A Marcelo Bielsa lo atraviesan las paradojas. El rosarino es carismático sin serlo, aclamado en Chile, el País Vasco e Inglaterra, lugares en donde no ganó títulos. Futbolistas, entrenadores y periodistas lo reconocen como un portador de valores perdidos en un deporte lleno de intereses y traiciones, aunque semanas atrás admitió haber espiado a todos los rivales del Leeds, su equipo actual. Gabriel Tuñez recorre su historia familiar y traza el perfil de un técnico obsesivo que busca la utopía de calcularlo todo en el fútbol.



Un hombre capaz de presentarse en una comisaría para inculparse de una agresión o de admitir haber espiado a todos los rivales de su equipo. “El mejor entrenador del mundo”, según Pep Guardiola. Un obsesivo que que lleva 15 años sin ganar un título. El protagonista del mayor fracaso del fútbol argentino en medio siglo. Un utopista. Un loco.

 

Cuando Marcelo Bielsa decidió ser futbolista discutió con su padre, Rafael, y se fue de su casa para vivir en la pensión donde Newell’s alojaba a sus juveniles que no eran de Rosario. “Nunca vi jugar o dirigir a Marcelo. No porque no me guste el fútbol sino porque soy hincha de Central”, explicó Bielsa padre a la revista “El Gráfico” en 1998, el año en el que su hijo asumió como entrenador de la selección. Bielsa tardó apenas ocho años en llegar a ese puesto después de su debut como entrenador de un equipo profesional, en Newell’s. Allí conocía a la perfección a varios jugadores juveniles porque los había dirigido en las inferiores y, en algunos casos, hasta buscado en sus casas. A mediados de los 80 Griffa le había pedido reclutar futbolistas. Bielsa dividió el mapa de Argentina en 70 partes que recorrió en un Fiat 147 en dos meses y medio. En total fueron 25.000 kilómetros. En algunos de los viajes Griffa fue con él. Juntos llegaron una madrugada de invierno a Murphy, una localidad ubicada a dos horas de distancia de Rosario. Tenían en carpeta el apellido de un adolescente de 13 años que jugaba como defensor: Mauricio Pochettino. Pero no sabían dónde vivía la familia en esa ciudad de 4.000 habitantes. Preguntaron y llegaron. Tocaron la puerta. Todos dormían. Pochettino padre abrió desconfiado y con sueño. Bielsa y Griffa le explicaron lo inexplicable a esa hora: querían convencer a su hijo de que jugara en Newell’s. “Está durmiendo”, dijo el hombre. Finalmente, accedió a un pedido insólito de Bielsa: destapar las piernas del chico. “Tienen pinta de muy buen jugador”, dijo el Loco.

 

“No me acuerdo muy bien de esa noche porque estaba durmiendo pero sí del día en que conocí a Bielsa unas semanas después en Rosario. Yo comencé a jugar un partido pero después de cinco minutos, y de haber tocado uno o dos pelotas, me llamó y me dijo: ‘Quiero que firmes con Newell’s’. Bielsa es como mi padre. Mi amor por él es inquebrantable”, dijo Pochettino, hoy entrenador del Tottenham inglés. Cinco años más tarde Pochettino fue uno de los tres defensores titulares del Newell’s campeón del torneo Clausura 1990; los otros dos eran Fernando Gamboa y Eduardo Berizzo, que 20 años después fue su ayudante técnico en el seleccionado de Chile y hoy es entrenador de la de Paraguay.

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Marcelo Bielsa camina sonriente. No fueron más de dos o tres veces que lo hizo así en los seis años como entrenador de la selección argentina de fútbol. Acaso menos si se tiene en cuenta que va a ofrecer una conferencia de prensa. Lleva puesto pantalones y buzo deportivos grises; por el cuello le asoma una chomba blanca. Va a renunciar. A su mando, el equipo ganó una eliminatoria mundialista con récord de puntos y la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Ese título puso fin a una marca de 52 años sin que un deportista nacional alcanzara el lugar más alto del podio. Pero también perdió por penales la final de la Copa América 2004 con Brasil (ganaba 2-1 hasta el minuto 93, cuando sufrió el empate) y quedó eliminado en la primera ronda de Corea-Japón 2002, la segunda gran frustración mundial en la historia del fútbol argentino después del “desastre de Suecia 58”: derrota 6-1 ante Checoslovaquia.

