Desde el domingo 8 de marzo la población italiana está cumpliendo con la directiva de aislamiento. Felicitas Carman, una argentina que vive en Piacenza, empezó un diario para contar día por día cómo se vive el encierro.



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Día #57
Domingo 3 de mayo de 2020.
Italia: 100.179 positivos.
28.884 muertos.
81.654 curados.

 

Día #1 

Domingo 8 de marzo de 2020.
Italia: 5.061 positivos.
233 muertos.
589 curados.

 

El profesor Umberto Galimberti explicaba el otro día que los niños no tienen miedo a nada porque no conocen el peligro. Lo que sí sienten es angustia: si apagamos la luz del cuarto de un niño cuando todavía no se durmió, él se angustia porque pierde los referentes de su ambiente. Apenas entra su madre y enciende la luz, el niño se calma.

 

Hoy es mi último día de confinamiento. Después de haber compartido con ustedes 56 días, escribo mi última crónica.

 

El lunes voy a agarrar la bici para ir a mi estudio a abrir las ventanas y quién sabe si Francesca estará enfrente para hacerme mi macchiato caldo. Luego, pedalearía un poco más y le tocaría el timbre a mi amiga Anna, así baja y charlamos a distancia.

 

Pero, si les soy sincera, hoy todo ese programa me parece terriblemente denso y agotador.

Me va a parecer extraño que ustedes, lectores de Anfibia, ya no van a estar allí para acompañarme en mi cuarto con la luz apagada.

 

italia último día

Yo en la puerta de casa. Piacenza, 3 de mayo de 2020.

 

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Día #56

Sábado 2 de mayo de 2020.

Italia: 100.704 positivos. 28.710 muertos. 79.914 curados.

 

Hoy escribí una carta al saxofonista donde le cuento todo: que lo había filmado, que escribo un diario para una revista argentina que se llama Anfibia y que su video terminó en YouTube. También le agradecía el momento irrepetible que me había regalado.

 

Con la carta en mano fui hasta su edificio, toqué un timbre que parecía del tercer piso y me respondió un señor.

 

Buongiorno, scusi ¿acá vive un chico que toca el sax en el balcón?

 

Sí ¿quiere hablar con él? Le digo que se asome al balcón.

 

Me paré en medio de la avenida. Un adolescente se asomó al balcón con una mirada llena de curiosidad.

 

-¿Vos estabas tocando ayer Cherokee* en el balcón?

 

Le avisé que le iba dejar una carta debajo de la puerta de calle. Y me fui.

 

A los diez minutos recibí un email:

 

Mi ha reso davvero felice sapere di aver condiviso, senza saperlo, la mia musica con qualcuno.

Cordiali saluti,

Corrado, o “il ragazzo che suonava Cherokee”.

 

(Me hizo realmente feliz saber que había compartido, sin saberlo, mi música con alguien”).

 

* Canción de jazz compuesta por Ray Noble en 1938.

 

Italia dia 56

Carta para el chico que toca Cherokee. Piacenza, 2 de mayo de 2020.

 

 

 

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Día #55
Viernes 1° de mayo de 2020.
Italia: 100.943 positivos. 28.236 muertos. 78.249 curados.

 

Hoy salí a reciclar el vidrio y tomé el camino más largo para estar más tiempo afuera. Mientras caminaba por la avenida detrás de mi casa, escuché algo justo sobre mi cabeza y me quedé quieta. Como la avenida estaba desierta, me paré en el medio y miré para arriba. En el tercer piso estaba la visión más hermosa que me dejarán estos 56 días de confinamiento.

 

Un chico muy joven, de pie en su balcón, como si estuviese delante de un teatro lleno, tocaba una pieza de jazz.

 

Debajo, la ciudad vacía escuchaba, en su último fin de semana en silencio.

 

Italia anteultimo dia

Viale Risorgimento, centro de Piacenza. 1° de mayo de 2020.

 

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Día #54
Jueves 30 de abril de 2020.
Italia: 101.551 positivos. 27.967 muertos. 75.945 curados.

 

Soy muy apegada a las dos hijas de Paola. La más grande, Sole, vive en Piacenza y la otra, Anna, se fue sola a Australia para terminar la secundaria hace 4 años. Anna es una inmigrante como yo y tenemos una gran afinidad. Cada vez que voy a Buenos Aires para navidad, ella viene a Piacenza para festejar con su familia. Es el momento donde más intercambiamos sensaciones, porque ambas nos sentimos que jugamos de visitantes en nuestra ciudad natal.

 

Anna vive sola en un monoambiente lleno de fotos y va a la universidad en Brisbane. Le encanta vivir allí, pese a los dos días de vuelo que la separan de Italia.

 

Con la enfermedad de su mamá y de su abuela Laura, Anna la pasó muy mal. Estaba acostumbrada a las llamadas y videos de Paola hasta que, un día, dejaron de llegar. Estar lejos se transformó entonces en algo insoportable.

 

-Cómo la entiendo a Anna…

 

-Y claro que la entendés –dice el tano–. Ella tiene las dos mismas cosas que tenés vos.

 

El tano hace una pausa y, una vez más, me regala su máxima del día:

 

- La fortuna de essere senza catene e la sfortuna di essere lontana dalle tue radici.

 

(La suerte de estar sin cadenas y la desgracia de estar lejos de tus raíces).

 

Italia dia 54

Laura con su nieta Anna. Colinas de Ronco, Provincia de Piacenza, agosto de 2018.

 

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Día #53
Miércoles 29 de abril de 2020.
Italia: 104.657 positivos. 27.682 muertos. 71.252 curados.

 

Yo vivía haciendo planes, reservando vuelos, organizando ferias, cursos acá y cursos allá. Pero cada vez que le proponía a mi papá un viaje juntos, él me decía: “tengo 84 años; si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes del día de mañana”. Yo le decía que era un pesimista, hasta que el coronavirus se me cayó encima. Estaba convencida de controlar mi presente y mi futuro con maestría. Qué boludez. Ahora cancelé un año entero de viajes y tuve que aceptar que yo no daba lugar a lo impredecible. Y eso que la vida se cansó de darme ejemplos de que todo puede quedar patas para arriba.

 

Cuando empezamos a convivir con el tano, descubrí que si a la mañana no se tomaba el espresso ni fumaba su cigarrillo, su humor se volvía imposible. Yo lo observaba tranquila, con cierta superioridad incluso, cebándome un mate.

Sin que me diera cuenta, hace ya varios años, intercambiamos roles: ahora a la mañana el tano toma mate por horas y yo después de tres sorbos me preparo, impaciente, un espresso.

 

Imagen 1

Mi hermana María con papá. Buenos Aires, enero de 2016.

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Día #52

Martes 28 de abril de 2020

Italia: 105.205 positivos. 27.359 muertos. 68.941 curados.

 

Al comienzo de la cuarentena alguien tuvo la idea de un sistema de ayuda sin contacto: dejar una caja con alimentos o cosas útiles en el banco de una plaza con un cartel: “agarrá solo si te sirve, dejá para el que necesite de verdad”. El sistema rápidamente se difundió en Piacenza. Sacar o poner depende de la responsabilidad de cada uno.

 

En su discurso del domingo a la noche, el primer ministro precisó que los contagios en Italia han disminuido, pero que el peligro no terminó. Por lo tanto, el 4 de mayo, el primer día de la fase dos y de desconfinamiento, no será un “liberi tutti”.

 

El escritor Paolo Giordano escribió ayer que el éxito de la fase de desconfinamiento depende enteramente de la voluntad individual: el 4 de mayo empieza el experimento más grande que se haya hecho en la historia sobre la responsabilidad ciudadana.

 

Nos pasaron la pelota pero el juego cambió: hay que inventar nuevas reglas.

 

Imagen 1

“Prendi solo se ti serve, lascia per chi ha vero bisogno”. Piacenza, 28 de abril de 2020.

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Día #51
Lunes 27 de abril de 2020.
Italia: 105.813 positivos. 26.977 muertos. 66.624 curados.

 

Hoy el tano me conquistó y caí rendida a sus pies. Me lanzó una de sus frases casuales que me aclaran el día. Me faltaba mi hermana, que en esas ocasiones siempre dice: “es un genio…”

 

Ayer a la noche el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, dio un discurso en cadena nacional para explicar cómo va a ser el final gradual del confinamiento, la llamada “fase dos” que comenzará dentro de una semana.

 

Hubo muchas quejas de los industriales al respecto porque no todas las actividades podrán recomenzar ese lunes.

 

Entonces el Tano, mientras hacía el repulgue de los tortelli y escuchaba por radio las críticas que recibía Conte dijo en voz baja, con ese tono fastidioso bien italiano:

 

- Yo sigo con mi teoría: el trabajo sirve para mantenerse y ciertamente es algo positivo, pero también te ayuda a no pensar en la vida.

 

Hace un mes que yo no lograba expresar en palabras lo que me estaba dando vueltas en la cabeza, y él logró resolverlo en un segundo, entre un tortelli y el otro.

 

Esta pausa del trabajo y de mi vida tal como era hasta entonces me dio más tiempo para tener contacto con mi familia en la Argentina. Al mismo tiempo, dio lugar a una sensación nueva de tristeza densa y difícil por no vivir nunca lo cotidiano de mis viejos, mi hermana….

 

- Tano, acabo de entender un montón de cosas… ¿Cómo hacés para decir tantas genialidades mientras cocinás? A mí no me salen…

 

- Pero… ¡si nunca hiciste ni un huevo frito!

 

italia día 51

Plato típico de Piacenza: tortelli de ricotta y espinaca. 27 de abril de 2020.

 

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Día #50
Domingo 26 de abril de 2020.
Italia: 106.103 positivos. 26.644 muertos. 64.928 curados.

 

Desde la Argentina mis hermanos, mis padres, mis amigos y los lectores de Anfibia me escribieron seguido estas semanas para preguntar cómo estaban Laura y Paola.

 

El panorama era bastante negro para Laura: 82 años, diabetes e infectada desde hacía un mes con coronavirus. En un momento ni siquiera lograba ponerse de pie.

 

Pero ayer sucedió lo inesperado.

