Durante los últimos diez años, la demanda de justicia de sobrevivientes, amigos y familiares de las 194 víctimas del incendio en el recital de Callejeros fue constante. ¿Cómo se posicionaron para denunciar la tragedia? El Doctor en Antropología Diego Zenobi rastreó las trayectorias de los integrantes del movimiento para entender los sentidos que cobró la política en sus acciones contra la impunidad. Fragmento de “Familia, política y emociones. Las víctimas de Cromañón entre el movimiento y el Estado”, publicado por editorial Antropofagia.



Fotos: Diego Zenobi

 

En función de su objetivo de alcanzar justicia 1, a lo largo de su lucha los familiares del movimiento establecieron diversas y variadas relaciones con actores políticos tales como legisladores, políticos profesionales, militantes, etc. En ese contexto, al mismo tiempo que ven en la lucha una cuestión esencialmente política, algunos de ellos no ocultan su preocupación por la posibilidad de que la misma se politice, esto es, de que sea ‘usada’ para fines definidos como ajenos a la búsqueda de justicia. Para ellos este riesgo estaría representado tanto por los políticos profesionales y por los militantes como por algunos familiares politizados que participan del movimiento.

 

Desde algunas investigaciones a las que he enmarcado bajo el tipo de explicación denominado como Modelo de Antígona, la oposición de algunos familiares a la politización ha sido tratada como una resistencia a reconocer el carácter político de la demanda a partir de una supuesta oposición entre la ‘familia’ y la ‘política’. De un modo contrario, en el presente capítulo mostraré que la oposición a la politización no implica un desconocimiento ni un rechazo a la política, sino que exhibe una forma de hacer referencia  a otros familiares. Al explicitar el significado nativo de la noción de politización, pretendo restituir el sentido ambiguo que la política reviste para los actores movilizados.

 

La politización en disputa: la génesis de nuevos grupos

 

Al mismo tiempo que los familiares impulsaban acciones políticas en el marco de espacios institucionalizados como la Legislatura de la Ciudad, y trababan relaciones con los actores vinculados a los mismos, el movimiento iba tomando su propia forma. A lo largo de ese proceso las nociones locales de política y las evaluaciones sobre cómo ‘usarla’ jugaron un papel fundamental. Esto es lo que muestra el proceso de conformación y posterior disolución de la Comisión de familiares de Cromañón (CoFaCrom), uno de los grupos del movimiento.

 

Al día siguiente del incendio, Miri2 y su marido pudieron saber que ellos no eran los únicos familiares de Cromañón del Partido de La Matanza sino que más de una decena de jóvenes de la zona habían fallecido en el incendio. Luego de enterarse de las malas noticias, algunos militantes políticos del partido de izquierda Frente Obrero Socialista (FOS) que militaban en esa zona promovieron la realización de un corte de ruta o ‘piquete’. Muchos parientes y amigos de los fallecidos, así como sobrevivientes del incendio, se sumaron al mismo con el objetivo de pedir justicia. Miri fue una de las primeras personas que los militantes del FOS fueron a buscar para participar del corte. Sin embargo, a causa del estado de ánimo devastado y del cansancio agotador producto de la búsqueda de Darío realizada la noche anterior, ella no pudo hacerse presente. Miri estaba abatida por el dolor y no podía movilizarse: estaba confundida, agotada, desalmada.

 

Dos días después del incendio, Darío fue velado en una cochería cercana a su casa. En otro salón de la misma casa velatoria, al mismo tiempo, se estaba velando a otro joven de la zona fallecido en el siniestro. Los salones estaban repletos de amigos, sobrevivientes del incendio y familiares de los jóvenes, algunos de los cuales se habían encontrado el día anterior en el corte organizado por los militantes del FOS. En el velorio, Miri y Leandro conocieron a Gustavo y a su mujer, los padres del otro joven que estaba siendo velado. Casi una semana después del entierro de sus respectivos hijos, los dos matrimonios fueron a la primera marcha convocada en la zona del barrio de Once en demanda de justicia.

 

 

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En la marcha se encontraron con varios vecinos de su zona que eran parientes, amigos de jóvenes fallecidos o sobrevivientes del incendio. Asimismo, pudieron reconocer a algunos familiares con los que se habían cruzado unos días antes, durante la búsqueda de los chicos. Tal era el caso de Gutiérrez y su hijo, con quien Miri recordaba haber tenido una charla la misma noche del incendio, en el CGP donde se concentraba la información sobre los internados y fallecidos. Junto a Gutiérrez había algunos militantes del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST). Luego de ponerse en contacto e intercambiar sus teléfonos y direcciones, decidieron organizar una reunión al costado de las vías de la estación de tren cercana a su barrio de La Matanza para debatir como continuar con las acciones de demanda pública. En esa reunión daría sus primeras señales de vida la Comisión de familiares de Cromañón.

