Alberto Fernández apretó el botón verde. Entonces volvimos a las calles. “Sale si salís”, arengó la convocatoria. Andrea D´Emilio y Celeste del Bianco estuvieron en la vigilia frente al Congreso, fueron una más y se enredaron con las historias de quienes se acercaron a custodiar el tratamiento del derecho al aborto hasta que sea ley.



Los brazos en alto mantienen los pañuelos verdes estirados. Uno, dos o tal vez tres minutos en la misma posición. Se anuncia la media sanción del proyecto IVE y esas banderas triangulares caen para después volver a agitarse con fuerza en el aire. Hay cantos, gritos, aplausos, llantos,  barbijos que se corren y abrazos prohibidos. Son las 7.23 del viernes 11 de diciembre y el humo verde de las bengalas se expande afuera del Congreso donde miles de mujeres y disidencias hicieron vigilia durante más de 20 horas. 

 

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Desde que se anunció la llegada del proyecto del Ejecutivo al Congreso, más allá de los festejos previsibles llamaba la atención cierto silencio, ninguna invitación de la marea verde para volver a ocupar el espacio público. Hasta que en las redes se viralizó el agite: “Sale si salís”. Faltaba una semana para que Diputados comenzara a dar el debate. Alberto apretó el botón verde y allí estuvimos, un 10 de diciembre, por uno de nuestros derechos humanos. 

 

Johana salió. Estuvo en Plaza Congreso desde el mediodía del miércoles. Se refugió del sol en una de las cuatro carpas que armó junto a otras cien compañeras que trabajan en cooperativas de todo el país. Tiene 31 años, vive en la Villa 31 y es parte de La Garganta Poderosa. 

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— Vinimos con muchas cicatrices. Muchas somos sobrevivientes de abortos clandestinos. Necesitamos conquistar este derecho. 

 

Johana se hizo un aborto a los 17. Todavía cursaba la secundaria. Una conocida le pasó el dato. “Todas sabemos dónde se hacen abortos clandestinos en los barrios. Lo sabemos porque es una realidad: nosotras abortamos.”

 

 

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Ayelén y Cecilia salieron. Tienen 19 y 14 años. Viajaron en tren desde Moreno junto a otras militantes del Partido Obrero. Son vecinas del barrio Rififí. Ayelén es costurera, trabaja en un taller desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche. Habla lento y bajo. Es madre adolescente. Dudó en tenerlo. “Mis papás no sabían y yo no estaba en un buen momento. Después luché para que ella naciera. Hoy mi hija para mí es todo, pero cada mujer debe poder elegir.” 

 

Las amigas del oeste pasaron la vigilia sobre Avenida Rivadavia. Cuando charlamos con ellas miraban a un grupo de murgueras que revolean sus trajes con flecos verdes metalizados mientras subían y bajaban las piernas, guiadas por los platillos. Giraban, levantaban los brazos, saltaban y sobre todo sonrerían. 

 

 

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Del otro lado de la plaza Congreso hubo personas que salieron pero para que la ley no salga. Como Yadira, que primero iba sola a las manifestaciones contra el aborto hasta que en 2018 se sumó a la organización Más vida. Tiene 37 años, vive en Palermo, es cantante. Registró cada escena con su mirda firme y unos ojos delineados con trazo grueso. Llevaba dos pañuelos celestes: uno atado a su bolso de Herbalife, el otro como tapabocas. Estaba en Hipolito Yrigoyen y Entre Ríos, a metros del cartel “Acá nacemos todos”. Los monitores proyectaban lo que ocurría en el recinto. Acompañó la euforia cuando televisaban a las personas de su lado de la plaza. 

 

Yadira tampoco está a favor de la ESI. 

 

—Estoy a favor de una educación sexual que enseñe a prevenir, no que promueva desde el jardín de infantes que no se nace ni hombre ni mujer. ¡Eso nada que ver!

 

 

Sentada en una reposera estaba Lidia, 54 años, de Villa Domínico, madre de cuatro varones. Para ella en los casos de violación el embarazo debería continuar, y el bebé debería ser entregado en adopción. Para Lidia existen dos tipos de violaciones: la verdadera y la fingida. “¿Qué es fingida? Cuando la mujer busca sexualmente, busca la carne, excita la carne y a último momento la rechaza. El hombre no es de piedra, va y avanza. Y después ella dice ‘me violaron’. Pero no te pusieron un revólver para que vos fueras a la cama del muchacho.”

 

A su lado está Pedro, 54 años, porteño, psiquiatra. Leía citas de un devocionario. Contó que cuando estaba casado la esposa quiso abortar pero él la convenció para que no lo hiciera: 

 

—Salvé una vida — dijo Pedro.

 

Lidia y Pedro se conocieron ahí mismo. Charlaron mucho: coinciden en que Alberto Fernández puede tener el mismo destino que el rey Herodes, gobernante que ordenó la Matanza de los Inocentes que narra el Evangelio de Mateo. Recordaron a coro: “capítulo 2, versículo 16”.

 

* * *

 

 

Débora salió. Aunque es paciente de riesgo frente al Coronavirus estuvo en la vigilia. Detrás de la máscara de acetato y el barbijo, el glitter. Se sacó un montón de selfies con sus compañeras de la Asociación de Judiciales Bonaerense (AJB). Tiene 40 años y está embarazada de 7 meses y medio. Llegó desde La Plata. 

 

— En 2018 perdimos en el Senado pero ganamos en la calle. Que hoy se esté tratando es una conquista del movimiento feminista y de todas las organizaciones que desde hace muchos años venimos acompañando para que el aborto sea ley.

 

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Francisca y Natalia salieron. De la mano y a los besos. Tienen 17 y 20 años. Llegaron desde Campana. Vinieron a “apoyar a todas las mujeres y a poner el cuerpo”. Y a debatir el único punto de la ley que modificarían:

 

—No estamos de acuerdo con que las menores de 16 tengan que estar acompañadas. Sus papás o tutores quizás no están de acuerdo y les impiden abortar. 

 

Guillermina salió. Se entretuvo con un picadito improvisado por la coordinadora de Fútbol Feminista sin Fronteras. Tiene  30 años, es fotógrafa, miembra de River Feminista. “Despenalizar y legalizar la interrupción del embarazo es justicia social”, dijo.

 

 

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Alicia salió. Tiene 55 años, es directora de una escuela en la Villa 20. Es la voz de confianza de muchas estudiantes que se le acercan para pedir ayuda. Es vitalicia de los Encuentros de Mujeres. Estuvo en el de Rosario, en 2003, cuando se creó la Campaña por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito. Se acuerda de aquella marcha, la primera en la que brillaron   los pañuelos verdes. 

 

—Ese año hicimos la primera bandera por el derecho al aborto. Ahora la marea verde, las pibas que nos enseñaron cómo salir a pelear. En el 2018 unos dinosaurios impidieron que saliera pero ahora redoblamos las fuerzas. ¡Estamos acá!

 

* * *

Abajo el patriarcado 

se va a caer, se va a caer. 

Arriba el feminismo 

que va a vencer, que va a vencer. 

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Salió la media sanción. El festejo anunciado es breve pero intenso. Comienza la desconcentración. Por hoy. Los pañuelos no se guardan. 

 

 

 


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