Michael Heinrich (Heidelberg, 1957) es un politólogo alemán, el más reciente exponente de una corriente de pensamiento conocida mundialmente por postular “una nueva lectura de El Capital”. Inició su formación en los campos de la matemática y la física, para consagrarse luego a los estudios politológicos. Su tesis defendida en el año 1990 sobre la teoría del valor se convertiría inmediatamente en una referencia obligada en los estudios de Crítica marxiana de la Economía Política. Ejerció la docencia en la Universidad Libre de Berlín y en la Universidad de Viena, y desde 2001 a 2016 se desempeñó como profesor de Economía Política en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berlín. Su libro Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx (2004) ha sido traducido a nueve lenguas, entre ellas el español (2008). En el año 2012 apareció también en español una obra complementaria: Cómo leer El Capital de Marx (2012). En 2018 publicó el primer tomo de Karl Marx o el nacimiento de la sociedad moderna, una biografía monumental de Marx en tres volúmenes. Es miembro del colectivo editor de la revista alemana Prokla, fundada por Elmar Altvater en 1971.



 

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Horacio Tarcus: En el siglo XX se escribieron casi medio centenar de biografías de Marx, algunas de ellas ya envejecidas, pero otras muy sólidas y documentadas. Sin embargo, en lo que va del siglo XXI ya han aparecido una docena de nuevas biografías. ¿Es que acaso en el siglo XXI sequiere reescribir ex novo la biografía de Marx? ¿Por qué escribir una nueva biografía? ¿Qué rescata de las biografías del pasado?

 

Michael Heinrich: Con la segunda MEGA [Marx-Engels-Gesamtausgabe, Obras completas de Marx y Engels], que se publica desde mediados de los años 1970, no sólo tenemos a disposición muchos nuevos textos de Marx y Engels, sino también un cúmulo de nuevos detalles sobre los contextos en los cuales surgieron esos textos, tanto los conocidos como los desconocidos. Además, disponemos ahora de información nueva sobre amigos, conocidos y enemigos de Marx. En particular, las biografías de Franz Mehring (1918), Auguste Cornu (1954-1968) o David McLellan (1973) fueron para su época obras muy bien escritas, pero desde entonces han envejecido en numerosos aspectos. El nuevo conocimiento sobre Marx está siendo asimilado recién en las biografías de Jonathan Sperber (2013) y Gareth Stedman Jones (2016), recientemente publicadas. Queda pendiente una asimilación completa de los nuevos hallazgos.

 

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Las biografías no sólo se nutren de nuevos conocimientos, sino también de nuevos interrogantes, de nuevas situaciones políticas y sociales, en las cuales se debate sobre la persona en cuestión de otra manera a cómo fue etendida en el pasado. Que el mundo a comienzos del siglo XXI se desarrolla de una manera crítica –sólo nombro como palabras clave la “crisis financiera”, la “crisis económica”, la nueva fuerza de los movimientos de derecha en muchos países- no es algo que pueda discutirse. Cuando el sistema capitalista resulta cuestionable, aparece un interés renovado por los críticos del capitalismo, entre los cuales Marx tiene un rol sobresaliente. A esto hay que añadir que el marxismo dogmático, que fuera predicado por partidos y algunos Estados, también ha entrado en crisis. Entonces, hoy puede discutirse sobre Marx  de una forma completamente distinta a cómo lo hacíamos hace treinta años.

 

HT: En Karl Marx y el nacimiento de la edad moderna (2018) usted acepta una serie de postulados de los historiadores de la Escuela de Cambridge, que exigen situar a un autor y su obra en su contexto epocal y recusan cualquier intento de transformarlo en un “contemporáneo”. Sin embargo, usted discute expresamente con otros biógrafos recientes de Marx, como Jonathan Sperber y Gareth Stedman Jones, quienes al restituir a Marx en las coordenadas del siglo XIX, le quitan potencialidad para comprender el capitalismo del siglo XXI.

