Nicole Castillo vivió la infancia y adolescencia peleando con su mamá: no podía aceptar que fuera trabajadora sexual. Hasta que bajo el paraguas del feminismo pudo entenderla y nombrarla. Por primera vez la Secretaria General de la FUBA y la mamá hablan del vínculo que construyeron. Esta historia de Tali Goldman es parte del último episodio de la cuarta temporada de Las Raras Podcast.



Ilustración: Soledad Águila

 

 

Afuera, la lluvia es bíblica. Adentro, en el micro, se hace lo que se puede. Son las 6 de la mañana del sábado 12 de octubre y un grupo de pibas de la organización política Mala Junta va camino al 34° Encuentro de Mujeres. Durmieron poco o nada, pero una está impecable. Tiene el pelo corto y ruludo, rubio teñido, un charme especial. Antes de arrancar, se sacan una selfie. Esperen! pide Nikki, y saca unos anteojos de sol muy particulares de su riñonera de brillos. Son finitos, de vidrios violetas, con strass alrededor.

 

—Por favor esperen que me pongo estos Swarovski —dice y todas se ríen a carcajadas—. ¿Pueden creer que los compró mi vieja para venderlos? Cuando yo los vi le dije no, no, no, estos anteojos ni en pedo se venden, me los quedo.

 

Nicole Castillo es su referenta política, hasta hace unos meses presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ahora Secretaria General de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Sus compañeras saben. En realidad, hace poco que saben. La mamá de Nicole es puta. 


 

Nicole tiene siete años. Es 2003 y a la salida de la escuela pública Francisco D. Herrera la espera su abuela, a quien ella le dice “mabuela”, una mezcla de mamá con abuela. Durante varias semanas la mamá de un compañerito de su grado las encara a la salida, todos los días.

 

—Disculpame, ¿de qué trabaja la mamá de Nicole?

 

La abuela dice secretaria, dice vendedora de ropa, dice que hace comida, dice moza, y un día le dice:

 

—Si tanto querés saber preguntale a ella.

 

Nicole ve una serie en televisión. Se llama Disputas. Se emite por el canal de aire Telefé. Las protagonistas son cuatro prostitutas y su madama. Gloria tiene un hijo y problemas con su ex; Majo no tiene otra alternativa para mantener a su familia; Gala estudia kinesiología de día y se prostituye de noche. Soledad es bastante reservada, misteriosa y antipática con las personas.

 

Nicole le suma una quinta integrante: Karina. Se acuerda las veces que vio consoladores, maquillajes, lencería erótica. Cuando intempestivamente se iba al baño con su cartera. 

 

—Mabuela, ¿mi mamá es prostituta?

 

La abuela le dice:

 

—Si tanto querés saber preguntale a ella.


 

De niña era bastante introvertida. Mi padre era alcohólico, siempre se peleaban por mí con mi mamá y yo era tipo la jueza. Mi abuelo era el que me pagaba el colegio. Era medio castrador: si me sentaba al lado de un varón se ponía loco. Siempre fui muy buena alumna y me gustaba estudiar. Era muy reprimida, sí. Siempre veía a mi mamá llorando porque mi papá se despertaba de mal humor; trabajaba de noche y se despertaba a las puteadas. Fue un padre presente en lo económico, pero ausente en lo afectivo. Aunque igual me doy cuenta, no es lo mismo tener a un papá que no tenerlo. Es preferible tenerlo como sea. Me doy cuenta porque, bueno, ninguna de mis hijas tuvo padre. Mi primer novio fue desde los catorce hasta los diecinueve. Yo todavía jugaba con las barbies y un chico del barrio me seguía, me seguía y yo lo rechazaba. Entonces mi mejor amiga se quiso meter con él, y ahí fue cuando yo dije bueno no, con con ella no, conmigo. Y ahí fue mi primera vez; me acuerdo de que mi mamá me compró las pastillas anticonceptivas. Todo bien, normal, todo feliz con mi primer novio hasta que con el tiempo fuimos como hermanos; y a los diecinueve yo quise probar el cigarrillo y no me dejaban fumar ni mi novio ni mi mamá, así que yo dije se van todos a la mierda y cortamos. Y ahí empecé a salir y a dármela en la pera. Empecé a salir así con uno o con otro, y en eso conocí al papá de Nicole, en un lugar en el que se bailaba salsa merengue; y bueno, ahí estaba él, que era extranjero, dominicano, con ese tonito diferente y bueno, me calenté primero y pensé que era amor, pero no. Ellos tienen una concepción del ahora, bailan, bailan, chupan, chupan, y no les importa el mañana. Me fui a Dominicana, pero ahí él se puso agresivo y me golpeaba. Y bueno, volvimos y yo quería quedar embarazada y bueno, al final quedé. Y fue un embarazo medio terrible porque las peleas eran impresionantes. Me casé con él porque mi mamá me dijo que mejor una hija de madre separada a una hija de madre soltera. Después de que nació Nicole me separé al toque. Un tiempo después empiezo a trabajar. A prostituirme. 


