Una maestra que volvió de Europa es el primer caso de coronavirus confirmado en Viedma. La ciudad ya había sido noticia en 2009, cuando tuvo uno de los primeros casos de una persona fallecida por el H1N1. El miedo colectivo se hizo conversación en los chats y luego carta con pedido de suspensión de clases. Y ahora el gobierno de Río Negro declaró máxima alerta sanitaria y suspendió por 30 días actos y fiestas del Estado. Santiago Rey reconstruye el camino del virus en la capital provincial.



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Allá por 1934 Roberto Arlt caracterizó a Viedma como una ciudad que “carece de estilo”, plagada de abogados a los que observó “en las horas enervantes de la siesta”, y describió “polvorientos, verdosos, andando apresuradamente por la calle con sus formidables cartapacios, en tren frenético de hacerle zancadillas a las leyes”.

 

Viedma, o buena parte de ella, ha cambiado. Si bien muchos abogados siguen haciendo negocios con (a costa de) el Estado, las ostentaciones y miserias de la ciudad ya no las define la carencia de estilo, sino más bien las mismas canallas inequidades que conforman todas las metrópolis del mundo: mansiones de jueces y funcionarios con vista al río, y casillas de chapa y cartón donde las gentes se resfrían por miles en el invierno patagónico.

 

Comparte con otras pequeñas localidades dos tendencias: armar con celeridad redes de cuidado (y de oración), y caer en la psicosis colectiva, potenciada en los últimos años por la incorporación definitiva de las redes sociales como mecanismo de interacción humana. Así se vivió en 2009 cuando a causa de una novedosa Gripe A -virus influenza H1N1- falleció el jefe de Bomberos. “Claro que en ese momento las redes sociales no tenían tanto peso”, recuerda, casi que se lamenta el Intendente de Viedma, Pedro Pesatti.

 

Aquel episodio ubicó a la capital rionegrina en la centralidad de las noticias nacionales: se trató de uno de los primeros casos de una persona fallecida por esa pandemia.

 

Once años después, el coronavirus vuelve a desatar en Viedma un pequeño infierno de informaciones contradictorias, proyecciones apocalípticas, inocentes desdeñamientos, especulaciones políticas, todo transitado por el agudo estilete de los grupos de whatsapp.

 

Y no es para menos. La enfermedad de la que habla el mundo, el virus por el cual Italia se declaró en cuarentena, que mató a cientos e infectó a centenares de miles, el bicho para el cual todavía no hay vacuna llegó temprano a Viedma. Y entró a una escuela. Y ahora la provincia de Río Negro declaró alerta máxima sanitaria y suspendió por 30 días actos y fiestas oficiales.

 

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“Estoy reeecaliente”, sintentiza una madre de la escuela que, desde el martes 10 de marzo, cerró sus puertas por dos semanas luego de que diera positivo el análisis de una maestra, coordinadora del área de inglés e hija de los dueños de la Escuela Ecológica Gaia. Sí, ecológica, y Gaia, que en griego significa tierra, y que según la mitología fue la Diosa Madre y diosa de la tierra (en tanto planeta). Allí manda a sus hijes la élite viedmense: funcionarios, legisladores, jueces, fiscales, abogados, médicos.

 

La madre reeecaliente explica sus motivos. Dice que la maestra, por vacaciones, “vino de Asia, de India y España” y “por voluntad propia debería haberse asilado”. Pero no, aún no estaba la obligación de cuarentena que impuso el gobierno nacional. Concurrió al acto de inicio del ciclo lectivo y compartió espacio con centenares de padres y madres, alumnes, docentes y equipo directivo. Todos juntos y cerca. Tìpico el arranque de clases, citó a una reunión de padres. “Tengo una mamá amiga que estuvo con ella en la Dirección, con sus dos hijos de 15 y 7 años”. Para todos ellos cuarentena, a la espera de algún síntoma. Al igual que el resto de la comunidad educativa de Gaia. Unas mil quinientas personas, todo el día en casa, con el celular en la mano y mirando cómo los informativos y los canales de noticias dedican el 90 por ciento de su grilla a hablar del avance del nuevo virus hacia las Américas.

 

Desde la confirmación de este caso, arden los grupos de whatsapp en Viedma. Y son los médicos que habitan ese mundo virtual los encargados de llevar tranquilidad, de aportar datos científicos sobre el bajo nivel de mortalidad del virus.

 

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Padres y madres de la escuela, médicos ellos y ellas, cumplen ese rol. La histeria colectiva a un toque de celular provocó que, por ejemplo, el mensaje atemperador que envío a “Mamis y Papis” una médica con hijos en la Escuela, a los diez minutos volvió compartido replicado en decenas grupos, “Futbol con los pibes”, “Asado”, “Runners”, “Sábado y fernet”.