 

Con los resultados del test de Laura en mano, el médico le dijo sorprendido a Paola: “El resultado es negativo. Contra todos los pronósticos, su madre se curó… es un milagro”.

 

El tano me carga, pero a mí nadie me saca de la cabeza que fue obra de Paola, de Laura y de todos los lectores que siguieron amorosamente estas crónicas día a día. Y de la pizza Margherita casera del yerno, por supuesto.

 

Pasamos a llamarla Donna Margherita. “Y ahora – dice Paola- ¿quién va a animarse a prohibirle que coma pizza todos los días?”.

 

Italia día 50

Donna Margherita con su nieta Maria Sole. Colinas de Ronco, provincia de Piacenza, 26 de abril de 2020.

 

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Día #49

Sábado 25 de abril de 2020.

Italia: 105.847 positivos. 26.384 muertos. 63.120 curados. 

 

Hoy discutí con un amigo porque comparaba el final de la guerra con el final del aislamiento por el coronavirus. 

 

Hoy se celebra en Italia “il giorno della liberazione”. El 25 de abril de 1945, luego de 5 años de guerra, Italia era finalmente liberada de la ocupación nazi-fascista.

 

Sante, el padre del tano, tiene 86 años y cuenta siempre que, como millones de niños italianos, transcurrió la guerra sin zapatos. Esperaban a la salida de la panadería de Piacenza para pedir las migas sobrantes del pan. “No podía pedir pan –dice– porque éramos todos pobres y todos teníamos hambre”.

 

No, mi amigo no tiene razón.

 

Italia dia 49

 

Centro de Piacenza luego del bombardeo de mayo de 1944.

 

 

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Día #48

Viernes 24 de abril de 2020.

Italia: 106.527 positivos. 25.969 muertos. 60.498 curados. 

 

Hace muchos años vino a visitarnos Diego, mi amigo de toda la vida.

 

Uno de los pocos defectos de Piacenza es el clima. Diego se quedó un mes en casa y le tocaron 26 días de lluvia y frío. Para combatirlos descubrió el queso gorgonzola. 

 

De vuelta a la Argentina, decidió llevarse tres kilos de queso. Cuando llegó a Ezeiza a la madrugada lo detuvo un somnoliento agente del SENASA.

 

-Buenos días, señor. ¿Qué lleva dentro de la valija?

 

-Tres kilos de gorgonzola.

 

El agente levantó la mirada mitad incrédulo y mitad decepcionado:

 

-¡¿Che, pero por qué me lo decís?! ¡Ahora tengo que confiscártelo!

 

La calle central de Piacenza se llama Via XX settembre y está llena de gente y de negocios, una especie de Avenida Santa Fe pero peatonal. Está prohibido circular en bicicleta: hay que bajarse para que no te hagan multa. Con todos sus negocios cerrados por el coronavirus, la Via XX settembre  permanece desierta desde hace meses, así que hoy la recorrí tranquilamente en bici mientras iba al súper. En una esquina aparecieron dos carabinieri. Me detuvieron.

 

-Esta calle es peatonal. Tiene que bajarse de la bici para pasar.

 

-Ah, pero ahora todos los días la recorro en bici. Como no hay nadie…

 

- Si, ho capito signora, ma al meno davanti a noi…*

 

italia dia 48

 

* Sí, entiendo señora, pero por lo menos adelante nuestro….

 

Via XX settembre. Piacenza, octubre de 2019.

 

 

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Día #47
Jueves 23 de abril de 2020.
Italia: 106.848 positivos. 25.549 muertos. 57.576 curados.

 

En tiempos normales, yo cruzaba la calle todas las mañanas para tomarme un macchiato caldo que me preparaba Francesca antes de entrar al estudio. A esa hora, los viejos llegaban solos al bar y comentaban las noticias en voz alta con los otros clientes. Uno podía escuchar comentarios sarcásticos sobre el primer ministro Berlusconi y sus jóvenes amantes, críticas sobre la gestión de la inmigración o chismes futbolísticos.

 

Hoy sé que todos estarían discutiendo, de mesa a mesa, sobre el nuevo protagonista de las redes, los diarios y la televisión: el científico que dice su opinión. El virólogo, el epidemiólogo y el inmunólogo son las nuevas estrellas de la tele y discuten entre ellos. Cada uno explica exclusivamente lo que sucede en su campo de investigación, lo que a una ignorante como yo (que solo sabe de educación física) deja más desorientada que antes.

 

El virólogo Burioni critica en televisión al inmunólogo Tarro:

 

- Si Tarro es un virólogo de premio Nobel, yo soy Miss Italia.

 

Y el alumno de Sabin, el Dr. Tarro, replica al día siguiente:

 

- Tiene razón, él solo tendría que hacer desfiles pero sin abrir la boca.

 

Si los bares estuviesen abiertos, moriría por ir a lo de Francesca mañana a escuchar qué dicen los viejitos de mi bar.

 

italia dia 47

 

Bar. Paolo Maini, olio sobre tela, 2010.

 

 

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Día #46
Miércoles 22 de abril de 2020.
Italia: 107.699 positivos. 25.085 muertos. 54.543 curados.

 

Para el filósofo y psicoanalista Umberto Galimberti, lo que nosotros sentimos con el coronavirus no es miedo, es angustia. El miedo, explica, es una defensa contra un peligro definido, como cuando cruzamos la calle y vemos un auto que se acerca muy rápido. En cambio, el coronavirus tiene una dimensión extraña porque se sabe poco y nada, y el peligro indeterminado genera angustia.

 

Me doy cuenta de que la “angustia coronavirus” ha creado manías nuevas en cada uno. Yo siempre tengo que tener, por ejemplo, medio kilo de ricota en la heladera. A Nico, el padre de Olivia, le gusta tomar cerveza. Cuando va al supermercado compra, sin embargo, un montón de botellas de vino. Al llegar a su casa las ordena meticulosamente para “las ocasiones especiales”. Y Valentina, su esposa, se queja porque está obligada a respetar ese orden cada vez que quiere abrir una botella.

 

Hoy el tano amasó pizza casera. Mientras almorzábamos, levantó los ojos del plato y me comentó pensativo: “¿te das cuenta que últimamente tengo la obsesión de ordenar las migas de la mesa mientras estamos comiendo?”.

 

italia dia 46

Las botellas de Nico. Piacenza, 23 de abril de 2020.

 

 

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Día #45

Martes 21 de abril de 2020.

Italia: 107.709 positivos. 24.648 muertos. 51.600 curados. 

 

Disfruto mucho las películas de Bertolucci en las cuales los personajes pasan mucho tiempo aislados, casi sin contacto con el mundo. Es como si ellos necesitaran esa experiencia para luego proyectar algo de sí mismos de lo cual ni siquiera eran conscientes.  

 

Hablo con mis amigos y, pese a que algunos están muy desanimados, cada uno me cuenta algo parecido. Antonietta me habla de su hijo: “el drama no es ahora, el drama va a ser cuando Edo tenga que volver al jardín. No quiere ver a su maestra ni en figuritas. Estos meses encerrado con nosotros le resolvieron sus problemas con el lenguaje, con ir al baño solo”. 

 

Como Edo durante su confinamiento, yo pude arrancar con estas crónicas, algo que no imaginé que iba a sucederme. Para no ser menos, hoy el tano se animó a instalar un ventilador de techo sobre nuestra cama. 

 

Entonces ya saben, si mañana no publico nada es porque se nos cayó encima.

 

dia 45 italia

 

Sentivo che nella mia tana era protetta, nascosta, che nessuno poteva farle male.

(Yo sentía que en mi guarida ella estaba protegida, escondida, que nadie podía hacerle mal).

Fragmento del libro “Tú y yo” de Nicolò Ammaniti (2010).

Imagen de la película homónima, dirigida por Bernardo Bertolucci (2012).

 

 

 

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Día #44

Lunes 20 de abril de 2020.

Italia: 108.237 positivos. 24.114 muertos. 48.877 curados. 

 

Cuando supe que iba a empezar la cuarentena no me lo tomé bien. Al trabajar, entrenar y viajar tanto, me parecía que el encierro me iba a robar el equilibrio. Mi hermana intuyó todo eso y rápidamente me propuso escribir cada día una crónica de lo que sentía. Ese fue el primer paso hacia un nuevo estado.

 

Me da vergüenza decirlo porque quizás hiero a quienes la están pasando mal, sufrieron pérdidas o se quedaron sin trabajo, pero el confinamiento me está haciendo bien. Era el ritmo de antes el que se había llevado mi equilibrio.

 

Hoy tuve una reunión on line con mis socias para discutir la reapertura del estudio. Probablemente nos dejen abrir a fines de mayo, dijeron ellas. Yo insistí con retomar recién en septiembre junto con las escuelas, luego de las vacaciones de verano.  Mis socias se mostraron impacientes durante la charla y yo me daba cuenta de que mi posición era irracional. Me hubiera gustado decirles: “disculpen, pero tengo miedo de volver a mi ritmo de vida de antes”.

 

italia dia 44

Postura de equilibrio de Giulia, 16 años, en el estudio de Pilates. Piacenza, julio de 2019.

 

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Día #43
Domingo 19 de abril de 2020.
Italia: 108.257 positivos. 23.660 muertos. 47.055 curados.

 

Mi vecina Daniela está desesperada por lo difícil que es convivir con un hijo adolescente durante la cuarentena. Su hijo atraviesa el periodo nopero: frente a cualquier frase de Daniela, él responde:

 

—No, pero…

 

Pienso en lo intratable que fui yo a esa edad con mi madre y siento piedad por ambos. La consuelo contándole que a mis cincuenta años y contra todo pronóstico, mi relación con mi madre es maravillosa.

 

Mum tiene 75 años y comenzó la cuarentena por decisión propia al mismo tiempo que yo, es decir mucho antes de que el gobierno argentino la decretara obligatoria.

 

Dia 43 italia

Laura. Ronco, provincia de Piacenza. 19 de abril de 2020.

 

Sus nietos la llaman La Tecno: trabaja on line, se entrena con clases de zumba por Instagram y hace una semana me llamó con voz experta para sugerirme que usara Zoom en mis lecciones.

