Más de 50 mil mujeres, lesbianas, travestis y trans participaron del 33° Encuentro Plurinacional de Trelew. En los talleres, lo personal entró en la incubadora y tejió una historia colectiva. No se vuelve igual, el cuerpo se lleva marcas y la certeza de que las luchas son hacia afuera y adentro. Postales de algunos de los 73 talleres en donde la escucha es sorora y el discurso se permite ser contradictorio.



Fotos: Sofía Tolosa Orquera y Anita Pouchard Serra

 

 

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Nélida está parada en la entrada de la casa. Lleva el pañuelo verde aborto en la mano. Por la vereda pasan las 55 mil mujeres, lesbianas, travestis y trans que participan del 33° Encuentro plurinacional. Ella siente la potencia. Se corre los anteojos, se seca las lágrimas y levanta el pañuelo. Tres jóvenes corren hasta la puerta: Nélida abre la reja y las abraza. Desde las columnas se escuchan aplausos y gritos.

 

Todo queda registrado en un video que sigue emocionando casi una semana después. Porque la alegría es feminista y el encuentro en el Encuentro traduce lo personal al plano de lo político.

 

 

Llegamos sueltas y volvemos organizadas, dice Andrea Paz de Fundación Soberanía Sanitaria y Fortaleza 85. Ir al ENM es experienciar el espacio de lo que falta, aquello que aún no nombramos y que discutimos entre todes. Pasamos de lo personal a las discusiones de políticas públicas, de la vivencia única con un médico del sistema de salud hegemónico, por ejemplo, a la lucha colectiva por resistir y transformar el hospital.

 

Así fue para Andrea el primer día del Taller 18 Mujeres y Salud: “Cuando una no está organizada lleva al taller la vivencia personal atravesada por la temática”. El domingo, el segundo día, aparecieron las compañeras organizadas de Mamá Cultiva, Mala Junta, La Poderosa y también el debate de lo colectivo.

 

Porque lo singular y lo rico del encuentro es el puente que se teje entre lo individual y lo social. Permite el diálogo: los debates colectivos no se distancian de las realidades particulares que viven las mujeres, lesbianas, travestis y trans en cada lugar del país.

 

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- Todo bien con la revolución de las hijas, pero yo quiero ser feliz ahora.

 

La frase resonó en el Taller 4 “Mujeres y relaciones de pareja” cuando se ponían sobre la mesa los modos del amor romántico y su colisión con nuestros deseos feministas. Poliamor, amor libre, responsabilidad afectiva, poliamor jerárquico, pareja abierta, amor propio, poligamia. Las definiciones de las nuevas formas del amor se leyeron al comienzo y se discutieron durante dos días en los que compartimos experiencias personales que muestran las tensiones entre nuestros deseos racionales -qué queremos, qué merecemos- y lo que efectivamente podemos disputar en el territorio de los vínculos sexoafectivos.

 

Si algo aprendimos en estos 33 años de encuentros y militancia en el movimiento de mujeres y otras identidades disidentes es que declararse feminista, nombrarse como tal produce contradicciones. ¿Cuándo una maternidad es deseada? ¿Por qué quiero tener hijos? Combato el amor romántico pero me sigo enamorando de quien me lastima. ¿Quién dice que debemos explorar nuestra sexualidad? ¿Tenemos que hacernos tortas porque la vida es corta? ¿Por qué es cada vez más difícil construir con varones cis? Sueño con casarme, tener un perro y una pileta. Crío a mis hijes en libertad pero choco con el binarismo propuesto por el jardín. Me miro al espejo y no me gusto. ¿Cuándo lo personal se vuelve político? ¿Cómo?

 

Ir a un encuentro y no volver igual, tener marcas del pogo feminista significa hacer conscientes las luchas hacia afuera pero también hacia dentro. ¡Qué difícil es ser coherente en la práctica!

 

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- ¿Tu mamá no te cuidó? – le dijo a S. una enfermera.

- Sos muy chica para tener un hijo – le advirtió otra.

 

S. parió a los 15. Al bebé lo tuvieron que sacar con fórceps y ella pasó un día inconsciente. “No se ponían en el lugar de que yo era una nena. No tenía ni venas para una vía, me descompensé. Pero no me arrepiento de mi hijo”, contó delante de una de las tres comisiones del Taller 13 Mujeres y Maternidades de la Escuela Nº747. Hubo aplausos y lágrimas.

 

M. tiene 42 y el de Trelew es su primer Encuentro.

 

- Quiero ser mamá pero no reuno los “requisitos”. La ginecóloga me dijo que para averiguar sobre el proceso de ovulación tengo que estar en pareja.

- ¡No es cierto!

 

Ir al encuentro de otras, participar de alguno de los 73 talleres es poner a disposición una forma particular de escucha (la sorora) que habilita una forma particular de discurso (el contradictorio).

