Referente de la movida queer en el arte contemporáneo madrileño, Topacio Fresh conquistó el mainstream para visibilizar un discurso heterodisidente en revistas, pantallas y cócteles. Después de 17 años de su partida de Rosario, vuelve para participar del primer Festival de Pensamiento Contemporáneo en la mesa Cuerpos, donde dialogará con otrxs referentes de la cultura, el activismo y las ciencias.



El día que Caitlyn, la madre de las Kardashian, salió en la tapa de Vanity Fair contando que ya no sería padre y ahora era una madre trans, Topacio Fresh subió una foto a las redes. El epígrafe resumen su teoría de la performatividad del género: “La identidad está en el cerebro, la orientación en el corazón y la sexualidad en mis bragas”.

 

Topacio es la referente de la movida queer en el arte contemporáneo madrileño. De Rosario al mundo, supo conquistar el mainstream para visibilizar un discurso heterodisidente en revistas, pantallas y cocteles. Antes de recibirla en Rosario para participar del primer Festival de Pensamiento Contemporáneo, Anfibia habló con ella y sus vínculos para descifrar las claves de su llegada a las alfombras rojas y su compromiso con las luchas del colectivo LGBTIQ. 


 

Había al menos dos opciones. Y una era que todo podía fallar: corría el 2001 y el capital de Topacio Fresh era una computadora IBM, una valija con más deseos que prendas de etiqueta y una identidad que buscaba caminar trans sin miedos, las 24 horas, los siete días de la semana. Acá el paréntesis, 2001 en Argentina es hablar de cacerolazos, sensación de fin de los tiempos y 39 muertos en las calles por las fuerzas de seguridad. Sobrevivido ese año de crisis Topacio vendió la computadora, compró un ticket de avión y se fue a España. Ahí es donde empieza esta nueva historia, que sin ser guión de Almodóvar tiene muchos puntos de encuentro. ¿Pero qué chica Almodóvar sería Topacio? Según el diario El Mundo es una de las 50 personas más influyentes del colectivo LGBTIQ. En la voz de sus amigxs de la infancia es alguien que apostó por lo que quiso y trabajó mucho para conseguirlo. Para quienes pasaron por La Fresh Gallery, la casa de arte que maneja hace 11 años, es una gran madrina cultural que da lugar a proyectos que rechazarían en otros lugares, ya sea por escandalosos, incómodos o demasiado posmodernos.

 

 
 
 
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“La galería es un espacio muy fresco para jóvenes artistas”, dice en un break de la Bienal de Venecia Agustín Pérez Rubio, curador y director del Museo MALBA entre 2014 y 2018. “Topacio es una gran embajadora para los argentinos que llegan a Madrid y en ese sentido no ha rehusado para nada su argentinidad. Creo que al contrario, lo ha explotado”. Con un radar periférico y vanguardista, desde la apertura de La Fresh Gallery convivieron nombres reconocidos con otros no tanto: Fabio Mc Namara, Rubenimichi, Lolo y Lauti, Almodóvar, John Waters, Laura Mema, Juan Gatti, Miss Nina y la lista sigue y es larga. Es un aire fresco para los espacios de arte que se agrupan en el barrio de Salamanca, el distrito de las galerías madrileñas consagradas que cotiza el metro cuadrado más caro de toda España.   

 

Topacio Fresh nació en Rosario en 1973 con una familia pequeña: madre, padre y una hermana mayor. En los años de su infancia había retransmisión por TV del furor venezolano Topacio, novela interpretada por una Grecia Colmenares que exageraba el drama propio del tono caribeño. En la escuela alguien dijo “ahí va la Topacio” y se disparó el bullying. La Topacio esto, la Topacio aquello, con su pelo lacio, rubio y su sensibilidad particular. Que la Topacio era mariquita, la Topacio era rara. Ese sobrenombre, en una identidad que todavía no se decía trans, era burla y dolía. Encima la casa, donde se respiraban tradiciones conservadoras, tampoco era refugio de contención. 

–La primera respuesta fue “te vas, en esta casa te vistes de hombre o de la puerta para afuera”. Entonces yo tenía que tener una mochilita escondida en la esquina donde me cambiaba. Pero siempre me quedaba algo, un resto de maquillaje o pintalabio. Cuando entraba a casa y llegaba el momento de la comida, si me quedaba algo en la cara me metían una linterna y cuando se daban cuenta volaba un cachetazo –dijo Topacio a Anfibia.