 

Bielsa se acomoda en la silla, se acerca al micrófono y dice: “Noté que ya no tenía energía” para continuar. Como si la noticia de la renuncia no fuera suficiente, una periodista le plantea: “¿No es un poco pobre que mañana, por ejemplo, algunos titulares de los diarios digan que el director técnico se fue porque se quedó sin energía?”.

 

Bielsa: ¿Qué me sugiere que invente?

 

Periodista: Un título.

 

Bielsa: Puede ser “Grave enfermedad que le resta energía”. Eso sería más efectivo. Yo se lo recomiendo. Si ese es el título mañana del diario, lo compro.

 

“Estuve en aquella conferencia. Fue un día muy triste y el final de un gran proyecto”, recuerda casi 15 años después Marirro Varela, periodista de Radio Nihuil y Canal 7 de Mendoza, para los que cubrió cuatro mundiales, dos Juegos Olímpicos y cuatro copas América.

 

Durante el tiempo que Bielsa fue el DT de la selección estableció una condición para relacionarse con el periodismo: no concedió entrevistas personales y solo ofreció conferencias de prensa. “Tienen el mismo derecho una radio de Salta que TyC Sports”, explicó. Hubo conferencias de más de cuatro horas, aunque la mayoría de los periodistas las abandonaran mucho antes del final aduciendo aburrimiento. Aquella decisión fue “una de las cosas” que más lo “enamoraron de Bielsa” a Federico Lareo, autor de dos libros sobre el DT: “Las razones del Loco” y “Bielsa carajo”. “En un ambiente como el del fútbol, en el que muchos transan con los grandes medios, Bielsa no lo hace, se expresa sincero y cuando declara no usa caretas”, elogia Lareo.

 

Bielsa dice que tiene por la prensa una consideración tan mala o peor que la que tiene de los entrenadores. En 2017, participó de una conferencia organizada por la Confederación Brasileña de Fútbol. Allí, además de exponer algunos de sus conocimientos como DT, criticó que “el procedimiento educativo más poderoso que tiene la sociedad” ya no sea la escuela sino los medios de comunicación, que “se especializan en pervertir a los seres humanos según victoria o derrota. ¿Y esto dónde se verifica? En que lo que te hace importante cuando ganas es lo mismo que te hace estúpido cuando perdés”, afirmó Bielsa. Los asistentes lo aplaudieron después de decir eso. “Lo último que yo aspiraba era a generar este aplauso porque si estamos de acuerdo… ¿cómo lo justifico?”, agregó.

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Quince años después de la renuncia a la selección, Claudio Vivas, ayudante técnico de Bielsa, todavía recuerda que aunque al principio no estuvo de acuerdo con la decisión, porque el equipo podía tener su desquite en un nuevo mundial, el de Alemania 2006, finalmente comprendió que fue correcta. “Y lo banqué a muerte”, dijo.

 

Vivas conoció a Bielsa a fines de los 80 cuando era arquero de la Cuarta División de Newell’s. Todos en el club sabían que no tenía futuro en el puesto porque era muy bajo de altura pero nadie se lo decía. La explicación: su padre era dirigente del club. “‘Le voy a decir algo que nadie se anima a decirle’”, lo enfrentó Bielsa. Vivas tenía 18 años y después de aquella conversación terminó con su carrera como futbolista para empezar la de entrenador; actualmente entrena a Sporting Cristal de Perú.

 

Tras renunciar al seleccionado Bielsa se “encerró” tres meses en un convento religioso. Sin música, ni teléfono. Solo libros. “Encontré una felicidad terrible pero llegó un momento en el que empecé a hablar solo. No pude aguantar más y me fui. Me estaba volviendo loco de verdad”, le dijo Bielsa al ex tenista Gastón Gaudio durante una charla que tuvieron en Chile en 2010. Gaudio contó parte de aquella conversación en el programa “Basta de todo”, en Metro 95.1. Dijo que aquella vez Bielsa le había revelado, además, sus cinco claves para ser feliz.