 

A diferencia del resto de los grupos que se iban conformando, en CoFaCrom participaba muy activamente un gran número de militantes de partidos de izquierda, que se esforzaban porque los familiares se vincularan entre sí y participaban muy activamente en la organización del mismo.3

 

Con el paso del tiempo, el grupo se fue nucleando en torno de las figuras de Gutiérrez y de Mariela Marconi. Estos padres, vecinos de la zona oeste del Gran Buenos Aires, se habían conocido en uno de los cortes. Pero su condición de vecinos no era su única coincidencia sino que, además, ambos tenían una historia de militancia. Mariela militaba en el sindicato de empleados municipales (SUTEBA). Gutiérrez, por su parte, había militado en los ’80 en el Movimiento al Socialismo (MAS), y en ese momento militaba en el MST.

 

Con el correr de los días, estos padres comenzaron a estrechar vínculos entre sí y con los miembros de los diversos partidos y organizaciones que estaban a su alrededor.

 

Desde la perspectiva militante de estos padres la organización de los familiares de los fallecidos era el primer paso necesario para enfrentar al poder. Como parte de la organización del grupo, a los militantes que ya participaban del mismo comenzaron a acercarse otros, puesto que Gutiérrez y Mariela Marconi impulsaban su participación. Miri, que nunca se había acercado a espacios de militancia, conocía de vista a algunos de ellos porque eran vecinos del barrio. Pero quienes se iban sumando al grupo eran vistos como personas ajenas a su propia causa por no haber tenido vínculo alguno con el incendio: ellos no eran familiares ni sobrevivientes, no eran novios ni amigos. Mientras estos jóvenes se preocupaban por organizar el grupo y promover acciones tales como cortar la ruta, ella recuerda que en esos primeros tiempos “no me salía hacer eso de cortar la ruta o juntarnos… no entendía bien que es lo que había que hacer, cómo manejarme” (entrevista a Miri, julio de 2009).

 

Las primeras actividades de demanda impulsadas por CoFaCrom fueron vividas por Miri como acciones interesadas que, según ella, contaminaban el reclamo puro por la muerte de Darío. Creía que sus compañeros tenían un comportamiento politizado, que buscaban sacar provecho político de una situación que todos vivían como dolorosa. Ellos pretendían usar Cromañón:

 

venían con una ideología que nos querían meter en la cabeza cosas políticas, manifestaciones, ir a lugares a pedir cosas. Ellos dirigían todo en las reuniones y había un listado con las necesidades de los familiares para reclamarle al gobierno (…) Pero estaba la muerte de mi hijo y yo no podía lucrar con eso (Ibídem).

 

Para Miri, al participar activamente en el grupo y tener un rol destacado en el mismo, estas personas podían imponer cosas políticas ajenas a la demanda de justicia. Cuando presentó sus desacuerdos con ciertas formas de proceder a las que consideraba como inadecuadas, encontró como respuesta de los militantes que sabían lo que hacían, porque tenían muchos años de militancia. Pero, a pesar de su falta de experiencia, para ella debían ser los familiares quienes tomaran las decisiones:

 

nosotros estábamos en desacuerdo con que esa gente venga a decirnos qué hacer. Todo lo que nosotros hiciéramos, así fuera bien o mal, era por decisión propia, y no impulsados por un partido político. Ellos sí sabían bien qué era lo que querían, pero nosotros no. A mí me daba miedo que alguien me diga –Tenés que hacer tal cosa, y vamos, la hacemos (Ibídem).

 

A pesar del interés demostrado por los militantes en organizar la protesta, en las primeras reuniones de CoFaCrom Miri y Gustavo rechazaban la participación de los partidos y agrupaciones. Ella se sentía incómoda con esa presencia porque pensaba que su demanda estaba lejos de ser política: “yo decía que Cromañon no tenía nada que ver con la política, porque a mi hijo lo mató Ibarra, lo mató Chabán… ” (entrevista a Miri, julio de 2009).

 

Para Gutiérrez, aquel familiar con trayectoria militante, la desconfianza abierta de algunos hacia los partidos de izquierda estuvo relacionada con la diferencia entre quienes tenían experiencia en ese terreno y quienes nunca habían participado en ese tipo de organizaciones. Ese rechazo fue visto por él como un rechazo a la politización: “por no tener experiencia política […] el tema de los partidos también disgustaba a mucha gente, se decía que se politizaba el tema Cromañón” (citado en Sanz Cerbino, 2009:362). Para él, los padres que no tenían conocimientos de “estrategia política” se equivocaban al considerar que los partidos políticos no debían participar de las movilizaciones: “sin partidos políticos no hubiésemos hecho nada, porque ésta era una causa política […].” (Ibídem).