 

Paola también tiene ahora una relación entrañable con su madre. Desde que Laura se enfermó de coronavirus, Paola la reta como si fuese su hija. Por ejemplo, Laura quiere comer todos los días la pizza casera que le prepara su yerno, y Paola se enoja.

 

—Mamma, ¡no se puede vivir a pizza! Cuando venga la doctora y pregunte qué estás comiendo, ¿qué le vamos a decir?

 

Y Laura, rebelde, responde:

 

—Que como pizza todos los días.

 

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Día #42
Sábado 18 de abril de 2020.
Italia: 107.771 positivos. 23.227 muertos. 44.927 curados.

 

“Ahora resulta inimaginable la idea de moverse de casa”, me dijo ayer mi primo Martín. En efecto, los planes que estamos haciendo para después del 3 de mayo, cuando se levante la cuarentena, son todos en casa.

 

Lo primero será invitar a Olivia a dormir. Ella va a elegir una peli que seguramente habrá visto más de una vez, y apenas comiencen los títulos nos va a contar el final.

 

Cuando era más chica le gustaba jugar a lo siguiente: ella era mi mamá y yo en algún momento caía enferma. Entonces Olivia me tomaba la fiebre y me decía con voz maternal:

 

—¡Estás enferma! ¡Tenés 90 de fiebre!

 

Y yo le respondía:

 

-¿Estás segura? Yo no me la siento, tomámela de nuevo.

 

—Ah no, me equivoqué, tenés 5.

 

También Juan, el hijo de mi hermana, estaría primero en nuestra lista. Cuando mi hermana estaba todavía embarazada, yo ya lo amaba.

 

Pero ahora Juan está en cuarentena en Buenos Aires y no sé cuándo lo volveremos a ver.

 

Qué suerte que tenemos una sobrina italiana.

 

italia dia 42 ok

Con Olivia. Piacenza, 1 febrero de 2020.

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Día #41

Viernes 17 de abril de 2020.

Italia: 106.962 positivos. 22.745 muertos. 42.727 curados.

 

Los días pasan rápido durante el confinamiento; quizás porque me fui acostumbrando a dilatar cualquier cosa que hago. Si salgo a reciclar el vidrio, tomo el camino más largo y me detengo a mirarlos negocios con sus persianas bajas. Si pido un poco de ricota en el mostrador del supermercado y la vendedora me avisa que va a tardar,  le respondo: “no se preocupe, tengo tiempo hasta el 3 de mayo”.

 

Vuelvo a casa en bici tan lento como si caminara. Por primera vez tengo apenas diez mails sin leer y los registros de alumnos al día.Veo desde el balcón que mis vecinos se dedican a lavar las cortinas y alfombras de toda la casa.

 

Durante esta cuarentena, muchos de nosotros nos hemos transformado en esa turista de Roma que había comprado el “Roma 24 horas”, un billete de colectivo que sirve para un número ilimitado de viajes.

 

Ella había subido al colectivo repleto en el centro de Roma con su flamante billete en mano. Mientras el colectivero tocaba bocina y trataba de adelantarse en medio de un tráfico infernal, ella le preguntó:

 

—Disculpe señor, ¿entonces con este billete puedo tomar cualquier colectivo, a cualquier hora,  todo el día?

 

—Y sí señora, si  no tiene un carajo que hacer*

 

*En romanesco: Eh sì signo’, se proprio ‘n c’ha ‘n cazzo da fa.

 

italia dia 41

Corso Vittorio Emanuele. Roma, 29 de marzo de 2020. Foto: cortesía de Livio Quagliata.

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Día #40
Jueves 16 de abril de 2020.
Italia: 106.607 positivos. 22.170 muertos. 40.164 curados.

 

Hace cuarenta días que estamos en cuarentena. Hace cuarenta días que me agarra un sueño devastador a eso de las 10 de la noche y me quedo dormida. Y a las 6 y media de la mañana abro los ojos sin razón alguna. Voy a la cocina a tomar mate y a escuchar las noticias, con los auriculares puestos para no despertar al tano.

 

No sé si dentro de dos semanas voy a estar lista para afrontar la vida de antes. Me siento inadecuada, como antes de los exámenes de matemática en la secundaria si no había preparado el machete.

 

El tano aparece en la cocina y murmura con cara de dormido:

 

—Ho sognato che guidavo la moto sulla sabbia. (Soñé que manejaba la moto sobre la arena).

 

Se sienta y tomamos mate. Yo le cuento de los mensajes que recibí por la noche desde Argentina, pero él parece seguir en su mundo. Y como si supiese de mi miedo de terminar la cuarentena agrega, casi hablando consigo mismo:

 

—Ma io non so guidare sulla sabbia… (Pero yo no sé manejar sobre la arena…).

 

italia dia 40

La moto del tano atrapada en la arena. Frasher, Albania, abril del 2014.

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Día #39
Miércoles 15 de abril de 2020.
Italia: 105.418 positivos. 21.645 muertos. 38.092 curados.

 

A veces mi hermana me pregunta cómo estoy. No sé bien qué responder porque para mí cualquier vaso que encuentro está mitad lleno, y por eso mis amigos me consideran “poco creíble”. Ahora mismo Piacenza está llena de aire de primavera, por primera vez sin contaminación. Y solo faltan dos semanas para que termine el confinamiento.

 

Para sumar alegrías, me acaba de llamar Paola para contarme su nueva teoría del potere della pizza. Su marido Paolo hizo pizza casera con leudante natural y se la llevó a la montaña. Laura volvió de su diálisis y mientras leía el diario, se comió la pizza con apetito. Según Paola, ahora se la ve mucho mejor y cambió el color de su cara.

 

¿No ven? Los vasos desbordan.

 

italia dia 39

Laura leyendo el diario y comiendo pizza Margherita. Ronco, provincia de Piacenza, 15 de abril de 2020.

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Día #38
Martes 14 de abril de 2020.
Italia: 104.291 positivos. 21.067 muertos. 37.130 curados.

 

Desde que íbamos juntas al colegio, mi mejor amiga me aleja con la mano cada vez que le hablo. Todavía tengo la costumbre de hablar a 10 centímetros de la cara del otro y en esta cuarentena no puedo estar ni a dos metros. Es durísimo para mí.

 

Hoy me siento como Tinu al matt, el loco del pueblo: él también tenía una necesidad física de comunicarse con la gente. Tinu al matt nació en 1929 y nunca abandonó el mundo de superhéroes de su infancia. Una noche, mientras hacía el servicio militar en la aeronáutica, despertó a todo el cuartel señalando el cielo a los gritos: “¡la luna, la lunaaaaaaaa!”. Al día siguiente lo exoneraron del servicio militar.

 

Tinu se pasaba las tardes vagando por las calles de Piacenza con un colador sobre la cabeza; las antenas que le había puesto le permitían comunicarse con los extraterrestres. El director de cine Marco Bellocchio lo hizo actuar en una película (con su colador, naturalmente).

 

En la calle, Tinu se detenía a charlar con todo el mundo. Cuando se cruzaba con mi suegra Mariuccia, le gritaba: “Come sei bella Marina, sei bellissima!”, porque estaba convencido de que mi suegra era la estrella de televisión Marina Morgan.

 

Yo tuve un malentendido parecido al de Tinu hace muchos años, que hoy suena a ciencia ficción porque nadie en la calle permitiría que me acerque tanto. Caminando por la avenida Santa Fe de Buenos Aires me encontré con un amigo que no veía desde la adolescencia. Le puse la mano sobre el pecho para frenarlo, lo abracé efusivamente y grité: “¡Huido, Huido!, ¿cómo estás?”. Ahí comencé a hablar sin parar (a mis reglamentarios 10 centímetros de distancia), preguntando cómo estaban sus hermanos. Frente a cada nombre de hermana o hermano, él respondía con un tímido: “ah sí, por suerte está muy bien”.

 

Cuando terminé de preguntar por la menor –su sexta hermana–, le dije: “¡Bueno, ahora contame de vos! Sé que estuviste trabajando en la Antártida”. En ese momento él bajó la mirada y me dijo: “Bueno, la verdad… nunca estuve en la Antártida y no soy Huido”.

 

Como les decía, hoy me siento Tinu. Tengo tantas ganas de hablar con la gente por la calle que hasta me probaría el colador para ver si alguien desde arriba me responde.

 

italia dia 38

Tinu al matt en la película “Nel nome del padre” de Marco Bellocchio, 1972.
Información sobre Tinu al matt proporcionada gentilmente por Andrea Cravedi.

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Día #37
Lunes 13 de abril de 2020.
Italia: 103.616 positivos. 20.465 muertos. 35.435 curados.

 

Como les conté el día 22, el tano tiene un grupo de amigos con el que anda en moto por los Balcanes. Uno de ellos, Antonio, se ocupa de transportar residuos y descargarlos en distintos depósitos de Italia, donde luego reciclan materiales.

 

Como todos los camioneros, Antonio tiene sus osterias (cantinas) predilectas, generalmente ubicadas en el cruce de dos rutas, donde hace la pausa del almuerzo. Veinte años atrás vio a un chico africano vendiendo encendedores en el inmenso estacionamiento de una de las osterias. Antonio se paró enfrente suyo y le dijo: “Oh, Senegal, así no vas a vender nada”. Y sin más entró a la osteria, compró un sándwich y se lo llevó al chico. Su nombre era Malick. Charlaron un poco; Antonio lo subió al camión y lo llevó al depósito. Apenas llegaron, Malick abrió los ojos como un niño y exclamó: “Oh, che bello!”. Estaba observando una máquina excavadora.

 

Desde hace 20 años Malick trabaja en ese depósito como maquinista especializado y ambos son más que amigos: como dice Antonio, Malick es mio fratello nero.

 

Ayer Antonio le contaba al tano por teléfono, riéndose con afecto: “mio fratello nero non capisce un cazzo. ¡Trabaja todo el día solo en la cabina de la excavadora con el barbijo, y apenas se baja y habla con alguien, se saca el barbijo!”.

 

italia dia 37

Malick manejando la excavadora. Florencia, 2000.

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Día #36
Domingo 12 de abril de 2020.
Italia: 102.253 positivos. 19.899 muertos. 34.211 curados.

