Tan amado como odiado por su manera de surfear entre la coyuntura social, sus intereses y los códigos de la política, De la Sota supo construir poder y trascender los límites del cordobesismo. Al periodista Dante Leguizamón, el "Gallego" nunca le cayó simpático, siempre se le paró en la vereda de enfrente pero reconoce en De la Sota a un líder querido por una parte importante de los cordobeses y que trabajaba para ser protagonista de un nuevo peronismo.



Fotos: Gentileza La voz del interior

 

Este texto fue leído como carta editorial del programa Otra Vuelta de Tuerca que Dante Leguizamón conduce de lunes a viernes de 16 a 17 por Radio Universidad de Córdoba.

 

El sábado 15 de septiembre, minutos antes de las 20, José Manuel de la Sota murió al protagonizar un espectacular accidente de tránsito sobre la ruta 36 que une la ciudad de Río Cuarto con Córdoba capital. El ex gobernador manejaba a 170 kilómetros por hora y chocó con un camión que transportaba cereales. Escuché la descripción de la escena en boca de la primera persona que llegó al lugar, una mujer policía. Ahorro los detalles de su descripción espeluznante. Me limito a decir que, con el impact, su cara atravesó los airbag del auto más seguro del mundo, como publicita al VolvoXC60 la empresa sueca que lo fabrica. El parte oficial utiliza el eufemismo “severo traumatismo de cráneo”, y creo que es mejor quedarse con esa idea.

 

Creador del cordobesismo, José Manuel de la Sota es -como dijo en el sepelio el gobernador Juan Schiaretti- el referente más importante de la historia del peronismo de la provincia.

 

Desde esa noche pienso si dedicar o no esta editorial a De la Sota, hoy. Si corresponde, si tiene sentido. Algo me dice que la respuesta es “no”, y está fundada en el miedo a hablar de más, a ser inoportuno, a faltarle el respeto a la memoria de un hombre que es mucho más de lo que alguien como yo piensa de él.

 

Entonces voy a decir algunas cosas con miedo a arrepentirme y vamos a dedicar Otra Vuelta de Tuerca a hablar de la política y de De la Sota.

 

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En las redes sociales predominan cuatro posturas. Antes de explayarme quiero aclarar: el impacto de esta muerte no se mide en las redes. Eso queda en evidencia ante las miles de personas que fueron a despedirlo domingo y lunes. A dos de esas posturas las voy a dejar de lado: a la que insulta o hace chistes desagradables y a la otra que lo juzga para lograr lo de siempre, quedar siempre limpio.

 

Las otras dos posturas, las que me interesan, son las siguientes: una apunta a convertir a De la Sota en un imprescindible (como si no todos los seres humanos lo fuéramos), interpreta su vida política y su gestión como irreprochables. La otra le adjudica todos los males por los que atravesó la provincia.

 

El ex gobernador es el hombre que les reprochó en un acto público a las Madres de Plaza de Mayo no haber cuidado a sus hijos. Es cierto. ¿Resume eso a De la Sota? No.

 

De la Sota fue el creador del primer y único Cuerpo Especial de Protección de Testigos (para víctimas de Lesa Humanidad). Lo hizo antes de terminar su segundo mandato y meses después de la desaparición de Julio López. ¿Resume eso a De la Sota? No.

 

Juan Schiaretti –además, su socio político- dijo mientras lo despedía que De la Sota fue un “valuarte de la división de poderes al crear el Consejo de la Magistratura y no designar nunca más un juez”. Es cierto: creó el Consejo de la Magistratura. Pero antes de hacerlo declaró una emergencia judicial que duró el tiempo suficiente para negociar con el máximo tribunal de justicia de Córdoba 35 puestos. ¿Resume eso a De la Sota? No.

 

De la Sota creó un fuero anticorrupción, pero desde que se creó ese fuero sus integrantes nunca avanzaron certeramente en ninguna investigación de un caso de corrupción. Esconder la corrupción propia fue parte de su estrategia política pero al mismo tiempo el ex gobernador fallecido es uno de los pocos referentes del antikirchnerismo que no usó el tema de la transparencia como herramienta para criticar a ese movimiento. Eso es lo que le permitió acercarse en los últimos tiempos al kirchnerismo. ¿Resume eso a De la Sota? No.