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Al igual que Gutiérrez, también Miri entiende que las diferencias entre quienes traían historias y experiencias militantes y quienes no, precipitaron la ruptura del grupo. Las tensiones en torno de la participación de los militantes, la relación con los partidos políticos de izquierda, las formas de acción pública, el vínculo con otros movimientos de protesta y organizaciones, etc. se presentaron como un obstáculo para la continuidad de la comisión. A causa de ello, a mediados de 2005 Miri, Leandro, Gustavo y otros familiares decidieron separarse de CoFaCrom, que continuó siendo liderado por Gutiérrez y Mariela Marconi.

 

Quienes abandonaron CoFaCrom decidieron formar un nuevo grupo. Se trata de la Asociación de Padres de Hijos Asesinados en Cromañón (APHAC). La primera sede de APHAC estuvo ubicada en la localidad de La Matanza, en un local conseguido gracias a un funcionario político local. El local se mantuvo durante un tiempo gracias a las rifas que hacían estos padres y a que lo alquilaban para otras actividades. Ese lugar fue durante mucho tiempo el punto de encuentro en el que se reunieron semanalmente y en el que se encontraron los días 30 de cada mes con el objetivo de abordar los micros que los trasladaban a las marchas que se realizaban en la Capital Federal. Al igual que el local, los micros habían sido conseguidos gracias a la ayuda del mismo funcionario político que, según Miri, tenía buenos gestos con los familiares.

 

En los tiempos de CoFaCrom, Miri, Leandro y Gustavo consideraban que la lucha no era una cuestión política y que, en cambio, política era lo que hacían Mariela, Gutiérrez y quienes los acompañaban. Sin embargo, con el correr del tiempo ellos comenzaron a ver las cosas de otro modo: “al principio no lo relacionaba políticamente… hasta que después me di cuenta y dije ‘¡Sí, qué mierda no va a ser político, si los chicos murieron por toda la corrupción que hay en el gobierno!’” (Entrevista a Miri, julio de 2009). A partir de entonces, la muerte de Darío ya no fue considerada como una consecuencia exclusiva de la irresponsabilidad de individuos particulares como Ibarra o Chabán, sino de la corrupción del Estado y de los empresarios. Ella cree que de haberse cumplido con las normas de seguridad y de haberse controlado adecuadamente el local las muertes se podrían haber evitado. En este marco, el Estado corrupto es visto como el responsable de las muertes, debido a que sus agentes no realizaron adecuadamente su labor de verificación y control de las normas de seguridad de República Cromañón. Al considerar a los funcionarios políticos del gobierno porteño como responsables y al desplegar sus acciones públicas contra ellos, la lucha pasó a ser vista como una cuestión política.

 

Al mismo tiempo, los familiares de APHAC comenzaron a aceptar más abiertamente la participación de militantes en las reuniones del grupo. Así, mientras que su participación había sido uno de los motivos que condujeron a la división de CoFaCrom, en las reuniones de APHAC podía encontrarse a jóvenes miembros del FOS (Frente Obrero Socialista), del PCR (Partido Comunista Revolucionario) y del PO (Partido Obrero). Su presencia era considerada como positiva puesto que colaboraban en la organización de actividades, aportaban ideas, recursos, etc. Ahora, su presencia era vista como una cuestión natural puesto que, en una lucha política, no era extraño que participaran militantes políticos.

 

Mientras que Miri y Gustavo formaron APHAC, unas semanas  después de la separación de CoFaCrom Mariela y Gutiérrez decidieron formar la Asociación de Víctimas  de la Inseguridad Social en Argentina (AVISAR).4

 

(…)

 

Desde sus inicios, AVISAR se nutrió de militantes, la mayoría de los cuales habían seguido a Mariela y a Gutiérrez luego de la separación de CoFaCrom. Para los miembros de los otros grupos, el hecho de que AVISAR estuviera conformado por militantes y familiares que a su vez eran militantes le daba una fuerte impronta política. Además, AVISAR también se diferenciaba del resto de los grupos debido a que consideraban que la lucha debía orientarse contra el poder político, sin cargar las tintas contra los músicos. Finalmente, otra particularidad que distinguió a AVISAR del resto fue su escepticismo respecto de que el juicio político a Ibarra y el proceso judicial penal, sirvieran para alcanzar justicia. Gutiérrez definió al juicio político contra Ibarra como ‘una farsa, un circo mediático’. Al día siguiente de la primera interpelación al ex Jefe de Gobierno, señalaba que ese procedimiento había sido “una falta de respeto: Ibarra nunca contestó una pregunta (…) Yo dije que mentía y un grupo de papás al que pertenece Asturias me hacían gestos para que me calle (…) Yo sostengo una posición que es cantar, insultarlos, decirle que son asesinos” (citado en Sanz Cerbino, 2009:362). En claro y fuerte contrate con el grupo de Familiares nucleados en Que No Se Repita, desde este grupo desconfiaban de los caminos institucionales.