 

- A veces veo a mi bebé y solo quiero llorar.

- ¡Es normal! Es el puerperio.

- ¿Qué es eso?

 

Puerperio. Plan de parto. Cesárea innecesaria. Hora sagrada. Ley de parto humanizado. A veces ir al Encuentro es participar de un espacio en el que decimos lo que nos angustia durante todo el año. Escuchar en las voces de otras las palabras que nombran lo que sentimos.

 

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Es la tercera vez que Anaclara viaja al Encuentro, pero la primera que asiste al Taller 5 Mujeres y sexualidades. Tiene 23 años. Se sorprendió con las pibas de 15, sus inquietudes, sus ansiedades, la libertad de la que van a gozar, de la que ella se privó. Es la primera vez que no habla durante un taller: “Me plantee el desafío de escuchar a las otras y escribir”.

 

- ¿Qué pasa si mi deseo es no-construir, si prefiero comer pizza con mi hermana en vez de coger?

- ¿Cómo me redescubro en la sexualidad?

- ¿Cómo vivo mi sexualidad después de haber sido abusada?

- ¿Cómo se hace un campo de látex?

- El acto sexual con varones termina cuando él acaba y se inicia cuando él lo decide.

 

Cuerpo, abuso, tocarse, orgasmo, cuidado, gozar, asexuada, garchar, decir no. El taller colapsó: en la escuela N°206 tuvieron que abrir seis comisiones. Más de 200 mujeres como Anaclara problematizaron sobre experiencias individuales y colectivas. ¿Qué lógicas cambian cuando el encuentro sexual es entre mujeres? ¿Se elige ser lesbiana o nos rendimos ante la heteronorma? Durante el taller la palabra penetración hizo ruido. Algunas hablaron de “la curiosidad lésbica de las hetero”, otras se preguntaron cómo es el sexo entre pibas. Porque “la red entre mujeres también es sexual”.

 

El encuentro nos acerca, nos junta con otras. La alteridad que encontramos se perfila entre el género, la raza, la clase, la etnia, pero también entre generaciones. En el Encuentro se cruzan mujeres de distintas edades y lo personal se inserta en la historia: ¿Cómo era ser mujer joven en los años ochenta? ¿Qué preguntas sobre la sexualidad se hacían? ¿Qué cosas estaban habilitadas para ser dichas en el territorio de lo público hace 33 años?

 

 

El primer encuentro de Mónica Tarducci fue en mayo de 1986 en el Teatro San Martín de la ciudad de Buenos Aires. Fue la semilla de los 32 encuentros que siguieron. Ella venía de una militancia política tradicional y lo que más la impactó aquella primera vez fue politizar la sexualidad, hablar de su intimidad con desconocidas, compartirlo en un espacio público.  

 

Miriam nació en 1962. Este fue su primer encuentro y su casa en Trelew funcionó como bunker para su sobrina de 20 que viajó con una amiga desde Buenos Aires. Una noche, mientras cenaban en un bar, las jóvenes hablaban con libertad sobre sus experiencias sexuales y Miriam, que conoce muy bien la idiosincrasia trelewense, miraba atenta a su alrededor por miedo a que las juzgaran.  


Ahora Miriam no está sola. Si hay algo que el Encuentro le dejó es la fascinación por la libertad de las jóvenes: le llama la atención el despliegue de los cuerpos en la ciudad “machista” en la que vive. Lo nota cuando el termómetro marca tres grados bajo cero, las pibas van en minifalda al boliche y los varones caminan al lado abrigados. En la marcha vivió el cuerpo hecho fiesta: el glitter, los torsos desnudos, el agite. Un cuerpo colectivo, un cuerpo a cuerpo feminista.

 

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- Hola, tengo cáncer

- No, vos tenés que bajar de peso.

 

¿Qué pasa cuando un cuerpo gordo va a un médico? Primero es leído y patologizado cualquiera sea la razón de la consulta. Cuando lo personal se vuelve político podemos pensarnos como cuerpos. Somos nuestros cuerpos, vivimos a través de ellos, es nuestra herramienta para relacionarnos con otres. De esto se habló en el Taller 11 Activismo gordo. Índice de masa corporal, gordofobia, patologización y estigmatización de los cuerpos gordos. Gordura y deseo, articulación con otros feminismos, activismo gordo y diversidad corporal.

 

En el sistema médico hegemónico los malos diagnósticos sobre los cuerpos gordos son comunes. Hace unos años un grupo tomó la posta del tema y armó el taller Hacer la vista gorda. En 2017 lo llevaron a Resistencia y ahora se repitió en Trelew. “Lo que intentamos hacer las coordinadoras es que las vivencias personales que todas contamos tengan alguna relación y alguna bajada teórica para entender que no son individuales sino políticas y colectivas”, cuenta Rocío en las Inmensidades.

