Desde el domingo 8 de marzo la población italiana está cumpliendo con la directiva de aislamiento. Felicitas Carman, una argentina que vive en Piacenza, empezó un diario para contar día por día cómo se vive el encierro.



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Día #31
Martes 7 de abril de 2020.
Italia: 94.067 positivos. 17.127 muertos. 24.392 curados.

 

Durante estas cuatro semanas de confinamiento, el tano desmontó una biblioteca y la construyó de nuevo en otra parte; serruchó seis sillas de madera y las transformó en leña para quemar en la salamandra; cambió las cuatro patas de la mesa del comedor; mudó su estudio a nuestra habitación y la habitación a su estudio. Ahora, mientras escribo, está arriba de una escalera pintando el techo de la casa.

 

Si no podés salir del túnel, decóralo.*

 

*Se non puoi uscire dal tunnel, arredalo (Geppi Cucciari, 2014).

 

Imagen 1

El tano pintando el techo. Piacenza, 7 de abril de 2020.

 

 

Día #30
Lunes 6 de abril de 2020.
Italia: 93.187 positivos. 16.523 muertos. 22.837 curados.

 

Como el confinamiento es obligatorio, los grupos de amigos se “encuentran” en videollamadas; yo las detesto y encima me dan nostalgia.

 

La mejor amiga del tano tiene una hija que se llama Olivia. Para nosotros es nuestra sobrina italiana: la amamos desde el día en que nació. Cuando tenía menos de un año, los padres se iban al cine y nosotros nos quedábamos con ella. A la semana siguiente, el tano llamaba a su amiga y le leía los estrenos del cine para que pudiéramos ir de nuevo a cuidarla. Ahora Olivia tiene ocho años y viene a dormir a casa; siempre tenemos listo su pijama y su cepillo de dientes.

 

Todos los días Olivia juega al Lego con su amiga Michelle por videollamada. Inclinan la pantalla para no verse a sí mismas, sino a los dos personajes de Lego que han creado: una médica y un policía que se llama Robin. En la videollamada de ayer, la médica y Robin se pusieron de novios.

 

Sospecho que Olivia logró resolver el tema de las videollamadas mucho mejor que yo.

 

Imagen 1

Olivia en videollamada con Michelle. 6 de abril de 2020.

 

 

Día #29
Domingo 5 de abril de 2020.
Italia: 91.246 positivos. 15.887 muertos. 21.815 curados.

 

De joven, Paola jugó profesionalmente al voley en Italia. Le quedó el espíritu competitivo, solidario y un vínculo entrañable con sus compañeras de equipo.

 

Los años de amistad con ella me enseñaron a estar atenta. Aprendí, por ejemplo, a no decirle abiertamente que necesito algo porque me lo procura en el instante. Paola es ese tipo de personas que si alguien se está ahogando en el mar con la bandera roja, se tira de todas formas a sacarlo.

 

Aunque Paola ya no tiene fuerzas para llamarme y cada día se siente más débil, sé que nunca dejaría de socorrer a Laura.

 

Por eso a la noche, a veces, no logro dormirme. Veo a mi amiga en el océano Atlántico de bandera roja.

 

 

italia dia 29

Laura y Paola. Piacenza, 1966.

 

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Día #28
Sábado 4 de abril de 2020.
Italia: 88.274 positivos. 15.362 muertos. 20.996 curados.

 

Ayer no fue un buen día y por la noche no lograba dormir. Me resonaba esa frase que usan en la Argentina: “le haría un monumento”. Y me pregunté: “¿Hoy a quién le harías un monumento?” Bueno, seguramente a Elvira, mi maestra de primer grado; a mi hermana y al personal de salud que consuela y salva sin dramatismo.

 

Dos médicos vestidos como astronautas fueron a la casa de un amigo que tenía síntomas del virus. Fueron extremadamente profesionales: hicieron preguntas, sacaron radiografías a sus pulmones y le prescribieron remedios.

 

Todavía incrédula, su compañera Elena les preguntó: “¿pero entonces… ¿se contagió?”. El más viejo de los dos, subiendo una ceja y con expresión indefinible detrás del barbijo respondió en perfecto dialecto piacentino: “mês e mês”*.

 

Hace unos años, mi amigo Andrea abrió una botella de vino tinto y encontró una cola de ratón adentro. Una vez superado el estupor, agarró la botella y fue al Departamento de higiene a hacer la denuncia. El empleado lo escuchó con atención pero cuando miró la etiqueta de la botella, desestimó la denuncia y retó a Andrea: “Pero usted también… ¡comprar una marca tan trucha!”.

 

Entre la cola del ratón y los enfermeros que salvan a todos haciendo bromas me quedé finalmente dormida.

 

* Más o menos.

 

 

dia 27 italia

Laura abrazando a Giovanna, una paracaidista que presta colaboración al personal médico. Ronco, provincia de Piacenza. 3 de Abril de 2020.

 

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Día #27
Viernes 3 de abril de 2020.
Italia: 85.388 positivos. 14.681 muertos. 19.758 curados.

 

Nunca en mi vida hablé tanto por teléfono como ahora. Logré superar mi récord de la adolescencia, cuando hablaba horas enteras a escondidas. Más de una vez, pasada la medianoche, mi mamá abría la puerta de la cocina y me agarraba in fraganti; yo señalaba el tubo del teléfono con cara de inocente y atinaba a decir: “pero me llamó él…”.

 

Hasta hace unos días Paola era la persona con la que más hablaba. Ella siempre fue una máquina de enviar textos, audios, videos y fotos. Desde que se enfermó, todo es silencio. Apenas cruzamos algún mensaje; está cansada por la fiebre y ocupada con su mamá.

 

Y tiene miedo.