 

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De la Sota (junto con su socio político Juan Schiaretti) llevó a la brutalidad lo que conocimos en Córdoba como el Código de Faltas. Esta norma promovía desde el Estado las detenciones ilegales por portación de rostro, criminalización que la clase media cordobesa pidió, estimuló y festejó.

 

En la despedida, Schiaretti dijo también que De la Sota fue un protector de la libertad de expresión. El autor de esta nota fue amenazado por el Jefe de Policía de De la Sota (un hombre llamado Julio César Suárez) que fue condenado por esas amenazas a comienzos de este año. Creo que ese dato, sumado a que De la Sota protegió, mantuvo en el cargo y financió la defensa del amenazador, debería hacer caer ampliamente esa afirmación.

 

De la Sota construyó 500 escuelas en Córdoba: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y sigamos contando hasta 500. Lo hizo con la empresa Electroingeniería y pensemos también en los miles de chicos que hoy habitan esas aulas. ¿Resume eso a De la Sota?

 

De la Sota también creó los Barrios Ciudad, una política que en tono publicitario se vendió como la promesa de viviendas dignas para muchos cordobeses. Pero al mismo tiempo esa política habilitó una especie de barrios alejados del centro que, para muchos, son el apartheid de los sectores populares.

 

De la Sota supo crear vínculos con el poder económico más codicioso y antipopular de la provincia. Les aseguró que el peronismo local no iba a hacerles daño. Pero el mismo De la Sota promovió el boleto educativo gratuito que hoy le permite a casi un millón de chicos ir a las escuelas gratis, sin pagar el transporte público.

 

 

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Desde hace muchos años el ex gobernador me tenía bloquado en Twitter. Seguro que estaba harto de mis provocaciones. Yo estaba muy enojado con él por las amenazas de Suárez y su decisión de proteger al hombre que estaba destruyendo a la Policía y a la seguridad en Córdoba. Sin embargo, desde hacía unos meses comencé a obsesionarme con entrevistarlo. Entiendo que él, junto a Cristina Fernández, son capaces de hacer la lectura más inteligentes de la política nacional.

 

De la Sota me generaba intriga, bronca y admiración.

 

Dicen que era un cinéfilo empedernido, que tenía su propio microcine, que sabía mucho de arte. Familiero. Tuvo muchas parejas y fue padre de sus hijos y de los hijos de sus compañeras.

 

Hablé con muchos de sus allegados en estos días -algunos hoy enfrentados políticamente entre sí y con él-. Todos eligieron no hacer declaraciones. A todos los estimuló a ingresar en la política, todos le temían, le querían y le admiraban.

 

Cuento tres anécdotas de él que me han gustado siempre.

 

Cuando era chico, yo iba los fines de semana a la casa de mi viejo. Ahí se juntaba la mesa chica de Bercovich Rodríguez, un ex interventor cordobés que con el regreso de la democracia fue precandidato a gobernador del peronismo. Cada fin de semana había entre diez y veinte reuniones y yo iba, cantaba la marcha y los escuchaba. Muchas de sus charlas se concentraban en el hombre que competía con ellos (el otro precandidato a gobernador). Lo trataban de “zurdito”, “atrevido”, “prepotente”, se reían de su pelo y lo llamaban “el gallego De la Sota”. Un día, después de la elección interna, llegué a esa mesa chica y me encontré con el gallego sentado y haciendo chistes junto a los tres tipos que habían estado hablando pestes de él hasta apenas unos días antes. De la Sota había perdido la interna pero había negociado ser candidato a intendente de Córdoba.

 

Otra anécdota: la que contó Marcelo Falo, durante mucho tiempo el hombre de mayor confianza de De la Sota. Un día viajan a Buenos Aires a entrevistarse con Néstor Kirchner en Casa Rosada. El cordobés ofuscado y enojado con el presidente llega al despacho presidencial, se abre la puerta y aparecen Julio de Vido y Kirchner. Saludo seco de manos entre los líderes con evidente mala onda y, acto seguido, se cierra la puerta. Falo y Devido quedan afuera, esperan. Al rato el presidente y el gobernador empiezan a alzar la voz. Después, gritos. Insultos. Falo y De Vido temen que pueda haber trompadas.

 

- ¿Qué hacemos, entramos? -pregunta Falo.

- No. No me animo- contesta De Vido.