 

Hablo con mi amiga Paola; ya no tiene fiebre y su voz se escucha jovial. Para curarse del coronavirus, ella y Laura están tomando tres medicinas todos los días: un antiviral, un antimalárico y una inyección de heparina en la panza.

 

Laura ya no se levanta de la cama, excepto cuando los camilleros la suben a la ambulancia tres veces por semana para ir a diálisis. Ayer le trajeron a Laura un huevo de Pascua de regalo, me cuenta Paola con entusiasmo.

 

Paola nota mi silencio. Como siempre es ella la que trata de consolarme: “Mirá Feli, no me puedo lamentar. Este aislamiento juntas me ayuda a entender que mamá no está mejorando, que está cada vez más débil. Me da tiempo de procesarlo”. Apenas terminamos la conversación, me envía un mensaje:

 

“Pero con vos soy leal. Te aseguro que ahora todo va bien; lo peor ya pasó. ¿Sabes qué veo si me doy vuelta? A mi abuela que me ayuda”.

 

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Los camilleros y Laura. Ronco, provincia de Piacenza, 11 de abril de 2020.

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Día #35
Sábado 11 de abril de 2020.
Italia: 100.269 positivos. 19.468 muertos. 32.534 curados.

 

Días atrás, Mario Ferri, más conocido como el Falco (halcón), se puso una remera roja, zapatillas de gimnasia y salió a correr por la playa de Pescara. El Falco ya era famoso por sus invasiones de cancha en partidos de fútbol de la liga italiana.

 

Un policía con uniforme y barbijo que caminaba por el malecón lo vio desde lejos: bajó a la playa y comenzó a seguirlo. El Falco se dio cuenta, aceleró y el policía lo siguió por un kilómetro como si estuvieran jugando a la mancha. Finalmente, el Falco logró adelantarse, dejando al agente al borde del colapso cardíaco.

 

El Falco abandonó la playa y siguió huyendo hasta que en el centro de Pescara fue interceptado por policías en moto, que le hicieron una multa de 400 euros.

 

Un guardia persigue a el Falco para multarlo. Pescara, 9 de abril de 2020.

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Día #34

Viernes 10 de abril de 2020.

Italia: 98.273 positivos. 18.849 muertos. 30.455 curados. 

 

En 1999, el tano viajó conmigo a la Argentina por primera vez y se quedó impresionado con los porteños. Los hombres decían piropos; cualquier tema era abordado con términos psicoanalíticos; la gente lo besaba mucho sin conocerlo y le contaba intimidades. También le fascinaron las medialunas, el cielo límpido de Buenos Aires y obviamente… el tema de la sensación térmica.

 

Para el tano, la sensación térmica resulta indisociable de nuestro carácter. Que un pueblo se regule por un dato tan subjetivo explica que los argentinos seamos volubles y sentimentales; en sus términos, “demasiado corazón”.

 

En esta época de coronavirus, la sensación térmica es fundamental para interpretar el alma de una comunidad. El gobierno italiano decretó ayer que las medidas de confinamiento y contención se mantendrán vigentes hasta el 3 de mayo. Los números de contagios están disminuyendo muy lentamente. Sin embargo, la gente se relajó y comenzó a saltarse las reglas.

 

Si Piacenza fuese una ciudad argentina, la última página del diario local de hoy diría lo siguiente. Positivos actuales: 98.273. Positivos percibidos: 15.

 

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Medialunas de manteca hechas por el tano. Piacenza, 10 de abril de 2020.

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Día #33

Jueves 9 de abril de 2020.

Italia: 96.877 positivos. 18.279 muertos. 28.470 curados.

 

Mi amiga Anna suele decirme que yo ando por la vida como si no existiera la enfermedad ni la muerte. Tiene razón. Me siento abrumada ante cada paso del nuevo ritual de la muerte en mi región: los enfermos graves grabando la lista dell’addio (lista del adiós) en el teléfono, los funerales en streaming, los camiones militares transportando cadáveres, los diarios atiborrados de avisos fúnebres.

 

Más al sur y no mucho tiempo atrás, los napolitanos mezclaban los asuntos de los vivos y los muertos sin tanto dramatismo. Ordenando mis cosas encontré un diario donde contaba la siguiente anécdota, como si el viejo diario le hablara al nuevo. 

 

El 10 de mayo de 1987 y luego de 60 años de espera, Napoli ganó su primer campeonato nacional de fútbol: el famoso scudetto. La gran estrella fue Diego Maradona, que venía de ser campeón mundial con Argentina en 1986. Los napolitanos festejaron hasta la madrugada y dejaron un graffiti en el muro del cementerio local: Che vi siete persi (“lo que se perdieron…”).

 

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Cementerio de Fuorigrotta. Nápoles, 10 de mayo de 1987.

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Día #32
Miércoles 8 de abril de 2020.
Italia: 95.262 positivos. 17.669 muertos. 26.491 curados.

 

Mi hermano Mariano me contó que durante el confinamiento él y sus hijos hacen más de un torneo de truco al día durante las pausas de trabajo y estudio de ambos. Esa frase dicha al pasar me dejó un nudo en la panza: en mi linda Piacenza tengo casi todo, pero no el truco.

 

Acá en Italia se juega a la briscola. Los viejos se reúnen de a dos o de a cuatro jugadores, con tres cartas cada uno y se pasan las señas como en el truco.

 

En un pueblo a 40 kilómetros de Milán –una de las zonas con leyes más severas para la contención de la pandemia– seis viejitos salían temprano todas las mañanas de sus casas. Decían a la familia que iban a comprar el diario, los cigarrillos o alguna cosa al supermercado. En realidad, se encontraban a jugar a la briscola en un bosque que rodea el canal del pueblo.

 

Hace una semana, los vecinos del bosque escucharon un griterío a eso de las nueve de la mañana y llamaron a la policía. Los agentes entraron al bosque. Los seis viejos sin barbijos, sentados alrededor de una mesa bajo los árboles, discutían acaloradamente porque parece que uno de ellos estaba haciendo trampa.

 

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Jugando a la briscola. Foto de L’eco del sud.

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Día #31
Martes 7 de abril de 2020.
Italia: 94.067 positivos. 17.127 muertos. 24.392 curados.

 

Durante estas cuatro semanas de confinamiento, el tano desmontó una biblioteca y la construyó de nuevo en otra parte; serruchó seis sillas de madera y las transformó en leña para quemar en la salamandra; cambió las cuatro patas de la mesa del comedor; mudó su estudio a nuestra habitación y la habitación a su estudio. Ahora, mientras escribo, está arriba de una escalera pintando el techo de la casa.

 

Si no podés salir del túnel, decóralo.*

 

*Se non puoi uscire dal tunnel, arredalo (Geppi Cucciari, 2014).

 

Imagen 1

El tano pintando el techo. Piacenza, 7 de abril de 2020.

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Día #30
Lunes 6 de abril de 2020.
Italia: 93.187 positivos. 16.523 muertos. 22.837 curados.

 

Como el confinamiento es obligatorio, los grupos de amigos se “encuentran” en videollamadas; yo las detesto y encima me dan nostalgia.

 

La mejor amiga del tano tiene una hija que se llama Olivia. Para nosotros es nuestra sobrina italiana: la amamos desde el día en que nació. Cuando tenía menos de un año, los padres se iban al cine y nosotros nos quedábamos con ella. A la semana siguiente, el tano llamaba a su amiga y le leía los estrenos del cine para que pudiéramos ir de nuevo a cuidarla. Ahora Olivia tiene ocho años y viene a dormir a casa; siempre tenemos listo su pijama y su cepillo de dientes.

 

Todos los días Olivia juega al Lego con su amiga Michelle por videollamada. Inclinan la pantalla para no verse a sí mismas, sino a los dos personajes de Lego que han creado: una médica y un policía que se llama Robin. En la videollamada de ayer, la médica y Robin se pusieron de novios.

 

Sospecho que Olivia logró resolver el tema de las videollamadas mucho mejor que yo.

 

Imagen 1

Olivia en videollamada con Michelle. 6 de abril de 2020.

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Día #29
Domingo 5 de abril de 2020.
Italia: 91.246 positivos. 15.887 muertos. 21.815 curados.

 

De joven, Paola jugó profesionalmente al voley en Italia. Le quedó el espíritu competitivo, solidario y un vínculo entrañable con sus compañeras de equipo.

 

Los años de amistad con ella me enseñaron a estar atenta. Aprendí, por ejemplo, a no decirle abiertamente que necesito algo porque me lo procura en el instante. Paola es ese tipo de personas que si alguien se está ahogando en el mar con la bandera roja, se tira de todas formas a sacarlo.

 

Aunque Paola ya no tiene fuerzas para llamarme y cada día se siente más débil, sé que nunca dejaría de socorrer a Laura.

 

Por eso a la noche, a veces, no logro dormirme. Veo a mi amiga en el océano Atlántico de bandera roja.

 

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Laura y Paola. Piacenza, 1966.

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Día #28
Sábado 4 de abril de 2020.
Italia: 88.274 positivos. 15.362 muertos. 20.996 curados.

 

Ayer no fue un buen día y por la noche no lograba dormir. Me resonaba esa frase que usan en la Argentina: “le haría un monumento”. Y me pregunté: “¿Hoy a quién le harías un monumento?” Bueno, seguramente a Elvira, mi maestra de primer grado; a mi hermana y al personal de salud que consuela y salva sin dramatismo.

 

Dos médicos vestidos como astronautas fueron a la casa de un amigo que tenía síntomas del virus. Fueron extremadamente profesionales: hicieron preguntas, sacaron radiografías a sus pulmones y le prescribieron remedios.

 

Todavía incrédula, su compañera Elena les preguntó: “¿pero entonces… ¿se contagió?”. El más viejo de los dos, subiendo una ceja y con expresión indefinible detrás del barbijo respondió en perfecto dialecto piacentino: “mês e mês”*.

 

Hace unos años, mi amigo Andrea abrió una botella de vino tinto y encontró una cola de ratón adentro. Una vez superado el estupor, agarró la botella y fue al Departamento de higiene a hacer la denuncia. El empleado lo escuchó con atención pero cuando miró la etiqueta de la botella, desestimó la denuncia y retó a Andrea: “Pero usted también… ¡comprar una marca tan trucha!”.

