Por primera vez en 24 años el macrismo puede perder las elecciones en Boca. Jorge Ameal, Mario Pergolini y Juan Román Riquelme encabezan una lista opositora que condensa los intereses del peronismo para hacer base en el club. ¿Qué ofrece el xeneize para que tantos actores políticos, económicos o judiciales se disputen la institución? Germán Uriarte e Ignacio Damiani diseccionan las alianzas y traiciones que se tejieron en despachos y asados partidarios, recorren las arterias de poder que ligan fútbol y política y cuentan qué se juega el oficialismo el próximo 8 de diciembre.



El Tano está que vuela. Es viernes 22 de noviembre al mediodía y la Sala de Conferencias de Boca Juniors rebalsa de periodistas electrizados. Daniel Angelici va a informar sobre los pormenores reglamentarios de la elección a presidente del Club pero esa es sólo la punta del iceberg, en realidad busca otra cosa: arrastrar al fango de la política a Juan Román Riquelme que, 24 horas atrás, anunció que participará de los comicios como candidato a Vicepresidente 2° en la lista que encabeza Jorge Ameal y secunda Mario Pergolini.

 

No tarda diez minutos en hacerlo. Ante las primeras preguntas de periodistas partidarios, el Tano sugiere que Riquelme le pidió guita para integrar la boleta que apadrina y que lleva a Christian Gribaudo como su sucesor. 

 

¿La negociación con Riquelme se trabó porque hubo un pedido económico? —pregunta un periodista del programa De una con Niembro.

 

Vos querés que yo conteste lo que vos sabés. No lo voy a hacer: quiero que el hincha de Boca siga teniendo un ídolo.

 

República de La Boca

 

La dirigencia que conduce al club de la Ribera es una matrioska. Gobernado hace 24 años por el macrismo, allí donde se saque una pieza de influencia se encontrará inmediatamente otra con casi la misma capacidad de lobby: fiscales, ministros, ex-espías, operadores judiciales, jueces y empresarios conviven dentro de una pequeña gran familia.

 

Un scanner de la dirigencia actual arrojará los siguientes resultados: la pata en la Justicia corresponde a Darío Florián Richarte, Vicepresidente tercero del club y quien fue, entre otros prontuarios, exnúmero dos de la disuelta Secretaría de Inteligencia del Estado -SIDE- durante el gobierno de Fernando de la Rúa. No es el único que puede arrogarse ese vínculo: el ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Gustavo Ferrari, ocupa una vocalía.

 

El propio presidente del club, Daniel Angelici, señalado como operador judicial de Mauricio Macri, saca la misma chapa -pero recargada- a través de su feeling con Sebastián Di Stéfano, secretario de Asuntos Jurídicos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Hizo además buenas migas con otros jueces y fiscales de Comodoro Py como el fiscal Carlos Stornelli, su ex hombre de seguridad en el Club, y los jueces Ariel Lijo, Julián Ercolini y Marcelo Martínez de Giorgi.

 

El Tano fue el encargado de bendecir a Christian Gribaudo, el candidato del oficialismo. El exdiputado de la Nación por el PRO (2007-2011) es el hombre que hoy maneja la caja de los jubilados del Estado bonaerense como titular del Instituto de Previsión Social pero que dedica, según su última confesión en TyC Sports, 24 horas al club:

 

Es mi pasión, no podría ocuparle menos tiempo a Boca.

 

De ganar las elecciones, la meritocracia buscará darles lugar a los hijos de los actuales dirigentes. La lista del Tano la completan los lazos de sangre: Sebastián, el hijo de Daniel Mautone, un socio histórico de Angelici en el mundo del juego y de los bingos. Leandro, el hijo del candidato a Vicepresidente Juan Carlos Crespi. Otro Leandro, el hijo del fallecido expresidente de Boca Pedro Pompilio, y Diego Requejo, hijo de José, otro dirigente macrista de la primera hora.

 

Se trata de ubicar a los fieles y a la gente de mayor confianza, porque lo que está en juego es la cantera de poder que parió un Presidente y albergó, dentro de Boca Social, a la actual Gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. La usina que proveyó cargos en distintas estructuras del Estado como la de Gustavo Arribas en la Agencia Federal de Inteligencia, Andrés Ibarra en el Gabinete de Casa Rosada, Fernando Rovello en Loterías y distintas bancas de senadores y diputados.

 

El Mecanismo

 

Con 87.731 bosteros en condiciones de votar, Boca tiene más electores que Río Grande o Ushuaia. Las comparaciones se vuelven más odiosas si se achica el zoom de la cámara: el último informe de la Asociación del Fútbol Argentino ubicó al club en lo más alto del ranking con 206.708 socios.