 

Una madre se queja replicando para Anfibia lo que ya había dicho en un extendido audio de whatsapp: “Cuando llegó la maestra, Río Negro todavía no había previsto el protocolo de aislamiento, pero por sentido común si llegás de un país con un brote cómo te vas a meter en una Escuela”. Y otro audio al que accedió esta revista: la mujer con coronavirus “es la hija de los dueños de la Escuela, se reunió con padres y madres, con la comunidad educativa, ya tenía síntomas. Estuvo en todas las reuniones, en todos los actos de inicio de clases de primaria y secundaria, estuvo en reuniones con docentes, tosiendo a diestra y siniestra sin taparse la boca. Había sentido molestias y fue el médico y le dijeron que se quede en la casa y fue igual. Yo estoy indignada. A esa escuela va mi hija, no tuvo contacto con ella, pero ahora por 14 días no tiene que ir a la Escuela”.

 

El audio viralizado de una conversación telefónica protagonizada por el dueño de la Escuela y padre de la docente contagiada, indignó aún más: “Lamentablemente me había hecho muchas ilusiones con el viaje a Italia”, se lo escucha decir, quejumbroso por la imposibilidad de hacer las valijas en los próximos meses.

 

Viedma, la de ritmo cansino, administración pública y siesta, vive atrapada en una psicosis colectiva, transmitida 24 horas a través de los grupos de whatsapp.

 

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La secuencia fue más o menos así: el viernes 6 de marzo hubo rumores en Viedma sobre la posibilidad de que tal vez capaz a lo mejor había un infectado, y la versión voló a velocidad de celular; el sábado la agencia de noticias ADN anticipó que habría un caso de coronavirus en la capital provincial; esa misma noche en una cena de la que participaban varios padres y madres de la escuela alguien aseguró que la persona infectada es docente de la institución; el domingo la Escuela envió un mail tratando de tranquilizar: “es hepatitis”, aseguraron los dueños de la Escuela. El lunes todos recordaron que la docente concurrió al establecimiento el 2 y 3 de marzo, beso de acá beso de allá reuniones actos; y el martes, el fatídico martes, la confirmación de que se trata de coronavirus.

 

La mamá reeecaliente resume: “La reacción de la comunidad educativa es que estamos enojadisimos. Muy enojados. Algunos dicen ‘no es momento para entrar en pánico, y yo les digo ‘justamente este es el momento, hagámoslo ahora para prevenir’”.

 

Aquel mail de la Escuela incluía un texto de la maestra contagiada. “Estimadas familias: Estoy en conocimiento de que se ha viralizado que la persona que se encuentra internada en el Hospital Zatti como ‘caso sospechoso de coronavirus’ soy yo. Quiero aclararles algunas cosas para que se queden tranquilos, porque veo que hubo una desinformación importante por parte de los medios y comentarios por las redes. En este momento me encuentro internada por una hepatitis (el subrayado es original del mail) y no por presentar síntomas de coronavirus”.

 

Y agregaba: “El protocolo del que se habla se implementó únicamente por haberme internado en el día número 14 de mi vuelta de España y porque el Ministerio de Salud comunicó ese mismo viernes por la noche que España debía incluirse dentro de los países con riesgo de contagio”.

 

Y terminaba: “Quédense tranquilos que de llegar efectivamente el coronavirus a nuestra querida Comarca, el Hospital Zatti está en perfectas condiciones de atender los casos de manera profesional, eficiente, y con todo el amor que le ponen a la tarea”.

 

El Hospital Zatti está tan preparado para una pandemia “como el resto de los hospitales del país”, aclara Marcelo Vidal vocal de Salud Pública en el Ministerio y hombre del gremio UPCN en el Hospital. Dos infectólogas se preparan para actuar bajo los protocolos oficiales. Vidal reconoce que existen limitaciones en el número de camas -porque los potenciales pacientes requieren de un aislamiento especial-, pero confía que el Hospital tiene la capacidad para manejar la emergencia. “La ciudad está en shock -reconoce Vidal-. Hay que tratar que la gente no esté tan asustada. La enfermedad iba a llegar, pero llegó muy temprano a una ciudad como ésta. Lo que hay es miedo, respetable por ignorancia de la población y porque los medios asustan.”

 

La guardia del Hospital Zatti muestra una inusual tranquilidad. No hay nadie. La gente sigue la recomendaciones: ante un primer síntoma similar a los de la gripe, llama al 911 que habilitó la Provincia para atender consultas. En una tarde, desde que se confirmó el caso de coronavirus, hubo más de 100 llamadas. Quince personas presentaban síntomas reales, pero solo uno fue atendido como un caso sospechoso, y se descartó a las pocas horas.

 

El Intendente de Viedma, Pedro Pesatti, pide ceñirse a lo que aconseja la medicina. “Para enfrentar la enfermedad y al miedo disponemos de lo que nos aconseja la ciencia y la medicina. Tenemos un sistema de Salud Pública que es quien ordena las acciones a seguir en el marco de esta emergencia, bajo los protocolos de actuación dictados por el Ministerio de Salud de la Nación”, dice buscando atemperar ánimos.