 

Hoy quiero que me devuelvan un día lunes o un domingo que se note que sea domingo. Quiero mi ciudad llena de chicos yendo a la escuela, entorpeciendo el tráfico a la mañana, y el macchiato del bar frente a mi estudio. Quiero que me devuelvan la sonrisa de mi amiga Paola y la posibilidad de subirme a un avión para abrazar a mi papá.

 

Italia dia 27

Estación ferroviaria de la ciudad de Piacenza. Sin fecha.

 

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Día #26
Jueves 2 de abril de 2020.
Italia: 80.572 positivos. 13.155 muertos. 16.847 curados.

 

Conozco a R. desde el comienzo de la secundaria y desde entonces siempre ha sido una parte de mi vida. Dejando atrás varias penas y también buenos amigos, R. se fue a trabajar a Italia a los 22 años y nunca volvió a vivir en Argentina. Gracias a él terminé en Piacenza y aprendí cosas fundamentales; él no sabe que me las enseñó y yo no las sabría explicar. Por un tiempo vivimos juntos y nos peleábamos a muerte cuando uno de los dos inventaba una palabra en el Scrabble. R. parecía un salvaje, pero delante del tablero de Scrabble se transformaba en Bioy Casares. Siempre sospeché que escondía un diccionario Larousse por algún lado. Ahora vive en el sur de Italia, donde se casó y tuvo hijos, como siempre quiso. Al igual que los gatos callejeros, él busca la vereda de sol donde poder vivir feliz.

 

Con el coronavirus se volvió más protector que nunca y no hay semana que no me llame para saber cómo estoy. Desde el comienzo, él me tranquilizó diciéndome que si Italia había logrado ponerse de pie después de dos guerras, iba a salir también de esta.

 

R. está preocupado por sus dos hijas. Le gustaría estar siempre con ellas, pero la mitad del mes viven en la casa de su ex mujer, que trabaja en el hospital. En Italia, el 10% de los empleados de salud se contagiaron del Covid-19.

 

¿Por dónde anda hoy su lugar al sol?

 

No necesité preguntárselo. Ayer me envió un audio diciéndome: “¿cómo no voy a tener fuerzas, Feli, si esta vida me dio mucho más de lo que yo le había pedido?”.

 

italia dia 25

 

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Día #25

Miércoles 1 de abril de 2020.

Italia: 77.635 positivos. 12.428 muertos. 15.729 curados.

 

Empecé a trabajar de nuevo hace una semana. Mis clientes venían pidiéndome lecciones por Skype, pero yo instintivamente había decidido que no: demasiado virtual para mí. Como hago siempre que tengo un dilema, llamé a mi amiga Anna. En el primer minuto de conversación ya me había fulminado con su frase: “Feli, ellos se van a sentir abandonados.”

 

Al día siguiente ya había creado los grupos por Skype y enviado la lista con los horarios. Mis clientes y Anna lo habían comprendido antes que yo: volver a entrenar les iba a permitir mirar por la ventanita de normalidad, aunque sea por cuarenta minutos.

 

En la emergencia, la creatividad vuela. La técnica de movimiento que desde hace años estudio y enseño fue creada por alguien que también se vio obligado a estar en confinamiento. Joseph Pilates estaba trabajando en Inglaterra al comienzo de la primera guerra mundial; como era ciudadano alemán, fue encarcelado como prisionero de guerra. En su pequeña celda creó el método Pilates, que fue perfeccionando durante los meses siguientes para rehabilitar a los heridos del campo de batalla.

 

Cuando terminé la primera lección y vi a mis alumnos sonrientes en la pantalla, apreté en seguida el botón rojo para terminar la videollamada. No quería que me vieran llorar.

 

Imagen 1

Joseph Pilates con un cliente. New York, febrero 1951.

 

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Día #24
Martes 31 de marzo de 2020.
Italia: 75.528 positivos. 11.591 muertos. 14.620 curados.

 

Piacenza es una elegante ciudad de 100.000 habitantes que los romanos fundaron en el año 218 a. C. por su posición estratégica. Incluyendo al resto de la provincia, en total somos 290.000 habitantes. Nadie fuera de Italia parece haber oído hablar de Piacenza porque está fuera del circuito turístico tradicional.

 

Para mí es la hermosa desconocida. Los piacentinos me dicen que yo idealizo su ciudad. Cuando ellos la critican, me enfurezco.

 

Aquí me enamoré y viví sin documentos, pero trabajando en todo tipo de changas. Encontré amigas para toda la vida y transcurrí feliz el final de mi juventud.

 

Desde ayer, mi ciudad se volvió el centro de la atención: los diarios sugieren que el paciente uno provino de una clínica privada de Piacenza en enero de 2020, cuando todos creían que el coronavirus aún no había llegado a Europa. El paciente murió de Covid19 y de los 250 empleados de esa clínica, hoy 150 están en casa por enfermedad. Oficialmente, sin embargo, allí dentro no ha sucedido nada.
Recién me llama Paola: se siente mejor y dentro de dos semanas le harán el test. Me cuenta que a Laura decidió hacerle la “terapia della risata” (terapia de la risa) porque es barata y hace bien para generar anticuerpos. Y me envía algunos de los videos ridículos que ella y su madre actúan para sus nietos. 

 

Mi querida Piacenza, que nunca me hizo sentir una extraña… ¿no podía volverse famosa por otra cosa?

 

Italia dia 24

Con mi bici en Piacenza. 31 de marzo de 2020.

 

 

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Día #23
Lunes 30 de marzo de 2020.
Italia: 73.880 positivos. 10.779 muertos. 13.030 curados.

 

Dos semanas atrás, el test de coronavirus de Laura había dado negativo. Pero el viernes le hicieron otro porque comenzó a tener fiebre y tos.