 

Entre la cola del ratón y los enfermeros que salvan a todos haciendo bromas me quedé finalmente dormida.

 

*Más o menos.

 

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Laura abrazando a Giovanna, una paracaidista que presta colaboración al personal médico. Ronco, provincia de Piacenza. 3 de Abril de 2020.

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Día #27
Viernes 3 de abril de 2020.
Italia: 85.388 positivos. 14.681 muertos. 19.758 curados.

 

Nunca en mi vida hablé tanto por teléfono como ahora. Logré superar mi récord de la adolescencia, cuando hablaba horas enteras a escondidas. Más de una vez, pasada la medianoche, mi mamá abría la puerta de la cocina y me agarraba in fraganti; yo señalaba el tubo del teléfono con cara de inocente y atinaba a decir: “pero me llamó él…”.

 

Hasta hace unos días Paola era la persona con la que más hablaba. Ella siempre fue una máquina de enviar textos, audios, videos y fotos. Desde que se enfermó, todo es silencio. Apenas cruzamos algún mensaje; está cansada por la fiebre y ocupada con su mamá.

 

Y tiene miedo.

 

Hoy quiero que me devuelvan un día lunes o un domingo que se note que sea domingo. Quiero mi ciudad llena de chicos yendo a la escuela, entorpeciendo el tráfico a la mañana, y el macchiato del bar frente a mi estudio. Quiero que me devuelvan la sonrisa de mi amiga Paola y la posibilidad de subirme a un avión para abrazar a mi papá.

 

Italia dia 27

Estación ferroviaria de la ciudad de Piacenza. Sin fecha.

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Día #26
Jueves 2 de abril de 2020.
Italia: 80.572 positivos. 13.155 muertos. 16.847 curados.

 

Conozco a R. desde el comienzo de la secundaria y desde entonces siempre ha sido una parte de mi vida. Dejando atrás varias penas y también buenos amigos, R. se fue a trabajar a Italia a los 22 años y nunca volvió a vivir en Argentina. Gracias a él terminé en Piacenza y aprendí cosas fundamentales; él no sabe que me las enseñó y yo no las sabría explicar. Por un tiempo vivimos juntos y nos peleábamos a muerte cuando uno de los dos inventaba una palabra en el Scrabble. R. parecía un salvaje, pero delante del tablero de Scrabble se transformaba en Bioy Casares. Siempre sospeché que escondía un diccionario Larousse por algún lado. Ahora vive en el sur de Italia, donde se casó y tuvo hijos, como siempre quiso. Al igual que los gatos callejeros, él busca la vereda de sol donde poder vivir feliz.

 

Con el coronavirus se volvió más protector que nunca y no hay semana que no me llame para saber cómo estoy. Desde el comienzo, él me tranquilizó diciéndome que si Italia había logrado ponerse de pie después de dos guerras, iba a salir también de esta.

 

R. está preocupado por sus dos hijas. Le gustaría estar siempre con ellas, pero la mitad del mes viven en la casa de su ex mujer, que trabaja en el hospital. En Italia, el 10% de los empleados de salud se contagiaron del Covid-19.

 

¿Por dónde anda hoy su lugar al sol?

 

No necesité preguntárselo. Ayer me envió un audio diciéndome: “¿cómo no voy a tener fuerzas, Feli, si esta vida me dio mucho más de lo que yo le había pedido?”.

 

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Día #25

Miércoles 1 de abril de 2020.

Italia: 77.635 positivos. 12.428 muertos. 15.729 curados.

 

Empecé a trabajar de nuevo hace una semana. Mis clientes venían pidiéndome lecciones por Skype, pero yo instintivamente había decidido que no: demasiado virtual para mí. Como hago siempre que tengo un dilema, llamé a mi amiga Anna. En el primer minuto de conversación ya me había fulminado con su frase: “Feli, ellos se van a sentir abandonados.”

 

Al día siguiente ya había creado los grupos por Skype y enviado la lista con los horarios. Mis clientes y Anna lo habían comprendido antes que yo: volver a entrenar les iba a permitir mirar por la ventanita de normalidad, aunque sea por cuarenta minutos.

 

En la emergencia, la creatividad vuela. La técnica de movimiento que desde hace años estudio y enseño fue creada por alguien que también se vio obligado a estar en confinamiento. Joseph Pilates estaba trabajando en Inglaterra al comienzo de la primera guerra mundial; como era ciudadano alemán, fue encarcelado como prisionero de guerra. En su pequeña celda creó el método Pilates, que fue perfeccionando durante los meses siguientes para rehabilitar a los heridos del campo de batalla.

 

Cuando terminé la primera lección y vi a mis alumnos sonrientes en la pantalla, apreté en seguida el botón rojo para terminar la videollamada. No quería que me vieran llorar.

 

Imagen 1

Joseph Pilates con un cliente. New York, febrero 1951.

 

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Día #24
Martes 31 de marzo de 2020.
Italia: 75.528 positivos. 11.591 muertos. 14.620 curados.

 

Piacenza es una elegante ciudad de 100.000 habitantes que los romanos fundaron en el año 218 a. C. por su posición estratégica. Incluyendo al resto de la provincia, en total somos 290.000 habitantes. Nadie fuera de Italia parece haber oído hablar de Piacenza porque está fuera del circuito turístico tradicional.

 

Para mí es la hermosa desconocida. Los piacentinos me dicen que yo idealizo su ciudad. Cuando ellos la critican, me enfurezco.

 

Aquí me enamoré y viví sin documentos, pero trabajando en todo tipo de changas. Encontré amigas para toda la vida y transcurrí feliz el final de mi juventud.

 

Desde ayer, mi ciudad se volvió el centro de la atención: los diarios sugieren que el paciente uno provino de una clínica privada de Piacenza en enero de 2020, cuando todos creían que el coronavirus aún no había llegado a Europa. El paciente murió de Covid19 y de los 250 empleados de esa clínica, hoy 150 están en casa por enfermedad. Oficialmente, sin embargo, allí dentro no ha sucedido nada.
Recién me llama Paola: se siente mejor y dentro de dos semanas le harán el test. Me cuenta que a Laura decidió hacerle la “terapia della risata” (terapia de la risa) porque es barata y hace bien para generar anticuerpos. Y me envía algunos de los videos ridículos que ella y su madre actúan para sus nietos. 

 

Mi querida Piacenza, que nunca me hizo sentir una extraña… ¿no podía volverse famosa por otra cosa?

 

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Con mi bici en Piacenza. 31 de marzo de 2020.

 

 

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Día #23
Lunes 30 de marzo de 2020.
Italia: 73.880 positivos. 10.779 muertos. 13.030 curados.

 

Dos semanas atrás, el test de coronavirus de Laura había dado negativo. Pero el viernes le hicieron otro porque comenzó a tener fiebre y tos.

 

Hoy a las 8:15 de la mañana, Paola me envía una tierna foto de Laura mientras espera la ambulancia que la llevará a hacerse diálisis. Junto con la ambulancia llegará también el resultado del nuevo test.

 

A las 8:30 Paola me envía un whatsapp: “Positivo”.

 

Como siempre, mi amiga reacciona enérgica. Me llama por teléfono y es ella quien se ocupa de tranquilizarme. Me cuenta que ella también tiene 38 de fiebre y ya no siente más el sabor del café. Probablemente también haya contraído el virus.

 

Claro, es más fácil escribir cuando todo está sucediendo a otros, esos otros que están en la misma pero que al final no son yo. Ahora el círculo se está estrechando alrededor mío y me empieza a apretar con dolor.

 

Imagen 1

Laura esperando los resultados del test Covid19.

Ronco, provincia de Piacenza. 30 de marzo de 2020, 8:15 AM.

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Día #22
Domingo 29 de marzo de 2020.
Italia: 70.065 positivos. 10.023 muertos. 12.384 curados.

 

El tano tiene un grupo de amigos con el que suele irse de viaje en moto por rutas de ripio de los Balcanes. Yo los llamo los Village People por su heterogeneidad: hay un camionero, un directivo de una empresa, un empleado bancario, un pintor y un policía.

 

Mi favorito es Antonio. Él es camionero y entra en la categoría de tareas imprescindibles, como los médicos o empleados del supermercado que siguen trabajando durante el confinamiento. Antonio es muy pintón y charleta. Vive en Farini, un pueblito en la montaña a una hora de Piacenza. Llama al tano dos veces por día durante sus pausas cuando descarga el camión.

 

Antonio te deja ver sin inflexiones su alma. Ayer le dijo al tano: “estoy triste, socio”. Entonces le contó la historia de sus dos amigos del pueblo: Renato y Giovanni, alias Frullo.

 

Renato es un ex camionero y Frullo un ex colectivero, dos amigos inseparables que vivieron toda la vida en Farini. Durante la estación de caza iban juntos a cazar en los bosques que rodean al pueblo. Ya jubilados, se encontraban en el bar de Farini a tomar vino. Eran dos personas desbordantes, de esas que llenan de alegría al pueblo. Si uno pasaba por el bar y se los cruzaba, luego seguro que llegaba a su casa con una anécdota divertida para contar. Los dos se enfermaron de coronavirus y murieron ayer con pocas horas de diferencia.

 

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Renato y Frullo. Farini, Provincia di Piacenza, 2018.

 

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Día #21
Sábado 28 de marzo de 2020.
Italia: 66.414 positivos. 8.165 muertos. 10.950 curados.

 

¿Cuál es la ventanita de normalidad frente a lo extraordinario?

Antes de dar mis lecciones por Skype me pongo perfume: un gesto ridículo, pero que me devuelve tranquilidad. No es muy distinto al gesto de Olivia, la hija de mi amiga que “va” a tercer grado: cuando se prepara para la videollamada, se viste con el guardapolvo. En Piacenza, 32.000 escolares están participando de lecciones conectados en directo desde su casa.

 

Desde hace un par de días, si uno sale de casa sin una razón imprescindible se arriesga a una multa de 3.000 euros, lo cual equivale a dos meses de sueldo de un maestro de escuela. ¡Dos meses de sueldo, una locura! Con 50.000 contagiados en Estados Unidos, Trump declara que para Pascua todos saldrán de nuevo a la calle a comprar regalos… normalmente.