 

Si se quería alcanzar justicia, en lugar de seguir los procedimientos institucionalizados, para la gente de AVISAR era necesario sumar a los partidos políticos de izquierda y vincular la lucha con otras demandas políticas. Al vincularse con otras luchas, creían que el movimiento lograría avanzar en su politización y, como consecuencia de ello, se vería fortalecido:

 

Consideramos a las luchas de los trabajadores como propias y nos solidarizamos con ellas, y creemos que unificando nuestros reclamos y peleando junto a todos los sectores que luchan por sus justas reivindicaciones vamos a estar en mejores condiciones para continuar nuestra pelea.5

 

Como parte de esa lucha que representaba una continuidad en su larga historia de militancia y de su intento por politizarla, en el año 2007 Gutiérrez decidió presentarse como candidato a legislador por el partido denominado Frente de Izquierda. Esto fue interpretado por algunos de sus ex compañeros de CoFaCrom, como un intento de ‘usar’ el movimiento: veían en esa postulación la confirmación de que estos familiares tenían un compromiso interesado en alcanzar algún tipo de rédito político para su partido.

 

Con el objetivo de esclarecer el modo en que los propios actores sociales conducen sus conflictos, se ha señalado que resulta prudente prestar atención a aquellas acciones a las que consideran como ‘políticas’ o ‘politizadas’ (Cf. Borges, 2003). Entre quienes se presentan y reconocen como familiares, pueden reconocerse ciertas tensiones alrededor de la política y las cuestiones a ella asociadas. Como vimos, a partir de las diferencias entre los miembros de CoFaCrom en torno a la politización, se delimitó una frontera entre quienes actuaban de forma politizada y consideraban que esto era lo correcto y quienes evaluaban ese accionar como inadecuado y se oponían a ello. Miri y Gutiérrez realizaban evaluaciones sobre sus propias conductas y sobre las conductas ajenas apelando al término ‘politizar’, pero el modo en que lo consideraban resultaba diferente en cada caso.

 

En efecto, mientras que para Gutiérrez y los militantes la politización consistía en ampliar y generalizar su lucha, para Miri esto parcializaba y restringía el carácter de la misma, puesto  que implicaba conducirla según los intereses políticos y sectoriales de los militantes y de los familiares politizados. Sin embargo, para ella, la oposición a la politización no implicaba desconocer o evaluar negativamente el carácter político del movimiento y de sus acciones. Un análisis contextual y situacional permite dar cuenta de aquellos usos ambiguos, que expresaban una disputa alrededor de cómo debía conducirse la lucha.

 

Familiares, militantes y politizados en el movimiento

 

La formación de los grupos del movimiento fue paralela a la organización progresiva del mismo. Así, a medida que las víctimas se iban nucleando y rearmando sus relaciones según  sus afinidades como en el caso recién descripto, al mismo tiempo iban desarrollando los espacios de reunión y encuentro entre esos diferentes conjuntos.

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Como ya he señalado, las Reuniones de articulación de grupos de familiares, sobrevivientes y amigos de las víctimas de la masacre de Cromañón son el espacio semanal de encuentro del movimiento. Las mismas se realizan alternadamente en cada una de las sedes de los diferentes grupos y tienen como objetivo definir y coordinar las acciones públicas de demanda. En ellas participan personas que pertenecen a diferentes  grupos. Se trata de padres, parientes y amigos de jóvenes fallecidos, sobrevivientes del incendio y sus padres,  psicólogos sociales y militantes de partidos políticos que acompañan el reclamo. Si bien algunos militantes asisten  a articulación como miembros de sus organizaciones, una gran parte de ellos lo hace como integrantes de algún  grupo. Además de los que participan en APHAC y AVISAR, en los familiares nucleados en el grupo PASO, cuyo nombre formal es Memoria y Justicia Por Nuestros Pibes, participan algunas militantes de organismos de Derechos  Humanos que conocían a Patricia –la referente del grupo– previamente al incendio, a través de su actividad como educadora popular. Por su parte, en el caso de la ONG (grupo cuyo nombre formal es Familias por la Vida) diversos militantes que no forman parte orgánica del grupo han participado en sus reuniones durante un período de tiempo prolongado. Finalmente, Que No Se Repita es el único espacio en el que no participan miembros de organizaciones  y partidos políticos. Tal como se ha señalado en algunas investigaciones (Mauro,  2009; Isacovich, 2008), estas diferencias relativas a la participación de militantes expresan ciertas tensiones en torno a cómo se construye  la legitimidad de los grupos en el marco del movimiento.