 

Hoy a las 8:15 de la mañana, Paola me envía una tierna foto de Laura mientras espera la ambulancia que la llevará a hacerse diálisis. Junto con la ambulancia llegará también el resultado del nuevo test.

 

A las 8:30 Paola me envía un whatsapp: “Positivo”.

 

Como siempre, mi amiga reacciona enérgica. Me llama por teléfono y es ella quien se ocupa de tranquilizarme. Me cuenta que ella también tiene 38 de fiebre y ya no siente más el sabor del café. Probablemente también haya contraído el virus.

 

Claro, es más fácil escribir cuando todo está sucediendo a otros, esos otros que están en la misma pero que al final no son yo. Ahora el círculo se está estrechando alrededor mío y me empieza a apretar con dolor.

 

Imagen 1

Laura esperando los resultados del test Covid19.

Ronco, provincia de Piacenza. 30 de marzo de 2020, 8:15 AM.

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Día #22
Domingo 29 de marzo de 2020.
Italia: 70.065 positivos. 10.023 muertos. 12.384 curados.

 

El tano tiene un grupo de amigos con el que suele irse de viaje en moto por rutas de ripio de los Balcanes. Yo los llamo los Village People por su heterogeneidad: hay un camionero, un directivo de una empresa, un empleado bancario, un pintor y un policía.

 

Mi favorito es Antonio. Él es camionero y entra en la categoría de tareas imprescindibles, como los médicos o empleados del supermercado que siguen trabajando durante el confinamiento. Antonio es muy pintón y charleta. Vive en Farini, un pueblito en la montaña a una hora de Piacenza. Llama al tano dos veces por día durante sus pausas cuando descarga el camión.

 

Antonio te deja ver sin inflexiones su alma. Ayer le dijo al tano: “estoy triste, socio”. Entonces le contó la historia de sus dos amigos del pueblo: Renato y Giovanni, alias Frullo.

 

Renato es un ex camionero y Frullo un ex colectivero, dos amigos inseparables que vivieron toda la vida en Farini. Durante la estación de caza iban juntos a cazar en los bosques que rodean al pueblo. Ya jubilados, se encontraban en el bar de Farini a tomar vino. Eran dos personas desbordantes, de esas que llenan de alegría al pueblo. Si uno pasaba por el bar y se los cruzaba, luego seguro que llegaba a su casa con una anécdota divertida para contar. Los dos se enfermaron de coronavirus y murieron ayer con pocas horas de diferencia.

 

diario de italia dia 22

Renato y Frullo. Farini, Provincia di Piacenza, 2018.

 

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Día #21
Sábado 28 de marzo de 2020.
Italia: 66.414 positivos. 8.165 muertos. 10.950 curados.

 

¿Cuál es la ventanita de normalidad frente a lo extraordinario?

Antes de dar mis lecciones por Skype me pongo perfume: un gesto ridículo, pero que me devuelve tranquilidad. No es muy distinto al gesto de Olivia, la hija de mi amiga que “va” a tercer grado: cuando se prepara para la videollamada, se viste con el guardapolvo. En Piacenza, 32.000 escolares están participando de lecciones conectados en directo desde su casa.

 

Desde hace un par de días, si uno sale de casa sin una razón imprescindible se arriesga a una multa de 3.000 euros, lo cual equivale a dos meses de sueldo de un maestro de escuela. ¡Dos meses de sueldo, una locura! Con 50.000 contagiados en Estados Unidos, Trump declara que para Pascua todos saldrán de nuevo a la calle a comprar regalos… normalmente.

 

Hoy llegaron dos enfermeros a la casa de Laura para transportarla hasta el hospital para hacerle diálisis. Cubiertos como astronautas de pies a cabeza, cubrieron también a Laura. Miro la foto que me envió Paola: están irreconocibles. No puedo dejar de pensar en la frase que apareció en las calles de Santiago de Chile en medio de las revueltas, tan solo un mes atrás: no volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema.

 

dia 21 diario de italia

Laura, antes de salir de su casa para ir al hospital. Ronco, Piacenza, 27 de marzo de 2020.

 

 

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Día #20
Viernes 27 de marzo de 2020.
Italia: 62.013 positivos. 8.165 muertos. 10.361 curados.

 

Miro a mis vecinos de enfrente, una pareja joven. No los conozco. Se hicieron una casita justo al frente de la nuestra, del otro lado de la calle. La casa estuvo en obra durante seis meses y finalmente a comienzos de este mes se mudaron.

 

El tano me ve que contemplo pensativa la casita de al frente y con cara de tonto dice: “Espero que a los vecinos de enfrente les guste la casa nueva”.

 

—¿Por qué decís eso?

 

—Porque nunca más pudieron salir.

 

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Los nuevos vecinos de enfrente, Piacenza. 27 de marzo de 2020.

 

Yo también pasaba un montón de tiempo haciendo planes para el futuro. Tenía todo organizado para viajar y ver a mi mejor amiga a fines de abril. Me iba a aparecer de sorpresa en medio de su fiesta de cumpleaños de 50, en Estados Unidos. ¿Cuánto tiempo pasará antes de volver a verla?

 

Hoy más que nunca el futuro no es previsible para nadie. La semana pasada, una señora de 95 años que ahora llaman “nonna speranza” se curó del virus: ella fue la primera paciente curada en Módena.

 

Y ayer también dieron de alta a P., un señor de 101 años en el hospital de Rímini. P. nació en 1919 durante la fiebre española y ayer, contra todas las estadísticas, logró curarse del coronavirus.

 

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“Nonna speranza” entre enfermeros y doctores. Módena, 19 de marzo de 2020.

