Los números relevados hasta hoy hacen que no parezca un disparate argumentar que la alarma mundial por el corona virus es exagerada. En Estados Unidos, por ejemplo, la actual temporada de gripe, con la mitad de invierno por delante, lleva diez mil fallecimientos, 180.000 internaciones y 19 millones de enfermos. ¿Cómo poner todo en su justa medida en un tema tan sensible como el temor a una pandemia?



“El cielo está tan cerca que ustedes no se imaginan; Jesús está volviendo”

 

La voz de Mili Gómez –doblemente misionera- llega potente; detrás se escucha como un eco su traductora al inglés: the heaven is near, duplica. 

 

“En medio de los falsos profetas, en medio de la apostasía, es el Espíritu Santo el que activa los dones que están en ti”

 

Gómez regresó a su colorada tierra natal desde Boston, Estados Unidos, donde –en tanto cantante evangelista- había estado reunida con miembros de su iglesia y predicado con esta vehemencia. Volvió con gripe a Garupá, cerca de Posadas, e hizo activar el protocolo nacional ante el nuevo coronavirus (primero 2019-nCoV; rebautizado Covid19) cuando dijo en una guardia, afiebrada, que en los Estados Unidos había estado en contacto con miembros chinos de la congregación.

 

“El diablo quiere tener tu corona pero no puede porque ya está derrotado”

 

El sistema de salud misionero reaccionó rápidamente ese 4 de febrero: se cerró el Hospital de Fátima adonde había concurrido Gómez, se la aisló y se aisló al personal que la había tratado. Ella -25 años- tenía los síntomas de la gripe, pero nunca sufrió los problemas respiratorios característicos de cuando el cuadro empeora.

 

“Las muchas aguas no podrán apagar, nadie me sacará de la presencia de Él”

 

Tras la alarma inicial y las primeras medidas, las autoridades decidieron hacer una serie de preguntas un poco más profundas. Y fue entonces que ella mencionó que, en fin, en realidad no es que había estado en verdad con personas llegadas de China (donde mutó el virus y desencadenó las infecciones a humanos que llevaron la declaración de emergencia por parte de la Organización Mundial de la Salud) sino que, bueno, había ido a cenar a un restaurant chino.

 

De todos modos, los médicos locales extrajeron una muestra de la saliva de la cantante/predicadora, la enviaron al laboratorio donde se la probó para veinte virus posibles, incluidos los cuatro serotipos de este coronavirus. Negativo; Gómez ya está de alta en su casa. “Yo estaba segura de que no traje ningún coronavirus, (si no) tendría que estar mucho peor. La gente estaba asustada, pero gracias a Dios está todo bien, me sorprendió la atención, que haya gente tan bien preparada para esto, que activaron el protocolo de emergencia”, dijo en la única entrevista que dio, a una radio de Misiones. “No comí murciélago en ese restaurante chino, quiero aclarar, ninguna basura”. Después puso en su muro de Facebook: “Dios siempre está moldeándote, incluso cuando parece que te está rompiendo”.

 

Falsas alarmas

La Argentina, como todos los países de la Organización Panamericana de la Salud, tiene un protocolo de rigor para seguir ante casos sospechosos de ser el coronavirus. Pero los errores y excesos arrecian. El caso misionero no es único: Colombia, Panamá y México al menos entre los países de la región también tienen que lidiar con la falsa información de casos a la vez que dejan sus sistemas sanitarios preparados para la posibilidad de que en algún momento sí haya algún caso. De hecho, el propio equipo del ministerio de salud nacional -además del protocolo oficial y aprobado- ha generado casi un protocolo alternativo vía WhatsApp donde ante una situación como la de Misiones los expertos descartan coronavirus y se inclinan por sospechar las más comunes gripes. “Es un momento de mucha sensibilidad, tenemos chats por todos lados”, comentan los funcionarios. Hasta ahora no hubo en Argentina ningún caso sospechoso según dicta la estricta definición; puras falsas alarmas.

 

Lo cierto es que hay datos que reafirman la esperanza de que la epidemia no llegue nunca a América Latina. Por un lado, debido al hecho de que la misma epidemia dentro de China parece desinflarse. Pese a haber pasado los mil muertos, los niveles de contagio parecen haber entrado en una meseta esta semana (9, 10 y 11 de febrero). Además de que la estrictísima cuarentena impuesta a decenas de millones de personas en el gigante asiático parece estar dando frutos. Tampoco es menor el hecho de que no pasa del 2,2% de mortalidad y los primeros raccontos estadísticos van en el sentido de que el coronavirus es más letal con mayores de 60 años y con comorbilidades (otras enfermedades), a diferencia de la gripe A de 2009 que –sobre todo en Argentina y México- se ensañó con jóvenes sanos que entraban a los hospitales apenas con fiebre y morían en brevísimos plazos, a veces de 24 o 48, ante la estupefacción y el terror de los médicos, impotentes.