 

A Bielsa comenzaron a llamarlo “Loco” cuando dirigía a los juveniles de Newell’s. “Ya desde ahí estaba muy obsesivo; estudiaba todo y quería tener cada detalle. Así que mis colegas me empezaron a llamar Loco pero de una manera amigable”, dijo. Pero “de loco no tiene nada”, asegura Ezequiel Fernández Moores, autor “Juego, luego existo”, el libro que recopila algunas de sus mejores notas periodísticas en más de 40 años.

 

Fernández Moores opina que Bielsa “es una persona que todo lo hace de modo visceral y auténtico. Que supera la locura de cualquiera” y que esa “locura enamora y tiene que ver con la pasión, el compromiso, la coherencia. Por supuesto que no es perfecto y yo no compro todo de Bielsa. Pero lo quiero en mi equipo”, reconoce.

 

La figura de Bielsa provoca atracción adentro y afuera del fútbol. Y eso “obedece a que se ve en él una conducta ética, una convicción, una pasión, una honestidad y transparencia que contagian, que atraen, que se necesitan”, afirma Fernando Javaloyes, filósofo por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Magíster en Sociología de la Cultura por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

 

De alguna manera, Bielsa visibiliza “el trasfondo de la crisis e incluso de la oscuridad del negocio del fútbol”, globalizado y engullido por los intereses económicos. En ese contexto, entonces, Bielsa “brilla sobre ese telón oscuro de fondo”, opina Javaloyes.

 

Lionel Klimkiewicz, psicólogo y coordinador del Equipo de Psicoterapia Individual del Hospital “José T. Borda”, dice que los argentinos utilizamos el término “loco” para “estigmatizar a quien se busca dejar afuera del comportamiento de la sociedad. Todos -indica- hacemos una vida común y el que no, está loco. Por eso en el fútbol Bielsa parece una persona extraña, ajena, diferente. Se lo mira siempre con desconfianza”.

Klimkiewicz sostiene que el hecho de que hasta el propio Bielsa se reconozca un “obsesivo” en su profesión no lo convierte en un loco. “Tiene un deseo puesto en un objetivo y pone su vida y su cuerpo para lograrlo. Tildarlo de obsesivo es peyorativo porque en este caso funciona como un sinónimo de loco. El obsesivo es alguien que sufre por eso. ‘Si no hago tal cosa me va a pasar una desgracia, si no me pongo una zapatilla blanca voy a tener un mal día’. No es el caso de Bielsa. Que el tipo sufra porque pierde un partido es algo que a cualquiera le pasa. A simple vista su obsesión se relaciona con que quiere calcularlo todo. Si fuera así lo convierte más en un científico que en obsesivo”, dice.

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“Solo cuando el agotamiento lo sume en el sueño, Marcelo está tranquilo con la sensación de haber hecho todo lo que estaba a su alcance (…) Pensá en la lucha de un ser humano contra el azar. Eso es lo maravilloso, lo mágico, lo quijotesco y lo que lo transforma en un personaje de la literatura”, dijo semanas atrás su hermano, Rafael, en una entrevista a “La Nación”.

 

Los hermanos Rafael, Marcelo y María Eugenia Bielsa vienen de una familia de juristas acomodada económicamente y prestigiosa de Rosario. De los tres, solo Rafael siguió la Abogacía mientras que María Eugenia es arquitecta. Los dos sí se dedicaron a la política y militan en el peronismo. Ella fue, justo este domingo, precandidata a gobernadora de Santa Fe. Él fue ministro de Relaciones Exteriores entre 2003 y 2005 en la presidencia de Néstor Kirchner y diputado nacional por el Frente para la Victoria, entre otros cargos.

 

En los años 70 Rafael militó en Montoneros. En 1977 fue secuestrado por represores de la última dictadura militar y llevado al Centro Clandestino de Detención (CCD) “La Calamita”, uno de los edificios que formaban parte del circuito de torturas conocido como “Quinta de Funes”, a cargo de Leopoldo Galtieri. Una vez liberado, Rafael debió exiliarse. Fue Marcelo quien de regreso al país lo pasó a buscar por Ezeiza. “Estamos cerca de los 30 años y no hemos hecho nada de nada”, le dijo Marcelo a Rafael en el viaje en micro a Rosario. Para ese momento ya había dejado su carrera como futbolista -jugó pocos partidos en Newell’s e Instituto de Córdoba entre 1976 y 1978- y comenzado la de entrenador en las inferiores de Newell’s junto a Jorge Griffa, una de las tres personas que más admira. Las otras dos son Gandhi y el Che Guevara, según la biografía “Lo suficientemente loco”, de Ariel Senosiain.