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Día #19
Jueves 26 de marzo de 2020.
Italia: 57.521 positivos. 7.503 muertos. 9.362 curados.

 

Cuando uno se queda todas las semanas dentro de la casa se termina ocupando de… la casa. El tano me anunció que iba a pintar el techo sobre la escalera, el lugar más alto posible; idea que inmediatamente prohibí porque si se cae de la escalera no hay ni ambulancias disponibles.

 

Laura, la mamá de Paola, se cayó en su casa y se golpeó la pierna. Como ya les conté el día 1 y el día 7, Laura tiene 82 años y vive sola en las afueras de la ciudad. Laura terminó de urgencia en el hospital, uno de los lugares más peligrosos para el contagio del coronavirus. Mi amiga Paola tuvo que dejar a su familia e irse a vivir con su mamá hasta que pueda caminar de nuevo.

 

Ahora Laura tiene tos y fiebre. Sé que mi amiga tiene miedo por ella pero nunca me lo dirá directamente; la conozco muy bien. Mientras prepara el almuerzo, Paola me llama y se le escapa esta frase:

 

—La miro y se me ocurre que podría perderla, pero recobro el ánimo con la misma rapidez con que lo pierdo.

 

Y luego agrega rápidamente que se quedó sin leña y no sabe dónde comprarla.

 

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Paola y Laura en la casa de Laura. Colinas de Ronco, provincia de Piacenza, 25 de marzo de 2020.

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Día #18
Miércoles 25 de marzo de 2020.
Italia: 54.030 positivos. 6.820 muertos. 8.326 curados.

 

Cuando empecé este diario había 5.061 infectados en Italia y hoy, luego de solo 17 días, hay 54.030. Había 233 muertos; hoy son 6.820. Más del 5% de los muertos son de Piacenza, nuestra ciudad: un triste tercer lugar en todo el país. Piacenza tiene el 5% de la cantidad de muertos por coronavirus pero representa solamente el 0,3% de la población italiana.

 

En las últimas dos semanas los contagios han aumentado tanto que muchas familias deciden proteger a sus hijos y aislar al padre o la madre que sigue saliendo para ir trabajar, como por ejemplo enfermeros, médicos, transportistas o agricultores.

 

Fabio trabaja en un banco y con su mujer decidieron que era más prudente no poner en peligro a Edo, su hijito de tres años. Hace ya tres semanas que Fabio no ve a Edo; por la noche hablan por Skype. Para entretenerlo, Fabio se viste de Spiderman y juega un rato con él a través de la videollamada. Ayer Fabio lo llamó pero sin el disfraz y luego de algunos minutos de conversación, Edo lo interrumpió y le dijo:

 

—Bueno pá, nosotros hablemos otro día, ahora pasame con el hombre araña.

 

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Escuela estatal secundaria ”Melchiore Gioia” construido por Mario Bacciocchi entre 1932 y 1937 con estilo ecléctico-racionalista. Piacenza, 24 de marzo de 2020.

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Día #17
Martes 24 de marzo de 2020.
Italia: 50.418 positivos. 6.077 muertos. 7.432 curados.

 

A. R. es la persona más especial que conozco. Él me hace sentir Superman en la vida.

 

Junto con su hermana, es dueño de una fábrica de botones con 240 empleados. A. R. es el mejor jefe del mundo. Hace 21 años que trabajo para él y como dicen en la Argentina, cada día lo quiero más.

 

A. R. tiene 50 años, más o menos mi edad. Por un lado es antiguo: no usa computadora, no hace ejercicio. Al mismo tiempo, es la persona más moderna que existe: tiene un don natural para captar situaciones que serían imperceptibles para el resto de la humanidad. A. R. percibirá simultáneamente el lado emocional, práctico y contradictorio de un problema y tomará una decisión que será casi imposible de cambiar: como todas las personas geniales, es muy terco.

 

Una vez me contactó el Financial Times porque querían hacerle un artículo. A. R. simplemente me dijo: “Llamá y deciles que no.”

 

Yo no soy Giorgio Armani que necesitan ver mi cara. Acá lo único importante es la fábrica.

 

Hijo de esa generación europea que creció trabajando sin guardapolvos ni zapatos, A. R. se hizo de abajo. Su padre fundó la fábrica en el garaje de su casa cuando era muy joven. Su madre trabajó allí 8 horas diarias toda su vida, hasta unos días antes de morir. Codo a codo con el resto de las empleadas, hacía el trabajo más humilde: contar los botones y desechar los rotos.

 

A. R. no hace ninguna diferencia entre un ingeniero industrial de Boston y el obrero especializado que trabaja en la fábrica desde hace 40 años: convoca a ambos a la misma reunión y consulta la opinión del obrero todo el tiempo. Luego los lleva a comer a un restaurant de excelencia. Si uno le hace notar que eso no es habitual en las personas de su posición, te interrumpe aburrido: “¿Por qué? ¡Ya no estamos en el medioevo!”. Pero yo sé que ese empleado es igual a mí: él también se siente Superman.

 

Si sigue la reclusión por mucho tiempo nosotros, los 240, vamos a volvernos Clark Kent.

 

Imagen 1

Bottoni e forbici. Paolo Maini, acrílico sobre tela, 2007.

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Día #16
Lunes 23 de marzo de 2020.
Italia: 46.638 positivos. 5.476 muertos. 7.024 curados.

 

No solo la moto del Tano y todo el contenido de mi “cajón de viaje” son hoy objetos obsoletos; también algo tan cotidiano como el timbre de la casa. ¿Quién se acuerda de los timbres? Y sin embargo la ley de Murphy que me enseñó mi primo Martín nunca falla, ni siquiera en época del coronavirus. Era el primer día que había decidido volver a trabajar dando lecciones en vivo por Skype. En medio de la transmisión escuchamos un sonido extraño que nos recordaba vagamente algo… ¡el timbre! El tano se abalanza por las escaleras devorado por la curiosidad.