 

El padrón electoral es la clave. Angelici lo sabe de memoria porque usó el bisturí para retocarlo en su primera gestión y parir la categoría de Socio Adherente. La maniobra funciona como una especie de purgatorio en el que toda persona que gatilla una cuota espera para alcanzar lo quiere: ser Socio Activo. La diferencia entre uno y otro es tan vital como el agua: tener o no permiso para entrar a la cancha.

 

El estadio Alberto J. Armando quedó chico. Con una capacidad que apenas supera los 50.000 espectadores, se necesitarían cuatro bomboneras para dar asilo a todos los xeneizes que aportan. Los hinchas quieren ir a la cancha y el angelicismo lo olfatea: allí donde existe una necesidad, nace una veta. 

 

En estas elecciones, el control del Departamento de Socios lo maneja la gente que responde a Juan Carlos Crespi, el compañero de fórmula de Christian Gribaudo. Un histórico sindicalista que, apenas Riquelme anunció que integraría la lista de Ameal, le rapeó:

 

Me puede ganar en la cancha, pero en política yo le paso el trapo.

 

“Crespi va a manejar el departamento de socios y las irregularidades ya están pasando. Hay Adherentes que pasaron a ser a Activos para poder votar de un modo discrecional. Armaron el padrón con personas que tienen 125 años, que están muertas. Ya denunciamos estas irregularidades pero la IGJ no va a hacer nada, si la maneja Angelici”. Roberto Digón, ex vicepresidente de Boca y actual candidato a vocal titular con Ameal, no tardó en advertir sobre el vínculo que el Tano tiene con Sergio Brodsky, titular de la Inspección General de Justicia. El cupido de ese nexo es Richarte. Brodsky es un exmilitante de Franja Morada y fue subsecretario de la Facultad de Derecho de la UBA durante la gestión de Richarte como vicerrector de la Universidad.

 

Según denunció el equipo de abogados del “Frente para Recuperar la Identidad Xeneize” que encabeza el trío Ameal-Pergolini-Riquelme, “hay 8.600 nuevos socios que aparecen en condición de ‘activos’ sin haber pasado antes por la condición de socios adherentes, mientras que otros 3.000 socios adherentes fueron pasados a la condición de activos sin respetar el orden de inscripción”.

 

Las maniobras para ganar la elección no quedaron ahí. Algunos ídolos del club le dieron una gran mano al oficialismo cuando se pusieron a disposición para recorrer el interior profundo y hacer campaña. El apoyo tenía sus razones.

 

“Chicho” Serna se muestra con ellos porque a él lo están ayudando en la causa de narcotráfico en la que está involucrado —dice Digón sobre uno de los volantes más representativos en la historia de Boca.

 

Divididos por la felicidad

 

Las elecciones no se ganan solo con los socios sino también con construcción política. José Beraldi y Rodolfo “Royco” Ferrari armaron la lista “Unidos para Volver a Ganar” y saben que ser opositor tiene premio.

 

El ladero de Beraldi es otro pollo de Angelici. “Royco” Ferrari fue su Vicepresidente hasta febrero de este año y manejaba otra arteria de acumulación de poder: las peñas. Oficialmente se cuentan 183 a lo largo y ancho del país pero existe casi el doble que aún no fueron reconocidas por el club.

 

Una de las misiones de Ferrari en estas elecciones es dividir el voto. Su razón es evitar que la bronca de los socios contra el Tano explote en las urnas a favor de Riquelme. Tiene tres ventajas sobre el resto: el teléfono del presidente de cada peña, entradas a la cancha para repartir y plata para el viaje el día de la votación.

 

Su compañero de fórmula no tardó en salir a jugar con todo: fue el primero en hacer correr la voz de que J.R. quería algo más que un ofrecimiento político:

 

Lo que nos solicitó Riquelme es “inaceptable”. No entendemos qué es lo que le hizo cambiar de opinión.

 

Beraldi tenía un movimiento de ventaja: había sido el primero en convocar a Román.

 

Días después, con encuestas en la mano, subió el tono de sus declaraciones mediáticas y supo, de repente, cuál era el factor que había hecho torcer la voluntad del diez. En el programa “A Dos Voces” de TN hizo karaoke de las intenciones angelicistas:

 

 

Yo le había dicho clarito que viniera como manager y él solicitó ser vicepresidente, y ahí es donde empezaron las diferencias porque todos sabemos que un vicepresidente no puede cobrar.