 

Nicole tiene tres años y le pregunta a su abuela cómo suenan las letras. Aprende a leer y a escribir con un libro que se llama Abuelita de arriba y abuelita de abajo. Durante su infancia, Nicole vive en muchas casas hasta que se instalan en un departamento grande en Villa Crespo. Nicole le grita mucho a su mamá. Nicole presume ante sus amigas los celulares último modelo que le regalan para Navidad. Es una nena muy caprichosa: todo lo que quiere, lo tiene.

 

La abuela la lleva y trae todos los días de la escuela. Muy pocas veces lo hace la mamá. Una vez la mamá le promete que la irá a buscar, pero cuando sale ve a la abuela en la puerta. Nicole hace un berrinche.

 

Cuando tiene diez años, internan a la abuela. Está grave. La mamá está en pareja con Armando. Armando es dealer. Nicole está con la mamá en un bar en la esquina del hospital. Ella le dice:

 

—Armando es el hombre con el que yo estoy por amor, pero después estoy con otros hombres por plata.

 

Nicole le dice que es una desubicada y que está drogada todo el día. Nicole dice que su mamá no se acuerda de este episodio. Ella no lo borra de su mente, pero nunca más habla del tema con nadie. Desde esa época Karina aparece y desaparece de la casa por períodos indeterminados. Cuando está, Nicole se pone contenta, la quiere, la cuida como a una hermana mayor, quiere que se quede para siempre. Pero siempre se vuelve a ir. Odia el trabajo de su mamá. Piensa que es el peor trabajo del universo. Nicole nunca nombra el trabajo de su mamá.


 

O sea, es un laburo realmente… tenés que ser muy profesional y yo me volví muy profesional. Se me ocurre la idea porque, a ver, yo había empezado en un chat swinger porque me gustaba. Y como yo era una chica joven sola, todo el mundo se quería aprovechar. Y un día digo bueno, voy a empezar a cobrar, si todo el mundo me quiere, que me paguen. Me gusta el sexo, sí. El primer cliente fue un abogado y me pagó cien pesos, que en ese entonces eran cien dólares. Y era muchísima plata. Del primer cliente me enamoré. Después aprendí. Me hice re dura y nunca más le creí a nadie. Al principio cuesta porque una tiene sentimientos, emociones. Me daba bronca si me dejaban plantada o si yo me enganchaba y el tipo se borraba. Pero después te volvés una piedra, tu corazón y tu alma son una piedra. Un amigo me decía vos no fingís un orgasmo, vos actuás un orgasmo. Y es así.

 

A mí me gustó, hay cosas que sí me gustaban. Me sentía deseada. Yo de chica era gordita, muy reprimida, y acá era como que me sentía liberada, estaba flaca me vestía bien. Pero bueno, obvio, es un trabajo muy riesgoso. Encontrarte con alguien que no conoces, tener relaciones con alguien que no conoces, ves lo peor de la miseria humana, pero lo peor, eh. Mucha mucha falopa y las fantasías de la gente que ni siquiera te las podés imaginar. Sabía todos los trucos y pasé por todas las modalidades. Desde avisos clasificados, después trabajé mucho tiempo en un bar, que ahí venían a visitarme Nicole y mi mamá, y ahí había tipos; entonces vos arreglabas y te ibas, también mucho cyber sexo hice. Llegué a tener seis o siete clientes por noche. Nunca trabajé en la calle.