 

Por otro lado, el deseo de los expertos de América Latina es que suceda lo mismo que sucedió ante los dos anteriores coronavirus que emergieron antes en el mundo: nada. Tanto el síndrome agudo respiratorio severo (SARS; 774 muertos en 2002/3, con tasa de mortalidad del 9,6%) como el síndrome respiratorio del medio oriente (MERS; 858 muertos, tasa de mortalidad del 36%) quedaron restringidos a Asia, donde se originaron, con contados casos en los otros continentes y ninguno debajo del Río Grande mexicano.

 

“El SARS fue terrible en Asia. China aprendió e hizo el alerta mundial muy rápido en este caso y convocó a la Organización Mundial de la Salud el 31 de diciembre pasado cuando apenas tenía cuarenta casos en una ciudad de once millones, pero se ve que sospechó que podía írsele de las manos. Gracias a eso se sabe ya qué virus es el culpable de las muertes y todo el mundo está alerta”, dijo a Anfibia Cristina Freuler, jefa del departamento de medicina interna del Hospital Alemán de Buenos Aires. Para ella, respecto de América Latina hay chances importantes de que también ahora otro coronavirus quede confinado, pero por supuesto nadie quiere cantar victoria todavía.

 

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El extraño caso del uso del barbijo universal

 

Entonces, visto cómo parece -de momento y sin mutaciones a la vista- empezar a desinflarse el riesgo pandémico, ¿no fue exagerada la alarma? “Es contrafáctico, pero si las autoridades chinas no hubieran dado a conocer este virus, si no lo hubieran aislado y aplicado esa dura cuarentena quizá se habría expandido más o generado alguna mutación peor”, explicó la Secretaria de acceso a la salud del ministerio de salud argentino Carla Vizzotti, este martes (11 de febrero) durante una reunión con miembros de la Red Argentina de Periodismo Científico. 

 

La realidad es que los números –al menos a hoy- hacen que no parezca un disparate argumentar que la alarma fue exagerada. Más si se tiene en cuenta por ejemplo que en Estados Unidos la actual temporada de gripe (sí, la gripe común y corriente, que está al alcance de una vacuna),  lleva cuando aún faltan unos 45 días para que termine el invierno boreal diez mil fallecimientos, 180.000 internaciones y 19 millones de enfermos, según cifras dadas a conocer por los Institutos Gladstone, de California. O que la Argentina está al borde de que se multipliquen los casos de dengue, sobre todo en el Noreste y Noroeste, pero con casos también en distintas jurisdicciones de la provincia de Buenos Aires, y ya circulan los cuatros serotipos (la infección cruzada es lo que mata).  

 

Como le gustaba a Aristóteles, se trata de poner todo en su justa medida, algo tan difícil como predecir una mutación vírica. Desde hace años, los expertos sostienen que hay un caldo de cultivo (disculpas por la metáfora tan cercana) para que una mega epidemia se lleve puesto a buena parte de la humanidad. Hay sitios donde la aglomeración de gente de algún modo repite las condiciones de la Edad Media europea con las pestes. “Las pandemias son algo intrínsecamente impredecible”, escribe el premio Nobel Peter Doherty en su libro Pandemias (Autoría editorial, 2016), “ni las sociedades ni el sistema inmunológico de los seres humanos están preparados para algo así. A nuestro favor, sin embargo, tenemos más de un siglo de historia y de experiencia en el tema. Irónicamente, este progreso a veces hace que nos preocupemos más de lo necesario por las pandemias. Como contamos con herramientas de diagnóstico cada vez más sofisticadas, es posible que declaremos una pandemia a raíz de una infección que se disemina velozmente pero que no supone un peligro tan grande”, plantea. Y agrega que una falsa alarma podría llevar al escepticismo, lo que podría resultar peligroso. 

 

Lo bueno es que en este caso también se puso al sistema científico mundial a trabajar, con reflejos intactos. No sólo por lo más obvio de las alarmas en los aeropuertos y sistemas de salud, sino porque los laboratorios ya están detrás de tratamientos y vacunas; para lo que hace falta conocer el mecanismo por el cual el virus entra a las células humanas y las coloniza, además de saber dónde mutó el virus luego de infectar a los murciélagos (¿serpientes o un mamífero llamado pangolín?). 

 

Un último asunto que ha llamado la atención en este contexto de informaciones cruzadas, no siempre bien emitidas y casi nunca bien escuchadas (y generado la alegría de quienes los comercializan), es el repentino furor por los barbijos. No importa que quienes saben del asunto digan que no tiene sentido usarlos en prácticamente ningún caso. 

Mientras tanto Mili Gómez ya tiene preparada su garganta seguir con sus viajes y sus prédicas, ahora que se sabe que no tiene coronavirus. Gracias a Dios.

 


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