 

A su lado, Christian Gribaudo hacía silencio y lo miraba impávido. La silla de Ameal estaba vacía, se había ido después de su entrevista. Los periodistas Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano provocaron a Beraldi una y otra vez a: “Vos dijiste una frase, que Román pidió algo `inaceptable´. Se interpretó como que te pidió plata”; “A ver, `inaceptable´ es decir que Riquelme iba donde había más plata”. Pero no lograron que el candidato hablara de dinero.

 

Para Román no hay guita

 

El volante que promocionaba la campaña de Angelici como presidente de Boca en el 2011 tenía una leyenda: “Renová el pasaporte, del resto nos ocupamos nosotros”. Su cara apenas si figuraba a un borde del papel junto a la de su jefe político: Mauricio Macri.

 

 

De 1998 a 2008, Boca Juniors ganó todo. El equipo copero que tenía a Carlos Bianchi y Juan Román Riquelme como principales figuras era un arma de doble filo para su primera gestión en el club. Le daba la épica que necesitaba para decirle al votante que los buenos tiempos volverían de su mano pero, al mismo tiempo, ponía la vara muy alta. Pasó lo segundo: como presidente de Boca Juniors, Angelici no pudo levantar ninguna copa internacional. El pasaporte quedó sin sellos.

 

La falta de títulos podría haber dolido menos sino fuera porque River Plate se llevó casi todo lo que Boca dejó en el camino. El Tano, entonces, optó por llenar el vacío deportivo con plata. Según la información oficial el patrimonio del club se cuadruplicó desde el año 2015: pasó de 265 a 1.086 millones de pesos por año . Angelici festejó el último balance:

 

Tenemos un superávit de más de mil millones de pesos. Estamos batiendo todos los récords. 

 

Por fuera de las ventas de jugadores, existen otros tres grandes ingresos en la tesorería: lo que se recauda en los propios partidos -casi un millón y medio de pesos-; el aporte de los socios -29.141.527 dólares por año-, y la publicidad que le deja al club 22.298.560 verdes.

 

Pero antes de gastar plata como Presidente, Angelici la contó como tesorero. Fue cuando Ameal estuvo a la cabeza de Boca entre 2008 y 2011 y llamó a Riquelme para que volviera a jugar en el club. Con un backup de roces con Mauricio Macri que incluyó, entre otros conflictos la filtración del primer contrato profesional del futbolista, a la banda del ingeniero no le gustó la idea y dos años después, al momento de renovar su vínculo con Boca, el por entonces Jefe de Gobierno porteño ordenó a su gente no dar los votos.

 

Sin las manos suficientes en la Comisión Directiva para lograr la continuidad de Riquelme, Ameal quedó debilitado y el futuro del jugador se convirtió en un culebrón mexicano: hasta los programas de chimentos opinaban de él.

 

El macrismo tomó su continuidad como un calentamiento previo para lo que serían las elecciones del próximo año. Fue ahí cuando el Daniel Angelici saltó a la fama y renunció a su cargo como contador para hacer un enroque maestro. A cambio de activar la perilla de los suyos para que el enganche siguiera en el club, le pidió a Ameal que ubicara en el Departamento de Socios a Carlos Aguas, un hombre de su íntima confianza. Desde esa oficina se controlan los carnets, se depura el padrón y se ganan elecciones.

 

 

Previo a pegar el portazo, el Tano dejó una perlita:

 

Renuncio porque no estoy de acuerdo con las condiciones en que fue renovado el contrato de Riquelme. Es una suma muy onerosa por cuatro años en una Argentina donde no se sabe qué va a pasar. Yo sigo insistiendo que no se firmen más contratos en dólares si nuestros ingresos son en pesos. No me quiero poner en la vereda de enfrente de un ídolo porque sería un suicidio político.

 

Riquelme_02

 

Parrilla Caliente

 

En la casa de Riquelme se comen asados. Por el quincho del enganche han pasado ejemplares de todas las especies: exfutbolistas, políticos, empresarios, periodistas. Su imán no distingue condiciones. Román escucha.

 

Mastica y escucha.

 

Aunque no lo digan a cara descubierta, Riquelme, Ameal y Pergolini decidieron jugar en una misma lista en enero de este año. Demoraron 11 meses en anunciarlo para arrastrar a Angelici a la pista de patinaje en la que hoy se mueve. En junio, el Tano estuvo comiendo de su parrilla convocado por el propio Riquelme. Para ese entonces, José Beraldi, quien encabeza la tercera lista para presidir el club había tentado a J.R. a meterse en la política xeneize. Por respeto, el 10 lo advirtió de esta movida. 

