Después de la marcha del 3 de junio, ayer se hizo la segunda movilización contra la violencia machista. Miles de hombres y mujeres marcharon para pedir que se cumpla la ley de Protección Integral a las Mujeres, para frenar la violencia y que no haya más muertas ni desaparecidas.



 

Alejandra tiene 38 años y conoce la violencia machista.

 

—Hacés la denuncia pero después no tenés adonde ir. Una vez me tocó pasar tres días en la calle.

 

Vino a la marcha hacia el Congreso con la agrupación Barrios de pie, pero sobre todo por ella. Mientras habla llora, pero intenta restarle importancia. Se seca los ojos y sigue contando, como dando a entender que no es eso lo que quiere mostrar.

 

—Y tenés que volver con el tipo que te pegó toda tu vida porque no podés dejar a tus hijos con él. Yo tengo cuatro: por ellos salgo a luchar.

 

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La historia de Alejandra es la de muchas mujeres que se atreven a dar el gran paso: denunciar, pero luego quedan a la intemperie. Su historias muestra que aún hacen falta muchos más hogares/refugio de los que existen, más iniciativas como el programa “Ellas hacen”, y también, al menos en los primeros tiempos, subsidios habitacionales que les den autonomía económica y libertad de movimiento.

 

—Te sentís privada de tu libertad —dice y su mirada profunda y oscura, de matices árabes, parece gritar bajo sus finas cejas depiladas.

 

Sólo una vez a su marido lo detuvieron un par de horas. Lo largaron porque no tenía causas. Pienso en las líneas telefónicas a las que pueden recurrir las mujeres víctimas de violencia: la 144, que funciona para todas las provincias y depende del Consejo Nacional de las Mujeres y la 137, que funciona sólo para CABA, Chaco y Posadas, y depende del Ministerio de Justicia de la Nación.

 

Sólo la 137 posee brigadas policiales propias, capacitadas con perspectiva de género, que van hasta el lugar; pero Alejandra vive en el Gran Buenos Aires:

 

—Desde Moreno sólo puedo llamar a la 144. Te dicen que lo denuncies en una Comisaría de la Mujer. Para hacerlo tengo que ir desde Moreno hasta Paso del Rey, que queda a dos horas. Cuando llegás ya estás desesperada; después no tenés ni plata para volver.

 

—¿El Poder Judicial te dio alguna respuesta?

 

—Hice la denuncia hace dos años. Recién hace un mes me llamaron para darme el botón anti-pánico. Ya ni lo quería. Nadie te cuida, ni la Policía, sean oficiales hombres o mujeres, ni la Justicia. Por eso me junto con otras mujeres que sufren lo mismo. Nos cuidamos entre nosotras.

 

***

 

Por Rivadavia, van las columnas que marcharán hacia Plaza de Mayo y algunas banderas: CTA, Corriente Clasista Combativa Sudoeste, Las Rojas, Frente Popular Darío Santillán La Plata, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, diferentes gremios, centros de estudiantes, otros movimientos sociales, agrupaciones kirchneristas y agrupaciones de izquierda, siempre presentes en cada uno de los actos del movimiento de mujeres. No son tantas como el 3 de junio. Esta vez, la marcha no fue convocada por el colectivo Ni una menos en Twitter y Facebook, surgió del Encuentro Nacional de Mujeres para mantener y superar la movilización histórica por el día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No hubo 300.000 mil personas, la convocatoria esta vez no se difundió en los medios masivos y por lo tanto hubo menos independientes. Pero al igual que el 3 de junio se replicó en diferentes ciudades del país.  

 

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Ayer, la marcha coincidió con el anuncio del nuevo presidente Mauricio Macri de los miembros del gabinete. Periodistas de tv, radio, diarios y revistas no hacían otra cosa que hablar de eso. En los medios nacionales, la cobertura de la marcha pasó a un segundo plano.

 

Desde Ni una Menos hay expectativa sobre qué sucederá con el cambio de Gobierno. Macri, como el resto de los candidatos, firmó el compromiso con los cinco puntos que pidió el colectivo. Y ya dijo que va a cambiar las autoridades del Consejo Nacional de las Mujeres

 

El martes, la Casa del Encuentro difundió su último registro no oficial de femicidios en la Argentina: cada 30 horas, una mujer es asesinada. Ayer, la Corte Suprema de Justicia respondió a uno de los reclamos enunciados en la marcha anterior: una estadística oficial que refleje las consecuencias de la violencia de género y que sirva como base para avanzar en políticas públicas. Y hoy, el Poder ejecutivo reglamentó un segundo reclamo del Ni una menos: la ley de patrocinio jurídico gratuito para víctimas de violencia machista, aprobado por el Congreso.

 

***

 

Lucía  milita en la Campaña Zona Sur en cada uno de los actos del movimiento de mujeres y dice que, “después de la movilización del 3 de junio”, ve mucha más gente que los años anteriores.

 

Una militante del MST pide por megáfono que se declare urgente la Emergencia Nacional en Violencia de Género.

 

—¿Estás de acuerdo con el reclamo?

 

—No —dice convencida —Creo que es poco claro. Está bien pedir más presupuesto, pero pedir una ley de emergencia lo único que hace es burocratizar más la lucha. Hay que reclamar es que se cumpla la ley que ya existe”.

La Ley 26.485, Ley de Protección Integral a las Mujeres, sancionada en 2009 por 174 votos afirmativos y cuatro abstenciones: las cuatro de mujeres, una herramienta que ya se conquistó, cuyo contenido sigue siendo desconocido para muchos. Una ley que merece ser leída minuciosamente y cumplida al pie de la letra.

