El flashmob antimacrista #SiVosQueres innova el lenguaje de los candidatos, se permite enunciados políticamente incorrectos y también es eficaz. A todo ritmo, interpela al electorado porteño a renovar la agenda pública urbana. La de Sudor Marika no es sólo una canción: es un concepto, una posibilidad, un sentimiento.



Un grupo de jóvenes organiza festivales en las facultades de la ciudad bajo el lema “este gobierno no se banca más”. Una imitadora de María Eugenia Vidal sube parodias a Instagram usando un desodorante como micrófono. Un artista lanza a la web video-memes de Cristina bailando hits de Lali y de Axel haciendo un striptease. Un grupo de pibes sale por las noches a intervenir la cartelería oficialista: con solo borrar una letra transforman el eslogan “para no volver nunca más al pasado” en “para no volver nunca más al asado”. Bajo el lema “Evita al macrismo”, decenas de mujeres se disfrazan de Eva Perón en superproducciones callejeras que buscan alimentar la mística militante. Desde el viernes -cuando un flashmob ocupó la avenida Corrientes- esta mezcla de campaña electoral y protesta social pasó al adelante: disputa con imaginación el espacio público al todopoderoso aparato de propaganda montado por Horacio Rodríguez Larreta. Si vos querés, el resultado se puede invertir. 

 

Los conocedores del sistema político lo venían anticipando: la campaña electoral 2019 sería la más austera de nuestra historia reciente. Al menos para la oposición, corrida del manejo de los recursos estatales. La austeridad forzosa es resultado de la crisis económica que impacta en los balances de las empresas locales, principales aportantes -formales e informales- en toda campaña política. También del acorralamiento judicial de los principales empresarios en diferentes causas promovidas en los tribunales federales. El escándalo de los “aportantes truchos” a la campaña de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires tampoco incentivó a los donantes de dinero en negro, temerosos de las investigaciones periodísticas. Menos recursos implica menos carteles enormes en las autopistas y menos pantallas gigantes en los actos. También menos nafta para las recorridas de candidatos provinciales y menos aviones privados para los viajes de candidatos nacionales. La austeridad impacta también en la producción de spots televisivos, que deben limitarse a candidatos y candidatas recitando sus promesas con fondos parquizados. “No hay plata” es la muletilla que se repite desde hace meses a quien ose demandar recursos en los centros de decisión de la campaña oficial opositora. 

 

 
 
 
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#SIVOSQUERES: FOCUS GROUPIE • Video de @nosoytutanka (ft. @essantofan) para #Anfibia ♥️ • • La campaña extraoficial del @frentedetodos en #CABA le disputa el espacio público al aparato de propaganda montado por #RodríguezLarreta. En el marco de la campaña electoral más austera de la historia reciente, al menos para la oposición, el #flashmob #SiVosQueres innova el lenguaje de los candidatos, se permite enunciados políticamente incorrectos y también es eficaz. A todo ritmo, interpela al electorado porteño a renovar la agenda pública urbana. La de @sudor.marika no es sólo una canción: es un concepto, una posibilidad, un sentimiento. • Leé la nota completa en revistaanfibia.com

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La necesidad de generar una opción competitiva que derrote al macrismo favoreció tanto la unidad del arco opositor como de la militancia del campo popular. El duro aprendizaje de los errores del pasado reciente dispuso que el sacrificio fuera “por arriba” y “por abajo” de las estructuras políticas opositoras. Del cruce entre la campaña austera y la unidad militante se nutrió uno de los fenómenos más interesantes del actual proceso electoral: la creatividad y eficacia de la acción donde se integran colectivos peronistas y otras expresiones que buscan correr al macrismo del poder. En la ciudad de Buenos Aires la movida opositora convocó a un conjunto diverso e inorgánico de actores que se abocaron a la realización de todo tipo de actividades proselitistas en el espacio público. 

 

La campaña de la “coreo” tiene tantas limitaciones presupuestarias como posibilidades enunciativas: la militancia puede expresar aquello que los asesores desaconsejan decir en público a los candidatos y candidatas. Las acciones son re-producidas, celebradas y compartidas al infinito en las redes sociales. El registro de las acciones para su difusión en redes, de hecho, insume parte importante de la energía de la campaña de la calle. El denominador común de este amplio conjunto de acciones es la creatividad y el humor. Se retoma así el fenómeno sucedido durante previa del ballotage 2015, cuando miles de personas se volcaron al espacio público a militar de las más variadas formas la candidatura de Daniel Scioli. Pero la improvisación y desesperación de entonces deja lugar a una nueva etapa, marcada por la profesionalización de las acciones y el entusiasmo de los y las activistas ante la posibilidad del triunfo. 