 

No voy a hacer nada sin que primero el actual Presidente de mi club lo sepa, porque yo estoy para aportarle a Boca le dijo a sus íntimos. Angelici leyó esa jugada en clave política y entró. Unas semanas después citó a su despacho al exégeta del 10: su hermano Cristian.

 

Allí vino el primer ofrecimiento: una ponchada de dólares para que Juan Román integrara “La mitad más vos” junto a Gribaudo. Cristian llevó la propuesta y días después volvieron a verse las caras pero el ofrecimiento no tuvo cabida.

 

Entonces el Tano redobló la apuesta. Y los millones de dólares.

 

Pero la reacción fue la misma: a mayor ofrecimiento, igual respuesta. Cristian Riquelme no dice el número exacto pero casi que no hace falta: “Era demasiada plata”, confiesa.

 

A mi hermano nunca lo pudieron comprar, por eso Angelici habla de que pidió plata. Como no pueden comprarlo y saben que es el único capaz de quitarles el club, lo viven atacando. Lo hicieron siempre. Pero a nosotros no nos importa lo que digan.

 

A partir de la decisión de Riquelme, el angelicismo usó todas su fuerzas para erosionarlo. En el último partido como local, Román decidió hacer campaña territorial y escuchar la ovación de su gente. Los hinchas llevaron caretas con su rostro pero la seguridad del club impidió el ingreso del cotillón porque “impedía identificar los rostros”. Una semana antes, después de la derrota de River en la final de la Copa Libertadores frente al Flamengo, las máscaras de Gabigol -figura del equipo brasileño- habían entrado sin problemas a la cancha.

 

 

Estoy feliz de volver a La Bombonera, pero es triste que den la orden de tirar las caretas con mi cara. Tengo que pensar que es verdad que Angelici es de Huracán y Gribaudo de Independiente, porque si no, no pueden permitir una cosa así apuntó el futbolista.

 

Había más: en su camino hacia a su platea se topó con el periodista Leandro “Tato” Aguilera, que intentó entrevistarlo. Román invirtió la carga y le preguntó:

 

¿Te dejan preguntarme?

 

Obvio, ¿contento de estar acá?

 

¿Vos estás contento de que estoy acá?

 

Sí, ¿por qué no?

 

Ah, ¿y tu jefe?

 

¿Contento?

 

Te dije dos veces. Feliz, feliz, No creo que vos estés feliz porque tu jefe debe estar enojado.

 

Aguilera utilizó su cuenta de twitter para realizar un descargo: “fui víctima de esta difamación por parte de Juan Román Riquelme. Sólo fui a buscarlo para hacer una nota periodística en radio Mitre y me trató así. Yo no tengo un jefe que se llama Daniel Angelici”.

 

 

En el afán de la defensa, Aguilera se desmarcó de Angelici, aunque Román no lo había mencionado.

 

El lunes en Fox Sports Radio fue el propio Angelici quien cruzó a Riquelme: “Es un mitómano que dividió al vestuario y a la dirigencia”. El Tano, a quien el estatuto no le permite reelegir, continuó con su eje de campaña: 

 

Beraldi dijo que Román tuvo un pedido que no era aceptable y yo también tuve el mismo pedido. No lo voy a calificar de aceptable o no, pero sí digo que no es ético. ¿Si pidió dinero? Sí. Y le dije que si quería iba a la reunión con el Tesorero, no tenía problema.

 

Es con todos 

 

Si el angelicismo es la reserva política del PRO en La Boca, Jorge Amor Ameal es la figura que encarna su contraparte: condensa los intereses del peronismo para hacer base en la calle Brandsen 805.

 

Como una pintura de lo que pasó con el PJ en el país, a esa unidad la ayudó el espanto. El empresario y sindicalista Víctor Santamaría y el senador kirchnerista Santiago Carreras se sumaron a su armado. Su combustible fue la oportunidad inmejorable de correr al PRO del club. Por eso las fotos no tardaron en llegar: junto a ellos dos y con una sonrisa de campaña Alberto Fernández y Axel Kicillof sostuvieron una camiseta de Boca con el 10 estampado en la espalda.

 

 
 
 
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‪Un domingo diferente ‬ ‪Junto a @victorsmaria tuvimos la posibilidad de charlar con el futuro presidente @alferdezok ‬ ‪Una mañana donde hablamos de deporte, fútbol y pasión ⚽️ ‬ ‪Gracias por el encuentro ‪Sabemos que es del Bicho pero igual le acercamos la azul y oro ‬

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Alberto le dedicó a Román un puñado de palabras:

 

Riquelme para mí es el más grande de todos.