 

La resiliencia la llevó por el camino queer de la vida y ella tomó la burla, la desdibujó y se nombró Topacio, nombre que refiere tanto a esa infancia como al mineral precioso (el Fresh vendría después, para ponerle algo de picante). En su temprana juventud se volvió popular en la escena under de Rosario, en las fiestas electrónicas y los espacios de arte alternativo. Pablo Montini, gran amigo de Topacio desde aquellos tiempos y actual director del Museo Histórico Provincial de Rosario, recuerda el momento de la primera perfomance pública en el after Blé: 

 

–La Topi subió a la barra, tomó una bandeja de metal y empezó a darle palmas al ritmo de la música. La gente se juntó alrededor y terminamos fascinados por cómo se desenvolvía. Después hubo otra performance muy recordada: se vistió de Mamá Noel y fue en un barco por la ribera, parando en lugares donde se reunían por las fiestas de fin de año. A su llegada era como ¡Guau! Se volvió una musa para muchos artistas contemporáneos en finales de los 90, ella tenía una serpiente pitón que se llamaba Sheeba y solían hacerle fotos y retratos posando, porque llamaba mucho la atención. Incluso hay varios trabajos académicos y de humanidades que hablaron de ella.

 

En la decadencia del menemismo partió a Estados Unidos, un poco para probar suerte y otro poco a estudiar. Quería destacarse en ceremonial y protocolo y entrenar su inglés, pero en Miami la sedujo la noche y lo último que hizo fue ponerse a estudiar.

 

–Viví allá del 98 hasta el 2001. Ya había pasado ese momento de que tú entras, no sabes si puedes salir por el tema legal y justo caen las Torres Gemelas. Fue entonces que mi madre, que todavía estaba bien de la cabeza (hace diez años que tiene Alzheimer), me dice que no podía estar así y que me tenía que ir. Además había un alcalde que era muy de derecha y que se había puesto en contra de la migración y de los gays. Decidí volver a Rosario –cuenta Topacio.

 

 
 
 
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Su regreso a la Argentina duró solo unos meses: el contexto crítico del país le hizo pensar que no iba a crecer al ritmo que deseaba. Hablaba por teléfono con La James, una amiga que se había ido a España, y decidió que podía intentarlo allá: “Sin saber mucho qué iba a pasar de mi vida, vendí el ordenador y me fui. ¡Como una María de Nadie! ¡Ja!”. Aterrizada, una red de amigxs le dio contención y su actitud intempestiva ayudó para que las cosas se empezaran a darse. Fue elegida por Carmen Cantón (actual directora del Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón) para participar en un intercambio cultural. Después quedaría seleccionada por el gestor cultural Rafael Doctor para participar en una exposición internacional en el MUSAC (Museo Contemporáneo de Castilla y León), espacio que le dio el empujón definitivo para seguir por el camino del arte.

 

Quizá hoy la más amiga de esa red de amigxs es la cantante Alaska, que la acogió desde el 2004 para que bailara en las giras del grupo Fangoria. Ella fue el puente para su paso fugaz por el mundo de la música con el dúo “Leopardo no viaja”, una dupla de “reggaeton travesti” que formó con la mítica Andy La Moore. Sus tonos tropicales y rimas bizarras pegaron en las discos:

 

Un cóctel explosivo… no hay otro igual

mi butanero lindo de gas natural

ven con tu nena mientras bate su melena

y tienes pa’ elegir entre rubia y morena

 

Duraron poco pero en 2007 sacaron un maxi-single de tres canciones y ese mismo año cantaron en la plaza de Chueca, en el Europride. Fue en esos años cuando Topacio empezó a darle forma con cirugías al cuerpo que deseaba. La apertura de la galería, al año siguiente, le llevaría atención plena.

 

La Fresh Gallery se sumó a la vida de Topacio a la par del amor. Israel Cotes, un exitoso empresario informático, coincidió con ella en un chat y le propuso cenar en Madrid. Él es de Barcelona, y a la semana siguiente mintió y le dijo que otra vez tenía visitar la capital por trabajo. Así continuaron y fue intenso: a los seis meses se casaron. Al poner sus nombres en un buscador aparecen decenas de imágenes en los eventos más chic de la península: Don Perignon, Gucci, GQ, Sephora. Israel se convirtió en un gran compañero de los proyectos que ella encara y es su brazo derecho en dirección de La Gallery.