 

La intensidad y el ritmo (sobre todo el ritmo) de la campaña porteña cambiaron el pasado viernes. Al anochecer de esa jornada sucedió en la avenida Corrientes, pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, algo inesperado. En la recientemente inaugurada peatonal porteña, tal vez una de las obras más ridículas de las realizadas por Larreta, cientos de personas comenzaron repentinamente a bailar una coreografía ante la mirada extrañada de los transeúntes. Era un grupo grande de gente, incluyendo jóvenes y jubilados, que había aprendido la coreografía de un video que circuló de celular en celular en la más estricta reserva. Bailaban alegres y, pese a la voluntad de los y las participantes, des-coordinadamente. Bailaban al ritmo de una canción pegadiza, con una base musical familiar combinada con un contenido novedoso. “Macri ya fue, Vidal ya fue, si vos querés Larreta también”, decía el estribillo. La performance duró unos cinco minutos, luego de lo cual (casi) todo volvió a la normalidad. Entre teatros vacíos por la crisis, parados sobre una obra innecesaria, sin gracia y costosa (para la cual se utilizaron 275 millones de pesos del presupuesto de la ciudad) los y las participantes se propusieron a través de un flashmob entusiasmar con una idea: la certeza de que si en las PASO perdieron Macri y Vidal, en octubre podría ser derrotado Larreta y sus políticas excluyentes.

 

La intervención de la avenida Corrientes se organizó en el más estricto de los secretos por un grupo que antes de las elecciones primarias se dedicó a proyectar el eslogan #MacriYaFue de manera simultánea en las paredes de cincuenta edificios de la ciudad. Se trata de un colectivo, cabe destacar, que no se reconoce como integrante del Frente de Todos, aunque sus acciones abonan directamente las chances de Matías Lammens de acercarse a la jefatura de gobierno. Lo que se escuchaba gracias a unos parlantes improvisados era una cumbia químicamente pegadiza. Una cumbia mágica, imposible de ser producida por las más caras usinas del marketing político. La canción es de la banda Sudor Marika, que a través de su “cumbia anti-macrista” viene poniendo el cuerpo en las más diversas luchas desde la asunción del macrismo. La banda, compuesta por siete músicxs y dos bailarinxs, organiza fiestas en boliches y en las calles asumiendo que la alegría es un poderoso antídoto contra un régimen que fomenta la tristeza, el resentimiento y el aislamiento. No deja de ser paradójico que sea una banda diversa y disidente la que ponga el ritmo a una campaña anti-Larreta, conocido por sus estrategias de pinkwashing (o de marketing LGTBQ que esconde políticas de represión de las disidencias sexuales). 

 

Las imágenes del flashmob circularon por Twitter el viernes ni bien cayó la noche. Bailarines y transeúntes subieron imágenes en sus “historias” de Instagram. Más tarde circularon videos entre los siempre más rezagados usuarios de Facebook. Por la noche algunos medios de comunicación tradicionales contaron la noticia. Se mezclaban las voces que salían de los parlantes con los gritos de la muchedumbre en un video que circulaba por Whatsapp. El sábado ya se reproducía bajo la forma de memes. Los que bailaban ahora la canción eran los personajes de la vecindad del Chavo, el actor Jean Claude Van Damme y el mismísimo presidente saliente en el balcón de la Casa Rosada. El domingo por la tarde en el supermercado una joven de pañuelo verde colgado de la mochila y sonrisa pícara pasaba entre las góndolas de los lácteos tarareando la canción. La dinámica de la viralización una vez más hizo lo suyo. Lo que se viralizó no fue solo una canción, fue un concepto, una posibilidad, un sentimiento.

 

La realización de un flashmob antimacrista, poco común en el ámbito de las campañas electorales, resulta por demás inédita en el ámbito local. Es una acción organizada en la que un grupo de personas se reúne repentinamente en el espacio público para hacer algo inusual, por lo general una coreografía aprendida previamente, para luego dispersarse con rapidez. La práctica es novedosa, considerando que los primeros registros datan de mediados de la década del 2000, teniendo en el desarrollo de las redes sociales un recurso fundamental tanto para la organización previa como también para la difusión posterior. Según la organización del flashmob anti-macrista, la idea es que haya una acción cada viernes hasta que la ciudad elija jefe de gobierno, en las diferentes comunas de la ciudad. Hay expectativas de cómo circulará desde el centro hacia los barrios. 

