Lxs chicxs saben que no es plana más allá de lo que puede decir la escuela: Google, Pixar, la tele proyectan un planeta esférico. Pero grupos de adultos autoconvocados hablan de una Tierra plana. ¿Cómo reacciona un docente cuando el delirio del “terraplanismo” entra en el aula? La experiencia de un maestro de primaria: del barrio al mundo, del deseo a la ciencia y de lo primitivo a lo contra-intuitivo.



Solemos empezar el día con la fecha en el pizarrón y a continuación charlamos un poco mientras toman el desayuno. Uso esos minutos para acomodar mis cosas en el escritorio y sacar del armario lo que voy a usar. Los temas lo eligen ellxs y hay una sola norma, no gritar ni pararse. Para Mélani es el mejor momento de la escuela. Adora ese ritual porque a ella -como a otrxs chicxs- lo que se repite invariablemente le infunde seguridad. Además, le gusta hablar hasta por los codos, aunque esto no se repita calcado por las tardes. A mí también me sucede lo mismo -pienso- pero entre mates y oficio redondeo la jornada.   

 

Entre las voces indistintas del alba escolar se matizan los temas. Los recurrentes: mamá cocina en el puesto, nuevos refugios del fornite, novedades en el Barrio Illia, goles en el club Miraflores y lo que queda como resultado de la TV prendida por horas, como mar de fondo.

 

El denominador común es que hay más necesidad por decir que por escuchar; lo que prima entonces es un coral de historias que desafían la multilateralidad del docente. El foro escolar, así entendido, como un grupo de whatsapp en carne y hueso, posiblemente sea la actividad humana menos pensada en la escuela primaria. 

 

En 5° grado la novedad es que la división tal como la conocían, cambió para siempre. Ahora las operaciones no dan cero como resto y la tarea es pensar qué hacemos con “lo que sobró”. Copio un problema en el pizarrón mientras escucho, con algo de dificultad, a Mélani hablándole a su compañero de banco:

 

—Estaban diciendo que la Tierra no era redonda. 

—¿Quiénes decían? —pregunta Brian. 

—En la tele, Brian, decían que eran terraplanistas y que la Tierra era chata. 

Su compañero sorbe la chocolatada, en silencio. 

—¡¿Te acordás en la peli que vimos el año pasado, nene?! ¡La tierra era redonda! dice ella. 

—¡Bueeeeno! —dice él, despabilándose como acto reflejo.

  

Giro lentamente dividiendo mi atención en tres: análisis del resto, leche volcada, terraplanisimo. 

 

—¿Qué es esto del terraplanismo, profe? —pregunta Brian, imitando grotescamente la energía física de Mélani. 

—No griten que no hace falta —digo casi gritando y continúo— ¿Los terraplanistas? ¿Dónde escuchaste eso, Brian?  

—Me dijo Mélani que lo escuchó en la tele —dice Brian.  

—¡Dicen que la Tierra tiene forma de plato, profe! —dice ella, mientras se para sacudiendo los brazos.  

—A ver… Redonda, lo que dice “redonda” como una pelota de fútbol, no es; pero plana jamás, chicos.

 

Lo digo despacio, cadencioso en el deletreo para ganar millas mentales y enfático en el tono para incluir en el intercambio al resto del grado que mira, impávido, mientras copia la actividad de matemática y ya paladea el timbre del primer recreo.  

 

Mentalmente repaso lo trabajado y a vuelo de pájaro concluyo que si empiezo a hablar del tema los voy a marear porque naturalmente el mareado soy yo. 

 

* * *

 

No poder dar respuesta es un ejercicio de superlativa vitalidad. Un docente que “no sabe” se encuentra ante una oportunidad formativa determinante. O no, siempre se puede tapiar el pozo de las dudas y seguir, aferrarnos al manual de grado en la larga noche de los contenidos que se desvanecen en el aire. Y la historia seguirá su vértigo, y la didáctica correrá detrás, y tampoco nos verán como aquellas luminarias sarmientinas del saber inequívoco. Mejor no saber a tiempo. Mejor revisar qué estamos haciendo en el aula.     

