación se refieran al Hip Hop y sus elementos (como el rap), deben saber que están hablando de cultura negra. Ignorar u omitir ese dato es un acto racista, ya sea por no realizar la debida investigación periodística y tomarse el tema a la ligera o bien por no brindarle el merecido reconocimiento.

 

Racismo_02

 

En la nota de la polémica también se denostó a la vieja escuela del rap en Argentina. Si quisiéramos ponernos en puristas, vieja escuela del rap local sólo serían los grandes maestros en el arte de la improvisación, los afroargentinos Gabino Ezeiza e Higinio Cazón, quienes con sus payadas narraban la vida de sus ancestros africanos esclavizados (tradición rastreable a los griots africanos, al igual que en el caso de los MCs del Bronx). Pero hablando del movimiento cultural conocido como Hip Hop, la vieja escuela del rap, con sus aciertos y desaciertos, furia, berretín, mucho pibe y poca piba, tenía conciencia de sus raíces culturales negras. Y el antirracismo siempre estuvo presente. 

 

Las integrantes de Actitud Maria Marta que denunciaban la discriminación racial en la puerta de un boliche en “A mí me rebota y a vos te explota”:

 

Quise ir a bailar, me pediste invitación,
Evadiste mi mirada, me dijiste que no.
A tu lado un negro se quedó callado,
Qué mierda le pasa olvidó su pasado.
Buscás justificación para tu discriminación.
¿Decís que es tu trabajo?
Sucede que eso a mi me importa un carajo. 

 

Los jóvenes del Sindicato Argentino del Hip Hop (la primera banda argentina de rap en ganar un Grammy latino en la categoría Mejor Álbum Rap/Hip-Hop), rapeaban en el tema “Agite”

 

Se arma el agite,
Se arma el quilombo.
Corridas, sirenas,
La noche nos espera. 

Nacimos, vivimos
Del lado del horror.
Matamos el tiempo
Que Dios nos otorgó. 

Descanso en la tumba
De mi propio rencor.
Escupo a la gente
Que siempre nos llamó

Cabezas
Por ser de la provincia
Cabezas
En la que te mando yo

 

Hasta los Illya Kuryaki and the Valderramas sentaban postura con “Hombre Blanco”, en el que se referían al genocidio de los Pueblos Originarios:

La sangre derramada no es del hombre blanco.
Es del aborigen que la perdió luchando.
Cortaron su raza sin sentido alguno,
usaron sus tierras, quemaron su mundo.
Rehúso a mis antepasados y a sus actos
Asesinos.
Espero que en esto estés conmigo

 

En la vieja escuela convivían artistas afroargentino/as y/o que tenían plena conciencia de ser tributario/as de una subcultura de la cultura negra, y desde ese lugar de conciencia y respeto llevaban adelante su arte.

 

A menudo se nos acusa de querer politizar el movimiento, como si la política (la vida de la polis, de la comunidad) fuese algo malo. Desde Razón Hip Hop entendemos que hay que dar estas discusiones desde el arte, porque el arte que está por fuera de la política no es arte. Se le dice entretenimiento.

 

Razón Hip Hop

 

Razón Hip Hop es una agrupación de jóvenes nacida en el interior del movimiento Hip Hop con la intención de revitalizar valores tales como el respeto, la solidaridad, el amor y la honestidad. Estos son los valores fundamentales en la génesis del movimiento, que convirtieron al Hip Hop en una herramienta de transformación social. Así lo entendemos y lo enunciamos en nuestro manifiesto.

 

Nuestra primera acción como Razón Hip Hop se remonta al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia (2019), donde marchamos y dijimos presente por primera vez como Movimiento, porque creíamos que ahí debíamos (y debemos) estar. Nos organizamos porque buscamos generar espacios seguros e inclusivos de pensamiento, formación y recreación dentro del Hip Hop. Buscamos elevar el nivel de conciencia al interior del movimiento, crecer y construir en comunidad. Porque tenemos memoria de ese trabajo que nos antecedió es que continuamos hoy, bajo el nombre de Razón Hip Hop, reconociendo todos y cada uno de esos aportes que nos permitieron llegar acá. Y porque la construcción es entre todos, todas y todes, “Each One Teach One” (cada uno enseña al otro), es que planteamos nuestra construcción de manera colectiva.

 

Organización y formación es el camino, por eso nos juntamos, leemos, debatimos, pensamos. También sostenemos que no se puede barrer bajo la alfombra, borrar y hacer de cuenta que nada ha pasado y luego pedir disculpas. Hay que dar la discusión, comprender que el racismo es parte del sistema en que vivimos y por lo tanto es un asunto que nos corresponde como sociedad. Citando a Angela Davis, “En una sociedad racista no basta con no ser racista. Hay que ser antirracista”. Desde Razón Hip Hop entendemos que hay que dar estas discusiones, el Hip Hop será antirracista o no será Hip Hop.


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