 

La contraposición del flashmob en la avenida Corrientes y la marcha oficialista a Plaza de Mayo desarrollada la semana anterior resulta evidente. La tensión entre discursos beligerantes y cuerpos que bailan es simplificadora (tal vez injusta) pero ilustrativa. Es que la creatividad, la sorpresa y la alegría constituyen instrumentos que los y las jóvenes, entendidos como una franja más espiritual que etaria, tocan de oído. Y la calle donde los y las jóvenes se lanzan cotidianamente a expresar el deseo de una sociedad más justa suele ser el escenario con mejor acústica para oír esta música. La estrategia colectiva –de actuar en colectivo, de interpelar a un colectivo, de sentirse parte de un colectivo- se tensa con la individualización practicada desde arriba a través del big data: de complejos y caros algoritmos que identifican sujetos específicos para los cuales el marketing construye mensajes tentadores. El “sí se puede” oficialista, producido hace cuatro años a fuerza de focus groups en los laboratorios de opinión pública del PRO se reedita ahora en el entusiasmo de los y las activistas que buscan disputar al oficialismo su principal cantera electoral. El espacio público se re-constituye como un espacio para el festejo que es apropiado colectivamente. La cumbia se reubica como una forma contundente de expresión popular que ocupa las voces y los pies de un colectivo social diverso, que tiene múltiples motivos para desear la experiencia del macrismo en el poder finalice. El entusiasmo viral adquiere aún más brillo frente al nerviosismo de quienes desde el oficialismo observan atónitos la caída del castillo de naipes construido en base a comunicación política, cooptación de los medios de comunicación y fomento del individualismo. 

 

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Macri y Vidal ya fueron: los vecinos y vecinas progresistas de Buenos Aires promueven que sea Matías Lammens quien encabece una nueva etapa en la ciudad. El mismo candidato que, en un intento premeditado de “despegarlo” del kirchnerismo ante un electorado hostil, la campaña alineada al Frente de Todos prácticamente evitó nombrar antes de las elecciones primarias. El resultado de las PASO impuso un cambio la estrategia: también es posible ganar la ciudad. Se trata ahora de montar al candidato a la ola ganadora del Frente de Todos. De trascender la crítica a Larreta para nombrar a Lammens a viva voz. Matías Lammens, el empresario pyme y presidente del club San Lorenzo que llegó por fuera de las estructuras del PJ a proponer un gobierno con sensibilidad y una agenda que contemple el drama social, ahora es abrazado por el colectivo inorgánico y heterogéneo que baila en la calle, interviene carteles en la vía pública y produce memes para las redes sociales. 

 

Los nuevos desafíos de quienes promueven el regreso del peronismo a la ciudad incluyen mostrar a Lammens con el carisma que Larreta carece pero que al candidato opositor tampoco le sobra. Mostrarlo rodeado de jóvenes para reforzar su costado progresista y de empresarios pymes para reforzar su costado productivista. El nuevo desafío es también erotizarlo, mostrarlo como un sujeto de deseo que enamore a las porteñas, pero también a los porteños. La “homosexualización de la campaña” de Axel para gobernador, encarada por usuarios en las redes sociales -lxs kicilovers- y materializada en los memes viralizados por el artista Tutanka, es una de las vías que esta acción política se propone explorar. La viral incorporación de Sudor Marika no hace más que confirmar el éxito de esta estrategia. Porque si el candidato es fachero y en base a eso pueden conseguirse votos para ganarle al facho, la campaña no va a dudar en utilizar el recurso. En tiempos electorales no todo vale pero, ante la importancia de los objetivos, los límites adquieren flexibilidad. 

 

Más importante aún es interpelar a un electorado difícil argumentando que la ciudad necesita una nueva agenda de políticas públicas, que la ciudad necesita la frescura que perdió al convertirse en una agencia de negocios inmobiliarios para los amigos del poder. El nuevo desafío es construir una propuesta que pueda articular una agenda que contemple a jóvenes y jubilados; a las familias que viven en la calle; a lxs inquilinxs que sufren los precios de los alquileres y los costos de las expensas. Que mire a la cara a quienes tienen trabajo y quienes lo necesitan con desesperación. Una agenda para los que dependen del acceso a la salud y a la educación pública en el sur y quienes pueden y deciden pagarlo en el norte. Frente a estos nuevos desafíos la campaña anti macrista, una forma de llamar a los y las jóvenes creativos y comprometidos de la ciudad, se propone militar un proyecto político inclusivo bailando en la calle, actuando sketchs en los colectivos y haciendo chistes en las redes sociales. Siempre sorprendidos ante la propia capacidad de (re)generación de un entusiasmo que la derecha en estos años, aunque se lo propuso, no les pudo arrebatar. 

 


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