 

“De ninguna manera estaba predestinado que el hijo de una familia aristocrática se codeara con el ambiente popular del fútbol”, escribió Senosiain. Por eso sus compañeros de Newell’s lo llamaban “Niño Marcelo”, como lo hacían las mucamas en su casa. Allí los hermanos Bielsa tuvieron la influencia de su madre, Lida Caldera, una mujer rigurosa que les impuso el valor del sacrificio. “Para ella las cosas debían obtenerse después de un trabajo muy largo. Sino, no sabríamos cómo perseverar para conservarlo”, recordó Rafael Bielsa de su madre.

 

A diferencia de sus hermanos peronistas, poco se sabe de la ideología política de Marcelo Bielsa. “Descree de los políticos y no habla de esos temas con casi nadie; podría ser enrolado en la centroizquierda, un hombre que se rebela con la injusticia y la inmoralidad”, destacó Senosiain. En 2010, cuando murió Néstor Kirchner, Rafael, que era amigo del ex presidente, hizo público su enojo con Marcelo. “Estoy muy enojado porque no me llamó. Hace 15 días que no hablo con él. Y no lo pienso indultar de ese enojo”.

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El título de Newell’s en 1990, que obtuvo en la última fecha por sobre River, fue uno de los momentos de máxima felicidad que Bielsa le reconoció a Gaudio: “Creía que nada más podía pedir. Pero esos momentos no duran para siempre. El éxito es imposible mantenerlo en el tiempo”, dijo. Como en ningún otro momento en su carrera Bielsa se paseó en aquella tarde de campeón eufórico sobre los hombros de un hincha gritando “Newell’s, carajo” y flameando una camiseta del campeón.

 

Además de los juveniles que habían sido promovidos a la Primera por Bielsa, el resto del equipo tenía a varios de los futbolistas campeones en la temporada 88-89, entre ellos Gerardo Martino, Norberto Scoponi y Juan Manuel Llop. “A Bielsa lo conocíamos de compartir vestuario con los chicos de la Reserva. Él daba la charla del entretiempo justo cuando nosotros entrábamos al vestuario a prepararnos para el partido de Primera. Y veíamos el pizarrón lleno de flechas. Era impresionante, al punto tal que uno no entendía dónde empezaba una fecha y terminaba  otra. Al año lo tuvimos de entrenador”, dijo Martino, que fue entrenador del seleccionado argentino y actualmente dirige a México.

 

A los 27 años Bielsa fue el DT más joven en consagrarse campeón del fútbol argentino. Su Newell’s había logrado “un equilibrio vibrante entre lucha y técnica”, le reconoció el “Negro” Roberto Fontanarrosa, histórico hincha de Central, en su libro “No te vayas campeón”. Allí el “Negro” elogió al equipo de Bielsa, que ese año ganó 4-3 en el clásico rosarino, “un resultado francamente injusto porque la diferencia debió haber sido mayor”. Fue un día antes de ese partido cuando Bielsa se acercó a Gamboa, que estaba jugando al Pacman en la concentración del club, y le preguntó:

 

Bielsa: ¿Qué daría usted por ganar este clásico?

 

Gamboa: Todo, absolutamente todo. Soy capaz de trabar con la cabeza.

 

Bielsa: Más, hay que dar más.

 

Gamboa: ¿Le parece poco?

 

Bielsa: Si me aseguran ganar, me dejo cortar este dedo.

 

Rafael Bielsa pasó toda una semana “temblando” hasta que vio que su hermano “tenía todos los dedos” porque “era muy capaz de cortárselo”, comentó.