 

Abre la puerta y allí está Valerio, el vecino de dos casas más allá: sin barbijos pero con una sonrisa. No habíamos intercambiado más que un buongiono buonasera alguna vez por la calle.

 

Valerio tiene tres bolsitas de plástico transparente en la mano con objetos rojos adentro.

 

—¿Querés empuñaduras?

 

El tano se queda en silencio. No sabe si debe responder o tomar la distancia de seguridad de un metro que Valerio no ha tomado. Adivinando su perplejidad, Valerio explica:

 

—Son empuñaduras nuevas de plástico para espátulas y escofinas. Las estoy tirando a la basura. Si no te sirven, de última las tirás vos.

 

Desde arriba escucho al tano cerrar la puerta y entrar en la casa con una bolsita en la mano mientras murmura: ¡qué cazzo hago con los manguitos…!

 

Diario italia 16

Bolsita de Valerio. Piacenza, 22 de marzo de 2020.

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Día #15
Domingo 22 de marzo de 2020.
Italia: 42.681 positivos. 4.825 muertos. 6.072 curados.

 

Edo tiene tres años y es el maravilloso hijo de mi amiga Antonietta. Edo no quiere salir al jardín de su casa a jugar porque forse li c’è il virus (“quizás ahí está el virus”).

 

Nosotros no tenemos hijos; por eso decidimos también no tener auto. Nos movemos siempre en bici y tenemos una moto, gran compañera de viajes. Desde hoy ya no está permitido ir al supermercado todos los días: se puede ir solamente dos veces a la semana porque ayer hubo 5.000 contagiados más.

 

Hoy el tano sacó la moto y se fue al supermercado. Cuando volvió dejó la moto en medio de nuestro living, como un nuevo adorno de la casa.

 

No puedo salir más en bici al súper, que era mi único modo de salir de casa. Hoy no le veo el final a esta reclusión en casa y los números de contagios asustan. Mis amigos lloran por algún amigo o pariente en el hospital. Los cementerios colapsan. A 70 kilómetros de acá, los camiones del Ejército pasan transportando féretros para incinerar en municipios con espacio disponible. Sueño un coronavirus que sea como el yogur: con fecha de vencimiento.

 

dia 15 diario italia

Objeto obsoleto, Piacenza. 21 de marzo 2020.

 

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Día #14
Sabado 21 de marzo de 2020.
Italia: 37.860 positivos. 4.032 muertos. 5.129 curados.

 

Hoy discutí con L., un amigo del tano. Me enfurecí, y eso que nunca me había enojado con él. Supe que su hermano se había contagiado y L. no nos había dicho nada.

 

Le dije que era un loco y un irresponsable por no habernos contado, ya que hasta hace poco tiempo nos veíamos casi todos los días. Luego me fui calmando y arrepintiendo. ¿Qué sé yo de esta especie de nueva ética del coronavirus? ¿Tendré razón en todo lo que le reproché?

 

Mi rabia se transformó en malhumor. Y encima a la noche teníamos organizada una charla por Skype con el grupo de amigos.

 

Voy a mi cuarto y camino sin parar alrededor de la cama. Me tranquilizo mirando un cuadro que me hizo el tano con mi hermana y yo besando a mi abuela, cuando los abrazos existían y mi abuela también.

 

Abuela, cm 70 x 120 - acrylic on canvas 2005 by paolo Maini

La abuela. Paolo Maini, acrílico sobre tela, 2005.

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Día #13
Viernes 20 de marzo de 2020.
Italia: 33.190 positivos. 3.405 muertos. 4.440 curados.

 

Entre marzo y mayo de este año yo tenía previsto trabajar en Tokio, Nueva York, París, Porto y Quebec. Ya había comprado los vuelos y organizado cada viaje.

 

Abro en mi escritorio el “cajón de viajes”. Allí están, en perfecto orden, los pasaportes italiano y argentino, el nécessaire, los adaptadores eléctricos. Al final resulté tan obsesiva como mi padre. Voy a agregar allí dentro el grabador pasa-casette que tenemos abandonado en el sótano, así conoce a sus nuevos parientes.

 

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Mi cajón de viaje. Piacenza, 19 de marzo de 2020.

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Día #12
Jueves 19 de marzo de 2020.
Italia: 28.710 positivos. 2.978 muertos. 4.025 curados.

 

Dos piacentinos provistos de la autocertificación para poder ir al supermercado fueron detenidos ayer por la policía porque era una excusa para comprar cocaína. Detuvieron también a los dos dealers.1

 

Mi hermano voló hacia Brasil de vacaciones hace unos días, pese a que le rogué que no fuera. Ahora no logra volver a la Argentina. No puedo culparlo: yo misma, menos de un mes atrás, hubiese hecho lo mismo.

 

Pienso en todo esto y salgo al balcón de mi casa. La calle está silenciosa; solo se escuchan sirenas. Por primera vez en 25 años, el aire está limpio y sin contaminación. Y también por primera vez desde que vivo en esta casa converso con mi vecina de la casa de al lado. Desde el balcón le pregunto su nombre y de qué trabaja. Ella me habla un poco emocionada de su abuela, que vivía allí. Luego me cuenta cómo fue modificando los ambientes, hasta que se interrumpe.

 

sdr

 

—“Siempre quise abrir una ventanita en el baño de arriba, pero se necesita la autorización de los vecinos de la casa contigua”.

 

—Qué buena idea. ¿Y quiénes son los vecinos?

 

—Ustedes…

 

Y así mi vecina Giusi tendrá su baño con ventana.