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MH: Quentin Skinner y la Escuela de Cambridge tienen en primera instancia razón cuando señalan que las grandes obras de la filosofía política fueron intervenciones de filosofía política y teoría social frente a los problemas de su tiempo. Algunos adeptos de dicha Escuela sacan de ello la conclusión que esas obras sólo tienen un sentido en el seno de su época. Estoy en contra de colocar a Marx en su época para comprender mejor su argumentación, para iluminar mejor sus fuentes, para reconocer mejor aquello que ha sido condicionado por su propio tiempo si el objetivo no es volver más evidente lo que aún hoy podemos comprender del capitalismo a través de una lectura de Marx. Si bien no sé cómo, por ejemplo, se posiciona Jonathan Sperber respecto a la Escuela de Cambridge, él argumenta como si fuese uno de sus representantes más radicales. Para él, ya la mención de que Marx es un hombre del siglo XIX es un argumento central para afirmar que Marx ya no tiene hoy en día absolutamente nada para decirnos. Uno buscará en vano una discusión sobre qué es lo que ha cambiado tan radicalmente desde el siglo XIX como para que un autor de ese siglo no tenga hoy nada para decirnos. En contra de esto, ya desde el título de mi libro, trato de volver evidente que toda una serie de estructuras sociales, económicas y políticas fundamentales que se han constituido en el siglo XIX en primera instancia en Europa Occidental y Norteamérica, siguen siendo aún hoy sumamente importantes en gran parte del mundo. El siglo XIX no es  para nosotros –visto desde esas estructuras fundamentales- algo tan lejano como Sperber sugiere. Sin lugar a dudas, Marx no es nuestro contemporáneo inmediato. Hay una distancia temporal, que tenemos que considerar en  la lectura de la obra, pero no para abandonarla, sino para entenderla mejor y de manera más precisa. Y para usarla.

 

HT: Sus obras sobre El Capital suelen inscribirse en lo que se ha dado en llamar “la nueva lectura de Marx”. Sin embargo, la perspectiva que acentúa la crítica de la economía política y pone el problema del fetichismo en el centro de El Capital tiene grandes precedentes, como el ruso-soviético Isaac Ilich Rubin, el ucraniano Roman Rosdolsky y el alemán Elmar Altvater. ¿Cómo sitúa su propia obra dentro de las familias del marxismo? ¿Qué rol ha jugado la revista PROKLA en la renovación del marxismo alemán y en la relectura de Marx?

 

MH: Efectivamente, “Nueva lectura” [Neue Lektüre] es la expresión corriente, que guarda un doble significado. En un sentido amplio, nos referimos a las nuevas lecturas que surgieron desde los años 60 en muchos países; en un sentido más acotado, a aquellas lecturas que fueron iniciadas en Alemania ante todo por Hans Georg Backhaus y Helmut Reichelt.  Ahora bien, volviendo a la preunta: he aprendido mucho de Rubin y de Rosdolsky (sin por ello aceptar todas sus tesis), Elmar Altvater fue mi director de tesis doctoral y estuve junto a él por más de veinte años en la redacción de la revista alemana PROKLA (el nombre es una sigla del nombre original de la revista: Probleme des Klassenkampfs [Problemas de la lucha de clases]). En PROKLA se discutieron siempre tanto nuevos conceptos teóricos o nuevas lecturas de los conceptos disponibles como también se trató de realizar análisis concretos y empíricos del desarrollo del capitalismo, del capitalismo alemán y del capitalismo en el mundo. Precisamente, en tanto revista independiente tanto de los partidos políticos como de las organizaciones sociales, hoy como ayer PROKLA juega un importante rol, comprometida con un discurso de izquierda plural.

 

HT: La reciente publicación de la totalidad de los manuscritos de Marx en la MEGA permite por primera vez ahondar en la formación de lo que podríamos llamar su “pensamiento económico”. Usted recusa cualquier idea de “unidad” en el pensamiento de Marx, reconoce momentos y reformulaciones, pero rechaza la dicotomía entre cortes y continuidades, discutiendo con la escuela althusseriana respecto de un “corte epistemológico” en el año 1845 entre un Marx pre-marxista y un “Marx maduro”.