 

El periodista Alejandro Fabbri asegura que uno de los legados de Bielsa en el fútbol es, justamente, que muchos de los jugadores que lo tuvieron como técnico decidieron seguir la misma profesión. Especialmente los que integraron aquel Newell’s. “Scoponi, Berizzo, Gamboa, Pochettino, (Julio) Zamora, Darío Franco, Martino, Llop y Ricardo Lunari son entrenadores reconocen haber sido influidos por Bielsa para tomar la carrera de entrenadores”, indica Fabbri, autor, entre otros libros de “El nacimiento de una pasión-Historia de los clubes de fútbol”. Bielsa “generó en nosotros una gran enseñanza, una gran cultura en su manera de entrenar. A mí en particular, y seguro que a todos ellos, me fascinó”, comentó Berizzo.

 

También declararon haber sido influenciados otros actores del fútbol que, inclusive, no estuvieron bajo la conducción de Bielsa, entre ellos Marcelo Gallardo, Ariel Holan y Sebastián Beccacece, entrenadores de River, Independiente y Defensa y Justicia. “Tiene el respeto del mundo del fútbol. En un ambiente donde es tan fácil pervertirse por la inmediatez del resultado, el negocio y todo lo que hay alrededor, Bielsa jamás lo ha hecho a lo largo de 30 años”, opina Damián Giovino, autor del libro “El legado de Bielsa”.

 

Ese legado del que hablan Fabbri y Giovino parece mantenerse intacto. “Recién tengo 27 años y me hizo sentir que quiero ser entrenador”, dijo meses atrás Adam Forshaw, volante del Leeds, al periodista español Guillem Balagué, autor de dos monumentales biografías de Lionel Messi y Pep Guardiola.

 

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“¿Por qué usted que conoce toda la basura que rodea el mundo del fútbol, incluido el alto grado de deshonestidad de ciertos individuos, aún quiere volver ahí y meterse, además, a entrenar? ¿Tanto le gusta la sangre?”. Cuando buscaba consejos para lanzarse como entrenador, Guardiola viajó a Argentina. Para eso se reunió con algunos colegas, entre ellos César Luis Menotti y Bielsa. El catalán y el “Loco” conversaron “durante once intensas y productivas horas” en el campo que Bielsa tiene en Máximo Paz, en las afueras de Rosario, y que Balagué reconstruyó en la biografía “Pep. Otra manera de ganar”. Guardiola y Bielsa, escribió el periodista español, “tienen mucho en común: aman los equipos dominantes, que anhelan el protagonismo en el terreno de juego, cuya prioridad principal es marcar goles, y no pueden soportar a los que se escudan en excusas cuando pierden. Para ambos, perder es una conmoción que los deprime y aísla”. El único testigo de esa reunión fue el cineasta y escritor español David Trueba, amigo de Guardiola. “Necesito esa sangre”, respondió el catalán a Bielsa antes de despedirse. Guardiola es reconocido como el mejor DT del mundo. “No me importa cuántos títulos haya ganado Bielsa. Para mí es el mejor del mundo”, sostuvo en 2017.

 

Bielsa fue contratado a mediados de 2018 por el Leeds, uno de los más importantes del país aunque lleva 15 temporadas en la Segunda División, la Championship. El español Víctor Orta, director deportivo del club, viajó a Buenos Aires para conversar con el rosarino “Fui pensando que tenía que seguir vendiéndole las potencialidades del Leeds pero él ya estaba al tanto de casi todo. La reunión duró muchas, muchas horas. La mayoría del tiempo él hablando. Había cientos de papeles con formaciones sobre la mesa. Conocía al equipo mejor que nosotros”, destacó Orta.

 

El Leeds de Bielsa terminó 2018 como líder la primera ronda del campeonato, uno de los más largos del mundo: 46 fechas. En agradecimiento, un grupo de hinchas compuso “Bielsa Rhapsody”, una adaptación de “Rapsodia bohemia”, de Queen. “Viene de Argentina/Vino a dirigir al super Leeds/Lo llamamos El Loco porque está loco/Y sabe exactamente lo que necesitamos”. A principios de este año, sin embargo, protagonizó un escándalo cuando se supo que uno de sus colaboradores había espiado el entrenamiento del Derby County, uno de sus rivales en el torneo. Bielsa admitió en una conferencia de prensa que había espiado no solo al Derby sino a todos los equipos que había enfrentado hasta ese momento. “No puedo hablar inglés pero sí sobre los 24 equipos del campeonato”, dijo después de exponer a la prensa toda la información de la que disponía antes de enviar a su colaborador a espiar a los adversarios. Bielsa pidió disculpas pero el Leeds fue sancionado con una multa de 250.000 dólares.

