La anatomía de la sociedad que deja Cambiemos está marcada por el malestar de las deudas, las de “arriba” y las de “abajo”. Familias ahorcadas por los UVAs, hombres amenazados por prestamistas y mujeres que tomaron crédito con la ANSES para pagar deudas: la fila de los endeudados es infinitamente más larga que la de los emprendedores. Esta crónica forma parte de una edición especial de Le Monde Diplomatique, editada junto a IDAES y Anfibia.



Foto: Dossier crónicas

 

Luciano tiene ataques de pánico. Hace meses que su padre, apremiado por la crisis y la imposibilidad de sostener el alquiler de un local en el centro de la ciudad de Santa Fe, pidió dinero a prestamistas. La situación se les fue de las manos. Él calcula que son 450.000 pesos y que le debe a más de diez acreedores. 

 

En las últimas semanas todo se complicó. Reciben amenazas de cualquier tipo e incluso una noche varios hombres quisieron entrar en su casa. Estaban solos con su mamá y sus hermanos más chicos. 

 

Yo estaba durmiendo. Mi vieja me despierta y me dice que estaban pateando la puerta. Mi viejo no estaba. Me levanto, miro por debajo de la puerta y veo los pies de un tipo. Cuando salgo en realidad eran cuatro. Ahí me amenazan, pero les respondo que no tengo nada para ellos, que mi papá ya les había dado unas herramientas y que algunas salen caras; que una limpiadora a vapor para tapizado profesional está 70 mil, 80 mil pesos. Como la situación no daba para más la entregó como parte de pago.

 

Oscar, el padre de Luciano, no tiene alternativa: anda con un revólver cargado y está la mayor parte del tiempo escondido. 

 

En agosto de 2019, también en la ciudad de Santa Fe, una mujer fue duramente golpeada por tres hombres que la subieron a un automóvil y la tuvieron secuestrada algunas horas. Según la investigación judicial y policial, las deudas con un grupo de prestamistas fue el desencadenante de las vejaciones. Pocas semanas después, en Entre Ríos, asesinaron a un hombre por prestar a tasas usurarias en los barrios marginales de Paraná. Estos hechos se suceden en el tramo final del gobierno de Cambiemos. Las deudas manchadas de sangre son una muestra extrema del legado macrista: la utopía de la sociedad de emprendedores fue reemplaza por la realidad opresiva de los endeudados. 

 

Del Estado a la Infraestructura de Bienestar

 

En abril de 2019, a poco de relanzar el programa Ahora 12, los memes no tardaron en  invadir las redes sociales y circular por los grupos de Whatsapp. Este nuevo modo de parodiar la realidad se mofaba de una medida tomada por un gobierno que, cuando estaba en la oposición, denostó a Cristina Kirchner por llevar adelante la versión original de ese plan de créditos al consumo. Pero ya la campaña electoral estaba lanzada y la caída del consumo era estrepitosa. El presidente Mauricio Macri no tuvo reparos en promover medidas defenestradas en el pasado y ahora tratadas como verdaderos talismanes de la suerte para conseguir la reelección de un gobierno que rompió varios de los récords económicos negativos de los últimos 20 años.

 

Estos anuncios, en el contexto de un año electoral, tenían, sin lugar a dudas, la vocación de mejorar las chances del gobierno de ser reelecto atendiendo a sectores de la sociedad fuertemente perjudicados por el aumento de la inflación, los niveles de pobreza y el desempleo, todas consecuencias directas de su propia política económica. Pero si se observan estas medidas con un poco de distancia y se desnaturalizan, es posible encontrar en ellas un proceso más profundo. Estas iniciativas se despliegan como políticas que buscan reactivar una infraestructura de bienestar que conecta tres esferas: el Estado, el mercado del crédito y el consumo de las familias. 

 

La financiarización de la economía y la sociedad implicó, entre otras consecuencias, desdibujar la clara división tripartita entre Estado-mercado-familia. El bienestar ya no se recorta como un propósito que logra de manera excluyente el Estado, porque tanto el mercado del crédito como las familias contribuyen a su producción también. 

