El primer campeonato mundial en Argentina pasó de ser una “gran hazaña” a un símbolo para repensar la historia reciente. ¿Cómo entender los cambios en el discurso sobre este acontecimiento deportivo? ¿Quiénes se los disputan? La antropóloga de la Universidad Nacional de San Martín Lía Ferrero da algunas pistas para entender las tensiones en torno a este evento, un enclave para evitar el olvido y materializar el pasado.



Por: Lía Ferrero

 

El Mundial de fútbol celebrado en Argentina en 1978 fue desde sus inicios un evento controversial.

 

Aunque la definición de Argentina como sede para su desarrollo es previa al golpe de estado de 1976, y aunque en el gobierno de facto hubo posiciones contrapuestas a la hora de continuar con tal compromiso, el Mundial se llevó a cabo, entre otras razones, para demostrarle al mundo entero cuál era la verdadera Argentina. Esta idea de la verdadera argentina dialogaba con la llamada campaña antiargentina.

 

El evento Mundial es recuperado y resignificado a través de los años por diferentes colectivos sociales, entre ellos por quienes fueron contemporáneos y participaron del mismo en tanto espectadores o público.

 

Esas resignificaciones varían de acuerdo a la trayectoria colectiva o individual de los actores que incurren en el proceso de recordación y conmemoración del evento mundialista.

De todos modos, más allá de las diferencias a la hora de la elaboración de un discurso que incluya al Mundial 78 como parte del devenir histórico/ futbolístico de los argentinos, aparece como obligatoria la vinculación con la dictadura militar que gobernó de facto a la Argentina entre 1976 y 1983. ¿A qué responde ello?

La obtención de la primera copa mundial de fútbol fue ampliamente celebrada en los estadios, calles, hogares y en los medios de comunicación argentinos de la época, según surge de periódicos y revistas y relatos de quienes vivenciaron en primera persona ese mundial.

 

La dictadura militar montó sobre el evento deportivo un dispositivo propagandístico de grandes proporciones con fines, podríamos decir entre otros, pedagógicos. Se construyó un enemigo externo, responsable de organizar una campaña antiargentina en la medida en que eran denunciadas en el exterior las violaciones a los derechos humanos que se perpetraban en el país; paralelamente a otro interno, los subversivos, quienes atentaban contra los valores morales esenciales de los argentinos 1.

 

Para contrarrestar el accionar y los discursos de esos enemigos, se reproducían voces de autoridad quienes a través de sus elogios legitimaban al gobierno de facto 2 y se presentaba el evento a la ciudadanía local como una oportunidad única para demostrarle al afuera cual era la realidad argentina: un país que estaba de fiesta, dispuesto a recibir con los brazos abiertos a los visitantes con esa esencialbuena predisposición que lo caracteriza. El Mundial se desplegaba como una vidriera, donde desde el poder de facto se elegían qué aspectos presentar al resto del mundo, y cuales ocultar.

 

En la misma medida en que se realzaba esa buena predisposición local, se les recomendaba a los argentinos comportarse amable y correctamente ante los extranjeros que visitaran el país; para evitar dejar en ellos una mala impresión.

 

Con el título, la euforia se apoderó de los medios de comunicación 3. Se llenaron páginas y editoriales sobre la merecida fiesta que significó el título mundial, el apoyo masivo que recibió la organización del mismo por parte de los ciudadanos, con lo que el triunfo de la selección fue homologado al triunfo de la nación, visible en el delirio en las tribunas, la algarabía reinante, y la reproducción de los festejos tanto en las calles de Buenos Aires como en todo el país.

 

Esta uniformidad en el discurso se logró entre otras cosas, a través de censuras y/o advertencias a periodistas y/o medios que intentaran publicar discursos disonantes 4.

 

En los dos años siguientes al mundial, cada 25 de junio se recordó en la prensa local la gran hazañarealizada por Argentina como un día inolvidable. Esta recordación se repite con alguna intermitencia hasta el año 1983; aunque ya se empiezan a poner en duda algunas cuestiones relativas a la organización y el manejo económico-financiero de la misma.

 

El diario La Opinión el 25 de junio de 1979 en su tapa reproduce la tapa del suplemento deportivo de un año atrás con el titular “El país revive la hazaña que logró hace solo un año”. Un año después no hace ninguna mención 5.

 

La Nación en 1979 también hace referencia a “La hora de la fe” en ocasión del 1º aniversario del campeonato; un año después vuelve a recordar el evento “A dos años de la gran conquista”; mientras que en los años posteriores las recordaciones se diluyen.

 

Ya en democracia, no se hacen grandes recordaciones hasta que en 1986 Argentina es nuevamente campeón del mundo; esta vez fuera del país y en un contexto político y sociocultural local diferente. Inevitablemente se rememora el primer campeonato y se realizan comparaciones entre ambos.