 

MH: Usted lo dice como si yo rechazara toda “unidad” en el pensamiento de Marx. Depende de lo que uno entienda por “unidad”. Algunos motivos, como por ejemplo la pregunta por la posibilidad de la emancipación del hombre, la posibilidad de una sociedad libre comienzan ya en un Marx muy joven y están todavía presentes en el Marx bastante más viejo. La forma y modo en que Marx analiza las condiciones para la emancipación y los resultados a los que llega, efectivamente varían drásticamente a lo largo del tiempo. Quien discuta esto, quien parta de la base que Marx ya en 1843 o 1844 había logrado sus visiones sustanciales y que todo lo que viene después no es más que elaboración, precisión y ampliación, debe (lo quiera o no) partir de una idea de un genio romántico bastante fuerte. El Marx de 25 o 26 años tenía un conocimiento aún muy limitado de la bibliografía sobre teoría económica e historia de la ciencia, su debate con la política era en muchos sentidos aún abstracto. Si uno observa el desarrollo intelectual de Marx desde 1843/44, constata un enorme proceso de aprendizaje, como consecuencia del estudio de la bibliografía respectiva, como resultado de los acontecimientos históricos de los años posteriores (la Revolución de 1848, el Segundo Imperio francés de Luis Napoleón, el ascenso de Bismarck), así como también como consecuencia de la experiencia intensiva de las relaciones económicas y políticas en Inglaterra, donde Marx pasó los últimos treinta años de vida. Si el joven Marx, antes de todos esos procesos de aprendizaje y experiencias prácticas, hubiera podido esbozar las líneas fundamentales de su obra, entonces todos los procesos de aprendizaje y experiencias serían para esa obra de un significado de segundo orden: el joven Genio ya lo habría logrado todo. Eso me parece una forma de ver las cosas de cuño muy idealista.

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Yo me opongo, en efecto, contra la tesis de una continuidad semejante, contra esa idea de “continuidad” es que y enfatizo el significado de los procesos de aprendizaje de Marx. Además, me opongo a una contraposición facilista entre el “joven” y el “viejo” Marx. En el desarrollo intelectual de Marx no sólo hay una gran cantidad de quiebres: estos quiebres toman lugar de manera asincrónica y en ámbitos bastante diferentes. Estos muchos quiebres no se dejan reducir a una gran “ruptura”, como para que uno pueda diferenciar claramente entre dos fases en el desarrollo de Marx. El desarrollo intelectual de Marx es enormemente complejo, no se puede reflejar adecuadamente ni mediante la tesis de la continuidad ni mediante la tesis de un quiebre entre el “joven” y el “viejo” Marx.

 

HT: Como otros lectores intensos de Marx (pienso en Louis Althusser o en Manuel Sacristán) usted ha tendido a leer El Capital y otros textos de Marx no tanto en clave de filosofía dialéctica sino de obras de carácter científico. ¿Puede el marxismo ser una Crítica y una Ciencia al mismo tiempo? ¿Cuál es estatus epistemológico de la obra de Marx?

 

MH: Respecto a la cuestión de la dialéctica, se me ha reprochado muchas veces que yo quiero escamotear la dialéctica de la obra de Marx. Eso es falso. Lo que he hecho es atacar la comprensión dialéctica de muchos marxistas. Siempre que algo se complica un poco, o la propia explicación se desdibuja, muchos marxistas tienden a enfatizar que se trataría allí de un “relación dialéctica”, sin poder no obstante explicar claramente qué es lo que quieren decir con ello (o si “dialéctica” se reduce a “interacción” [Wechselwirkung].