 

(…)

 

Como ha señalado Isacovich (2009), el movimiento inscribe su demanda en relación a una tradición más amplia de familiares que han sido víctimas de la violencia estatal, como los que participan en la CORREPI o los organismos de Derechos Humanos, pero también en relación a otras organizaciones de familiares de fallecidos por otros motivos, tales como Madres del Dolor, los ‘padres de Kehivy’s’ o los ‘familiares de la AMIA’, entre otros. En las reuniones de articulación entre los grupos del movimiento, las decisiones se toman a través de un mecanismo al que sus participantes llaman ‘por consenso’. La toma de decisiones por consenso implica que quienes promueven diferentes posicionamientos deben buscar el modo de acordar y acercar esas posiciones diversas. Una vez que las personas que debaten consideran que hay un acuerdo todos reconocen que se ha establecido un consenso. Las posiciones consensuadas entre quienes participan en ese espacio se ven reflejadas en el documento que es leído en los actos de cierre de las marchas. De ahí que el nombre completo del mismo sea ‘Documento Consensuado entre familiares, amigos y sobrevivientes de la masacre de Cromañón’.

 

En los primeros años de funcionamiento de las reuniones de articulación el documento fue una producción redactada en conjunto. Pero con el paso del tiempo Patricia, la referente de Paso, fue adquiriendo un rol cada vez más importante en su elaboración aún a su pesar: “tomo lo que se está diciendo, lo que dicen todos los grupos y lo que hemos charlado en la Articulación. Y la verdad que hace mucho que nadie cuestiona lo que yo escribo. Hace mucho. A mí eso no me agrada” (citado en Isacovich, 2009:122). Tanto para quienes participan en la articulación como para quienes no asisten a la misma el documento tiene mucha importancia, puesto que es visto como una herramienta de difusión de las posiciones políticas del movimiento. Allí se expresa públicamente quiénes son los ‘amigos’ y quienes los ‘enemigos’ de la lucha.

 

Hacia mayo de 2006 comenzó a discutirse en articulación la propuesta de establecer vínculos con organizaciones y colectivos de protesta para conformar un ‘Movimiento contra la Impunidad’. En la reunión siguiente, de junio de 2006, se estableció la necesidad de crear una comisión de trabajo que tenía como objetivo tender puentes y coordinar actividades con otros movimientos de protesta. A su vez, se decidió comenzar a participar orgánicamente en las luchas de otros familiares. Así fue como se decidió aceptar la invitación a participar en una marcha organizada por los familiares de un joven víctima de la violencia policial fallecido unos meses atrás. Asimismo, en la reunión se decidió participar en los actos del 26 de junio, que recordarían la masacre del Puente Pueyrredón en la que fueron asesinados por la policía los militantes piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Estas decisiones eran muestras de solidaridad con otras luchas, cuestión vista como necesaria para que el movimiento también recibiera la adhesión de estos otros actores en demanda de justicia: “difícilmente logremos solidaridad hacia nuestra lucha, si no participamos de otras  acciones importantes contra la Impunidad, como este caso que es emblemático”.6

 

Entre los diversos grupos, QNSR es el único cuya participación en articulación siempre fue irregular. Ello se debe a que sus integrantes tienen ciertos desacuerdos con el funcionamiento de ese espacio y con las decisiones que allí se toman. A contramano de resoluciones tomadas en articulación como las señaladas más arriba, en variadas ocasiones desde el grupo se cuestionó el establecimiento de vínculos con otras luchas, por considerar que se trataba de propuestas de carácter político surgidas desde ese espacio y que desvirtuaban el pedido de justicia.

 

En ocasiones, algunos de los acuerdos alcanzados en articulación son vistos como una consecuencia de la participación en ese espacio de militantes y de familiares a los que llaman politizados. En virtud de sus trayectorias políticas, de la cercanía con los militantes y del tipo de acciones que promueven, Gutiérrez, el referente de AVISAR, y Patricia, la referente de Paso, son vistos como familiares politizados. Extrañamente, y quizás a causa de que en APHAC participan varios militantes, a pesar de que Miri no tiene trayectoria política y de que su propio grupo es producto de un cisma causado por su oposición a la politización, hay quienes también ven en ella a una madre politizada. Los familiares politizados aceptan a los militantes en sus grupos, y al revés, los militantes se acercan a los grupos con familiares politizados. Si en QNSR no hay militantes, ello se debe a que no hay familiares politizados.