Yo sacaba mucha mucha plata. A Nicole y a mi mamá las tenía viviendo una vida de lujo. A Nicole le compraba de todo, ella tenía todo. Cada Navidad le regalaba un nuevo celular. La verdad es que yo tenía posibilidades de tener otros trabajos, pero yo seguía eligiendo la prostitución porque me gustaba y porque ganaba mucha plata.

No me arrepiento. Sí me gustaría que mis hijas tuvieran otro estilo de vida. Si fuera por algo económico, haría yo cualquier cosa antes de que ellas hagan esto. Pero bueno, si es por gusto bueno, ahí sí.

 

¿Sabés lo que yo pienso? Que la primera prostituta es la esposa que se casa y tiene un solo cliente, que es el marido. Yo tengo muchos maridos. La diferencia es que yo soy libre y la mujer casada no. ¿Sabés la cantidad de oportunidades que yo tuve de tipos que me ofrecieron mantenerme? Yo siempre las rechazaba porque quería ser libre. A veces dicen que ser puta es tener dinero fácil. No, no, no es fácil, es rápido.


 

A los doce años Nicole entra a la escuela católica Divino Rostro. Un año después, en 2010, se aprueba en Argentina la Ley de Matrimonio Igualitario. En la escuela le dan folletos que dicen que la familia es una sola: mamá y papá. A Nicole le hacen ruido esos folletos. Tiene varias amigas, aunque va fluctuando de grupos. Sale mucho a bailar a un lugar que se llama Macabro, en el barrio de Palermo. Cuando tiene quince decide empezar terapia por voluntad propia en Instituto Ameghino de salud mental. Ahí también se atiende su mamá, pero con una psiquiatra. Después de un tiempo razonable, la terapeuta llama a Karina y le pide una cita. Nicole viene manifestando en las sesiones los enormes conflictos con ella. En la charla Karina le dice, suponiendo que ya lo sabía, que es prostituta. La terapeuta queda paralizada. Nicole nunca se lo había dicho. A la sesión siguiente Nicole siente alivio cuando su terapeuta le dice que ya lo sabe. Porque ella sigue sin poder nombrar esa palabra.

 

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Está en quinto año. Es el 2013 y hay elecciones. En la clase de Educación Cívica el docente trae folletos de todos los partidos políticos. Ella ve uno que le llama la atención. Se llaman Marea Popular y se definen como “izquierda independiente”. Llega a su casa, y manda un mail. Va a una primera reunión y le encanta. Le gustaría pasar todo el día militando. Es lo que empieza a hacer. En 2014 entra al Ciclo Básico Común de la carrera de Psicología en la UBA. Dice que no sabe por qué elige esta carrera. Pero lo que más le interesa es la militancia. Está todo el día en los locales o en la facultad, pero siempre discutiendo política. En 2015 también es parte de la marcha de Ni Una Menos, y las palabras feminismo y género empiezan a debatirse en las reuniones de su agrupación. Unos meses después viaja por primera vez al Encuentro Nacional de Mujeres en la ciudad de Mar del Plata con sus compañeras. Va al taller “Mujeres en situación de prostitución”. Está nerviosa. Ese taller es uno de los más fervientes del Encuentro porque suelen enfrentarse las abolicionistas —que creen que hay que terminar con la prostitución y la vinculan a la trata— y quienes piensan que en el sistema capitalista cualquier trabajo es explotación y  que debería regularse. 

 

Nadie lo sabe, pero para ella ese taller no es un debate dentro del feminismo. Es un dilema existencial de su vida. Se sienta y escucha. En un momento, una mujer que se define como abolicionista dice:

 

—Las hijas de las prostitutas terminan siendo prostitutas.