 

Hoy llegaron dos enfermeros a la casa de Laura para transportarla hasta el hospital para hacerle diálisis. Cubiertos como astronautas de pies a cabeza, cubrieron también a Laura. Miro la foto que me envió Paola: están irreconocibles. No puedo dejar de pensar en la frase que apareció en las calles de Santiago de Chile en medio de las revueltas, tan solo un mes atrás: no volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema.

 

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Laura, antes de salir de su casa para ir al hospital. Ronco, Piacenza, 27 de marzo de 2020.

 

 

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Día #20
Viernes 27 de marzo de 2020.
Italia: 62.013 positivos. 8.165 muertos. 10.361 curados.

 

Miro a mis vecinos de enfrente, una pareja joven. No los conozco. Se hicieron una casita justo al frente de la nuestra, del otro lado de la calle. La casa estuvo en obra durante seis meses y finalmente a comienzos de este mes se mudaron.

 

El tano me ve que contemplo pensativa la casita de al frente y con cara de tonto dice: “Espero que a los vecinos de enfrente les guste la casa nueva”.

 

—¿Por qué decís eso?

 

—Porque nunca más pudieron salir.

 

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Los nuevos vecinos de enfrente, Piacenza. 27 de marzo de 2020.

 

Yo también pasaba un montón de tiempo haciendo planes para el futuro. Tenía todo organizado para viajar y ver a mi mejor amiga a fines de abril. Me iba a aparecer de sorpresa en medio de su fiesta de cumpleaños de 50, en Estados Unidos. ¿Cuánto tiempo pasará antes de volver a verla?

 

Hoy más que nunca el futuro no es previsible para nadie. La semana pasada, una señora de 95 años que ahora llaman “nonna speranza” se curó del virus: ella fue la primera paciente curada en Módena.

 

Y ayer también dieron de alta a P., un señor de 101 años en el hospital de Rímini. P. nació en 1919 durante la fiebre española y ayer, contra todas las estadísticas, logró curarse del coronavirus.

 

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“Nonna speranza” entre enfermeros y doctores. Módena, 19 de marzo de 2020.

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Día #19
Jueves 26 de marzo de 2020.
Italia: 57.521 positivos. 7.503 muertos. 9.362 curados.

 

Cuando uno se queda todas las semanas dentro de la casa se termina ocupando de… la casa. El tano me anunció que iba a pintar el techo sobre la escalera, el lugar más alto posible; idea que inmediatamente prohibí porque si se cae de la escalera no hay ni ambulancias disponibles.

 

Laura, la mamá de Paola, se cayó en su casa y se golpeó la pierna. Como ya les conté el día 1 y el día 7, Laura tiene 82 años y vive sola en las afueras de la ciudad. Laura terminó de urgencia en el hospital, uno de los lugares más peligrosos para el contagio del coronavirus. Mi amiga Paola tuvo que dejar a su familia e irse a vivir con su mamá hasta que pueda caminar de nuevo.

 

Ahora Laura tiene tos y fiebre. Sé que mi amiga tiene miedo por ella pero nunca me lo dirá directamente; la conozco muy bien. Mientras prepara el almuerzo, Paola me llama y se le escapa esta frase:

 

—La miro y se me ocurre que podría perderla, pero recobro el ánimo con la misma rapidez con que lo pierdo.

 

Y luego agrega rápidamente que se quedó sin leña y no sabe dónde comprarla.

 

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Paola y Laura en la casa de Laura. Colinas de Ronco, provincia de Piacenza, 25 de marzo de 2020.

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Día #18
Miércoles 25 de marzo de 2020.
Italia: 54.030 positivos. 6.820 muertos. 8.326 curados.

 

Cuando empecé este diario había 5.061 infectados en Italia y hoy, luego de solo 17 días, hay 54.030. Había 233 muertos; hoy son 6.820. Más del 5% de los muertos son de Piacenza, nuestra ciudad: un triste tercer lugar en todo el país. Piacenza tiene el 5% de la cantidad de muertos por coronavirus pero representa solamente el 0,3% de la población italiana.

 

En las últimas dos semanas los contagios han aumentado tanto que muchas familias deciden proteger a sus hijos y aislar al padre o la madre que sigue saliendo para ir trabajar, como por ejemplo enfermeros, médicos, transportistas o agricultores.

 

Fabio trabaja en un banco y con su mujer decidieron que era más prudente no poner en peligro a Edo, su hijito de tres años. Hace ya tres semanas que Fabio no ve a Edo; por la noche hablan por Skype. Para entretenerlo, Fabio se viste de Spiderman y juega un rato con él a través de la videollamada. Ayer Fabio lo llamó pero sin el disfraz y luego de algunos minutos de conversación, Edo lo interrumpió y le dijo:

 

—Bueno pá, nosotros hablemos otro día, ahora pasame con el hombre araña.

 

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Escuela estatal secundaria ”Melchiore Gioia” construido por Mario Bacciocchi entre 1932 y 1937 con estilo ecléctico-racionalista. Piacenza, 24 de marzo de 2020.

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Día #17
Martes 24 de marzo de 2020.
Italia: 50.418 positivos. 6.077 muertos. 7.432 curados.

 

A. R. es la persona más especial que conozco. Él me hace sentir Superman en la vida.

 

Junto con su hermana, es dueño de una fábrica de botones con 240 empleados. A. R. es el mejor jefe del mundo. Hace 21 años que trabajo para él y como dicen en la Argentina, cada día lo quiero más.

 

A. R. tiene 50 años, más o menos mi edad. Por un lado es antiguo: no usa computadora, no hace ejercicio. Al mismo tiempo, es la persona más moderna que existe: tiene un don natural para captar situaciones que serían imperceptibles para el resto de la humanidad. A. R. percibirá simultáneamente el lado emocional, práctico y contradictorio de un problema y tomará una decisión que será casi imposible de cambiar: como todas las personas geniales, es muy terco.

 

Una vez me contactó el Financial Times porque querían hacerle un artículo. A. R. simplemente me dijo: “Llamá y deciles que no.”

 

Yo no soy Giorgio Armani que necesitan ver mi cara. Acá lo único importante es la fábrica.

 

Hijo de esa generación europea que creció trabajando sin guardapolvos ni zapatos, A. R. se hizo de abajo. Su padre fundó la fábrica en el garaje de su casa cuando era muy joven. Su madre trabajó allí 8 horas diarias toda su vida, hasta unos días antes de morir. Codo a codo con el resto de las empleadas, hacía el trabajo más humilde: contar los botones y desechar los rotos.

 

A. R. no hace ninguna diferencia entre un ingeniero industrial de Boston y el obrero especializado que trabaja en la fábrica desde hace 40 años: convoca a ambos a la misma reunión y consulta la opinión del obrero todo el tiempo. Luego los lleva a comer a un restaurant de excelencia. Si uno le hace notar que eso no es habitual en las personas de su posición, te interrumpe aburrido: “¿Por qué? ¡Ya no estamos en el medioevo!”. Pero yo sé que ese empleado es igual a mí: él también se siente Superman.

 

Si sigue la reclusión por mucho tiempo nosotros, los 240, vamos a volvernos Clark Kent.

 

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Bottoni e forbici. Paolo Maini, acrílico sobre tela, 2007.

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Día #16
Lunes 23 de marzo de 2020.
Italia: 46.638 positivos. 5.476 muertos. 7.024 curados.

 

No solo la moto del Tano y todo el contenido de mi “cajón de viaje” son hoy objetos obsoletos; también algo tan cotidiano como el timbre de la casa. ¿Quién se acuerda de los timbres? Y sin embargo la ley de Murphy que me enseñó mi primo Martín nunca falla, ni siquiera en época del coronavirus. Era el primer día que había decidido volver a trabajar dando lecciones en vivo por Skype. En medio de la transmisión escuchamos un sonido extraño que nos recordaba vagamente algo… ¡el timbre! El tano se abalanza por las escaleras devorado por la curiosidad.

 

Abre la puerta y allí está Valerio, el vecino de dos casas más allá: sin barbijos pero con una sonrisa. No habíamos intercambiado más que un buongiono buonasera alguna vez por la calle.

 

Valerio tiene tres bolsitas de plástico transparente en la mano con objetos rojos adentro.

 

—¿Querés empuñaduras?

 

El tano se queda en silencio. No sabe si debe responder o tomar la distancia de seguridad de un metro que Valerio no ha tomado. Adivinando su perplejidad, Valerio explica:

 

—Son empuñaduras nuevas de plástico para espátulas y escofinas. Las estoy tirando a la basura. Si no te sirven, de última las tirás vos.

 

Desde arriba escucho al tano cerrar la puerta y entrar en la casa con una bolsita en la mano mientras murmura: ¡qué cazzo hago con los manguitos…!

 

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Bolsita de Valerio. Piacenza, 22 de marzo de 2020.

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Día #15
Domingo 22 de marzo de 2020.
Italia: 42.681 positivos. 4.825 muertos. 6.072 curados.

 

Edo tiene tres años y es el maravilloso hijo de mi amiga Antonietta. Edo no quiere salir al jardín de su casa a jugar porque forse li c’è il virus (“quizás ahí está el virus”).

 

Nosotros no tenemos hijos; por eso decidimos también no tener auto. Nos movemos siempre en bici y tenemos una moto, gran compañera de viajes. Desde hoy ya no está permitido ir al supermercado todos los días: se puede ir solamente dos veces a la semana porque ayer hubo 5.000 contagiados más.

 

Hoy el tano sacó la moto y se fue al supermercado. Cuando volvió dejó la moto en medio de nuestro living, como un nuevo adorno de la casa.

 

No puedo salir más en bici al súper, que era mi único modo de salir de casa. Hoy no le veo el final a esta reclusión en casa y los números de contagios asustan. Mis amigos lloran por algún amigo o pariente en el hospital. Los cementerios colapsan. A 70 kilómetros de acá, los camiones del Ejército pasan transportando féretros para incinerar en municipios con espacio disponible. Sueño un coronavirus que sea como el yogur: con fecha de vencimiento.