 

Para ellos, los militantes y los familiares politizados tendrían intereses estrictamente políticos, mientras que el movimiento busca justicia, una cuestión esencialmente política pero que no tiene fines políticos. Por tal motivo, frecuentemente expresan su preocupación con respecto al riesgo de que la lucha se politice, esto es, que sea ‘usada’ para que se cumplan objetivos y fines que están más allá del reclamo de justicia.

 

Pablo Asturias es uno de los familiares que se ha mostrado preocupado por la politización de la lucha. Los primeros meses después del incendio él tomó distancia de los partidos de izquierda que participaban en las movilizaciones. Su opinión crítica sobre esa participación es considerada por él mismo como una dificultad impuesta por su propia trayectoria política, que no lo había acercado a los militantes del movimiento ni a sus organizaciones  sino que, por el contrario, lo había alejado. Para quien había estado relacionado con ‘la otra política’, la política profesional e institucionalizada, las acciones públicas de denuncia promovidas por el movimiento formaban parte de una nueva experiencia a la que debió ajustarse progresivamente: “al principio me molestaban los partidos políticos en Cromañón. Yo no tenía gimnasia en reclamos de este tipo (…) hoy puedo decir que los partidos y militantes que nos acompañaron siempre en el movimiento se portaron de forma impecable” (entrevista a Pablo, agosto de 2009).

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Analía es sobreviviente del incendio y hermana de un joven fallecido en esa ocasión. Ella participa activamente de QNSR y trabaja como abogada en el estudio jurídico de Pablo. Para Analía, la lucha tiene un carácter político inevitable. De un modo similar al señalado por Miri más arriba, cree que la política forma parte de la demanda de justicia en la medida en que el incendio fue un producto de las decisiones de un Estado que debía controlar el correcto funcionamiento del local, pero que no lo hizo a causa de la corrupción: “indudablemente el tema de la política no puede quedar al margen de lo que fue Cromañón, porque no solamente es un tema judicial. Inevitablemente tiene que ver con una cuestión política… por qué estaba habilitado el lugar (…)” (entrevista a Analía, julio de 2009).

 

Al expresar la relación entre el incendio y la política, ella entiende que si bien la política forma parte de la lucha, “no hay que equivocarse en el rumbo, porque hay muchas personas que usaron el apoyo político que tuvimos para otras cosas que no tenían nada que ver con Cromañón, entonces uno tiene que tener bien en claro el límite…” (Ibídem). Como cabría esperar, es justamente ese límite el objeto de las disputas entre familiares, familiares politizados y militantes. Quienes politizan Cromañón, dicen, se comportan inadecuadamente al usar la política para ‘otros fines’ que están más allá del límite señalado por esta hermana. Puede tratarse de militantes o de familiares que están politizados:

 

Hay familiares que politizan Cromañón (…). [Algunos] grupos tienen activistas políticos que participan en partidos. Al tener activistas políticos que participan en un partido político, inevitablemente llevan a que el familiar tome una actitud política… muchas veces esos familiares ya participaban activamente antes de Cromañón (…) Pero en Que No Se Repita no se dejó que se politice (entrevista a Analía, julio de 2009).

 

La idea según la cual la política forma parte necesaria de la lucha y, a la vez, puede ser usada en formas que resultan inconvenientes para el movimiento, no se limita al espacio de QNSR sino que excede sus fronteras. Como referente de la ONG, Hilda afirma que odia la política pero, a la vez, insiste en que ‘los familiares hacemos política’. Y de un modo similar a Analía de QNSR y a Miri de APHAC, enfatiza que debe evitarse que Cromañón sea ‘usado políticamente’ por los militantes y partidos políticos:

 

No quiero que haya gente que se aproveche de Cromañón, no quiero que nadie nos use, no quiero que nos usen los partidos políticos. Nosotros también hacemos política pero no es política partidaria, no somos del partido peronista, ni del PO, ni del MST. A mí me parece que los partidos políticos tienen que apoyar, acompañar (entrevista a Hilda, julio de 2009).