La comprensión de las dinámicas contemporáneas del capitalismo financiarizado no sólo supone tomar en cuenta lo que sucede en las “altas finanzas” y sus agentes, sino también analizar las finanzas “desde abajo”, en la vida cotidiana de las personas, en sus práctica, en sus cuerpos, en sus esperanzas y frustraciones. Desde esta mirada, la anatomía de la sociedad que deja Cambiemos está marca por el malestar de las deudas, las de “arriba” y las de “abajo”, las del Estado y las de las familias.   

 

UVAS envenenadas

 

Todo proyecto político propone un imaginario sobre el mercado. Si el kirchnerismo tuvo en el impulso del “consumo popular” uno de sus proyectos de mercado, Cambiemos buscó modificar este estilo que lo asimilaba a uno de los tentáculos del condenable “populismo”. El proyecto cambiemita se puede encontrar en los créditos UVA, una línea de financiamiento para que las familias se conviertan en “propietarias” de sus viviendas.   

 

En 2015, Mauricio Macri había prometido que, si era electo, durante su gobierno entregaría un millón de créditos hipotecarios a 30 años para comprar una primera vivienda. En abril de 2016, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, puso en marcha los créditos UVA, una herramienta de financiamiento atada a la evolución de la inflación. Por esos días el nuevo gobierno estaba convencido que terminaría 2019 con un IPC de un dígito.

 

El pico de otorgamiento de créditos UVA se registró en el primer trimestre de 2018, cuando llegaron a entregar 23.999 préstamos en ese período (a modo de referencia, un año atrás habían sido 2.308). Entre mayo de 2016 y marzo de 2019, según un informe presentado por Marcos Peña al Congreso, se otorgaron 100.969 créditos UVA. El 10% de lo prometido en campaña.   

 

Con las sucesivas corridas cambiarias que atravesó la Argentina en 2018, la situación de los deudores UVA fue volviéndose cada vez más grave. La inflación se aceleró a niveles superiores al 50% desde febrero de 2019 y eso produjo un aumento sostenido de las cuotas, que inicialmente se habían planteado para equiparar un alquiler pero que rápidamente escalaron por encima de ese parámetro. Entre 2016 y octubre de 2019, el valor de la UVA creció 206%, ya que pasó de $ 14,05 a $ 43,03. 

Carla Solis, una estudiante de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, ahorró durante 8 años el producto de su trabajo como diseñadora y modista. Ahora llora sentada al lado de su máquina de coser, colocada en uno de los rincones de su dos ambientes en planta baja comprado con un hipotecario UVA. Llora porque tiene que trabajar durante 15 horas para hacerle frente al aumento de 50% de su cuota en tan solo seis meses y porque tuvo que dejar la facultad. “Pagamos pero debemos cada vez más. Es una bola que se va a llevar puesta a las familias. No debemos llamarlos créditos, esto fue una estafa”.

 

A 30 cuadras de allí, esa misma tarde en el comedor de la Casa Rosada, un funcionario explica que en realidad tomar un crédito UVA fue un negocio, porque los inmuebles están en dólares y el crédito es en pesos. Esto mismo dice el diputado oficialista Eduardo Amadeo: “Los hipotecados se están enriqueciendo. Las casas valen el doble en pesos gracias a la devaluación”. 

 

Marzo de 2019 fue un parte aguas. El dato de inflación de 4,7% se conocería recién en abril y días después de que el Indec lo difundió también comenzó a circular una encuesta de Isonomía que daba ganadora a Cristina Fernández en la segunda vuelta. Fueron los peores días del gobierno antes de las PASO. En esos momentos aciagos, Mauricio Macri y su equipo cedieron ante una máxima de la política argentina: en años electorales los ajustes son caros para los Ejecutivos. El 17 de abril el gobierno anunció una serie de medidas, entre ellas un congelamiento de precios de alimentos y créditos para beneficiarios de asignaciones sociales. Después del revés electoral de agosto profundizaron esas medidas, e incluso congelaron hasta diciembre el costo de la cuota de algunos hipotecarios UVA debido al recrudecimiento inflacionario por la fuerte devaluación. 