 

Nicole se muerde los labios. Quiere gritar a los cuatro vientos que eso es mentira. Sale movilizada. Ya nada será lo mismo a partir de entonces. No lo habla con nadie.


 

Es 12 de octubre de 2019 en La Plata. Son las 15 y un aula del Colegio Nacional está colmada. Sentada sobre una mesa, sobresaliendo, está Georgina Orellano, Secretaria General del sindicato de las meretrices, AMMAR. Nicole está en el piso. Después de algunas intervenciones, pide la palabra.

 

—Me llamo Nicole, soy militante de La Mella y Secretaria General de la FUBA. Y además soy hija de una trabajadora sexual.

 

Algunas ya la conocen y asienten con la cabeza cuando habla. Su post de Facebook, en octubre de 2018, se volvió viral:

 

Pasa que cuando una identidad se vuelve política no tiene sentido mantenerla al margen de cómo una se constituye para les otres y para una misma. Porque justamente es eso, una identidad. Pero también es tomarla como política y es eso lo que me parece más interesante.

 

Me sucedió de pasar del tabú y de lo que existe pero no se nombra a hablarlo, asumirme y luchar como tal.

 

Siempre recuerdo que cuando tenía 7 años pasaban por la tele una serie que trataba sobre la vida cotidiana de un grupo de putas. Yo le preguntaba a mi abuela si mi mamá trabajaba de eso. Mi abuela respondía que se lo pregunte directamente a ella. “Vos cogés con cualquiera” le gritaba mi yo de 7 años a mi mamá.

 

Ahora también recuerdo mi primer taller en un Encuentro en Mar del Plata (2015). El taller era sobre “mujeres en situación de prostitución” (no estaba aún el de Ammar) y fui más que nada para saldar mi discusión interna y muy personal sobre trabajo sexual. En el taller abolicionista dieron cátedra de todo lo que yo no quería ser como feminista. Entre otras cosas, las presentes trataban con pronombres masculinos a las compañeras travestis (radfem alert) y surgió una intervención que en resumidas palabras me decía mi destino: lxs hijxs de “prostitutas” van a ser prostitutas. En ese momento no tuve el valor de pararme y gritarle en la cara que no soy puta pero si lo quiero ser no va a ser porque mi mamá lo es.

 

Mi mamá es trabajadora sexual y hoy lucho por sus derechos.

 

Tardó 12 años mi proceso de sacar todos los prejuicios hacia el trabajo de mi mamá. Tardé 14 años en hacerlo público y asumirlo como parte identitaria. No quiero que ningúnx hijx de puta tenga que tardar tanto, para eso hay que dejar de demonizar el trabajo sexual.

 

Hoy la bandera de las putas feministas es una de las que más levanto.

 

Hoy ser hija de puta constituye para mí una identidad política.

 

Sin las putas no hay feminismo”.

 

Fue la primera vez que lo dijo.


 

Nicole y Karina están juntas. Toman mate. Karina acepta por primera vez contar su historia ante un micrófono. Nicole la escucha. Hay muchas cosas de su mamá que también se entera en ese momento.

 

—Yo no me arrepiento de nada de lo que hice. Es más, quizás si yo hubiera tenido un trabajo “normal” o hubiera sido una mamá “normal” ella no hubiera salido así. Es muy importante el cargo que tiene ahora en la universidad. Para mí va a ser Presidenta de Argentina, en serio lo digo.

 

—¡Ay mamá, por favor!— dice Nicole mientras hace que no con la cabeza y se muerde el labio inferior.

 

Una semana después, Nicole sube una foto de su mamá y su abuela a las stories de Instagram. Las dos están sonriendo. Se les ven los dientes. Le agrega una música de fondo: Mama de las Spice Girls. El estribillo dice: Mama i love you. Mama I Care. Mama I love you. Mama my friend. Un corazón rosa hecho a mano las envuelve. Arriba, en letras blancas y escudadas por otros dos corazones, escribe: ¡feliz día! 

 


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