 

A partir de la actuación del Leeds su figura tomó una trascendencia mayor. Cuatro días antes de emitirse el primer capítulo de la última temporada de “Game of Thrones”,  una de las más populares del planeta, el actor danés Nikolaj Coster-Waldau, que interpreta a Jaime Lannister, uno de los personajes principales, fue invitado al programa que conduce el cómico y productor estadounidense Jimmy Kimmel. Kimmel le preguntó a Coster-Waldau quién se quedarían finalmente con el trono en la serie. “Hay una teoría. Todos creen que un elegido vendrá y salvará el día. Y creo que todos piensan que es Jon Snow, pero en realidad hay que prestarle mucha atención a un tipo llamado Bielsa, que llega y mágicamente transforma el mundo en algo grandioso. Cuando todo esté perdido, él irá al Norte y lo transformará mágicamente en un paraíso”. El actor, a esa altura ya fanatizado, pidió a los asistentes al programa que repitieran con él: “¡Confiamos en Bielsa!”.

 

Los hitos de Marcelo Bielsa parecían terminar allí hasta que este domingo, a los gritos desde el banco de suplentes, ordenó a sus jugadores permitir que su rival, Aston Villa, marcara el gol del empate que le impidió definitivamente a su equipo pelear por uno de los dos ascensos directos a la Premier, el campeonato más competitivo del mundo. Contará en dos semanas con una última oportunidad, aunque tendrá que ganar un cuadrangular.

 

A los 26 minutos del segundo tiempo el marfileño Jonathan Kodjia, delantero del Aston Villa, cayó cerca del centro del campo después de una posible infracción del defensor Liam Cooper que el árbitro no marcó. La jugada continuó mientras los compañeros de Kodjia pedían a los rivales que tiraran la pelota al lateral para permitir el ingreso del médico. Nada de eso ocurrió: el atacante polaco Mateusz Klich remató al gol de derecha ingresando desde la izquierda del área. En seguida comenzó una discusión que incluyó empujones y manotazos entre los jugadores de los dos equipos. El partido se iba a reanudar después de varios minutos, en los que el árbitro expulsó a un futbolista del Aston Villa, cuando Bielsa llamó a su capitán, el español Pablo Hernández, y le exigió que el equipo dejara libre el camino para el empate rival. Dos jugadores del Aston Villa corrieron sin marca hacia al arco del Leeds y convirtieron el empate. Solo el defensor sueco Pontus Jansson buscó impedirlo: intentó darle una patada al rival pero sin alcanzarlo. Los 30.000 hinchas del Leeds que estaban en el estadio no entendían nada. Tampoco los que miraban el partido por TV. “No se lo regalamos (al gol): se lo devolvimos”, declaró Bielsa después del partido. Para ese momento su apellido era tironeado con igual fuerza por quienes los criticaban o defendían.

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Bielsa analiza con profundidad a los equipos antes de aceptar dirigir. En 2011 expuso durante una hora todo lo que sabía del Athletic Bilbao español aún sin saber si finalmente asumiría el cargo de entrenador que le había propuesto uno de los postulantes a la presidencia de club. Había visto los 55 partidos que el equipo había jugado en la temporada anterior, 42 de ellos en dos ocasiones. A Raúl Gámez, entonces presidente de Vélez, lo terminó de convencer en 1997 la contratación de Bielsa cuando le presentó la lista de jugadores profesionales del club. El técnico no solo tenía los mismos nombres sino que le pidió que agregaran a Rolando Zárate, en ese momento delantero de las divisiones inferiores.

 

Bielsa llevó a Vélez a ganar el torneo Clausura 1998. Lo hizo después de discutir con varios de los jugadores, entre ellos el paraguayo José Luis Chilavert. “Es un arrogante. Ni mi papá en vida me levantó la voz. No se lo voy a permitir”, dijo Chilavert cuando Bielsa le reprochó que si no bajaba de peso iba a dejar de atajar. Bielsa y Chilavert hicieron las paces sobre un avión y en medio de una fuerte turbulencia en la que el técnico, aferrado al asiento, le preguntó al arquero si era feliz. “Bielsa es uno de los mejores entrenadores del mundo. Un fuera de serie”, opinó Chilavert en 2012.

