Con una estética más contemporánea y menos fiesta de disfraces, vuelve Titanes en el Ring. La nueva versión espera mantener la popularidad ahora que los deportes de contacto están de moda. Otro detalle: hay cupo femenino y LGBT en el cuadrilátero. Las luchadoras son Hella, Roxy Rox, Roma y Vixen. Promedian los 30 y tienen en común haber sido las únicas pibas del gimnasio. Saben de slams, vuelos de ángel y pasos del Fortnite. Su show se hamaca entre la autodefensa y la violencia ficcionada.



 

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Todo permaneció en el más estricto secreto hasta mediados de octubre. Entonces, sí, ahí se escucharon anuncios increíbles en algunas mesas familiares de Buenos Aires y alrededores:

 

- ¡Mamá, papá! ¡Voy a luchar en Titanes en el Ring!

 

En algunos casos, el asombro fue triple: primero porque vuelve Titanes en el Ring tras 17 años; segundo, porque alguien del grupo familiar será parte de la troupe; tercero, porque el anuncio lo estaba haciendo una chica y -sorpresa y media- eso significa que ahora se suman luchadoras mujeres.

 

Histórico. Titánides en el ring. Cosas que pasan en el siglo XXI.

 

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Muy pronto, titánides y titanes harán su gran debut en un cuadrilátero. Además de luchadoras, la novedad incluye a la comentarista Paloma Fabrykant, a un luchador LGBTQ llamado Amériko y a un 95 por ciento de personajes desenmascarados al estilo de Martín Karadagián, el creador del éxito de televisivo y teatral para cantidad de generaciones que casi no necesita presentación. Todo tendrá una estética más contemporánea y menos fiesta de disfraces. “Los únicos tres personajes enmascarados serán los históricos: el Caballero Rojo, La Momia y La Momia Negra”, adelanta Paulina Karadagián, heredera titánica, que para esta aventura se asoció con Sergio Ventrone, antes conocido como el luchador Billy Jim.

 

La base de operaciones está en el Centro Armenio. A la hora de la puesta de sol, quien pase por la vereda impar de la calle Armenia, en Palermo Viejo, escuchará golpazos desde el sótano del Colegio San Gregorio. Ahí está el gimnasio de lucha libre, decorado con un retrato de Martín Karadagián, también conocido como El Armenio, el campeón mundial que le ganó hasta al Hombre Invisible.

 

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Entre los 25 luchadores que entrenan slams, invertidas, lances y vuelos de ángel, hay cuatro mujeres que combaten entre ellas: Hella, Roxy Rox, Roma y Vixen. Parecen las estrellas de GLOW, la serie de Netflix sobre chicas marginales de la industria de Hollywood que en los ´80 se vuelven luchadoras para el programa televisivo Gorgeous Ladies of Wrestling. Y casi no hacen recordar a Titanes en el Ring, donde las únicas mujeres que subían al cuadrilátero eran las amigas del Pibe 10 que bailaban moderno.

 

De lo que se perdían.

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Ahora, el ring del gimnasio está dominado por Hella. Nadie se anima a subir porque -advierten en voz baja- se enoja fácilmente. Desafiante, la chica con músculos de acero se cuelga cabeza abajo de las cuerdas. Vestida y maquillada como para brillar en una pista tecno-gótica, el pelo azul y la actitud malvada le aportan un aire a Misfits, la banda de glam rock enemiga de Jem and The Holograms.

 

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Su némesis es la buena de Roxy Rox, chica de barrio, sana y deportista, enfundada en turquesa -muy The Holograms-, que posa para las fotos haciendo un corazón con las manos y sabe tirar como nadie los pasos del Fortnite, el videojuego de supervivencia más popular del planeta.

 

Además de la lucha, las une un fuerte principio: ninguna come animales.

 

Más allá, en la colchoneta de práctica, Roma se mueve con elegancia gladiadora, juega limpio y se mide con Vixen, tan fibrosa como astuta.

Discretas, hablan lo justo y prefieren presentarse en el ring.

 

En la vida real, Hella es Gabriela Herrero, deportista de alto rendimiento, psicóloga, empleada de oficina y ex guardavidas; Roxy Rox es Rocío Orlando, y cuando no está entrenando en un gimnasio trabaja en un hospital y en un laboratorio bromatológico; Roma es Romina Ferreyra, madre de un cincoañero; y Vixen es Romina Barrio, trabaja en una boutique y tiene una hija de 17.