 

 

endeudados

 

Feminización del endeudamiento

 

Durante la gestión de Mauricio Macri, los hogares registraron un avance del peso del endeudamiento respecto de sus ingresos mensuales. Según el Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central, mientras que el peso de los préstamos representó 2,4 ingresos mensuales en diciembre de 2015, subió a 3,2 ingresos en marzo de 2019. El mismo fenómeno se registró entre los prendarios e hipotecarios (pasó de 0,3 del ingreso al 0,7) y con los créditos al consumo (que aumentaron de 2 a 2,4 ingresos mensuales). A la vez que subió el peso del endeudamiento respecto de los ingresos, durante la gestión de Cambiemos también creció de manera sostenida la morosidad en el pago, ya que pasó de representar el 2,3% de los hogares al 4,5%.

 

¿Qué significa el crédito en las familias? Las familias piensan y sienten los préstamos cada día de sus vidas como la vía que los conduce al consumo. Abandonarla significa abandonar el camino hacia una vida mejor o al menos de evitar una peor. Para el filósofo italiano Maurizio Lazzarato (2011) la dominación financiera contemporánea está representada por la figura del hombre endeudado. Sin embargo, es importante cambiar el enfoque de la subjetividad individual a la dinámica colectiva del crédito y la deuda.  Las familias socializan la obligación de pagar las deudas como estrategia de reproducción material. Por este motivo, es preferible hablar de familias endeudadas, ya que no es una dinámica individual sino colectiva que vincula a todos los miembros del hogar. Es decir, son las familias, no los individuos que las integran, quienes están comprometidas colectivamente con las deudas, aunque con obligaciones desigualmente repartidas.

 

Otra dimensión importante es el rol crucial de las mujeres para lidiar con el endeudamiento de los hogares. En ese sentido, la financiarización del consumo popular impulsa la feminización del endeudamiento. Por lo general, las mujeres utilizan su autodisciplina financiera para mantener el honor de sus familias. Sus pensamientos y sentimientos contribuyen a creer en la virtud de pagar las deudas en un contexto de mayor presión para obtener dinero prestado del mercado crediticio.

 

Según un análisis del CEPA, para junio de 2019 el 81% de los beneficios de la AUH había tomado un préstamo con Anses, casi el doble respecto de la cantidad que había en julio de 2017. Este endeudamiento tiene incidencia directa entre las mujeres, porque el 97% de las titulares de las cuentas en donde se depositan las asignaciones son las madres de los niños. 

 

Diana Manrique es migrante y cobra la AUH. En febrero de 2019 pidió un crédito de 6.000 pesos a través de la web de ANSES. No sabe cuánto paga por mes, ni la tasa de interés, ni cuánto tiempo debe pagar la cuota. Tampoco recuerda la clave para consultarlo. 

 

Si hubieras entendido que pidiendo 6000 tenías que terminar pagando alrededor de 9000 pesos, ¿qué hubieras pensado?

 

Sería un robo, creo. Porque eso creo que corresponde, porque lo implementaron para una ayuda para la familia, ¿no? Y para las madres. Bueno, yo soy madre soltera, estoy sola acá con mi hijo. Sería medio un bajón que te estén sacando algo que le corresponde a tu hijo.

 

Alquimia cambiemita: una política originada como fuente de ampliación de derechos se convirtió en un camino directo al infierno de estar endeudado con el propio Estado, cuya misión es brindar protección frente a las inequidades sociales.   

