Marie Kondo es una socióloga japonesa que supo hacer rendir el tema de su tesis, llamada "La limpieza y el orden desde una perspectiva de género". Primero fue un boom editorial cuyo método, entre otras cosas, propone tirar libros. Marian Moya, doctora en ciencias sociales por la Rikkyo University de Tokio, analiza el fenómeno que ahora es reality de Netflix e incluye autoayuda, consumismo, marketing espiritual y esa idea culposa de asociar higiene con moral.



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Fotos: Cortesía Netflix

 

 

 

 

“Definitivamente, nunca aplicaría ese método”, dice Satoko Toyosaki desde Japón. Satoko es alta, atractiva y demuestra fortaleza mental y emocional, desafiando el estereotipo de la mujer japonesa. Trabaja como traductora y vive en las afueras de Tokio. Jamás se ve una arruga en su ropa, y en su casa impecable nada está fuera de su lugar. Su opinión es compartida por otras japonesas y también por muchas argentinas. Lo cierto es que en ambas sociedades Marie Kondo tienen seguidoras que juzgan de diferentes maneras su sistema de orden doméstico: el método konmari, llamado así a partir del apellido y nombre apocopados de su creadora.

 

Marie (que en japonés se lee MariE, no “marí”) Kondo propone ordenar la casa en función de “tokimeki”, que significa algo así como “el palpitar del corazón”.  La palabra “tokimeki”, como muchos otros conceptos del japonés, no se puede traducir literalmente. Por eso, cuando se publicó su primer libro “La magia del orden” en Estados Unidos, esa palabra se tradujo como “spark joy”, “despertar felicidad”. Luego de vender más de 7 millones de ejemplares sacó 2 libros más y ahora prepara el cuarto. Tiene 2,4 millones de seguidores en Instagram, y #konmari tiene 227 mil publicaciones, la mayoría de los posteos incluyen fotos de placares impolutos y espacios estéticamente dispuestos.

 

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El método konmari debe desarrollarse como un proceso que consiste en: 1) poner a la vista todas las cosas de una categoría, por ejemplo, la ropa; 2) tomar cada objeto y comprobar si produce “tokimeki” (si es así, se conserva; si no, se tira después de agradecerle el servicio que brindó); 3) ordenar las cosas que se conservan gracias a tokimeki.

 

Todo este proceso se hace por categorías y en este orden: ropa, libros, papeles, objetos varios (“komono” o cosas pequeñas) y por último, los que portan un valor sentimental especial. El método konmari apela a la afectividad: si algo hace palpitar el corazón, es porque emociona. La mayoría de quienes la siguen lo hacen de manera parcial (especialmente para la ropa) y sin el despliegue espiritual.

 

¿Quién es Marie Kondo? Es una socióloga egresada de la Universidad Cristiana de Tokio. Su tesis de grado se llama “La limpieza y el orden desde una perspectiva de género.” Mide 1.43, y sobre esa pequeña figura construyó una imagen estereotipada de la mujer “kawaii” (linda y adorable). Este modelo, altamente valorado en Japón, exige femineidad y voz aterciopelada.

 

“Kondo parece un ‘japanese aidoru'”, sentencia Satoko. Los “aidoru” (“idols”, en inglés), según el sociólogo Hiroshi Inoue, son una categoría dentro de los llamados “tarento” (del inglés, “talent”) de TV. El tarento debe ser encantador y atractivo, pero no tan alejado de lo cotidiano como para distanciarse de su público. Inoue diferencia entre las estrellas de cine, idealizadas y relacionadas con los personajes que interpretan, y los tarento de televisión, que son percibidos al igual que a los amigos, familiares o vecinos. La expresión más acabada de esta lógica de los tarento son los aidoru, como los cantantes adolescentes que sólo pueden permanecer en el mundo del entretenimiento hasta cierta edad. Lo que venden los aidoru, en particular, y los tarento en general no es talento, sino un perfil carismático que funciona porque se presenta como afable y familiar.

 

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En la serie de Netflix, Kondo construyó un personaje bien adaptado a la puesta en escena del reality. Una de sus marcas posturales es el brazo derecho levantado y el dedo índice apuntando hacia arriba, la pierna izquierda doblada, mientras emite un sonido como “kyong”  en una muestra -controlada- de júbilo. Ese sonido en la versión castellana del libro ha sido traducido como “clic” y representa el momento en que el cuerpo siente que llegó al límite de objetos a conservar. En otras palabras, la pose y el sonido expresan el tokimeki en su apogeo.

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“Nunca jamás ates tus calcetas y medias […] Se llevan una paliza brutal durante su trabajo diario, atrapados entre tu pie y tu zapato, resistiendo la presión y la fricción para proteger tus preciosos pies […] Si están replegados, hechos pelotas o atados, siempre están en un estado de tensión.”, advierte Marie como si estuviera refiriéndose a un trabajador exhausto tras una agotadora tarea.