 

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Las luchadoras promedian los 30 años y vienen del mundo de los deportes de contacto. Además de preparación física, practican o han practicado kick boxing, jiu-jitsu, boxeo, taekwondo y muay thai.

 

Otra incorporación femenina es Paloma Fabrykant, que será la primera comentarista mujer de Titanes en el Ring. Tiene un currículum para el asombro: periodista especializada en deportes de combate, fue la primera relatora de América Latina (por mucho tiempo, la única, de cualquier género) de encuentros de artes marciales combinadas (MMA, por su sigla en inglés) y en 2015 publicó el libro “MMA, Artes Marciales Mixtas” (Ediciones B). Nadie como ella para describir una lucha con pelos y señales porque ¡también es luchadora profesional de MMA (algún día tendrá que subir al ring.)

* * *

Hace años, cuando estos deportes no estaban todavía tan popularizados, las luchadoras pasaron por la experiencia de ser la única chica del gimnasio. Si bien la cosa fue cambiando, ninguna había soñado con estar en la troupe titánica.

 

Romina Ferreyra lo veía imposible, aunque ya la hubieran convocado. Hasta que entró al gimnasio de la calle Armenia: “El ambiente me sorprendió porque es muy diferente a todo, es súper seguro y los compañeros nos tratan recontra bien”.

 

En otros casos, en cambio, fue algo de lo más cotidiano. “Ya conocía el proceso de llegar siendo mujer a un lugar lleno de hombres. Los deportes de combate siempre fueron algo masculino, y la mujer solamente pasaba el cartelito o acompañaba al marido o hacía mate en la tribuna. Para encajar en estos ámbitos, a veces una desarrolla el mecanismo inconsciente de tomar los mismos usos y costumbres, el mismo lenguaje que ellos, y por ahí termina colonizada mentalmente, teniendo actitudes machistas sin darse cuenta. Yo empecé a hacerme amigas mujeres cuando empecé jiu-jitsu. Antes, por ahí era mi cumpleaños y todos los invitados eran varones. Después de todo eso, volver a alternar con mujeres es un proceso medio difícil”, dice Gabriela Herrero.

 

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Para Rocío la única novedad fue el catch, algo en lo que jamás había reparado. Después de entrenar, aprender los movimientos y volverse una titánide, aprendió también a disfrutar del catch como espectáculo y festejar a los luchadores: “Quiero hacer eso, quiero ser así”.

 

El camino con viento en contra empezó de chicas, cuando sus elecciones deportivas cruzaban el límite de lo aceptable para sus familias. Gabriela jamás contó en su casa que había empezado a entrenar boxeo: “Les decía que iba a hacer aerobox para bajar la panza”. A Romina Barrio le pedían que no hiciera taekwondo porque se iba a lastimar. Al hermano, en cambio, lo aplaudían en los torneos de kung-fu: “Vamos a ver al nene”. Pero la que más sabe de eso es Paulina Karadagián: “¡Mi papá no me dejaba luchar!”.

 

La hija de Martín siempre se movió en ese ambiente varonero. En 1997, cuando volvió de vivir en Estados Unidos, aparecieron los viejos luchadores para reeditar el programa. Ella tenía veintipocos, se hizo cargo y salieron de gira. Un día reunió a la troupe y dijo:

 

-Sé que les debe resultar horrible que una mujer les diga lo que tienen que hacer y sé que debe ser difícil porque, además, muchos de ustedes me tuvieron a upa cuando era bebé. Pero es lo que tocó. Tampoco lo busqué.

 

* * *

 

Se abrieron los cielos, y hoy ser parte de Titanes en el Ring legitima socialmente la pasión de estas mujeres por la lucha, aunque no se trate exactamente de lo mismo. Hay fiesta de bienvenida a titánides y titanes en las redes sociales, en los medios masivos (antes del primer espectáculo, ya salieron en tapas de diarios, en noticieros televisivos) y sus familiares, jefes y compañeros de gimnasio se convirtieron en admiradores, no importa la edad.

 

Pedro, el hijo de Romina Ferreiro, juega a la lucha con su madre gladiadora y se emociona con la idea de verla en un póster.

El hermano mayor de Romina Barrio (el que practicaba kung-fu) se enteró de la noticia con un escueto mensaje-bomba que recibió de la chica:

 

- Avisen a mami que estoy yendo a entrenar a Titanes en el Ring.