 

 
 
 
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Uno de los momentos más tensos que les tocó vivir fue durante la muestra “Obscenity” de Bruce LaBruce, donde se veían representaciones católicas, híper erotizadas, encarnadas por famosos. La policía encontró dos botellas de dos litros rellenas de pólvora, petardos y combustible, que desactivaron y retiraron de urgencia: se habían preparado para estallar al atravesar la ventana del local, pero la mecha no funcionó. “Si el ataque se hubiese dado con 300 personas dentro de la galería, podría haberse montado una tragedia”, dijo Topacio a los medios. Pocas horas después de las molotov, unos cien simpatizantes del partido derechista Alternativa Española se reunieron frente al edificio con pancartas para escrachar la exposición. Entre las declaraciones de una las fanáticas figura “los que atacan con fuego reciben fuego”.

 

Además de su rol como gestora cultural en los últimos años Topacio se volvió mediática: aparece en los magazines, en las revistas y en el cine. Tuvo sus momentos protagónicos en la TVE frente a millones de espectadores, donde concursó en el Bailando con las estrellas. También llegó a miles en el reality de MTV que protagoniza Alaska y su marido, Mario Vaquerizo. En cine trabajó en una película de Alex De La Iglesia y aparece en la última de su amigo Almodóvar, “Dolor y gloria”. Un año top fue 2017, cuando recorrió las capitales del mundo como embajadora del Gay Pride Madrid y estuvo hasta en la mesa de Mirtha Legrand. Con este currículum estelar, después de 17 años de su partida de Rosario, invitada por su amiga de la pubertad Lila Siegrist, vuelve para participar del primer Festival de Pensamiento Contemporáneo en la mesa Cuerpos, donde dialogará con otrxs referentes de la cultura, el activismo y las ciencias.

 

¿Qué sensaciones te provoca visitar tu Rosario natal?

–Lo primero que pensé cuando me invitaron a esta mesa de Cuerpos es que me fui con un cuerpo diferente al que tenía, así que vuelvo para hablar de cuerpo con otro cuerpo.

 

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Topacio dijo en varias entrevistas que todavía no se operó los pies, pero que lo haría si no tuviera que estar dos años sin caminar para la recuperación (calza 42 y le gustaría bajar algunos talles para llevar los zapatos que se le antojen). Con el resto de las operaciones no tiene problema y las reivindica, ya que para ella son la posibilidad de darle molde a sus deseos de representación física: entiende al cuerpo como una tecnología que se puede adaptar a la identidad y no como algo que se deba alejar del deseo en nombre de “la naturaleza”. Es una venus de mil pieles. Y hoy trabaja en varios proyectos para que personas trans visibilicen con orgullo sus identidades.

 

–Estoy haciendo un libro acerca de infancias y adolescencias trans y colaborando con varias fundaciones. Entre ellas una que se llama la “26 de diciembre”, que cuando la conocí me quedé loca porque es el día en yo nací. Esta fundación se ocupa de geriatría y de abandono de las personas LGBT, en especial mayores trans. No sé si para mí es activismo, yo lo hago porque me sale, porque me gusta, porque me vienen a pedir ayuda y no puedo decir que no a cosas que me afectan en primera persona. Lo hago porque lo vivo y porque muchas de mis pares la pasan mal. A pesar de que me haya ido muy bien sabemos cómo es el índice de mortalidad de personas trans. Y yo ya lo superé, entonces a lo mejor estoy viviendo mi milagro.

 

Con la llegada que Topacio tiene a los medios y lamarketinización de la política, fácilmente podría candidatearse. ¿Está entre sus ideas?

 

–Me gusta usar una política de terrorismo metiéndome en lugares donde nunca hubo personas trans. Me gusta infiltrarme, meterme dentro y combatir, porque es muy fácil desde el frente tirar piedras pero meterse dentro y cambiar cabezas es un ejercicio. Y ese sí que puede ser un ejercicio político, pero no político tradicional.

Por eso quienes deseen darle sus votos, por ahora tendrán que esperar. O seguirla en sus redes.


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