 

Sin embargo, los libros no reciben un trato tan piadoso.

 

Dice la organizadora: “Hoy, yo procuro no tener más de 30 volúmenes a la vez […] Al percatarme de que lo que en realidad quería conservar no era el libro sino determinada información o palabras específicas, decidí que si conservaba sólo lo que necesitaba, sería capaz de desechar el resto [Entonces] decidí arrancar del libro las páginas relevantes[…] y ponerlas en un fichero”.

 

A pesar de su formación como socióloga, Kondo pareciera no apreciar los libros tanto como las medias o quizás, imaginando que no iba a encontrar el grueso de sus clientas entre las intelectuales, se decantó por las medias.

En consecuencia, así se expresaron algunas ratas de biblioteca (a quienes avalamos) sobre Kondo:

 

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“Dice que en un hogar no tiene que haber más de 30 libros y si hay más, los que sobran se tiran. Ya con eso me cayó mal.” (A.M., investigadora y muy orgullosa otaku)

 

“Ya sé que los libros hacen mucho polvo, pero amo mis libros y no quiero que acaben en un mercadito o en la basura. ¡No me desprenderé de ellos!” (E.A., antropóloga)

 

Tras la lluvia de críticas bibliofílicas, Kondo reculó y se escudó así: “Si la imagen de tener solo unos pocos libros te enoja, eso debería demostrarte la pasión que tienes por los libros.”

 

La apelación a la emoción – “te enoja”, “pasión”- es una de las tácticas de persuasión más efectiva, ya que la emoción baja las defensas de la razón según los tratados sobre propaganda. Sin embargo, en este caso, por más declaraciones reivindicativas y otros esfuerzos que haga Kondo, al parecer no hay persuasión viable entre las enamoradas de los libros.

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En Japón, el konmari incluía tokimeki también. Sin embargo, ése no era el punto fuerte de la propuesta. Jia Shu Lin, argentina, vive en ese país desde hace 24 años, es egresada de la Universidad de Tokio y ama de casa. ¿Mari es profeta en su tierra?

 

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“Ya no se habla tanto de ella acá, pero se la puede ver en Netflix. Su método no es una elección en Japón sino una necesidad. Las casas son muy pequeñas, por eso deshacerse de todo lo que se usa poco es muy común. La diferencia entre la costumbre japonesa de tirar todo y el konmari es que ella usa el concepto de tokimeki y hace que todo se sienta espiritual. No era así lo que hacía en Japón. Era todo más práctico. Ella enseñaba cómo se debe limpiar la casa.”

 

Akiko Yamakage es japonesa, fue profesora de literatura en la Universida de Osaka y ahora, jubilada, aprende a cantar tango, arte que ama. Vive en Kyoto. Su departamento es chiquito y cálido. Tiene un butsudan -el altar familiar budista- donde suele colocar empanadas criollas hechas por ella como ofrenda a sus seres queridos que ya no están.  

 

“Konmari aplica cosas típicas japonesas, pero su método no tiene nada que ver con el shintoísmo japonés. Lo aplica para atraer la atención de los extranjeros. Su método no es típico japonés, sino universal. Voy a seguir leyendo Konmari ya que estoy, a ver si aprendo cómo arreglar mi casa (se ríe)”.

 

Konmari tiene una fachada espiritual sólo en occidente. Esa supuesta espiritualidad estaría basada en las creencias shintoístas, budistas y taoístas, además de algunas menciones al feng shui en su libro.

 

En la sociedad japonesa no se adhiere a un solo culto, y lo cierto es que cuando a un japonés se le pregunta si cree en algún dios o dioses, la respuesta habitual es “no”. Pero es común, por ejemplo, que alguien se case por el rito shintoísta y el funeral de la misma persona se realice como ceremonia budista. El shintoísmo es la religión original de Japón. Se asocia a la mitología de la creación del país y los antepasados sobrenaturales del linaje imperial japonés. Shintō significa “el camino de los dioses o de los kami”. No sólo los dioses -como los entendemos nosotros- son kami; también lo son los objetos de la naturaleza – árboles, montañas, animales- y humanos, después de fallecidos. Se considera que esos elementos de la naturaleza están dotados de “alma” (o ánima, por eso es un sistema de creencias animista). Las nociones de “contaminación” y “pureza” son centrales en el shintoísmo. Los visitantes a un santuario antes de entrar en el recinto, se lavan las manos y la boca en la fuente de agua corriente que está ahí para ello. Esta práctica purifica a la persona de la contaminación del mundo exterior, marcando ritualmente el interior sagrado del complejo del santuario. En la sociedad japonesa, existen dos conceptos no religiosos pero que están muy relacionados con las ideas de purificación y contaminación: “uchi” y “soto”, que se traducen como “dentro” y “fuera” respectivamente.  En Japón, “uchi” se refiere al interior limpio de la casa y “soto”, al sucio mundo exterior. La frontera entre los dos espacios está materializada por la puerta de entrada al hogar. La costumbre de sacarse los zapatos al llegar a una casa se relaciona con la necesidad de quitarse la contaminación que se trae del exterior.  