 

Imagen 1

Escuela estatal secundaria “Respighi” construído por el arquitecto Luigi Moretti en 1933.
Piacenza, 18 marzo 2020.

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Día #11
Miércoles 18 de marzo de 2020.
Italia: 26.062 positivos. 2.503 muertos. 2.941 curados.

 

Influenciada por mi situación, mi madre se puso en autocuarentena en su casa de Buenos Aires desde el 7 de marzo; sus amigas la tildaban de exagerada e hipocondríaca.

 

Aquí en Piacenza, los chinos cerraron bares y restaurantes mucho antes que cualquier decreto ministerial. Esto sucedió a principios de marzo, cuando Piacenza todavía vivía normalmente. El tano dice que lo hicieron por la misma razón que mi madre: porque estaban influenciados de los relatos directos de sus parientes en China.

 

Recién esta mañana Francia e Inglaterra parecieron darse cuenta de la gravedad del coronavirus y decidieron tomar medidas más restrictivas.

 

Me siento Mafalda, pues acá estoy pensando que mi madre y los chinos entienden más que los ingleses y franceses.

 

Hoy el alcalde del pueblo siciliano de Delia envió un video donde exhortaba a la población a dejar de salir a la calle por cualquier cosa, y muy enojado gritaba: “¿Qué les dio ahora por hacer atletismo? La última vez que corrieron fue en la escuela primaria ¿Y ahora a todos se les da por correr?”.

 

Puente sobre el río Po. 17 marzo 2020, 17:45 PM. Foto cortesía de Giovanni Palisto

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Día #10
Martes 17 de marzo de 2020.
Italia: 23.073 positivos. 2.158 muertos. 2.749 curados.

 

En la radio explican que los hospitales franceses temen el colapso. Y aquí en Italia también, por eso cada día se agudizan las restricciones.

 

Los grandes programas del día suelen ser: “¿Caminamos hasta la cocina?” O bien: “Hoy es un día hermoso, voy a baldear el balcón”.

 

Siguiendo esa línea, hoy a la mañana le propuse al tano con gran entusiasmo y voz romántica la única salida permitida:

 

—¿Y si hoy vamos juntos al Eataly a comprar ricotta y muzzarella en bici con los barbijos?

 

—Hoy leí en el diario que no se puede ir de a dos al supermercado.

 

—Oh…

 

El tano no resiste mi expresión desilusionada y rápidamente agrega:

 

—Pero podemos fingir que no nos conocemos.

 

Me sorprendió: el tano detesta ir al supermercado y más aún detesta ir juntos porque tiendo a perderme en las góndolas.

 

Este es un virus antisocial con efectos socializadores.

 

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Día #9
Lunes 16 de marzo de 2020.
Italia: 20.603 positivos. 1.809 muertos. 2.335 curados.

 

La autorización firmada que es necesaria exhibir a las autoridades para poder salir de la reclusión no deja de producir efectos imprevisibles y hasta cómicos en la calle y los balcones.

 

Una amiga, cantante lírica y muy extrovertida como todos los napolitanos, no soportaba más el aislamiento. Con la complicidad de su vecina colombiana del edificio de enfrente –una clarinetista que hasta ese día conocía solo de vista– organizó un concierto de balcón a balcón en nuestra ciudad. El repertorio comenzó con Bésame mucho a todo volumen: el vecindario entero escuchaba y aplaudía.

 

El sábado a las 12 del mediodía todos nos asomamos a las ventanas y aplaudimos a los enfermeros y médicos del país. Fue nuestra manera de darles las gracias por su enorme esfuerzo.

 

En un pueblito de Calabria, desierto como toda Italia, un hombre fue interrogado por los carabinieri: ¿por qué caminaba por esa calle donde todas las casas estaban abandonadas? “Estoy llevando comida a un amigo”, se justificó.

 

Dudosos de la respuesta, los carabinieri volvieron a la noche y capturaron a un importante jefe de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa, que estaba escondido en una de esas casas.

 

Ecco il mistero: sotto un cielo di ferro e di gesso l’uomo riesce ad amare lo stesso (Aquí está el misterio: bajo un cielo de hierro y yeso, el hombre todavía logra amar). Lucio Dalla, 1980.

 

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Día #8
Domingo 15 de marzo de 2020.
Italia: 17.750 positivos. 1.441 muertos. 1.966 curados.

 

El tano y yo últimamente lloramos un montón.

 

No es tristeza, porque desde que hablé con las abuelas italianas estoy mejor.
Todo nos conmueve. Si estuviera aquí, mi hermana –que como buena porteña usa cada seis palabras un término psicoanalítico– diría que estamos atravesando una etapa de emotividad impulsiva.

 

Cuando supe que debíamos mantener el aislamiento forzado, lo primero que temí fue el tema de la convivencia. Yo le decía a mi amigo Avelino, mitad en chiste mitad en serio: “ni siquiera voy a poder divorciarme porque los tribunales también cerraron”.

 

No nos alejamos para leer o estudiar, pues no logramos concentrarnos. Esto es una rareza común a todos nosotros, los reclusos en casa.

 

Y sin embargo nunca nos hemos amado tanto.

 

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Día #7

sábado 14 de marzo de 2020.

Italia: 14.955 positivos. 1.266 muertos. 1.439 curados.

 

Laura vive sola en la montaña entre Piacenza y Parma. Tiene 82 años, es diabética y va al hospital tres veces por semana para hacerse diálisis. Tenía 7 años durante la Segunda Guerra Mundialla ciudad estaba ocupada por los nazis y comían una vez al día. En 1943, los aliados bombardearon su casa. Hoy, su hija Paola le deja las compras en el escalón de la puerta y luego se va para no

contagiarla. Cuando mi amiga Paola le pregunta:Come va mamma?”, Laura sonríe tranquila.