 

Los sucesivos campeonatos mundiales, todos con participación argentina, fueron siempre ocasión oportuna para hacer alguna referencia al desempeño histórico de la selección nacional; sobre todo en aquellos en los que obtuvo la copa. A 20 años del primer grito campeón, el 25 de junio de 1998, durante el Mundial de Francia, todavía se recordaba el primer grito al mundo destacando la conquista y a los jugadores –sus protagonistas.

 

 

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Dos años después se puede constatar que en la prensa se produce un viraje discursivo notorio, en la medida en que ya no se va a hablar más del Mundial 78 en tanto evento futbolístico; sino que se lo va a encontrar siempre asociado a la dictadura y a la opacidad que esa vinculación provoca.

 

El 26 de junio del año 2000, el diario Clarín publica una entrevista entre Tati Almeida, madre de Plaza de Mayo -línea fundadora- y un ex jugador de la selección nacional de 1978, una asociación inevitable:

 

Un brillo que no brilla en cualquier mirada sale como luz, como potencia o como fuego de los ojos de Tati Almeida. Tati está tensa, indisimulablemente tensa, con su horizonte entero ocupado por el rostro de un hombre al que nunca antes había visto de cerca. Enfrente tiene a Ricardo Julio Villa, alguna vez un gran futbolista, hoy un señor que se expresa suavemente y que, como Tati, también está tenso. En Buenos Aires empieza un atardecer que esparce fríos. Una asociación inevitable: también era frío otro junio, el de 1978, cuando en la Argentina la condición humana distribuía espantos y el fútbol se convertía en éxito (…)


Tati: ¿Ustedes estaban al tanto del horror que se vivía, de la gente a la que se mataba mientras se jugaba al fútbol?


Villa: No, para nada. Cuando me propusieron esta charla yo acepté porque tengo la fuerza moral suficiente y porque siempre creo que lo mejor es dar la cara. Pero lo cierto es que no me siento partícipe ni cómplice de los militares. Aunque parezca tonto, fui un futbolista al que le tocó vivir una época de mierda de la Argentina. Hoy reniego de aquellos tiempos, ojalá hubiéramos podido tener este diálogo en aquel momento y la personalidad como para denunciar algo. Y estoy convencido totalmente de que me hubiera gustado luchar para que la Argentina se diera cuenta de lo que pasaba.


Tati: Es importante que lo sientas.


Villa: Es así, lo siento realmente. Yo pienso que me puedo equivocar, pero trato de ser sincero conmigo. No con vos, te lo digo con todo respeto. Creo que uno tiene que sentirse bien con uno.


Tati: ¿Tus hijos no te han preguntado qué hacías en esa época?


Villa: Sí, mi hija mayor estudia Ciencias Políticas y tiene cuestionamientos. Pero hablo con ella más o menos lo mismo que charlo con vos. Mis hijos entienden, aunque no comprenden cómo pudieron pasar todas las atrocidades que ocurrieron. Cuando vi la película La noche de los lápices se me revolvieron las tripas. Me pongo a pensar que a los jóvenes los raptaban, los manoseaban, los ultrajaban, por el solo hecho de pensar distinto… Pienso en mis hijos (…)


Tati: ¿Pero sabían que había represión en la Argentina?


Villa: Nos decían que había buenos y malos, y que los malos nos podían atacar. Eso respondía a nuestra pregunta sobre por qué había tanta policía siempre. A veces hasta había tiros, pero nos acostumbrábamos porque el ser humano es un animal de costumbres. Pero no hablábamos porque no sabíamos (…)


Villa: Ahora que te escucho, tengo que decirte que encontrarme con una Madre me producía y me produce un poco de miedo, pero sobre todo mucho respeto. ¿Sabés por qué? Porque mis luchas y mi participación son muy livianas comparadas a las de las Madres.
Tati: Te voy a ser sincera. Cuando me dijeron que iba a hablar con vos, yo también tenía un poco de miedo porque, de alguna forma, representaste una época… pero después de escucharte hablar, me di cuenta de que decís cosas muy interesantes, muchas realidades, es muy fuerte escuchar lo que decís (…).

 

Un año después, el 27 de junio de 2001, el diario La Nación ubica al Mundial 78 en una misma trama discursiva que otros eventos deportivos realizados en contextos políticos y sociales convulsionados:

 

Algo de historia. Muchos fueron los momentos en las que grandes competencias deportivas atravesaron situaciones de tensión política similares a la que hoy se vive en Colombia. Entre los más recordados se encuentran los Juegos Olímpicos de México de 1968, cuando los estudiantes universitarios estaban enfrentados con las fuerzas armadas de aquel país. Algunos años después, la Argentina fue centro de la escena con el Mundial de fútbol 1978, en pleno proceso militar; en el 79, el Campeonato Sudamericano Juvenil en Uruguay se realizó en medio de los choques entre los Tupamaros y el ejército de aquel país. Hace dos años, Paraguay, durante la disputa de la Copa América, vivió un caos social ante la acefalía gubernamental. 