 

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El budismo, por su parte, en Japón agrupa a varias sectas y sub-sectas. Decimos “secta” en el sentido de parcialidad, sin connotación peyorativa. Muchas tienen doctrinas basadas en la iluminación -o “satori”, el estado de sabiduría perfecta, compasión y felicidad absoluta- y en la forma de escapar del ciclo de la reencarnación. Una de las ideas que, dice Kondo, han influido en su técnica es la doctrina de wabi-sabi, considerada una virtud y relacionada con el budismo. No es un concepto fácil de explicar: sería algo así como el arte de encontrar belleza en lo imperfecto, lo incompleto. Connota además un sutil toque de nostalgia. Wabi-sabi puede asociarse con el minimalismo, pero no consiste solamente en seguir la premisa del “menos es más”. Sí en considerar la simplicidad y la elegancia como dos de las cualidades estéticas más apreciadas por los japoneses. A diferencia de las prácticas de purificación en el santuario shintoísta, en el templo budista se purifica con humo de incienso en lugar de agua. La tradición budista más difundida en occidente es el zen y un elemento esencial del zen es la práctica conocida como zazen, que significa “meditación sentada”.

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El Método Konmari se ha transformado en una industria: libros, serie, sitio que ofrece cursos con certificación, tienda online, listado de consultoras certificadas. El curso para obtener la certificación cuesta U$1500 y U$500 más para “activar la certificación”. No está al alcance de cualquiera, por lo que la mayoría deberá seguir capacitándose con los libros y los videos de  Youtube.

 

“La magia del orden: una novela ilustrada” es el manga de Marie Kondo traducido al castellano. La historieta narra la historia de Chiaki, una joven que vive en Tokio y que lucha con su departamento atiborrado de cosas. Después de recibir una queja de su atractivo vecino sobre el estado calamitoso de su balcón, Chiaki acude a Marie. A través de una serie de lecciones “entretenidas y convincentes, Marie ayuda a Chiaki a poner su hogar y su vida en orden”, se explica en la página. El argumento no le hace mucho honor al tema de la tesis de grado de Kondo, que trataba sobre limpieza, orden y perspectiva de género: la motivación de Chiaki para ordenar es la crítica de su guapo vecino y gracias a eso, podrá entonces ordenar su casa y, de paso, su vida.

 

Esa asociación entre orden de la casa y orden de la vida aparece como tópico central del libro. De hecho, varios pasajes recuerdan los característicos manuales de autoayuda. La autora cita a sus clientes agradecidos: “Mi esposo y yo nos llevamos mucho mejor”; “Por fin he logrado bajar tres kilos”; “Alguien a quien yo quería contactar hace poco me contactó a mí”.

 

Konmari parece que no sólo sirve para ordenar, sino que tras su aplicación también brota una energía positiva que rodea a las personas.

 

La llamada “gurú del orden” asume ese rol de líder empresarial con barniz pseudoespiritual, una fórmula que suele fascinar a los sectores corporativos.

 

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Lo curioso es que Kondo no habla inglés y a pesar de esa limitación es popular en Estados Unidos desde donde habla y se proyecta al mundo. La razón quizás esté en la “marca Japón” y cómo los productos asociados a esa marca penetran y circulan con éxito en el mercado global. Japón está de moda y cuando el producto japonés tiene la cuota exacta de japonesidad es vendible. Pero si esa japonesidad es excesiva, el producto no será absorbido por las sociedades locales. Por ejemplo, el sushi se adaptó al gusto estadounidense cuando le agregaron queso philadelphia (ante el horror de los japoneses). Lo mismo ocurre con konmari: el ingrediente espiritual inexistente en Japón se incorpora, y eso brinda el halo de japonesidad necesario al método, esencialmente pragmático.

 

La propuesta social se transforma en un producto comercial muy vendible tras el maquillaje simbólico-cultural requerido para garantizar aceptación y un consumo localizado en Estados Unidos, desde donde se proyecta al mercado global.

 

El método también ha sido analizado desde la perspectiva del consumo y sus dinámicas: el esfuerzo por comprar y el ritmo de obsolescencia de los objetos, el impacto ambiental y cómo lograr que lo que es superfluo para algunos llegue a quienes podrían necesitarlo.

 

Quizás la propuesta de Marie Kondo, despojada de la parafernalia espiritual y pensada en términos colectivos (es decir, sin quedar reducida a “la salida individual”) pueda contribuir en este sentido. Sin embargo, por ahora, parece que la serie de Netflix es la responsable del aumento en las ventas de cajas y contenedores. Algunos hasta aseguran que el método sólo sirve para liberar espacio y poder seguir comprando más y más. Pero eso sí, sin acumular.

 

 


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