 

El futuro llegó hace rato

 

En mayo de 2019 el líder de la CTEP, Juan Grabois tuiteó contra el gigante argentino dele-commerce, Mercado Libre. La discusión Grabois-Galperín permitió sacar a la luz el acuerdo ANSES y el primer unicornio argentino (término que designa a las empresas que cotizan en la bolsa de Nueva York y que son valuadas en más de mil millones de dólares). Mercado Libre había accedido a las bases de los beneficiarios de ANSES para ofrecerles de manera experimental cobrar a través de su billetera virtual. La vocera de la empresa defendió este acuerdo ante los periodistas argumentando que no tuvo nada de secreto ni exclusivo y que además ofrecía nuevas oportunidades para quienes se encuentran excluidos del sistema bancario y financiero. El propio Galperin, CEO y dueño de Mercado Libre, intervino indirectamente en el asunto. Desde el gobierno no solo defendieron el acuerdo sino también alentaron fantasmas sobre la figura de Grabois y su asociación con el kirchnerismo. 

 

Si con el programa Ahora 12 el gobierno de Cambiemos intentó repetir una fórmula probada durante del kirchnerismo, con esta iniciativa reveló de manera descarnada su propia concepción de gestión de la infraestructura de bienestar. De prosperar el acuerdo, a Mercado Libre se le abrirán enormes oportunidades para producir cantidades de información sobre cómo utilizan sus billeteras digitales los beneficiarios de ANSES y para proponerles a sus potenciales nuevos usuarios otras prestaciones tecno-monetarias como, por ejemplo, líneas de crédito al consumo. Los titulares de la AUH alcanzan en Argentina a casi 2.200.000 de personas. 

 

Dos gigantes fintech como Moni y Afluenta, que utilizan complejos algoritmos de scoring y machine learning para el otorgamiento casi inmediato de créditos 100% online, ya otorgaron en la Argentina más de un millón de préstamos. Con tasas por debajo de las ofrecidas por los bancos tradicionales y un proceso más sencillo para tramitar los préstamos, estas opciones van ganando terreno en la canasta de deuda de los argentinos. No deja de ser paradójico. Las finanzas 4.0 crecen gracias a una crisis que aumenta la cantidad de desesperados para llegar a fin de mes.  

 

Deuda, ¿para qué?

 

La deuda es, sin dudas, una de las cargas más pesadas que dejará el gobierno de Mauricio Macri. En su gestión, la administración de Cambiemos emitió más de 167.000 millones de dólares nuevas emisiones y refinanciación, un ciclo de endeudamiento acelerado inédito en la historia argentina. 

 

Si bien el mercado del crédito nacional se expandió considerablemente desde 2015, no lo hizo como virtud capitalista ni como estrategia de integración a un mayor desarrollo. Las decisiones de liberalización financiera implementadas por las sucesivas autoridades económicas y del Banco Central permitieron una fuga que entre 2016 y septiembre de 2019 ascendió a 82.078 millones de dólares.

 

Si extrapolamos esta cuestión estructural a la realidad de los hogares, la realidad deja datos similares. 

 

La fila de los endeudados de Cambiemos es policlasista. Según datos oficiales de la ANSES, el 17% de los tomadores de los créditos para beneficiarios de la AUH y jubilados relanzados en abril 2019 utilizaron el dinero prestado para pagar deudas anteriores. En mayo de este año ya habían sido otorgados más de 1.000.000 de créditos. Duro golpe para la moral de Cambiemos: la fila de los endeudados es mucho más larga que la de los emprendedores. De los créditos de Anses, sólo el 2% pidió dinero para un realizar un “emprendimiento”.

 

Las dinámicas de endeudamiento son un centro neurálgico de las relaciones políticas, un espacio de activación de sujeciones, consensos, aspiraciones y también de revueltas (la sociedad chilena –que presenta una de las mayores tasas de endeudamiento a nivel de los hogares en la región- acaba de mostrarlo en las calles). Sin el reconocimiento de esta centralidad, los proyectos políticos sensibles a las injusticias sociales perderían fuerza para intervenir en esa rueda que mueve gran parte de los imaginarios contemporáneos de movilidad e integración social.

 

 

 

 

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