 

Después de dirigir a Vélez, Bielsa fue contratado en 1998 por el Espanyol de Barcelona. En su contrato había fijado una cláusula: podía irse en caso de recibir la propuesta de dirigir a la selección argentina. La eliminación en cuartos de final del Mundial de Francia de ese año derivó en la renuncia de Daniel Passarella como DT y en el ascenso de José Pekerman al puesto de manager de selecciones, después de su exitoso ciclo con los juveniles. “Siempre interpreté a la selección como el sentimiento de representación más grande y más fuerte que tenemos los argentinos. Entendí que desde la vidriera se podían demostrar algunos valores perdidos y Marcelo lo hizo. Es un estudioso, un constante formador de conceptos. Tan apasionado como consecuente y perseverante”, justificó Pekerman años después su decisión. Pekerman convenció a Julio Grondona de que Bielsa era el mejor. “Don Julio” aceptó la propuesta, en gran parte, porque así bloqueaba la llegada a la selección de Carlos Bianchi, con quien no se llevaba bien aunque había sido multicampeón con Vélez y era el favorito en las encuestas para asumir en el seleccionado.

 

Bielsa mantuvo gran parte del plantel que Passarella había conducido en Francia 98 pero le impuso su estilo, no sin disputas con los futbolistas. El equipo, sin embargo, tuvo el reconocimiento unánime del fútbol internacional, a tal punto que para la mayoría era candidato a jugar la final de Corea-Japón con Francia. “Argentina llegó a su punto de cocción seis meses antes del Mundial. Y una vez en Asia Bielsa no tuvo un plan B para evitar la eliminación. Es un entrenador tan aferrado a su manera de ver las cosas que le cuesta mucho confiar en el olfato. La faltaron reflejos para reaccionar”, opina el periodista Walter Vargas. Vargas coincide en la opinión de varios millones de argentinos: Bielsa debió haber apostado en un mismo equipo por Gabriel Batistuta y Hernán Crespo al menos “cuando las papas quemaban” y la eliminación era casi un hecho. Los dos centrodelanteros llegaron al Mundial de 2002 siendo los máximos goleadores de la liga italiana. “El único que pensaba que no podíamos jugar juntos era Bielsa. Creo que cometió un error. Nadie hacía más goles que nosotros”, comentó Batistuta al canal Fox Sports.

 

Bielsa fue el primer entrenador que tuvo Batistuta cuando llegó desde Reconquista, su ciudad natal, a la pensión de jugadores juveniles en Newell’s. “Fue el que me educó, el que me enseñó a entrenar los días de lluvia. Si metíamos dos goles, a meter cuatro. Me enseñó la vida del profesional de fútbol”, reconoció.

 

El empate 1-1 de Argentina ante Suecia en Miyagi significó en 2002 la eliminación y el último partido de Batistuta en el seleccionado. “Si hubiera sido boxeo en vez del fútbol, el árbitro hubiera parado la pelea después de media hora. Suecia estaba contra las cuerdas ante el asalto argentino. Pero el fútbol es el más injusto de todos los deportes.”, escribió en su crónica del partido el español Santiago Segurola para “El País”.

 

Todos los jugadores de ese equipo coinciden que ni antes ni después de ese día vieron a un entrenador llorar tan desconsoladamente como a Bielsa en aquel vestuario japonés después del partido. El “Burrito” Ariel Ortega fue el primero en consolarlo. Otro fue el arquero Germán Burgos, a quien el técnico había enviado al banco de suplentes después de ser titular toda la eliminatoria sudamericana. Nueve meses después, Burgos fue operado con éxito en Madrid de un cáncer de riñón. En la sala de internación, apenas después de la intervención, sonó el teléfono. Era Bielsa. “Quiero decirle que estuve siguiendo la operación. Me alegra que esté bien y siga para adelante”. Burgos ríe al recordarlo. “Me colgó. No me dejó ni decirle gracias. Desde la lejanía tiene más afinidad con el futbolista que otros entrenadores. Es como San Martín: se tuvo que ir para que lo reconocieran”.