 

Pesatti asumió el pasado 10 de diciembre, hijo natural de Viedma, cumplió su sueño de llegar a la Intendencia luego de una carrera política que lo vio concejal, legislador y vicegobernador de Río Negro. A poco de andar en la gestión local, Viedma ganó un lugar en los titulares de los medios nacionales, y no por la belleza de su costanera arbolada o el resurgimiento del viejo anhelo de trasladar allí la capital del Estado nacional. Viedma es título porque tempranamente llegó el virus del que habla el mundo.

 

“Viedma está más o menos preparada como el resto del país. No somos una isla”, dice Pesatti, y recuerda que “las autoridades de Salud Pública de la Provincia hace más de un mes planifican estas contingencias. Esto no es una cuestión política ni cultural, sino médica. Ellos nos deben guiar para afrontar la crisis”.

 

El Intendente repasa el impacto de la llegada de la Gripe A en 2009 y cree que “hay una distancia que la marcan las redes sociales como fenómeno. Vemos cómo se constituyen patrones de conducta en meras creencias u opiniones de cualquiera sin considerar que hay un dispositivo organizado por la Organización Mundial de la Salud y adaptado y ratificado por el Ministerio de Salud de Nación”.

 

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En Viedma, al igual que en el resto de la Provincia de Río Negro con excepción de la casi siempre fría cordillera, las clases fueron suspendidas el miércoles 4 de marzo debido a una ola de calor que llevó las temperaturas por encima de los 40 grados. Comunidades educativas, gremio, Gobierno y hasta Intendentes pidieron o celebraron la medida ante la recurrencia de problemas de salud de los alumnos derivados del calor.

 

La posible suspensión de clases por coronavirus, en cambio, genera mucha más polémica.

 

El gremio docente UnTER solicitó a los Ministerios de Educación y de Salud que cierre las escuelas para evitar potenciales contagios. El argumento central es que la maestra infectada comparte espacio de trabajo con docentes que a su vez se desempeñan en otros establecimientos. Y que las escuelas no están preparadas para prevenir la enfermedad.

 

Pero las autoridades rechazaron la medida. Aseguraron que la cuarentena de la comunidad de la Escuela afectada es suficiente para frenar potenciales contagios, y destacaron las medidas de prevención tomadas bajo los parámetros de los protocolos nacionales.

 

La comunicación oficial citó: “El ministro de Salud, Fabián Zgaib, reiteró que la paciente, una docente de 32 años de la Escuela Gaia, continúa internada, asintomática y en buen estado. ‘Los docentes y los niños de esa escuela están aislados y ninguno tiene síntomas’, confirmó. 

 

Al conocerse el caso, se tomó la decisión de cerrar esa escuela por 14 días, pero aún no suspendieron las clases. La ministra de Educación y Derechos Humanos, Mercedes Jara Tracchia, coincidió en que “no existen indicios para suspenderlas”.

 

Para los Equipos Directivos del Nivel Medio de los colegios de Viedma la situación es otra. “Frente a la aparición del coronavirus en la ciudad, siendo conscientes de la inmensa responsabilidad del cuidado y protección de aproximadamente 7000 estudiantes”, cuestionaron que “los establecimientos educativos no poseen el personal de Servicios Generales suficientes para garantizar la correcta higiene de las escuelas y para realizar las tareas de limpieza, desinfección y ventilación” y “ninguno de los establecimientos poseen los insumos necesarios (jabón, toallas, lavandina, alcohol en gel) para asegurar que nuestros alumnos/as se higienicen correctamente”.

 

El planteo docente es lógico. A las habituales y recargadas responsabilidades que deben afrontar con sus alumnes, se le suma ahora ser la cara visible de una institución -un Ministerio en última instancia- ante un posible contagio de una enfermedad cuyo alcances aún no están claros. “Estamos desprotegidos, el Estado ausente, y somos los que pasamos años con los pibes, preocupados por ellos en todos los aspectos, pedagógicos, afectivos, emocionales, económicos… y ahora esto”, reseña una maestra de primaria.

 

Los directivos decidieron suspender las actividades escolares “hasta tanto no se logre el control de la propagación del virus”. Sin embargo, el Gobierno provincial ratificó el normal dictado de clases. La tensión pasó de los grupos de whatsapp a los colegios.

 

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Pasará el coronavirus y no sería de extrañar que, de acuerdo a las proyecciones sanitarias y tal como sucedió con pandemias como la Gripe A, provoque en Viedma -como en el resto del país- alguna o algunas muertes. Pasará el coronavirus y en unos meses será un nombre más sumado al vademécum del sentido común y -tal vez- parte del listado de vacunas disponibles para los sectores de riesgo. Pasará el coronavirus y dejará en la capital rionegrina su estela de malentendidos y enfrentamientos, histeria colectiva y triste realidad. Pasará y no sería de extrañar que en Viedma algún abogado verdoso, en tren frenético de hacerle alguna zancadilla a la ley, demande a la escuela, al Estado o la NASA, para quedarse con alguna tajada de las migajas que deje el virus.

 


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