 

Para cuando se cumplieron los 25 años de aquel primer campeonato obtenido por Argentina, la AFA organizó un partido homenaje en el estadio de River Plate en Buenos Aires, en el que a además se premiaba a Gabriel Batistuta por ser el mayor goleador de la selección nacional de fútbol.

 

Aquel titulo que desató la alegría y la emoción de cientos de miles de argentinos en 1978, en 2003 solo movilizó al estadio a unos 5000. En ese festejo, los jugadores ex jugadores del ’78 continuaron siendo el centro de atención; parte de la celebración incluyó medallas para ellos.

 

Si bien la prensa en los días previos se limitó a hablar del reconocimiento que iban a recibir los ex jugadores y de la fiesta que se realizaría en su honor, crónicas posteriores dan cuenta de la intervención que tuvieron organizaciones de Derechos Humanos, así como del énfasis que hicieron en la asociación Mundial-dictadura/violaciones a los derechos humanos:

 

Como tantas otras veces, lo deportivo no pudo despegarse del entorno que tuvo aquel mundial, y distintas organizaciones de derechos humanos dejaron su marca en las inmediaciones del estadio Monumental para recordar que hubo reiteradas violaciones a los derechos humanos durante la dictadura que cobijó el evento.


En las paredes exteriores del escenario aparecieron siluetas que evocaron a los desaparecidos con leyendas que recordaron que “adentro se ganó un mundial, afuera se perdió un país” o “Mundial de desaparecidos”, entre otras (Infobae, 9 de julio 2003).

 

Fútbol y dictadura son reflejados como un continuum inseparable. Al aparecer el deporte como objeto de uso, abuso y herramienta para legitimar las atrocidades cometidas por la dictadura; se empieza a plantear al evento Mundial 78 como un espacio para no olvidar. Incluso hay quienes hipotetizan la posibilidad de cierta complicidad entre quienes participaron del mundial y las acciones llevadas adelante por el gobierno dictatorial.

 

 

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A 30 años obtener el primer campeonato mundial, el eje de recordación sufrió un claro desplazamiento. El 29 de Junio de 2008, se celebró en el estadio de River Plate –“La otra final, el partido por la vida y los derechos humanos”-, como acto de desagravio a los detenidos-desaparecidos durante el último gobierno de facto. La ceremonia incluía una marcha presidida por Madres de Plaza de Mayo -Línea Fundadora- y el premio Nobel de la Paz, Adolfo Perez Esquivel desde la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) hasta el estadio de River Plate. La celebración empezó en la ex-ESMA, donde se reunió un grupo relativamente pequeño de gente. La marcha hacia el club millonario fue enarbolando la bandera con las fotos de los detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar.

El trayecto recorrido por Av. Del Libertador marcaba los intereses contrapuestos entre el grupo que marchaba, y los automovilistas apurados, que aún siendo fin de semana, molestos por las demoras tocaban bocinas; y desde los edificios o veredas los vecinos o paseantes miraban con cara de curiosidad y desentendimiento.

 

En el estadio, una de las tribunas estaba reservada para los 30.000, con una inmensa bandera que delimitaba ese espacio, simbolizando su presencia.

 

La bandera con las imágenes de los detenidos desaparecidos llevada por miembros de los Organismos dio una vuelta olímpica. Cuando pasaron por donde décadas atrás se había ubicado el palco ocupado por Videla, Massera, Agosti y demás responsables de la dictadura militar -marcado este hecho por el locutor del evento- el público reaccionó con silbidos.

 

El locutor ubicó contextualmente a la dictadura argentina dentro de las dictaduras latinoamericanas, y la responsabilidad de los EEUU ante tales procesos. Y al Mundial como estrategia para ocultar, engañar no solo a los argentinos, sino al mundo entero. El Mundial se uso para taparTapar el horror.

 

La otra final estuvo organizada por el Espacio Instituto para la Memoria de la Ciudad de Buenos Aires, y convocado por Organismos de Derechos Humanos. Su objetivo era explícitamente “recordar y debatir respecto del Mundial 78 y su relación con los Derechos Humanos”. El homenaje -en ese caso, ya no era a los ex jugadores del 78-, ni se recordaba la tan mentada hazaña deportiva, sino que pasaban al centro de la escena los detenidos-desaparecidos. Clarín decía:

 

Se hizo una marcha desde la ESMA hasta River y luego se jugó “la otra final”

El partido de la memoria
Homenaje a los desaparecidos con la presencia de tres campeones mundiales, Houseman, Villa y Luque. Hubo casi 20.000 personas en el Monumental (30 de junio 2008).