 

Burgos utilizó la figura de San Martín porque después de dirigir a Argentina Bielsa asumió, en 2007, como DT de Chile. “Es brillante. Soy fan suyo”, responde en un mail Marco Enríquez-Ominami, fundador del partido Progresista chileno y ex-candidato a presidente en las pasadas elecciones de 2017. El Chile de Bielsa logró clasificarse después de 12 años para jugar un mundial, el de Sudáfrica 2010, y allí avanzó a los octavos de final.

 

Harold Mayne-Nicholls, entonces presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) de Chile, negoció con Bielsa su contrato como entrenador. “Nos inculcó que las cosas se pueden hacer bien y hay que hacerlas bien. Ese fue su gran legado. Y el de devolverle el alma al pueblo chileno”, dijo Mayne-Nicholls en una entrevista televisiva. Leal al dirigente, Bielsa renunció como DT después de que éste fuera desplazado de la ANFP.

 

Después de Chile Bielsa asumió en 2012 como técnico del Athletic de Bilbao, un equipo del País Vasco español que tiene como regla solamente utilizar futbolistas nacidos allí o hijos de vascos. En su primera temporada el Bilbao hizo una histórica campaña que lo llevó a jugar las finales de la Europa League, el segundo torneo más importante de Europa, y la Copa del Rey de España. Perdió ambas definiciones ante el Atlético Madrid de Diego Simeone y el Barcelona de Guardiola, respectivamente. Antes de comenzar el segundo año, Bielsa insultó y agredió a quien era el encargado del plan de reformas que él había solicitado en el centro de entrenamiento del club. “Me comporté como un salvaje”, admitió Bielsa a la prensa después de poner a disposición de su víctima una denuncia en la que se hacía responsable de lo ocurrido. “Me autodenuncio”, dijo. Aquel hecho y los malos resultados lo llevaron a renunciar poco tiempo después.

 

Su carrera siguió por Francia, donde fue entrenador del Olympique de Marsella y el Lille. En el primero hizo una buena campaña, fue líder durante buena parte del torneo pero sobre el final perdió posiciones. Renunció cuando la dirigencia, dijo, intentó cambiarle algunas condiciones del contrato. En Lille dejó el cargo después de que el club le impidió viajar a Chile para acompañar en sus últimos días de vida al argentino Luis Bonini, que fue preparador físico en las selecciones de Argentina y Chile y en el Bilbao.

 

Entre su paso por Olympique y Lille, Bielsa renunció a ser entrenador de Lazio de Italia. Había acordado su incorporación como DT al club de Roma pero horas antes de asumir el cargo formalmente desistió de hacerlo porque los dirigentes no habían contratado a los jugadores que había pedido.

 

“Bielsa es un tipo lleno de paradojas, honesto en un fútbol donde le venden arena a los beduinos. Es carismático sin serlo. En un deporte lleno de traiciones y valores morales que se venden y compran, ocupó el territorio por su nobleza”, analiza Vargas.

 

Como entrenador, su estilo retomó algunos conceptos del Estudiantes de Osvaldo Zubeldía y la selección de Holanda de 1974: presión alta, el juego por los extremos, precisión en velocidad y mucho riesgo defensivo. “Los bilardistas lo miran de reojo porque es un ‘perdedor’, los menottistas lo aceptan en última instancia porque es ofensivo. Muchos lo envidian porque tiene el prestigio que otros no logran. Es aclamado en Chile, los vascos lo adoran y también lo aman en Inglaterra, donde inventaron el fútbol”, sostiene Vargas.

 

“Es un utopista, es Tomás Moro, alguien que por concepción sueña una utopía y por convicción no teme”, dijo su hermano Rafael.

 

Y aseguró Valdano: “Ya dije que existen muchas maneras de seducir. Pero seducir con la ética es la más difícil y valiosa. Aunque a veces, como pueden apreciar (en el caso de Bielsa), resulte algo extravagante”.

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Faltan dos horas para terminar el domingo en Argentina. En Leeds la mayoría duerme. En su cuenta de 4,8 millones de seguidores, Emanuel Ginóbili escribe “Bielsa” y pone a continuación cuatro emojis de aplausos.

 

 


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