 

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Objeto obsoleto, Piacenza. 21 de marzo 2020.

 

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Día #14
Sabado 21 de marzo de 2020.
Italia: 37.860 positivos. 4.032 muertos. 5.129 curados.

 

Hoy discutí con L., un amigo del tano. Me enfurecí, y eso que nunca me había enojado con él. Supe que su hermano se había contagiado y L. no nos había dicho nada.

 

Le dije que era un loco y un irresponsable por no habernos contado, ya que hasta hace poco tiempo nos veíamos casi todos los días. Luego me fui calmando y arrepintiendo. ¿Qué sé yo de esta especie de nueva ética del coronavirus? ¿Tendré razón en todo lo que le reproché?

 

Mi rabia se transformó en malhumor. Y encima a la noche teníamos organizada una charla por Skype con el grupo de amigos.

 

Voy a mi cuarto y camino sin parar alrededor de la cama. Me tranquilizo mirando un cuadro que me hizo el tano con mi hermana y yo besando a mi abuela, cuando los abrazos existían y mi abuela también.

 

Abuela, cm 70 x 120 - acrylic on canvas 2005 by paolo Maini

La abuela. Paolo Maini, acrílico sobre tela, 2005.

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Día #13
Viernes 20 de marzo de 2020.
Italia: 33.190 positivos. 3.405 muertos. 4.440 curados.

 

Entre marzo y mayo de este año yo tenía previsto trabajar en Tokio, Nueva York, París, Porto y Quebec. Ya había comprado los vuelos y organizado cada viaje.

 

Abro en mi escritorio el “cajón de viajes”. Allí están, en perfecto orden, los pasaportes italiano y argentino, el nécessaire, los adaptadores eléctricos. Al final resulté tan obsesiva como mi padre. Voy a agregar allí dentro el grabador pasa-casette que tenemos abandonado en el sótano, así conoce a sus nuevos parientes.

 

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Mi cajón de viaje. Piacenza, 19 de marzo de 2020.

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Día #12
Jueves 19 de marzo de 2020.
Italia: 28.710 positivos. 2.978 muertos. 4.025 curados.

 

Dos piacentinos provistos de la autocertificación para poder ir al supermercado fueron detenidos ayer por la policía porque era una excusa para comprar cocaína. Detuvieron también a los dos dealers.1

 

Mi hermano voló hacia Brasil de vacaciones hace unos días, pese a que le rogué que no fuera. Ahora no logra volver a la Argentina. No puedo culparlo: yo misma, menos de un mes atrás, hubiese hecho lo mismo.

 

Pienso en todo esto y salgo al balcón de mi casa. La calle está silenciosa; solo se escuchan sirenas. Por primera vez en 25 años, el aire está limpio y sin contaminación. Y también por primera vez desde que vivo en esta casa converso con mi vecina de la casa de al lado. Desde el balcón le pregunto su nombre y de qué trabaja. Ella me habla un poco emocionada de su abuela, que vivía allí. Luego me cuenta cómo fue modificando los ambientes, hasta que se interrumpe.

 

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—“Siempre quise abrir una ventanita en el baño de arriba, pero se necesita la autorización de los vecinos de la casa contigua”.

 

—Qué buena idea. ¿Y quiénes son los vecinos?

 

—Ustedes…

 

Y así mi vecina Giusi tendrá su baño con ventana.

 

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Escuela estatal secundaria “Respighi” construído por el arquitecto Luigi Moretti en 1933.
Piacenza, 18 marzo 2020.

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Día #11
Miércoles 18 de marzo de 2020.
Italia: 26.062 positivos. 2.503 muertos. 2.941 curados.

 

Influenciada por mi situación, mi madre se puso en autocuarentena en su casa de Buenos Aires desde el 7 de marzo; sus amigas la tildaban de exagerada e hipocondríaca.

 

Aquí en Piacenza, los chinos cerraron bares y restaurantes mucho antes que cualquier decreto ministerial. Esto sucedió a principios de marzo, cuando Piacenza todavía vivía normalmente. El tano dice que lo hicieron por la misma razón que mi madre: porque estaban influenciados de los relatos directos de sus parientes en China.

 

Recién esta mañana Francia e Inglaterra parecieron darse cuenta de la gravedad del coronavirus y decidieron tomar medidas más restrictivas.

 

Me siento Mafalda, pues acá estoy pensando que mi madre y los chinos entienden más que los ingleses y franceses.

 

Hoy el alcalde del pueblo siciliano de Delia envió un video donde exhortaba a la población a dejar de salir a la calle por cualquier cosa, y muy enojado gritaba: “¿Qué les dio ahora por hacer atletismo? La última vez que corrieron fue en la escuela primaria ¿Y ahora a todos se les da por correr?”.

 

Puente sobre el río Po. 17 marzo 2020, 17:45 PM. Foto cortesía de Giovanni Palisto

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Día #10
Martes 17 de marzo de 2020.
Italia: 23.073 positivos. 2.158 muertos. 2.749 curados.

 

En la radio explican que los hospitales franceses temen el colapso. Y aquí en Italia también, por eso cada día se agudizan las restricciones.

 

Los grandes programas del día suelen ser: “¿Caminamos hasta la cocina?” O bien: “Hoy es un día hermoso, voy a baldear el balcón”.

 

Siguiendo esa línea, hoy a la mañana le propuse al tano con gran entusiasmo y voz romántica la única salida permitida:

 

—¿Y si hoy vamos juntos al Eataly a comprar ricotta y muzzarella en bici con los barbijos?

 

—Hoy leí en el diario que no se puede ir de a dos al supermercado.

 

—Oh…

 

El tano no resiste mi expresión desilusionada y rápidamente agrega:

 

—Pero podemos fingir que no nos conocemos.

 

Me sorprendió: el tano detesta ir al supermercado y más aún detesta ir juntos porque tiendo a perderme en las góndolas.

 

Este es un virus antisocial con efectos socializadores.

 

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Día #9
Lunes 16 de marzo de 2020.
Italia: 20.603 positivos. 1.809 muertos. 2.335 curados.

 

La autorización firmada que es necesaria exhibir a las autoridades para poder salir de la reclusión no deja de producir efectos imprevisibles y hasta cómicos en la calle y los balcones.

 

Una amiga, cantante lírica y muy extrovertida como todos los napolitanos, no soportaba más el aislamiento. Con la complicidad de su vecina colombiana del edificio de enfrente –una clarinetista que hasta ese día conocía solo de vista– organizó un concierto de balcón a balcón en nuestra ciudad. El repertorio comenzó con Bésame mucho a todo volumen: el vecindario entero escuchaba y aplaudía.

 

El sábado a las 12 del mediodía todos nos asomamos a las ventanas y aplaudimos a los enfermeros y médicos del país. Fue nuestra manera de darles las gracias por su enorme esfuerzo.

 

En un pueblito de Calabria, desierto como toda Italia, un hombre fue interrogado por los carabinieri: ¿por qué caminaba por esa calle donde todas las casas estaban abandonadas? “Estoy llevando comida a un amigo”, se justificó.

 

Dudosos de la respuesta, los carabinieri volvieron a la noche y capturaron a un importante jefe de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa, que estaba escondido en una de esas casas.

 

Ecco il mistero: sotto un cielo di ferro e di gesso l’uomo riesce ad amare lo stesso (Aquí está el misterio: bajo un cielo de hierro y yeso, el hombre todavía logra amar). Lucio Dalla, 1980.

 

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Día #8
Domingo 15 de marzo de 2020.
Italia: 17.750 positivos. 1.441 muertos. 1.966 curados.

 

El tano y yo últimamente lloramos un montón.

 

No es tristeza, porque desde que hablé con las abuelas italianas estoy mejor.
Todo nos conmueve. Si estuviera aquí, mi hermana –que como buena porteña usa cada seis palabras un término psicoanalítico– diría que estamos atravesando una etapa de emotividad impulsiva.

 

Cuando supe que debíamos mantener el aislamiento forzado, lo primero que temí fue el tema de la convivencia. Yo le decía a mi amigo Avelino, mitad en chiste mitad en serio: “ni siquiera voy a poder divorciarme porque los tribunales también cerraron”.

 

No nos alejamos para leer o estudiar, pues no logramos concentrarnos. Esto es una rareza común a todos nosotros, los reclusos en casa.

 

Y sin embargo nunca nos hemos amado tanto.

 

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Día #7

sábado 14 de marzo de 2020.

Italia: 14.955 positivos. 1.266 muertos. 1.439 curados.

 

Laura vive sola en la montaña entre Piacenza y Parma. Tiene 82 años, es diabética y va al hospital tres veces por semana para hacerse diálisis. Tenía 7 años durante la Segunda Guerra Mundialla ciudad estaba ocupada por los nazis y comían una vez al día. En 1943, los aliados bombardearon su casa. Hoy, su hija Paola le deja las compras en el escalón de la puerta y luego se va para no

contagiarla. Cuando mi amiga Paola le pregunta:Come va mamma?”, Laura sonríe tranquila.

 

Mariuccia es mi suegra: tenía 6 años durante la guerra y siempre cuenta, riendo, que ni ella ni sus hermanos tenían zapatos. Cuando jugaban en el campo era difícil correr porque el pasto pinchaba sus pies. Como todos los ancianos, Mariuccia vive ahora aisladacon Sante, mi suegro, en el centro de Piacenza, sin ver a sus hijos ni a sus nietos. Le pregunto: Mariuccia, cosa pensi del coronavirus?. Con serenidad responde: Mia cara, passerà, passerà…”

 

Ellas saben que se puede sobrevivir a la precariedad de la vida.Voy a buscar en mí ese ánimo de las ancianas italianas.

 

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Día #6
Viernes 13 de marzo de 2020.
Italia: 12.839 positivos. 1.016 muertos. 1.258 curados.

 

M.L. es una médica que se rompió la clavícula hace seis años y vino a hacer la post rehabilitación conmigo. Nos hicimos muy amigas. Ayer me llamó, tuvimos una larga conversación y me quedé muy triste. Ella está trabajando sin tregua en Primeros Auxilios en el hospital de Piacenza.