 

Las columnas empiezan a avanzar por Rivadavia. Debajo de la bandera del Centro de Estudiantes de la Facultad de Psicología de la UBA, Dohiel, 23 años, presidente del centro, dice que el plan de estudios de la carrera incluye muy pocos temas de género.

 

—El machismo está anclado en la sociedad porque al hombre se le asigna un rol dominante, y eso es lo que hay que cambiar, para construir una sociedad distinta, igualitaria.

 

—Como varón, ¿Sentís que esta lucha es necesaria para construir una sociedad más igualitaria?

 

—Sí, porque como hombres también estamos presos de eso, tenemos que cumplir mandatos. Nuestra autoestima está forjada en el seno de una sociedad machista. Creo que estas iniciativas comienzan procesos instituyentes: primero se empieza por la movilización, por la denuncia, pero después lo que hay que discutir son ideas concretas que terminen instituyendo prácticas distintas para esta sociedad. El debate debería pasar a ser sobre las prácticas.

Mientras Dohiel habla, camina. Él y la columna avanzan.

 

Sofía camina detrás de la bandera del Centro de Estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Diseño. Tiene 24 años y cuenta entusiasmada que este año muchas se animaron y fueron al Encuentro Nacional de Mujeres.

 

—Chicas que no habían ido nunca y volvieron distinta. Tengo un montón de compañeras que por primera vez contaron si tuvieron un aborto, si sufrieron un abuso, si su pareja las maltrataba… y volvieron con muchas ganas de organizarse.

 

Sofía dice que el Encuentro muestra que las problemáticas no son individuales sino sociales. Que la única forma de superarlas es juntarse.

 

—Continuar este camino es lo que va a hacer que un día las mujeres se liberen.  

 

La caravana continúa, con el sonido del entusiasmo y las esperanzas de los más jóvenes pero también con el de la bronca de los reclamos y el dolor por la impunidad. Algunos de los carteles evocan mujeres particulares y concretas, sus nombres propios; miles de chicas asesinadas: “Lourdes González, 15 años, desaparecida el 17 de febrero de 2012, en Merlo”; “Justicia por Tati Piñeiro, asesinada el 11 de julio de 2012”, en Misiones. En ese caso detuvieron a un adolescente y dijeron que se había suicidado antes de declarar, pero las familias de los dos siguen luchando y denuncian al hijo de un diputado provincial; “Justicia por Paulina Lebbos”, la estudiante que encontraron estrangulada a la vera de la ruta 341, a la altura de Tapia, en Tucumán, hace casi diez años que ocurrió y sólo condenaron a tres ex policías por encubrimiento y falsificaciones de actas.

 

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A unos metros, Lidia, que marcha con Tribuna Docente, del sindicato Ademys, cuenta que hubo al menos cuatro casos más de intentos de secuestro o de aproximación a adolescentes de la villa 1-11-14, que antecedieron a la desaparición de Layla Nayeli Sainz Fernández, de 13 años, cuando salía de esa escuela en el Bajo Flores. Lidia cuenta que siguen preocupados porque se sospecha que en la zona actúa una red de trata:

—Estamos empezando a trabajar con los docentes en protocolos ante la desaparición de niñas, estamos avanzando mucho en lo metodológico. La escuela es una caja de resonancia de las cosas que pasan. Desaparecen alumnas, vienen madres golpeadas, niños golpeados, y hay que darles un marco de contención a los docentes para que podamos trabajar sobre la trata.  

 

Cerca de allí, Flavia, abogada y mosaiquista sostiene un cartel que dice “Tratémonos bien”. Parece desorientada entre tantas banderas y agrupaciones, pero tiene claros los motivos por los que está acá. Dice que el secreto está en la educación. Que la violencia machista atraviesa todas las clases sociales y todas las edades. Que es importante que una madre pueda explicarle a su hija que no está bien que ningún varón le diga que se cambie de ropa porque no le gusta cómo está vestida. Que le pareció excelente que se pidiera que hubiese una conductora mujer en el debate de candidatos presidenciales y que fue un papelón que no aceptaran el pedido. Que sabe que lo más terrible es que haya chicas muriendo dentro de sus casas. Y que si bien hay millones de quilombos, también hay prioridades.

 

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Después de la marcha del 3 de junio quedó una sensación de que hay de todo por hacer, en todos los niveles y en todos los ámbitos. Indudablemente, se trata de seguir exigiendo respuestas institucionales, pero también de multiplicar micropolíticas, redes e iniciativas, locales o específicas, ante cada uno de los múltiples rostros con que se presenta la violencia machista, de modos más o menos graves y en los más diversos espacios. Se trata también de seguir generando conciencia. Y en eso parece, se avanzó mucho. El 2015 será recordado en la historia argentina como un año en que tuvo lugar un salto en cuanto a la conciencia y la movilización acerca de las violencias que conlleva la sociedad patriarcal. La rapidez con que se incrementaron las denuncias a partir del 3 de junio es una muestra de ese salto que ha ayudado a que muchas se animaran a salir del encierro; por primera vez, toda una sociedad dijo: “estamos con las víctimas”.

 

La enorme cantidad de gente a la marcha de ayer, conmemorando el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, entendida como un tema de Derechos Humanos, sumada a la enorme cantidad de participantes que tuvo este año el Encuentro Nacional de las Mujeres,  demuestra que miles de personas decidieron volverse protagonistas del cambio. Aunque parezca insuficiente, en esta construcción hay varios puntos sólidos en donde apoyar los pies para construir más alto.  Químicamente, todo lo que lucha se combina. 


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