 

La respuesta fue con un mensaje cantado: Titanes en el riiing/ hoy se vuelven a enfrentar/ con sus músculos de acero y el poder/ de su fuerza sin igual y mucha emoción, porque de chicos habían ido juntos a verlos a Huracán.

 

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Los jefes de Romina Barrio y de Rocío Orlando están orgullosos de tener una titánide en sus equipos de trabajo.

También hay padres fascinados. La relatora Paloma Fabrykant, que no pudo conseguir que su madre fuera a verla en la cantidad de años que lleva comentando artes marciales mixtas, logró captar su interés, por fin, con Titanes en el Ring.

 

- ¡Ah! ¡Yo me acuerdo del Indio Comanche y sus dedos magnéticos!- le dice la madre, recordando al luchador que podía inmovilizar a cualquiera tocándole el hombro.

 

Aunque Paloma no revela de quién se trata, es vox populi que la fan del Indio Comanche es la escritora Ana María Shua.

 

Si sobreviene el furor general, tendrá que ver mayormente con la mística de Titanes, pero también con la popularización de estos deportes de contacto: más allá de series como “GLOW” y reality-shows como “Lucha Underground” (también en Netflix) y de la proliferación de gimnasios especializados, basta con pasear por Palermo un fin de semana cualquiera para comprobar que los bares con pantallas que solían poner videoclips musicales ahora pasan combates deportivos.

 

La lucha está de moda. Paloma Fabrykant lo sabe bien:Hay un interés en los deportes de combate que viene creciendo, paso a paso, firme, desde hace 15 años, tanto para las artes marciales mixtas como para el catch. En Estados Unidos, el catch -o el pro wrestling o lucha libre- está funcionando muy bien: la marca World Wrestling Entertainment (WWE) está pegando muchísimo, se ve en todos los canales…”.

Paloma, además, tiene otro mensaje bajo el ala:

 

- Titanes en el Ring va a explotar. Va a levantar mucho más público que todos los otros sistemas de combate. Esto es muy visual, tiene un componente artístico enorme. Hay espectáculo, vestuario, color, acrobacia, personajes (el bueno, el malo). Titanes en el Ring le va a gustar al fanático del deporte, al que le guste Cirque du Soleil, al que le interese la indumentaria… Es mucho más abierto, mucho más inclusivo, sin esos momentos de violencia real que -como pasa a veces en MMA- a la gente le cuesta aceptar. Esto será mucho más aceptado.

 

* * *

 

Martín Karadagián arrancó con Titanes en el Ring hace 56 años, en 1962, y fueron décadas de programas televisivos, shows en el Luna Park, giras y películas, hasta 1988. El Armenio murió en 1991 y su hija Paulina tomó la posta en 1997, con programas en Canal 9 y en América, hasta 2001. En todos esos años no peleó ni una mujer. Ni Paulina. Ahora mismo, con pasado dark y remera de Darth Vader, es fácil imaginársela como una luchadora poderosa de la dinastía Karadagián.

 

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Pero no quiere, aunque muchos a su paso tratan de convencerla. Empezó a entrenar de grande y sus huesos ya estaban “muy crocantes”. Tenía su personaje preparado -Valkyria- y un traje con máscara holográfica que aún conserva.

 

Ahora, el desafío pasa por otro lado. Tras décadas rodeada por una mayoría masculina con la que le costaba tratar, a esta altura lo que le resulta difícil es todo lo contrario: “Convivir con chicas”, hablar de “cosas de minitas” y vencer esos prejuicios que indican que una rotura de uña puede desencadenar un drama o que las mujeres traen obligadamente líos de polleras.

 

- Pero nada que ver. Me sorprenden día a día. No puedo creer lo al frente que van. ¡Las chicas son más duras que los chicos! Cuando pusimos las colchonetas de práctica en el piso, donde no se amortiza tanto como en el ring, los chicos se quejaban, se lastimaban… Y las chicas venían y ¡bum! ¡bum! ¡bum! Ni una queja -dice Paulina.

 

-Pero Paulina, el catch es de mentirita, ¿no?

 

-No es tan de mentirita como se dice. El catch es un deporte de contacto y requiere profesionalismo. Es como el truco del mago: todos sabemos que es mentira, pero elegimos creer. En Titanes va a haber una violencia ficcionada, se tomarán todas las precauciones y la idea no es romper al compañero, sino cuidarlo, pero eso no quita que en algún momento alguien se lastime.

 

Esperemos que no.

 

Mucha merde, titánides. Break a leg.


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