Hace cuatro años falleció la activista por los derechos de las travestis. Antes de morir, dejó un mensaje: “Ahora es tiempo de resistir. El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más.(…) Furia Travesti. Siempre”. Flavio Rapisardi la recuerda en este texto.



Foto de portada: Viviana D Amelia

 

No pelearse en política es una hipocresía. Como la de aquell*s que niegan el conflicto en política. Pero sin apelar a ninguna trascendentalidad desacralizada o religiosa, Lohana, siempre recuerdo un comentario tuyo en una de las tantas épocas que nos peleábamos: “Vos y yo loca vivimos en casitas chiquitas, volvemos a nuestros departamentitos. Mientras otros tienen sus grandes casas”. Eso es lo que nunca nos va a separar. Fuiste reina de metáforas. Como no recordar el “Grupo Montevideo”, esa casa que supo ser en un comienzo el reino de Raquel Robles y aquella generación de HIJOS que se reunían ahí, de Cristian Alarcón y sus pibes chorros, de Antonia Portaneri y su militancia peronista y vos con todas las chicas trans con quienes trabajábamos. Todavía recuerdo los gritos de Cris cuando a la vuelta del Encuentro Nacional LGBT que hicimos en el Museo Roca de Buenos Aires a todas se les ocurrió bañarse en casa (Rominita Campo, la gata, Mónica, vos y las representantes de provincias). Solo nos quedaron remeras viejas para después de la ducha, porque ustedes con sus toallas en la cabeza, como rodete, decidieron usar las dos plazas como sillón neroniano y que en una guerra de cuerpo con Alarcón le rompiste una pata de la cama.

 

Para mi y much*s no hay una sola Lohana. Nos conocimos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Vos viniste a una reunión con Elena Reynaga de AMMAR en el año 1994 y allí nos amamos (claro que todo amor tiene su bolsa de horror como siempre dice Angela Urondo Raboy). Te decías mujer, todavía no revoleabas resignificado la noción de travesti que seguís defendiendo (si, en presente, porque ¿cómo vas a morirte gorda?). Y allí nos hicimos amig*s del alma. Pasaste días en casa, tu relación con el feminismo te disparó esas neuronas incomparables y pasamos a ser como un dueto vedetongo. Vos lo decías: éramos Susana y Moria. Obvio que nos peleábamos por ser Moria. Ahora que estas entre nosotr*s y en mi corazón te voy a seguir peleando: Moria soy yo.

 

Y vaya a saber porque nos “enamoramos” de un modo tan raro. ¡Bah! Como si alguien pudiera explicarlo. Y no dudabas en juntarte conmigo, Silvia Delfino, Mabel Bellucci, Cristián Alarcón, Josefina Fernández. Eras una esponja. Agarrabas nuestras pretenciosas frasesderrideobutlelaclausianas y las convertías en un guión de Nini Marshall y Eva Perón. Por eso fue inolvidable cuando en el año 1994 en las Jornadas Prácticas Culturas y Conflictos Sociales, la directora de teatro Miriam Tai (que te cuento se volvió a vivir a Argentina) te dirigió en una obra en la que tu letra era poesía de Alejandra Pizarnik y que gritabas en los pasillos mientras en el piso de abajo Patria Libre hacía su encuentro nacional. Ese fue un umbral.

 

Lohana_Berkins_portyap

 

Antes de conocerte yo había militado con Kenny De Michellis de Travestis Unidas, con Karina Urbina de TRANSDEVI (Transexuales por el derecho a la vida y ala identidad) y luego apareciste vos, arrasando con otras diosas, como dos que ya se son nosotr*s en este país que todavía no termina de entender que ustedes se nos van jóvenes: Diana Echazú dirigente de OTTTRA y Claudia PiaBraudacco (de ATTTA). ¡Qué trío! Tan distintas, pero tan iguales: fueron la nueva generación de aquella época. Y por mi edad, y porque todavía retengo, te acuerdo pasar por la calle Paraná, el Bunker de Carlos Jauregui y todos ceder ante un discurso que crecía en vos y lo seguirá haciendo gorda, no lo dudes.

 

Vos me enseñaste el horror que significa la prostitución mientras no existan condiciones de elección si eso es posible. Por vos me hice abolicionista rabioso. No llegué a decirte que lo sigo siendo, pero más moderado. No por conservador, sino por estrategia. Vos lo entendés, siempre fuiste pícara: como cuando en Salta me operaste para que el Encuentro Nacional no se hiciera en Buenos Aires.

 

Dónde no hubo dobleces fue cuando llorabas porque no querías seguir “haciendo la calle” (“lleca” no decías porque sos tan salteña como tus empanadas que nos hacías en lo de Josefina y te lo confieso, estaban bien, no mucho más). Y ahí vino el comando que empezó a pedir que te contratarán. Y fue Mabel Bellucci la que se fue al Centro de la Cooperación y luego al Partido Comunista a pedir un lugar para trabajar. Y así fue El PC, a pesar de Fernando Nadra (dirigente del PC retirado) que prefería un hijo policía a uno puto, con la decisión de Patricio Echegaray, Legislador en aquel momento, él te sumó como su secretaria, previo paso por el Centro de la Cooperación. El despacho de Patricio es un pedazo de historia que habrá que contar. Allí vino a militar otra que está como marca en el cuore: Diana Sacayán Nos presentaste y nació una relación parecida a la que tuve con vos. Todavía recuerdo como el 20 de diciembre, día de mi cumple, fuimos a la manifestación, hasta morfarnos gases con vos y Diana, llevando limones a las líneas delanteras para bancarse el picazón de la represión.

 

Y fuimos creciendo. Opciones de vida como son las políticas, las amorosas y hasta nuestros egos (el mio y el tuyo) nos separó un poco las vías. Dos años atrás comenzamos a hacer ralllies gastronómicos. Uno fue el mejor. Cenamos en avenida Corrientes y te acompañé a tomar el bondi a tu casa y entre risa y risa me rebautizaste: “Pero Flavio, si vos sos como Catrina, ese tifón que pasa y barre todo”. Te miré y nos cagamos de risa: Genia, me adulabas y me matabas a la vez. Y por qué no, si eso es el amor. No fui a verte. Solo le pedí a Diana Maffía, tu compañera de ruta, que te mandara un beso y me pidieras lo que querías. Y hoy me despierto y leo en mi celular que Diana escribió:

 

“ Trístisima, se apagó lavelita de Lohana. Llegue a darle tu mensaje y dijo que no quería irse peleada con vos”.

Me senté en la cama. Lloré. Y como con Nadia, Claudia y Diana oré para tener palabra, pensamiento y acción que las mantenga vivas, como estas letras, esta tinta que sí son balas, que seguirán hasta cuando todos los que fuimos “la joven militancia de los 80-90 ya no estemos” y quienes ya están ocupando esos lugares las tengan allí, entre ell*s, porque será inevitable.


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