 

Mariuccia es mi suegra: tenía 6 años durante la guerra y siempre cuenta, riendo, que ni ella ni sus hermanos tenían zapatos. Cuando jugaban en el campo era difícil correr porque el pasto pinchaba sus pies. Como todos los ancianos, Mariuccia vive ahora aisladacon Sante, mi suegro, en el centro de Piacenza, sin ver a sus hijos ni a sus nietos. Le pregunto: Mariuccia, cosa pensi del coronavirus?. Con serenidad responde: Mia cara, passerà, passerà…”

 

Ellas saben que se puede sobrevivir a la precariedad de la vida.Voy a buscar en mí ese ánimo de las ancianas italianas.

 

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Día #6
Viernes 13 de marzo de 2020.
Italia: 12.839 positivos. 1.016 muertos. 1.258 curados.

 

M.L. es una médica que se rompió la clavícula hace seis años y vino a hacer la post rehabilitación conmigo. Nos hicimos muy amigas. Ayer me llamó, tuvimos una larga conversación y me quedé muy triste. Ella está trabajando sin tregua en Primeros Auxilios en el hospital de Piacenza.

 

—Feli, esto es una guerra y nosotros la estamos perdiendo. No hay lugar en el hospital, no hay enfermeros, no hay personal, no podemos curar a todos. Y nos vemos obligados a elegir. ¿Vos sabés Feli qué se hace en una guerra? Se cura al que puede estar de pie antes del que no puede caminar; se cura al que tiene más posibilidades de sobrevivir. Y eso estamos haciendo. Al principio desechábamos a los de 90 años, luego a los de 80, ahora estamos dejando a los de setenta. Cuando vuelvo a casa cada día me doy cuenta que hubo unas decenas de personas que en condiciones normales del hospital se hubiesen salvado tranquilamente, pero que en esta situación no pudimos ocuparnos de ellos.

 

Una de mis certezas era que si uno se enfermaba, iba a poder ir al hospital para que te curen. Ahora entendí que quizás no hay lugar. Había salido un rato de casa para calmarme. En un estacionamiento, ahí cerca, vi unos quince adolescentes reunidos que charlaban. Volví a casa enfurecida y llamé a la policía para denunciarlos.

 

Me sentí en guerra, y hasta malvada sin saber bien por qué.

 

Plaza, Piacenza centro. 11 marzo 2020, 4:00 PM

 

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Día #5
Jueves 12 de marzo de 2020.
Italia: 10.590 positivos. 827 muertos. 1.045 curados.

 

Vivo con Paolo hace 25 años. Un hombre italiano no respeta la ceremonia del diálogo que caracteriza a la mayoría de los argentinos; no sabe ni siquiera de qué se trata dicha ceremonia. Así que las conversaciones épicas en nuestra casa generalmente se hacen mientras él está cocinando. Ayer, mientras preparaba un plato de zapallo con cebollas al horno, me imploró que dejáramos de ver gente, que nos encerremos en casa como los chinos de Wuhan y salgamos solo para comprar comida, y que obviamente yo dejara de salir al parque a entrenarme o entrenar clientes.

 

Mi hermana -que vive en la Argentina como toda mi familia- me sugirió para consolarme que salga a caminar a las 7 de la mañana cuando no hay nadie por la calle. Pero las calles de Piacenza están vacías durante todo el día: la sensación cuando se sale es la misma que se siente cuando uno termina la visita turística en Pompeya. Alguien que hoy se despierta con el tráfico de Buenos Aires y los miles de bares abiertos no puede imaginar esta ciudad petrificada.

 

En medio de nuestra discusión, la radio informó que iban a clausurar las plazas para evitar contagios entre niños y que todas las líneas aéreas anularon los vuelos hacia y desde Italia hasta el 4 de abril.

 

Mientras sacaba el zapallo del horno, el tano dijo entre dientes: “el único que puede circular tranquilamente es ese cazzo di coronavirus”.

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Día #4
Miércoles 11 de marzo de 2020.
Italia: 8.514 positivos. 631 muertos. 1004 curados.

 

En el diario Corriere della Sera, Paolo Giordano explica que existe una línea temporal de esta epidemia: si el contagio comenzó en una zona, de la misma manera seguirá en otra pues pertenecemos a la misma especie y nuestras dinámicas sociales son afines. Sin embargo en enero aún mirábamos con recelo a China, convencidos que eso no podía suceder en Europa. ¿Por qué? “Por un prejuicio infundado, el prejuicio ‘del otro lugar’. Y porque nadie se tomó en serio la hipótesis de que nosotros y China estamos en la misma línea de tiempo”*.

 

Pienso a mis padres ancianos en Buenos Aires; si es verdad lo que dice Giordano, en poco tiempo la Argentina estará como nosotros. Decido no alarmarlos porque últimamente me siento muy confundida. No sé si salir de casa, si dejar de dar lecciones en el parque o de caminar por el río Po con Paola y su perro Kim. No me siento indicada para dar consejos a nadie. Empiezo a entender el concepto de verdad relativa: muy a pesar mío -que soy rígida y esquemática en las decisiones- el coronavirus me hace navegar en una flexibilidad abrumadora.

 

Mantengo tanta distancia con todos que ayer besé a mi marido para saludarlo y me pareció que estaba haciendo algo irresponsable.

 

Via XX Giugno, Piacenza centro. 11 marzo 2020, 5:00 PM

 

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Día #3
Martes 10 de marzo de 2020.
Italia: 7.985 positivos. 463 muertos. 724 curados.

 

Mi vieja me dijo por teléfono: “dale Feli, ponele el pecho a las balas”. 

