marzo 17, 2015

Desborde de amor

El viento en un violín, de Claudio Tolcachir, narra la historia de dos mujeres dispuestas a todo por ser madres juntas. El amor, la desesperación y la soledad las llevan a idear estrategias poco convencionales para llevar a cabo su incansable objetivo. Natalia Schejter, miembro de la comunidad anfibia, vio la obra en el Teatro La Plaza y a la vuelta reseñó esta comedia feroz.

Elvientoenunviolín

 

Por: Natalia Schejter

 

Dos familias matriarcales que conviven pero pertenecen a diferentes universos sociales. Dos madres que tienen en común la sobreprotección hacia sus hijos. Una hija y un hijo que conocen sus realidades un poco a medias. Y una pareja de mujeres deseosas de ser madres y dispuesta a todo (o a mucho) por lograrlo. El viento en un violín, la obra de Claudio Tolcachir es, tal como se anuncia, una comedia feroz, y además es un canto al amor, a las dos caras de la moneda “amor”.

 

A la cara del amor más poderoso y gigante, el amor incondicional de las madres. También la cara del amor incorrompible de las mujeres enamoradas.

 

Y  la otra cara de la moneda, el “vale todo” en nombre del amor. Desde algún delito, hasta la vida de hijos construida sobre los cimientos de la mentira. El desborde de amor. “El amor que todo lo atraviesa y todo lo permite”. Cualquier cosa sostenida en nombre del amor.

 

Y así sucesivamente: una obra que como espejos enfrentados, reproduce cada una de estas caras dobles en mil imágenes infinitas. Las dobles caras de cada costado del amor.

 

De eso se trata El Viento en un violín. Es una obra que en tono de comedia nos hace reír por una hora y media. Nos divierte, nos emociona, tiene un ritmo excelente. Pero es mucho más. Lo más importante es que de allí salimos pensando. Esa hora y media en la que explícitamente se habla del amor, y sobre todo del amor universal materno, en muchas de sus aristas y complejidades, también nos abre las puertas de la reflexión de otros grandes temas. La sexualidad, los nuevos modelos de familia, la discriminación en varias facetas. Y además el gran tema de esta época, el tema que atraviesa todos los temas: el de las clases sociales y el poder perverso del “vil metal”. Pero aquí el amor vuelve al centro de la escena, y tiene en ese sentido un final feliz: es incorruptible.

 

Ningún espectador puede salir inmune, ni hacerse el distraído, todos en algún punto salimos de la sala tocados: como madres y/o como hijo/as; en alguna parte de nuestro ser vamos a ver en escena un pequeño reflejo de nuestra psiquis, y conscientes o no vamos a salir de allí pensándonos.

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