 

Al ver desbordada nuestra capacidad explicativa, lxs docentes revisamos nuestro rol, construimos un reparo pedagógico en la tangente y detenemos el tiempo, por unos momentos. De la inhóspita soledad de la sala de maestrxs –y con la inquisición áulica a cuestas- renacemos entre las dudas para diseñar un dispositivo que responda. Una invitación organizada para que lxs chicxs pregunten y que cada vez lo hagan mejor o, en otras palabras, para que formulen sus dudas con algún grado de rigurosidad ontológica. 

 

* * *

 

Retomo la clase y vuelvo sobre el asunto.  

 

—Los terraplanistas son un grupo de personas que dicen que la Tierra es plana —empiezo, mientas muestro una lámina del planeta chato que aparece en la TV—¿Ustedes que piensan sobre esto? —pregunto señalando la lámina.  

—Es mentira —responden casi a coro y lxs que no, asienten con la cabeza. 

—Pero ¿cómo saben ustedes que “esto” es mentira y que la Tierra es redonda?

 

* * *

 

Lxs chicxs saben que no es plana más allá de lo que puede decir la escuela. Esta aseveración no está evocando un trabajo áulico que desafíe sus percepciones primitivas; por el contrario, trae al aula imágenes construidas. El noticiero de la noche, alguna revista, Google, Pixar. Todos proyectan el mismo cuerpo celeste: la pelota, el globo terráqueo, la esfera. No hay duda: nuestro planeta Tierra. 

 

Lxs alumnxs, además, raramente plantean sus propias ideas de un modo elaborado, dado que, en la mayoría de los casos, no son del todo conscientes de su propio conjunto de creencias.  

 

En efecto, argumentar ante una verdad cerrada (es redonda) resulta una tarea titánica, ya que las repreguntas se vuelven revulsivamente circulares. Un camino posible de ser transitado en la escuela es propiciar el ámbito para que no den por válido —a libro cerrado— un axioma que entienden pero que no comprenden: la Tierra es redonda (o “geoide”, dependiendo de la progresión en los contenidos que hayan adquirido).  

 

Como se aprende de forma gradual, la alfabetización científica parte de los pensamientos básicos, los primitivos, y va rumbo a la perspectiva “contra-intuitiva”. Por decirlo de otra forma, lxs chicxs arrancan solo percibiendo y además el entorno reproduce un modo de conocer ligado estrictamente a lo sensorial. Cuando crecen, es preciso que sospechen de lo que ven y lo que oyen. Siguiendo esta línea, el Club de Ciencia Escolar tendrá como misión desarmar esa manera de conocer e impugnar el teorema de que un fenómeno natural —solo— se puede explicar palpando u observando. De mínima, este Club Contra-intuitivo debe presentar reparos. No todo lo que brilla es oro en Ciencias Naturales. 

 

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* * *

 

Repito: 

 

—¿Cómo saben ustedes que la Tierra es redonda? ¿En qué grado lo aprendieron eso?    

 

Piensan un segundo ante de arriesgar. 

 

Nuestro neolítico cognitivo tiene su literatura. Hay de todo. Sobre este tema, la primera información que tiene un chico es la siguiente: la Tierra es plana, se extiende infinitamente hacia los lados y las direcciones de caída de objetos forman líneas paralelas (compatibles con la dimensión “arriba-abajo”). La percepción en su fase “primitiva”. Como explica Rosalind Driver, la idea de la Tierra plana implica otras afirmaciones sobre la naturaleza del firmamento y del espacio. Consecuentemente, cuando lxs chicxs crecen y pasan del modelo plano al esférico, sus conceptos acerca de las características del espacio se transforman. 

 

Primero, el firmamento deja de ser horizontal y el espacio exterior ya no es un “telón”, ahora es un fondo “esparcido” en todas las direcciones. Segundo, cuando el sujeto acepta el modelo esférico de la Tierra, las direcciones de “caída” —el campo gravitatorio— se transforman en radiales y las líneas arriba-abajo dejan ya de ser paralelas. 

 

Si lo pensamos un momento, todos fuimos terraplanistas en nuestra etapa inicial de conocimiento y vivimos para contarlo. El asunto es que esta gente auto-convocada creció y, en apariencia, no trascendió el plano primitivo.  

 

* * *

 

—¡Lo vimos en el video! ¡El año pasado! —Responden varios y Mélani agrega:

—Era una súper cámara que filmaba en el espacio.