 

El premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Ezquivel definió la ocasión como: “una final por la vida, por la democracia y para hacer memoria” 6. Al abrir el acto el secretario de Deportes de la Nación, Claudio Morresi, recordó que: “Hace 30 años, la dictadura utilizaba el deporte para imponer el terror” 7.
La Nación publicaba:

 

Un respetuoso homenaje, con muy poca esencia deportiva
En el marco del recuerdo de los desaparecidos durante la última dictadura militar se organizó un partido en el Monumental, donde la Argentina obtuvo el título, en el que sólo estuvieron tres de aquellos campeones

 

El recuerdo y el frío tienden un lazo de 30 años en la historia argentina. El estadio Monumental tiene palcos nuevos, pero a grandes rasgos es el mismo sitio donde en 1978, durante la última dictadura militar, la selección de fútbol dirigida por César Luis Menotti consiguió el título mundial frente a Holanda. En el marco de una serie de actividades en memoria de los desaparecidos durante aquel período, el inmenso estadio de River volvió a ser el escenario, pero en este caso no para cobijar a miles de gargantas envueltas en bufandas celestes y blancas, sino para tenderles un homenaje a quienes fueron protagonistas del primer campeonato mundial obtenido por la Argentina. Claro que apenas Julio Villa, Leopoldo Luque y René Houseman asistieron a su propia conmemoración (30 junio 2008).

 

Ese fue, hasta ahora, el último de los grandes eventos recordatorios del mundial 78.

 

De ser recordado como la gran hazaña realizada por los jugadores del ‘78, el mundial fue resignificado como espacio para homenajear a los detenidos-desaparecidos; aquellos que precisamente por estardesaparecidos, no pudieron participar del mismo. ¿Cómo entender entonces, este cambio?

 

 

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Recordar para no olvidar lleva implícita una noción archivística de la memoria, la memoria en tanto archivo del pasado que es necesario mantener activo para no olvidar. El olvido puede conducir a la repetición de la historia, esa es una de las marcas del terror. Esta memoria se ancla en determinadoslugares. El Mundial 78 ha sido construido en los últimos años como uno de esos lugares, producto del incansable accionar de organismos de Derechos Humanos.

 

Pierre Nora (1989) denomina lugares de la memoria a monumentos, cementerios, festivales, aniversarios, santuarios, etc. que son los enclaves del pasado en el presente. En la medida en que se considera a la memoria como una construcción en la que diferentes agentes con diversos objetivos participan, en esa disputa la tarea de estos lugares de la memoria es la de conservar recuerdos, aprisionarlos, no dejarlos libres, congelarlos, ya que de otra manera serían olvidados.

 

Recordar al Mundial 78 casi exclusivamente como un dispositivo del gobierno dictatorial refuerza y genera un anclaje más para esa memoria, estructurando y reforzando una identidad social.

 

Sin la intención de recordar, no existirían estos lugares de la memoria. Su particularidad reside en que son mixtos, híbridos, cambian, ya que están íntimamente vinculados al devenir. Solo existen por su capacidad de transformación, sobre todo si se tiene en cuenta que su propósito principal es detener el tiempo, evitar el olvido y materializar el pasado.

 

Aunque el significado de esos lugares puede variar con el tiempo para cada contexto histórico, es en cada contexto histórico que se establecen los contenidos o referencias a los que remiten tales lugares, producto de luchas sociales y de poder.

 

Con la consolidación en la escena pública de los organismos de Derechos Humanos en Argentina, considerar que el mundial 78 ha sido transformado en un lugar de la memoria con contenidos específicos puede ayudar a entender la imposibilidad de actualizar dicho evento por fuera de su espuria vinculación con la dictadura militar.

 

Aquel grito campeón de 1978, recordado y festejado durante algunos años, ya no se escucha de la misma manera, en su lugar otras voces definen qué y cómo gritar para recordar aquella hazaña. De esa manera el mundial 78 ha sido transformado y devuelto a la sociedad como un evento donde lo deportivo y lo afectivo quedan subsumidos en la ilegalidad y la ilegitimidad.

 

 

***

 

 

1 Ferrero, Sazbón, 2007
Voces provenientes del mundo del deporte nacional, la literatura, la Iglesia, la farándula local, medios de comunicación extranjeros, etc. se expresaban favorablemente sobre el evento.
3 Fueron consultaros los diarios La Nación, La Opinión, La Prensa, Clarín, La Razón, El Cronista Comercial; y las revistas Gente y El Gráfico. Todos ellos entre Mayo y Julio 1978. Y luego para cada conmemoración.
Hay testimonios de Víctor Hugo Morales, entre otros, haciendo referencia a la censura que se vivió durante el evento mundialista.
El diario dejó de publicarse en febrero de 1981
6 Clarín, 30 junio 2008.
7 Crítica, 30 junio 2008.


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