 

Román aportó su rosca. El líder del Frente Renovador, Sergio Massa, y el diputado nacional Juan Cabandié son otras dos figuras de peso político que frecuentan su casa en Don Torcuato.

 

Nunca hablé ni de política ni de Boca. Me comí cien asados y me tomé trescientos mil mates pero no intervení en este tema. No tuve nada que ver —niega Massa.

 

Otras fuentes del espacio político del futuro diputado lo contradicen. Lo señalan, incluso, como el hombre que le sugirió a Riquelme que anunciara su alianza con Ameal a último momento para que el Tano gastara energía en negociaciones que nunca iban a llegar a buen puerto.

 

Yo no tuve nada que ver. Fue Román. Él se juntó con Ameal en las últimas horas y cerró. No querían mezclar a la política que excede al club en estas cuestiones —dice Cabandié. La foto de su perfil de WhatsApp lo delata: muestra una pintada hecha con esténcil que dice “Juan Román 2019”.

 

No fueron los únicos que vieron luz y entraron. Con el macrismo grogui, Hipólito Nosiglia, hijo del histórico operador radical y actual vocal de la gestión de Angelici, puso a traccionar los votos de su agrupación “por un Boca mejor” para el trinomio opositor. Hipólito es además el encargado de comunicación del Ministro de Justicia Germán Garavano. Se trata de un pase de factura del nosiglismo al angelicismo: hace unos meses, Nosiglia padre acordó con el Tano la conducción de la UCR porteña, pero el contrato no incluía las elecciones en Boca como calculaban quienes hoy dirigen al club. El entorno del Tano cree que Coti los traicionó y el nosiglismo se jacta de que hace tiempo venían mostrando su descontento con el modo de conducir del oficialismo y que la decisión es política.

 

Catorce Segundos

 

El 8 de abril del 2001 Boca recibió a River en la Bombonera y cuando promediaba el segundo tiempo el árbitro Héctor Baldassi cobró penal para el local. Riquelme acomodó la pelota, tomó doce pasos de carrera y pateó a la derecha de Franco Constanzo. El arquero millonario atajó el penal pero dio rebote y dejó a la pelota flotando en el área chica, hasta que Román la conectó de cabeza y la cambió de palo. Lo que siguió al gol fue una larga corrida del 10 hasta la mitad de la cancha. Sin dejar que nadie lo abrazara, se clavó de cara al palco del entonces presidente del club Mauricio Macri y llevó sus manos al costado de las orejas. Permaneció en esa pose, inmutable al grito de los hinchas, por 14 segundos. Durante el lapso que duró el desahogo, el ingeniero que hoy preside la Argentina -a unos cuantos metros de distancia- hizo la clásica: desentenderse de la situación.

 

 

Riquelme eligió festejar así para hacerle saber a Macri que quería una mejora en el contrato o, en su defecto, que la dirigencia no entorpeciera más su pase al Barcelona de España. Ese día Boca ganó 3 a 0. Al finalizar el partido, los periodistas le preguntaron el porqué del festejo. El 10 eligió patear afuera:

 

Por nada en especial, solamente que a mi hija le gusta el Topo Gigio y nada más.

 

Poco más de 18 años después, la matrioska xeneize no cambió mucho. Algunos nombres hoy ocupan otros puestos pero para Riquelme la receta es la misma. Hamacándose en la silla de TNT Sports, habla pausado y no sale de su esquema: se pone revisionista, reconoce broncas y acepta rencores pero su síntesis hegeliana acaricia a contrapelo la lógica del poder, despolitiza aunque lo personal sea político.

 

Mi hijo es más bostero que yo. Cuando me senté con él y le dije que había tomado la decisión de acompañar a Jorge (Ameal) y Mario (Pergolini) para volver al club, se largó a llorar, me abrazó fuerte y me dijo: soy feliz, papá, porque los que están hoy ahí te lastimaron mucho.

 

Si la táctica del angelicismo es dinamitar al ídolo, el contragolpe riquelmista enseña a pescar donde otros siembran bombas. No es nada nuevo. Ambos siempre eligieron pararse en los extremos para defender sus intereses, construir política y aglutinar poder.

 

El domingo 8 de diciembre, para la hora en la que se abran las urnas y comience el recuento de votos, los jugadores de Boca Juniors estarán jugando en Santa Fe contra Rosario Central. La Comisión Directiva les bajó una orden: cerrar el 2019 liderando la tabla de posiciones de la Superliga y necesitan que los jugadores transpiren como nunca la camiseta. Las gotas de sudor más grandes, sin embargo, se verán a kilómetros de distancia.

 


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