—Ok, lo que vieron fue un video con filmaciones de la Tierra desde el espacio, desde un satélite estadounidense. Los terraplanistas dicen que ese video es falso, que es un engaño. ¿Les creemos? 

 

* * *

 

Una clave para abordar el tema en la escuela es diferenciar entre ciencia y creencia. Los argumentos de los terraplanistas son fácilmente rebatibles. No alcanza con que un grupo de auto-convocados sostenga que es falsa una evidencia —en este caso los videos satelitales de la Tierra— y promulgue lo contrario sin aportar elementos. Una cosa es el conocimiento científico y otra las creencias. 

 

Nota: la fe de un chico y la inclinación religiosa de su familia no es materia opinable. Por ello el debate “ciencia vs creencia” debe estar inmune de subjetividades, ya que —en este planteo— no es importante la secularización de la educación pública, ni la prueba de Dios, ni nada que se la parezca. 

 

El otro camino posible de ser transitado en la escuela es el de la perspectiva histórica. El aspecto ancestral de la forma de nuestro astro y los miles de años que pasaron hasta ser aceptadas ciertas razones cosmogónicas. Desde la más remota antigüedad, sociedades enteras mirando al cielo y haciéndose toda clase de preguntas. 

 

Por último, se busca que lxs chicxs abandonen el egocentrismo. Aquella concepción piagetiana basada en que lxs chicxs explican al mundo únicamente desde su percepción y marco de referencia. 

 

No queridxs alumnxs, al planeta Tierra no lo podemos tocar, mirar y describir. Hay que hacer buenas preguntas y aprender a argumentar.   

 

Hilo de preguntas disparadoras para seguir el tema en el aula: 

 

¿Cómo imaginan que hicieron en la antigüedad para saber cómo era la forma de la Tierra? ¿Qué observaciones piensan que habrán hecho para sostener que esa era su forma?¿Cómo se supo, antes de los vuelos espaciales, que la Tierra tenía forma esférica? Hace más de dos mil años, un griego llamado Eratóstenes midió el diámetro de la Tierra: ¿cómo imaginan que habrá hecho eso? ¿Será posible? ¿Les contaron en 4° grado qué pensaba Copérnico? ¿Y por qué creen que un tal Galileo Galilei dijo “yo, arrodillado, juro que creo, y abjuro y aborrezco mis errores y me someto al castigo”? 

 

* * *

 

La agencia Espacial Europea ha observado un asteroide de 40 metros de diámetro como potencial amenaza para la Tierra. El “día D”: 09/09/19. Claro que las probabilidades de colisión son bajas (1: 7299):  se calcula que pasará a más de 6 millones de kilómetros de nosotros. 

 

Los que sostienen que la extinción de los dinosaurios se produjo por la caída de un meteorito, calculan, en base al cráter Chicxulub, que el meteorito que formó ese cráter medía al menos 10 km de diámetro. 

 

¿Podremos comparar ambos meteoritos? ¿Puede ser un tema de interés de nuestros pibxs? ¿Vamos a morir en septiembre como los dinos? ¿Qué hay de los que dicen que el petróleo son los restos fósiles de los dinosaurios? 

 

La escuela, si de entender al mundo se trata, es un monstruo invertebrado. Un organismo complejo que absorbe y se desarrolla de a partes, que avanza espasmódico ante un mundo que no da respiro. Los emergentes de lo cotidiano irrumpen en la organización escolar. Lxs chicxs traen su historia al aula y la narran con un dramatismo no impostado. Del barrio al mundo, del deseo a la ciencia, de lo primitivo a lo contra-intuitivo.  

 

Mélani vibra ante una verdad que propaga la tele, que contradice a la escuela, que obliga al docente a dar explicaciones. La Tierra tiene forma de plato. Los terraplanistas dicen que todo es mentira. El video que vieron en 4° grado no sirvió para nada.   

 

El aprendizaje, como ya hemos dicho, anida en la formulación de las buenas preguntas y en la elaboración de argumentos simples pero sólidos. Y sobran herramientas para desechar estos delirios que no pasan un test científico.   

 

—¿Qué le decimos a los terraplanistas, chicxs?

 

 

  


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