 

—Feli, esto es una guerra y nosotros la estamos perdiendo. No hay lugar en el hospital, no hay enfermeros, no hay personal, no podemos curar a todos. Y nos vemos obligados a elegir. ¿Vos sabés Feli qué se hace en una guerra? Se cura al que puede estar de pie antes del que no puede caminar; se cura al que tiene más posibilidades de sobrevivir. Y eso estamos haciendo. Al principio desechábamos a los de 90 años, luego a los de 80, ahora estamos dejando a los de setenta. Cuando vuelvo a casa cada día me doy cuenta que hubo unas decenas de personas que en condiciones normales del hospital se hubiesen salvado tranquilamente, pero que en esta situación no pudimos ocuparnos de ellos.

 

Una de mis certezas era que si uno se enfermaba, iba a poder ir al hospital para que te curen. Ahora entendí que quizás no hay lugar. Había salido un rato de casa para calmarme. En un estacionamiento, ahí cerca, vi unos quince adolescentes reunidos que charlaban. Volví a casa enfurecida y llamé a la policía para denunciarlos.

 

Me sentí en guerra, y hasta malvada sin saber bien por qué.

 

Plaza, Piacenza centro. 11 marzo 2020, 4:00 PM

 

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Día #5
Jueves 12 de marzo de 2020.
Italia: 10.590 positivos. 827 muertos. 1.045 curados.

 

Vivo con Paolo hace 25 años. Un hombre italiano no respeta la ceremonia del diálogo que caracteriza a la mayoría de los argentinos; no sabe ni siquiera de qué se trata dicha ceremonia. Así que las conversaciones épicas en nuestra casa generalmente se hacen mientras él está cocinando. Ayer, mientras preparaba un plato de zapallo con cebollas al horno, me imploró que dejáramos de ver gente, que nos encerremos en casa como los chinos de Wuhan y salgamos solo para comprar comida, y que obviamente yo dejara de salir al parque a entrenarme o entrenar clientes.

 

Mi hermana -que vive en la Argentina como toda mi familia- me sugirió para consolarme que salga a caminar a las 7 de la mañana cuando no hay nadie por la calle. Pero las calles de Piacenza están vacías durante todo el día: la sensación cuando se sale es la misma que se siente cuando uno termina la visita turística en Pompeya. Alguien que hoy se despierta con el tráfico de Buenos Aires y los miles de bares abiertos no puede imaginar esta ciudad petrificada.

 

En medio de nuestra discusión, la radio informó que iban a clausurar las plazas para evitar contagios entre niños y que todas las líneas aéreas anularon los vuelos hacia y desde Italia hasta el 4 de abril.

 

Mientras sacaba el zapallo del horno, el tano dijo entre dientes: “el único que puede circular tranquilamente es ese cazzo di coronavirus”.

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Día #4
Miércoles 11 de marzo de 2020.
Italia: 8.514 positivos. 631 muertos. 1004 curados.

 

En el diario Corriere della Sera, Paolo Giordano explica que existe una línea temporal de esta epidemia: si el contagio comenzó en una zona, de la misma manera seguirá en otra pues pertenecemos a la misma especie y nuestras dinámicas sociales son afines. Sin embargo en enero aún mirábamos con recelo a China, convencidos que eso no podía suceder en Europa. ¿Por qué? “Por un prejuicio infundado, el prejuicio ‘del otro lugar’. Y porque nadie se tomó en serio la hipótesis de que nosotros y China estamos en la misma línea de tiempo”*.

 

Pienso a mis padres ancianos en Buenos Aires; si es verdad lo que dice Giordano, en poco tiempo la Argentina estará como nosotros. Decido no alarmarlos porque últimamente me siento muy confundida. No sé si salir de casa, si dejar de dar lecciones en el parque o de caminar por el río Po con Paola y su perro Kim. No me siento indicada para dar consejos a nadie. Empiezo a entender el concepto de verdad relativa: muy a pesar mío -que soy rígida y esquemática en las decisiones- el coronavirus me hace navegar en una flexibilidad abrumadora.

 

Mantengo tanta distancia con todos que ayer besé a mi marido para saludarlo y me pareció que estaba haciendo algo irresponsable.

 

Via XX Giugno, Piacenza centro. 11 marzo 2020, 5:00 PM

 

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Día #3
Martes 10 de marzo de 2020.
Italia: 7.985 positivos. 463 muertos. 724 curados.

 

Mi vieja me dijo por teléfono: “dale Feli, ponele el pecho a las balas”. 

 

Hace tres semanas que casi no trabajo porque estoy obligada a tener cerrado el estudio. Ayer di entrenamientos al aire libre: en los ambientes abiertos hay menos peligro de contagio. Mi alumna Bárbara estaba realmente desanimada. Como todas las otras actividades comerciales, su negocio de ropa está vendiendo solo el 10 por ciento de lo habitual. “Hoy me fui llorando del banco, no sé cómo voy a hacer con el alquiler, el préstamo, los sueldos… yo no puedo despedir a mi empleada, es como si fuera de la familia. Tampoco puedo incitar a la gente a venir a comprar cuando el gobierno está exhortando a no salir de las casas, porque me siento que ofrezco un tiramisú a un diabético, pero al mismo tiempo a mí no me prohíben abrir el negocio”. Mientras, desolada, trataba de hacer los ejercicios para su columna maltrecha.

 

De allí me fui a un jardín público con hamacas y toboganes sin niños, bien silencioso, para entrenar a otro cliente con serios problemas en la cadera. Rachele tiene un bar frente al hermoso Duomo de Piacenza. Mientras ejercitaba la respiración comenzó a hablar: “generalmente al mediodía ya hice 460 cafés, ahora en un día entero estoy haciendo solo 100. No sé cómo voy a pagar los proveedores. No sé si cerrar el bar y basta”.

 

También suceden otras cosas: un pizzero de Milano donó centenares de pizzas para los enfermeros y médicos; la cadena de supermercados Esselunga donó 2.500.000 euros a los hospitales; el célebre piacentino Armani, 1.250.000 euros, y otros menos conocidos también. Médicos y enfermeros ya jubilados volvieron a trabajar para prestar su ayuda en los hospitales atiborrados de enfermos sobre colchones en los pasillos.

 

A la noche el primer ministro italiano Conte interrumpió la transmisión televisiva del comisario Montalbano para anunciar que, a partir de hoy, toda la nación italiana era considerada zona roja. Mirando fijo a la cámara suplicó: “NO SALGAN DE CASA”.

 

Qué buen consejo el de mi vieja, no queda otra.

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Día #2
Lunes 9 de marzo de 2020.
Italia: 6.387 positivos. 355 muertos. 622 Curados.

 

Las autoridades de la ciudad enviaron un mensaje a los ciudadanos: “Uscite di casa solo in caso di necesità” (SALGAN DE CASA SOLO EN CASO DE NECESIDAD). Y han explicado que tenemos que salir solo por exigencias irrenunciables. Pero ¿cuáles son nuestras exigencias irrenunciables?

 

Anna es una de mis mejores amigas. Es lo que en italiano se dice “schietta”: franca, directa, casi ruda. No es la típica amiga argentina que te abraza y te dice gracias por existir o cosas por el estilo. Tampoco le hace gracia recibir o dar abrazos, pero sin aviso te prepara tu torta favorita. Anna enseña en un jardín de infantes y, como todos los maestros y educadores, no puede trabajar hasta el 3 de abril porque todas las escuelas y universidades están cerradas. Como tantos de nosotros, se encuentra de golpe con todo el tiempo a su disposición. Ayer cenó con nosotros en casa y cada uno se sentó lo más lejos posible del otro. 

 

Cenamos muy temprano porque desde ayer todos los restaurantes y bares tienen que cerrar a las 18. La ciudad está vacía y desolada. Cuando Anna llegó a su casa me envió un mensaje diciéndome que me quería muchísimo. No es su estilo. Estas sean quizás nuestras exigencias irrenunciables.

 

Via Cavour, Piacenza centro. 9 marzo 2020, 5:15 PM

 

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Día #1 

Domingo 8 de marzo de 2020.
Italia: 5.061 positivos. 233 muertos. 589 curados.*

 

Desde hoy entra en vigor la normativa mediante la cual Piacenza es declarada zona rossa. Wikipedia define zona roja a “un área sujeta a un alto riesgo de carácter ambiental, social o de otro tipo. Puede ser instituida temporalmente o definitivamente y puede ser prohibida al público”. Escucho las noticias en la radio y no se habla de otra cosa. El gobierno está pidiendo a la población de limitar al mínimo los contactos sociales y mantener un metro de distancia con las personas. 

 

Paolo, mi marido italiano, me dijo mientras tomábamos mate: “pero si el coronavirus se propaga en Argentina desaparecerá la tradición del mate: ¿quién va a querer tomar de la misma bombilla del otro?”. Me quedé pensando cuántos gestos también están cambiando en mi vida cotidiana de Piacenza.

 

Ayer a la noche mi amiga Paola organizó unas pizzas en su casa en las colinas de Piacenza donde vive, sola, su madre Laura de 82 años. Su hermano Stefano hizo 26 pizzas en el horno a leña, éramos 20 en total. De postre había merengues con sambayón casero. Una gran fiesta. Y sin embargo cuando volvíamos de noche en auto estábamos todos callados. Entonces mi amiga, que es siempre muy sin pelos en la lengua, dijo lo que estábamos pensando: “¿y si me equivoqué en organizar esta cena? Quizás no era lo mejor exponer a una anciana. No me lo perdonaría nunca si le pasara algo alla mamma”.

 

Todos, en silencio, teníamos seguramente lo mismo en la cabeza: quizás no teníamos que ser tantos, ni estar tan cerca, ni bailar juntos. Y los vasos de plástico que quién sabe si ese era el mío y el otro de Carlotta, o de Stefano, o Filippo.

 

Claro, estos son los pequeños cambios de lo cotidiano. ¿Volverse paranoico? Tengo que encontrar un equilibrio para resolver mi vida social.

 

* Datos de la Protezione Civile Italiana que corresponden, en todos los casos, al día inmediatamente anterior. opendatadpc.maps.arcgis.com.

 

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