 

Durante dos días más de mil personas conversaron sobre amor propio, belleza interior y división de mente y cuerpo como discurso colonialista y occidental: “Si la sociedad todo el tiempo me está recordando lo que yo no puedo, no debo, cómo puede ser que encima me tenga que querer. Hay una doble culpa: me tengo que querer y no me quiero”, cuenta Rocío.

 

Cuando la experiencia personal se vuelve política aparece, por ejemplo, la importancia de la Ley de Educación Sexual Integral para no patologizar, estigmatizar ni violentar los cuerpos gordos en la infancia. Es una forma de “intentar educar familias y llevar a la mesa familiar la idea porque muches de nosotres fuimos principalmente oprimides por nuestras familias: son ellas las que tienen problema con esos cuerpos y no nosotras”.

 

Ir al Encuentro es la emoción por recibir la palabra. O la fuerza de disputar y arrancarla. Es la potencia de la ceremonia que se repite y que a veces se hace por primera vez.

 

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Cuando las participantes del Taller 42 Mujeres y autodeterminación de los pueblos ingresaron al gimnasio de la escuela de Arte Nº 759 de Trelew, una compañera mapuche les pidió que pusieran sus celulares en silencio y se concentraran. Desde una pequeña ronda en el centro del gimnasio las coordinadoras dieron comienzo a la ceremonia: cantaron en mapudungún y sahumaron el lugar invocando a la fuerza de sus ancestras.

 

- Nuestra piel está gritando somos plurinacional.

- Libre determinación de los pueblos, los cuerpos y el territorio.

- No hay forma de enfrentar al macrismo si no es en un solo puño.

 

Plurinacional. Memoria ancestral. Territorio. El taller estalló de participantes. En su primera edición más de mil personas se acercaron para escuchar las historias de las mujeres del pueblo Mapuche. No por casualidad el ENM fue en la provincia de Chubut: el año pasado en Chaco un grupo propuso que 2018 debía encontrarnos en la Patagonia. Allí donde las comunidades Mapuche-Tehuelches reclaman la recuperación de territorios ancestrales, luchan contra la represión y la persecución de mujeres originarias y la restitución de los restos de los ancestros a las comunidades. Allí donde el primero de agosto de 2017 desapareció Santiago Maldonado y lo encontraron sin vida 77 días más tarde. Allí donde el joven mapuche Rafael Nahuel fue asesinado por las fuerzas de seguridad.

 

Durante dos días pasaron pasaron más de 1500 personas por el taller, que estuvo signado por la exigencia de cambiar el carácter nacional del Encuentro. El grito “Nos queremos plurinacional” se replicó el domingo a la tarde cada vez que por las columnas listas para marchar pasaban las banderas de los pueblos originarios y sus mujeres organizadas.

 

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Ahora que estamos juntas

Ahora que sí nos ven

 

La marcha del 33º ENM fue larga, se extendió por cinco kilómetros y ocupó más de 40 cuadras. El trayecto comenzó en el centro de la ciudad y atravesó los barrios periféricos. Durante el recorrido, muchas trelewenses salieron a la vereda, a los balcones, a los techos, a la puerta de las casas para agitar sus pañuelos verdes y sus carteles improvisados sobre cartón. Las que marcaron a fuego la memoria de quienes marchábamos fueron las más grandes, las Nélidas, emocionadas, interpeladas por el canto de las más jóvenes que al pasar las arengaban:

 

Mujer, escucha, únete a la lucha.

 

Las adultas mayores en las calles no emocionaron sólo a las visitantes. Miriam vive en Trelew hace 20 años y la presencia de esas mujeres en la marcha, aunque fuera desde los márgenes, le resultó inédita, “maravillosa”.

 

Mujer que se organiza no plancha más camisas.

 

Miriam no tuvo que planchar camisas ninguna de las tres veces que se casó. Pero tiene la certeza de que las mujeres “padecemos” y de que “hay mucho por desarmar”. La marcha fue “una gran fiesta de las mujeres invitando a otras mujeres a que se sumen”, dijo.

 

Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar

 

La fiesta de mujeres, lesbianas, travestis y trans terminó en cacería y represión policial. Igual que en Mar del Plata y Rosario, hubo balas de gomas, trabajadoras de prensa heridas y compañeras detenidas y hospitalizadas. “Los disparos los tengo yo pero la violencia fue para todas”, dijo Suzy Qiú, una de las heridas en Trelew.

 

Nos tienen miedo porque no tenemos miedo.

 

El cuerpo feminista es colectivo en la fiesta y también en la resistencia. Llegamos sueltas y nos volvemos organizadas. El Encuentro nos agrupa, nos corre de eje y vuelve político lo personal. Y regresamos a casa con un caudal de herramientas, saberes, experiencias que construimos en conversación. Nos espera La Plata 2019, una semana antes de las elecciones nacionales, con la certeza de que no hay listas posibles sin nosotras.

 

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