Juan Grabois no es Luis D´Elia. Como Daniel Menéndez (Barrios de Pie) y Nacho Levy (La Poderosa), es un dirigente que heredó las gestualidades y expresiones de la clase media argentina y, sobre todo, participa de esa memoria cultural tentada por política y compasión social. Grabois ofrece renovación y empuja a CFK a reconciliarse con un “espíritu” del justicialismo, ampliando las fronteras de su progresismo y volviendo al kirchnerismo más poroso y controversial. Un texto de Esteban De Gori #20AñosIDAES



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Juan Grabois no es Luis D´Elía. Comparten cierto lugar en el cuadrante del trabajo territorial, una mirada sobre lo social y un acercamiento a los sectores populares. El dirigente de apellido difícil ha heredado las gestualidades y expresiones de la clase media argentina y, sobre todo, participa de esa memoria cultural tentada por política y la compasión social. Su ritmo lingüístico puede ser metabolizado por diversas audiencias sociales. Puede entrar y salir del universo discursivo de una clase y entrar en otro sin problemas, puede hablar en varias “lenguas”. Ejerce ese arte jesuítico y ciceroniano muy desarrollado desde hace siglos orientado a establecer diálogos con los “otros” y “entrar” en sus GPS interpretativos con el propósito de representarlos. Ese arte lo conecta a la actual Roma vaticana, con las experiencias católicas en los territorios y con los sectores populares.

 

Su biografía social y de clase le permite y lo habilita para estas contorsiones discursivas. De alguien que pasó por un colegio católico, bilingüe y caro de la zona norte de la provincia de Buenos Aires podemos imaginarnos su trayectoria cultural y las redes que ellas implican. Juan Grabois no es D´Elía ni Juan Carlos Alderete, quienes emergieron de la periferia política y de la del conurbano. Es parte de una nueva dirigencia, como Daniel Menéndez (Coordinador del Movimiento Barrios de Pie hasta septiembre de 2018) y Nacho Levy (La Poderosa), que provienen de las clases medias y pasaron por la experiencia universitaria. Inclusive, la fotografía de su detención con los trabajadores informales senegaleses –haciendo abstracción de lo sucedido- podría ser parte de una estrategia comercial de Benetton. De ese multiculturalismo posmoderno y visual que sustrae el drama real y que te coloca en las vidrieras de manera amigable. Grabois es un buen “modelo militante”. Alguien que entra por la “ventana” visual de un posible imaginario Benetton o por el link multicultural puede ser candidato a algo, influencer o referente de la novedad.

 

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El dirigente de CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) integra una dirigencia que oscila –según el contexto de disputa política- entre una sensibilidad de la carencia y la reivindicación de los derechos ciudadanos. Que instituye e inscribe -en su caso- a ese “pobre economicus” en un modelo de escucha eclesial, tan reeditado y secularizado por las militancias políticas. Su cercanía a la economía de los barrios y a la Iglesia Católica lo coloca en el universo amplio de una nueva “democracia cristiana”. Siempre atenta al tic tac de la conciencia y de las materialidades de la vida popular.

 

Grabois es un personaje interesante de la política argentina que provoca un renovado regreso de la militancia social sin las beligerancias visuales y discursivas que se asociaban a otros dirigentes. No solo transita en el territorio de los “pañuelos celestes”, sino que se introduce al debate político actual desde un léxico que articula moralismo y las sospechas culturales del nuevo milenio sobre la política: la corrupción. Allí pueden convivir el “no robarás católico” con las preocupaciones ciudadanas sobre los usos que hacen los políticos de los dineros estatales. Una predica virtuosa y pastoral que se asocia con la ética de la austeridad. En un tweet respondiendo a Julio De Vido decía: “Somos millones los que queremos que CFK vuelva pero sin los corruptos. A quien le quepa el sayo, que se lo ponga; y el que no, que tenga dignidad y no debilite al campo popular” (02/11/2018).

 

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Pero también Grabois, que desea jugar en el barro de la realpolitik, comenta en una entrevista en el programa Intratables (29/11/2018) que esa nueva ética del servicio y de la austeridad debe dialogar con las generaciones anteriores, esas que pasaron y se formatearon en la joda, la pizza y el champán. Para esa nueva generación, Cristina debe volver limpia y sin “mentiras”. Alejarse de experiencias como el INDEC y de sus malabares estadísticos. Volver renovada, sin perder el diálogo y acuerdo con otras generaciones, pero con el ímpetu de una nueva generación que se inscribe en los flujos moralistas que recorren a distintas fuerzas de América del Sur y que hoy tienen mucho auge entre los sectores conservadores.

 

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Con este texto de Esteban De Gori, cerramos el ciclo de artículos agrupados bajo el hashtag #IDAES20Años. Agradecemos a todxs los investigadores del IDAES que durante este año pensaron y escribieron para Anfibia sobre los temas claves de la Argentina contemporánea.

 

En épocas de incertidumbre asfixiante todo político o toda política pueden tener su propio ángel arcabucero (enviado por Dios para defender y controlar). Cristina puede volver limpia ya tiene alguien que le marque el paso y le traiga esa escucha social que los dirigentes de La Cámpora no lograron acercar de manera eficiente. Éstos agregan saber de “palacio” y Grabois los reclamos más íntimos y económicos de la “plaza”. Una lectura del Estado y del mercado (económico, popular, laboral) se asocia en una posible fórmula electoral. Tendrá que ser la presidenta de todos, dice Grabois, cuando le recuerdan que CFK votó por la despenalización del aborto.  Pañuelos verdes y pañuelos celestes es la predica unionista de CFK que ensayo en el último Congreso de CLACSO. Nadie puede darse el lujo de ir divididos. Ningún populismo sensato y discursivo puede partir de la parte para representar a todos. Celestes y Verdes deben unirse por un bien superior. Así se vuelven equivalentes en la larga cadena de articulaciones que tendrá que realizar el kirchnerismo para triunfar. Pero CFK empezó por acá. Grabois es más que Grabois y la propia CTEP. En su universo discursivo introduce a las preocupaciones de las iglesias, de intendentes, gobernadores y de parte de sus distritos. Reintroduce cierta critica al liberalismo económico, pero también sobre aquel que insiste en el libre albedrio de los individuos. Es el punto cero del peronismo y su relación con el catolicismo. Así empuja a CFK –y ella se deja acompañar-  a reconciliarse con un “espíritu” del justicialismo, a ampliar y sortear las fronteras de su progresismo. Hacerlo más poroso y controversial. Para ganar en 2019, tal vez, la expresidenta tenga que poner en suspenso algo de su “kirchnerismo duro” y de su visión tan instalada en la clase media y en un estatalismo sin actores. Reconciliarse con lo que quedo afuera durante la década anterior para ganar. Reconciliación y triunfo.

 

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Juan Grabois, al meterse en la pelea para 2019 dentro del formato kirchnerista, obliga a la reformulación política y discursiva. Ofrece renovación, reconciliación con un peronismo, con cierto universo de la clase media, donde también se instala CFK, e intenta introducir en la política a esos pobres economicus. Una nueva democracia cristiana que cabalga al interior de la plataforma kirchnerista, esa democracia que nunca se fue del peronismo y que hoy regresa con nuevas reediciones.  

 


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