 

Hace tres semanas que casi no trabajo porque estoy obligada a tener cerrado el estudio. Ayer di entrenamientos al aire libre: en los ambientes abiertos hay menos peligro de contagio. Mi alumna Bárbara estaba realmente desanimada. Como todas las otras actividades comerciales, su negocio de ropa está vendiendo solo el 10 por ciento de lo habitual. “Hoy me fui llorando del banco, no sé cómo voy a hacer con el alquiler, el préstamo, los sueldos… yo no puedo despedir a mi empleada, es como si fuera de la familia. Tampoco puedo incitar a la gente a venir a comprar cuando el gobierno está exhortando a no salir de las casas, porque me siento que ofrezco un tiramisú a un diabético, pero al mismo tiempo a mí no me prohíben abrir el negocio”. Mientras, desolada, trataba de hacer los ejercicios para su columna maltrecha.

 

De allí me fui a un jardín público con hamacas y toboganes sin niños, bien silencioso, para entrenar a otro cliente con serios problemas en la cadera. Rachele tiene un bar frente al hermoso Duomo de Piacenza. Mientras ejercitaba la respiración comenzó a hablar: “generalmente al mediodía ya hice 460 cafés, ahora en un día entero estoy haciendo solo 100. No sé cómo voy a pagar los proveedores. No sé si cerrar el bar y basta”.

 

También suceden otras cosas: un pizzero de Milano donó centenares de pizzas para los enfermeros y médicos; la cadena de supermercados Esselunga donó 2.500.000 euros a los hospitales; el célebre piacentino Armani, 1.250.000 euros, y otros menos conocidos también. Médicos y enfermeros ya jubilados volvieron a trabajar para prestar su ayuda en los hospitales atiborrados de enfermos sobre colchones en los pasillos.

 

A la noche el primer ministro italiano Conte interrumpió la transmisión televisiva del comisario Montalbano para anunciar que, a partir de hoy, toda la nación italiana era considerada zona roja. Mirando fijo a la cámara suplicó: “NO SALGAN DE CASA”.

 

Qué buen consejo el de mi vieja, no queda otra.

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Día #2
Lunes 9 de marzo de 2020.
Italia: 6.387 positivos. 355 muertos. 622 Curados.

 

Las autoridades de la ciudad enviaron un mensaje a los ciudadanos: “Uscite di casa solo in caso di necesità” (SALGAN DE CASA SOLO EN CASO DE NECESIDAD). Y han explicado que tenemos que salir solo por exigencias irrenunciables. Pero ¿cuáles son nuestras exigencias irrenunciables?

 

Anna es una de mis mejores amigas. Es lo que en italiano se dice “schietta”: franca, directa, casi ruda. No es la típica amiga argentina que te abraza y te dice gracias por existir o cosas por el estilo. Tampoco le hace gracia recibir o dar abrazos, pero sin aviso te prepara tu torta favorita. Anna enseña en un jardín de infantes y, como todos los maestros y educadores, no puede trabajar hasta el 3 de abril porque todas las escuelas y universidades están cerradas. Como tantos de nosotros, se encuentra de golpe con todo el tiempo a su disposición. Ayer cenó con nosotros en casa y cada uno se sentó lo más lejos posible del otro. 

 

Cenamos muy temprano porque desde ayer todos los restaurantes y bares tienen que cerrar a las 18. La ciudad está vacía y desolada. Cuando Anna llegó a su casa me envió un mensaje diciéndome que me quería muchísimo. No es su estilo. Estas sean quizás nuestras exigencias irrenunciables.

 

Via Cavour, Piacenza centro. 9 marzo 2020, 5:15 PM

 

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Día #1 

Domingo 8 de marzo de 2020.
Italia: 5.061 positivos. 233 muertos. 589 curados.*

 

Desde hoy entra en vigor la normativa mediante la cual Piacenza es declarada zona rossa. Wikipedia define zona roja a “un área sujeta a un alto riesgo de carácter ambiental, social o de otro tipo. Puede ser instituida temporalmente o definitivamente y puede ser prohibida al público”. Escucho las noticias en la radio y no se habla de otra cosa. El gobierno está pidiendo a la población de limitar al mínimo los contactos sociales y mantener un metro de distancia con las personas. 

 

Paolo, mi marido italiano, me dijo mientras tomábamos mate: “pero si el coronavirus se propaga en Argentina desaparecerá la tradición del mate: ¿quién va a querer tomar de la misma bombilla del otro?”. Me quedé pensando cuántos gestos también están cambiando en mi vida cotidiana de Piacenza.

 

Ayer a la noche mi amiga Paola organizó unas pizzas en su casa en las colinas de Piacenza donde vive, sola, su madre Laura de 82 años. Su hermano Stefano hizo 26 pizzas en el horno a leña, éramos 20 en total. De postre había merengues con sambayón casero. Una gran fiesta. Y sin embargo cuando volvíamos de noche en auto estábamos todos callados. Entonces mi amiga, que es siempre muy sin pelos en la lengua, dijo lo que estábamos pensando: “¿y si me equivoqué en organizar esta cena? Quizás no era lo mejor exponer a una anciana. No me lo perdonaría nunca si le pasara algo alla mamma”.

 

Todos, en silencio, teníamos seguramente lo mismo en la cabeza: quizás no teníamos que ser tantos, ni estar tan cerca, ni bailar juntos. Y los vasos de plástico que quién sabe si ese era el mío y el otro de Carlotta, o de Stefano, o Filippo.

 

Claro, estos son los pequeños cambios de lo cotidiano. ¿Volverse paranoico? Tengo que encontrar un equilibrio para resolver mi vida social.

 

* Datos de la Protezione Civile Italiana que corresponden, en todos los casos, al día inmediatamente anterior. opendatadpc.maps.arcgis.com.

 

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