 

Los familiares que se muestran preocupados por la posible politización del movimiento no cuestionan la presencia de militantes en las reuniones de articulación en las que se toman las decisiones más importantes. Consideran, en cambio, que tal presencia es natural en el contexto de una lucha esencialmente política, y necesaria en virtud de que ellos acompañan a las víctimas. Por otra parte, difícilmente podrían cuestionar la presencia de los familiares politizados debido a que ellos también son vistos como víctimas. Debe comprenderse entonces que, para ellos, el movimiento no se ve politizado mecánicamente por la mera  presencia de militantes o de familiares politizados. Desde su punto de vista la politización ocurre, en cambio, cuando se toman ciertas decisiones en articulación que afectan a la vida pública del mismo. En el contexto descripto, la preocupación por la politización expresa una tensión relativa a cuál debería ser el papel en el movimiento de los militantes que acompañan, así como de los familiares politizados. Si hasta el momento ellos habían logrado imponer sus posiciones en articulación, conduciendo al movimiento a una politización cada vez mayor como creían desde QNSR, esto era una consecuencia de los mecanismos empleados para tomar decisiones en ese espacio.7

 

(…)

 

¿Hacia una política no politizada?

 

Considero que sería imprudente pretender generalizar para todo el movimiento los sentidos de política y politización que aquí he sugerido como significativos principalmente para los familiares de Que No Se Repita. Menos aún pueden extenderse sin más a otras organizaciones de familiares u otras épocas, ya que, en otros contextos, esos términos pueden ser utilizados para expresar cuestiones diferentes a las que aquí he señalado. Aplicando el mismo razonamiento, creo que tampoco puede apelarse a la noción de ‘politización’ como una categoría de análisis a ser utilizada para todos los casos de organizaciones de familiares de víctimas, como si ellos compusieran un todo homogéneo,  sin dar cuenta de los sentidos en pugna en cada caso.

(…)

En el marco del movimiento Cromañón hay una gran variedad de cuestiones que son vistas como políticas. Políticas son las actividades de quienes cumplen funciones de gobierno, y que han tomado la decisión política de no controlar los locales bailables como Cromañón; la actividad de los políticos profesionales y legisladores a los que reconocen y piden apoyo para el juicio político es política; también lo es la presencia de las organizaciones y militantes que acompañan, y que son bienvenidos a la vez que son vistos como peligrosos.

 

Si bien los familiares no son políticos profesionales  ni militantes, también la lucha comporta acciones de carácter político. Algunas de ellas se despliegan en las calles, mientras que otras, como la rosca y la opereta, responden a ‘otro tipo de política’. Todo el conjunto  de acciones y actividades orientadas a conseguir justicia son vistas como políticas, puesto que están en relación con los actores, procesos y espacios en los que tales actores se desempeñan y que son considerados de ese mismo modo. ‘Política’ (o ‘político’), entonces, es una cualidad estrictamente relacional inscripta en las prácticas que estos padres promueven, ya que está definida en función de qué se hace, con quién, en qué contexto y en función de qué objetivos o fines se lo haga.

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Al recuperar el carácter relacional de la categoría local, puede notarse que política incluye formas y modos de hacer que son apreciados de maneras distintas. Si la política está para  ser ‘usada’ y puede servir para hacer cosas buenas o malas, no se trata de un tipo de práctica que pueda ser definida esencialmente, esto es, por fuera del contexto de situación (Malinowski, 1964). La evaluación dependerá de cómo se consideren las acciones de los sujetos en las diversas situaciones en las que ellos ponen en juego sus personalidades sociales; esto es, las actividades políticas están encarnadas por personas concretas en situaciones concretas. Así, he mostrado que para los protagonistas del movimiento, paradójicamente, hay señales de compromiso con la lucha que son enviadas por funcionarios y políticos (como aquellos que votaron a favor de la destitución de Ibarra o colaboraron con el local y el micro en el caso de APHAC, por ejemplo). Al mismo tiempo, hay acciones políticas que pueden llegar a ser vistas como egoístas o espurias, que son impulsadas por familiares con los que comparten la misma experiencia de dolor.

 

En el contexto de Que no se repita, ‘politización’ es un término que exhibe el modo en que algunos familiares hablan de otros familiares cuyo accionar se ha acercado peligrosamente a modos de actuar que son sancionados como inadecuados. En un contexto en el que la política está disponible para ser usada, puede ocurrir que los militantes y los familiares a los que llaman politizados pretendan ‘usar’ la política para satisfacer sus propios intereses políticos y no como un medio para conseguir justicia. Entonces, aquella categoría expresa en términos morales las tensiones entre las formas consideradas como adecuadas e inadecuadas de conducirse en ciertas circunstancias.

 

Podría pensarse que son ‘familiares politizados’ quienes están cerca de los políticos y de los militantes. Pero la relación con los políticos o con los militantes no transforma automáticamente a un familiar en politizado. Sólo en ciertas situaciones específicas, esas cuestiones pueden resultar relevantes y tomar importancia como argumentos para la impugnación. También podría creerse que son así señalados quienes tienen trayectorias políticas. Pero Pablo y Juan no son considerados de ese modo. En este marco, –y teniendo en cuenta que “las ideas están aprisionadas en la acción” (Seligman, 1976:16)–, resulta central recuperar las situaciones específicas en que son movilizadas ciertas categorías nativas para lograr apreciar el modo en que los actores les otorgan sentidos diversos,  sobrepuestos y heterogéneos, y lidian con esas ambigüedades. 