 

Si uno mira en los escritos de Marx, no se topa con un comportamiento semejante. Con excepción de los prólogos y epílogos de El Capital, muy raramente Marx habla de “dialéctica” en El Capital y en otros escritos. Y cuando lo hace, no lo hace en lugar de una explicación, sino luego de que ha explicado algo. En contra de esto, el uso de “dialéctica” en el caso de muchos marxistas es francamente inflacionario y sumamente superficial. Por lo mismo, en mi introducción a los tres tomo de El Capital (también disponible en castellano), he aconsejado a los lectores que le pregunten qué es lo que entienden exactamente por “dialéctica” a todos aquellos que gusta de llenarse la boca con la palabra. Mi propia comprensión de dialéctica la he esbozado en mi libro La ciencia del valor: mercancía, trabajo y dinero.

 

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HT: Muchas de sus objeciones a ciertas tesis de El Capital de Marx, como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, han generado un amplio debate, sobre todo en el marco del marxismo alemán. ¿Cuáles son desde su perspectiva las categorías del pensamiento de Marx que resultan ineludibles para comprender el capitalismo contemporáneo, y cuáles son las limitaciones o los puntos ciegos de la perspectiva de Marx?

 

MH: Antes de que hablemos de los “puntos ciegos en El Capital” deberíamos tener en claro los puntos ciegos en la recepción de El Capital. Estamos acostumbrados a leer por separado los tres tomos de El Capital, y eso corresponde al orden de la presentación pretendido por Marx. Frecuentemente, sin embargo, pasamos por algo o realmente no consideramos que el tercer tomo de El Capital, que se basa en un manuscrito producido en 1864/65, es considerablemente más viejo que la reelaboración del primer tomo y que los manuscritos del segundo tomo, que se originaron entre 1868 y 1879. Las últimas investigaciones del Marx de fines de los años 1870s retrotraen la escritura del tercer tomo a unos doce a catorce años atrás. Las nuevas investigaciones no sólo aparecen en los último manuscritos sino también en los numerosos cuadernos con fragmentos y en los manuscritos con notas de investigación, que recién ahora se volvieron accesibles gracias a la MEGA, y que muestran un proceso de investigación bastante dinámico, que fue más allá del estadío escriturario alcanzado en 1864/65. Tendríamos entonces que despedirnos de la idea de que en los tres tomos de El Capital nos encontramos frente a una obra fundamentalmente terminada. Especialmente en el caso del tercer tomo, se trata de la etapa intermedia de un proceso de investigación inacabado.

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Con esta advertencia no deben perder valor las conclusiones de El Capital. Con sus teorías del valor, el plusvalor, el beneficio y el interés, Marx descifró las estructuras centrales de toda economía capitalista. Sin embargo, la representación de estas categorías no está libre de ambivalencias: en la teoría del valor se encuentran aún restos naturalistas de la teoría del valor de la economía clásica superada por Marx; la conexión de la teoría del dinero a la existencia de una moneda no es sólo anacrónica, sino que suscita interrogantes sobre el análisis de la forma del valor. Si bien las categorías de interés y de capital de interés están bien elaboradas, el análisis del capital bancario y la relación entre mercados financieros y crisis apenas aparece, sin embargo, en sus formulaciones preliminares.

 

Debemos abandonar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia: los distintos intentos de fundamentarla, que uno encuentra en una extensa bibliografía, terminan en que lo que está por demostrarse siempre está de una u otra forma presupuesto, con lo que la supuesta prueba se transforma en un argumento circular, una tautología. Este abandono no es, sin embargo, una pérdida muy grande: contra una opinión ampliamente extendida, la teoría marxista de la crisis no es dependiente de esta Ley. Que las “pruebas” de la ley no aciertan al suponer algo, ya fue frecuentemente discutido: he introducido en este debate una tesis adicional. En virtud del material publicado en la MEGA no veo no obstante ninguna prueba, pero sí indicios de que Marx mismo, ya en los años 1870s, había abandonado esa ley. Esta tesis llevó a intensos debates, no tanto en Alemania, sino en el ámbito anglosajón. La superación de viejas ideas es siempre un proceso complicado, pero debemos demostrar la eficacia de las viejas ideas de Marx, y debatir considerando los nuevos textos y conocimientos, si es que queremos emprender algo con Marx también en el siglo XXI. [traducción del alemán de Virginia Castro]

 

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