- Pero se van a matar -insiste Falo.

- Dejalos.

 

Al rato las voces empiezan a bajar y de repente se escucha nada. Silencio. Veinte minutos después se abren las puertas y De la Sota y Néstor aparecen abrazados, cagándose de risa y haciéndose chistes sobre lo visco que está uno y cómo le quedó el pelo al otro.

 

Tercera anécdota: un referente del peronismo de un barrio muy popular de Jesús María se siente desplazado por Unión por Córdoba (el partido creado por De la Sota que se mantiene en el poder desde hace 20 años) y empieza a coquetear con trabajar por el candidato del kirchnerismo. De la Sota pasa por la ciudad (ligada al campo) para encontrarse con empresarios y se entera de ésto. En el viaje de regreso se desvía y va a visitar al referente. A la hora de comenzar el diálogo, De la Sota no trató en ningún momento al líder barrial de traidor. Simplemente se sentó, tomó unos mates y le preguntó qué había pasado antes de pedirle disculpas por haberlo descuidado.

* * *

Fue un tipo coherentemente alineado con los sectores ortodoxos del peronismo pero no le costó modernizar la retórica del partido en los 80. Se lo llama animal político, pero habría que llamarlo animal de poder.

 

De la Sota tenía siempre claro dónde estaba el sentido dominante de cada tiempo y se alineaba a él sacándole tajada o, en todo caso, se oponía con cuidado para sacarle tajada también.

 

Nunca tuvo interés en modificar el statu quo, sino en adaptarse a él para sostener el poder. Su poder.

 

Otra anécdota al respecto: en las elecciones 2003 apoyó a Menem. En la primera vuelta, en Córdoba, el kirchnerismo salió 5to, detrás de Menem, el radicalismo, Elisa Carrió y Rodríguez Saa. Sin embargo, antes de que Menem se bajara del Ballotaje, De la sota se acercó a los periodistas en un acto público y en off les dijo a los cronistas:

 

- Néstor Kirchner es mi candidato.

 

En base a su tremenda capacidad de analizar la política y a su oportunismo habría que leer su último acercamiento al kirchnerismo. Se dice que llegó a tener una reunión con CFK y al menos dos con Máximo Kirchner.

 

En tiempos neoliberales De la Sota fue el mayor liberal. No hay que olvidar que Domingo Cavallo es uno de sus “inventos políticos”. En tiempos en los que el progresismo ganó lugar -durante la conducción de Néstor Kirchner- el cordobés acompañó la agenda. Pero apenas vio un punto débil (el de la inseguridad) intentó proyectarse a nivel nacional de la mano de Juan Carlos Blumberg. En tiempos en los que la identidad imponía enfrentar a Cristina, fue el más sólido opositor. Ahora, encabezaba una estrategia de acercamiento.

* * *

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En los últimos meses De la Sota comenzó a articular algo que no puede ser leído buscando en sus contradicciones sino buceando en su olfato. Especulo cuando digo que quizá entendió que si el peronismo quería desplazar al macrismo había que arrimarse al ese sector de centro izquierda (como podríamos llamar al kirchnerismo). No es que De la Sota se sintiera de centro izquierda, sino que para acercarse al poder había que hacer alianza, y el poder para De la Sota era lo importante.

 

Argentina perdió a un político. Un animal de poder que buscaba poder construyendo desde la política. ¿Nos gustaba? No podríamos decir eso, pero nadie podrá negar que De la Sota hizo política y estuvo de campaña toda la vida. Haciendo trajes (en Río Cuarto tiene una tienda de ropa llamada “El Hombre”, como el libro que publicó, visitando los barrios, negociando con el poder, a veces aliándose con los responsables de que esta patria pertenezca cada vez a menos manos, pero también escuchando a sectores que no se sienten escuchados por otros políticos.

 

Finalmente, lo más importante: la calle. Miles y miles de cordobeses salieron a despedir a la persona que fue su referente, su gobernador. Eso es un mensaje. Decir, como dicen algunos que “son personas equivocadas” es no entender la política, es ahogarse en la propia soberbia. De la Sota se reiría mucho de eso. Lo que vimos en Córdoba es algo inédito para quienes tenemos menos de 50 años. Llantos, agradecimientos, conmoción, señales de amor hacia un líder político.

 

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