(…) 

En el caso de las investigaciones sobre los familiares de víctimas de Cromañón a las que me he referido, la expresión ‘politización’ da cuenta, implícita o explícitamente, de un pasaje de lo familiar hacia lo político. Sin embargo, los modos locales de considerar  el término revelan un sentido diferente. Desde la perspectiva de los integrantes de Que No Se Repita, politización es una expresión que habla de un tránsito entre formas diversas de vincularse con acciones y prácticas vistas como políticas. Señalar que otros se han politizado es un modo de referirse a aquellos padres cuyo accionar se ha desplazado desde las formas valoradas por el hablante como positivas, hacia otras sancionadas como inadecuadas. Tratándose de un tránsito entre formas diversas de la política, resulta evidente que la politización no puede operar una transformación entre un estado previo (familiar) y uno posterior (político), tal como sostienen aquellos análisis que he enmarcado dentro del denominado ‘Modelo de Antígona’. Al mismo tiempo, se ha insistido en que la oposición a aquella politización  –en tanto transformación de lo familiar en político– habría sido un producto de los ‘prejuicios’ y de la opinión negativa de parte de los familiares sobre la política. A partir de lo analizado aquí puede verse que, de un modo muy diferente, politización no habla de una opinión negativa a priori sobre la política o los políticos, como si se refirieran a un dominio o a un universo negativamente valorado y opuesto a ‘lo familiar’, en tanto otro universo que sería, en cambio, bien visto. Se trata, en cambio, del modo en que la política es puesta en acto por personas concretas.

 

1A lo largo del libro destacaré con cursivas las categorías propias de los actores. Tal como señalo más adelante en esta introducción, considero de ese modo a términos tales como ‘lucha’,‘grupo’, ‘movimiento’, ‘familiares’, ‘violentos’, ‘politizados’, entre otros. Sin embargo, con el objetivo de facilitar la lectura, evitaré destacar a tales expresiones en todas las ocasiones en que aparecen citadas. En ese sentido, limitaré el uso de las cursivas a aquellas situaciones en las que es estrictamente necesario distinguir el uso de esos términos como categorías propias de los actores. En cuanto a las citas textuales –comilla doble– que no tienen referencia, las mismas han sido producidas en diversas situaciones de campo.

 

2 Con el objetivo de mantener el anonimato de los actores he optado por sustituir sus nombres originales por otros ficticios. Cabe destacar que la preocupación por mantener el anonimato de los actores no ha sido el único motivo para modificar sus nombres originales. Esa decisión me permitió tomar distancia durante el proceso de análisis y escritura de aquellas personas con las que entablé relaciones de amistad, empatía y afinidad luego de un trabajo de campo de varios años. En ese sentido, realizar tales cambios fue, en parte, una consecuencia de aquello que Rabinow consideró como una “tensión entre la distancia analítica por un lado, y la participación y empatía del antropólogo por el otro” (1992:85).

 

3 Entre los actores que participaron activamente para poner en contacto a estos familiares de La Matanza, debe señalarse también el papel del padre de Sebastián Bordón, un joven asesinado por la policía provincial de Mendoza en 1999. Él es un activista contra el gatillo fácil y vecino de la zona. Durante los primeros días de enero ese padre se acercó a Plaza Once con la intención de reunir teléfonos y direcciones de los familiares de la zona para colaborar con su organización (Sanz Cerbino, 2009).

 

4 En septiembre de 2008 volvió a darse un cisma. En esa ocasión AVISARsufrió un desprendimiento de la mayor parte de sus integrantes quienes pasaron a conformar la  Organización 30 de diciembre.

 

5  Comunicado de prensa publicado por AVISAR, octubre de 2008.

 

6 “Que  no nos quiten la plaza. Documento de los 17 meses, consensuado entre familiares, amigos y sobrevivientes de la masacre de Cromañón”.

 

7 Estos eran importantes temas de debate que alentaban la construcción de posiciones diferentes en el movimiento durante los primeros años. Con el correr del tiempo, las relaciones entre los familiares y los grupos se fueron modificando y muchos que en los inicios sostenían posiciones opuestas, fueron construyendo vínculos de cercanía. A modo de ejemplo puede señalarse el programa de radio conducido por miembros del grupo Paso y de QNSR o la campaña contra la impunidad llamada ‘Funcionario hacete cargo’ que impulsan junto a familiares y víctimas de otros casos.


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